Cierro los ojos y te veo.
Te veo frotándote los párpados, muriéndote de sueño y queriendo aguantar un rato más con la mirada clavada en la pantalla.
Sonriendo mientras eres cómplice de un amor de película y sujetas el mío con fuerza.
Arrugando la nariz para hacerme una mueca, intentando que parezca que tu enfado es real.
Te veo pidiéndome que no te haga fotos, que te da vergüenza y asegurándome que las mejores imágenes son las que guardan, a medias, el corazón y la piel.
Preguntándome "¿qué quieres?", en medio de una de tus carcajadas infinitas.
Esas capaces de llenarlo todo de vida.
Te veo haciendo todas esas cosas que sueles hacer y yo siento tan mías, como tuya me confieso.
Te escucho inventando todas esas palabras con las que intentaste definir esto.
Desistiendo al descubrir que "amor", que es la palabra más grande del mundo, se queda pequeña a nuestro lado.
Cierro los ojos y te veo.
Y, desde que te fuiste, quisiera vivir en un sueño eterno.
Muerta de frío, pero sintiendo tu calor.