lunes, 29 de diciembre de 2014

Cierro los ojos.

Cierro los ojos y te veo.

Te veo frotándote los párpados, muriéndote de sueño y queriendo aguantar un rato más con la mirada clavada en la pantalla.
Sonriendo mientras eres cómplice de un amor de película y sujetas el mío con fuerza.

Arrugando la nariz para hacerme una mueca, intentando que parezca que tu enfado es real.

Te veo pidiéndome que no te haga fotos, que te da vergüenza y asegurándome que las mejores imágenes son las que guardan, a medias, el corazón y la piel.

Preguntándome "¿qué quieres?", en medio de una de tus carcajadas infinitas.
Esas capaces de llenarlo todo de vida.

Te veo haciendo todas esas cosas que sueles hacer y yo siento tan mías, como tuya me confieso.

Te escucho inventando todas esas palabras con las que intentaste definir esto.
Desistiendo al descubrir que "amor", que es la palabra más grande del mundo, se queda pequeña a nuestro lado.

Cierro los ojos y te veo.

Y, desde que te fuiste, quisiera vivir en un sueño eterno.

Muerta de frío, pero sintiendo tu calor.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Funcionará.

"- ¿En qué piensas?

+ En ti. En nosotros.

Si nos completamos, nos entendemos, nos hacemos felices... Quizás deberíamos intentar algo.

Arriesgar más.

Si funciona, funciona.

Y si no funciona... ¿Adivina qué?

- Funcionará."

Eso pensaba.

Entonces me escudé en su sonrisa para jurarnos la eternidad que nos merecíamos.

Aguantamos el desgaste que le hicimos, al amor, de tanto roce.

Entendimos que la vida es mejor, para pasarla sintiendo, en cuanto el miedo se esconde.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Insomnio.

Echo de menos nuestros insomnios.

En los que me jurabas que eras infeliz, pero yo te sabía sonriendo al otro lado de mis palabras.

Aquellos que eran míos, hasta que te escribía y te convertía en eternidad.

Los mismos que, siendo tan tuyos, hablaban sólo de mis sonrisas.

La inspiración no me deja dormir si pienso en tus dudas.
Y se vuelven vacías, mis noches, desde que decidiste no hablarle a la luna.

Hoy volví a echar vinagre a las heridas, recordando cómo vibraba tu pecho al reírte.

Creí en el amor, perdida en una mirada que no era la tuya.

Y dolió.

Dolió, como duele el insomnio al que echo de menos.

El que era tuyo y mío e hicisteis tan vuestro.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Parpadeas.

Parpadeas.

Y se rinden mis suspiros al final de tu alegría.

Se pasean las esquinas de tu cuerpo en busca de la firma de mis dedos y mis dientes.

Rescatas las sonrisas que descansaban al fondo de mi esperanza y dejándome el cuerpo anestesiado con el licor de tus labios, te cuelas en mi sentir.

Lo haces anulando mi voluntad, porque sabes que ya es tarde para que te pida que te vayas.

Parpadeas.

Eso es todo lo que necesité para enamorarme.

Fueron dos segundos.
Tus pestañas.
Un parpadeo.

Parpadeas.

Se empaña mi mirada.

Parpadeas.

Y en tus ojos se dibujan sus pupilas.
Unas que te quieren, pero no son las mías.

Pestañeo.

Desapareces.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Feliz Navidad.

Si llegaste a este post a través de una invitación mía (que, de alguna forma, te obliga a leerlo), FELIZ NAVIDAD.

Si te lo envió alguien porque quiere que lo leas, FELIZ NAVIDAD (de mi parte y de la suya).

Si entraste por casualidad, FELIZ NAVIDAD.

Y si nunca entrarás, ni sabrás que esto existe, FELIZ NAVIDAD.

Hay gente que adora las Navidades, gente que las odia, gente a la que le son indiferentes, gente que quisiera que le gustaran y gente que desearía poder odiarlas un poquito más.

Un año es poco tiempo y mucho, a la vez. Del mismo modo que la vida puede ser un suspiro y un sólo día, parecer una eternidad.

Digo "feliz Navidad", pero lo que quiero realmente es animarte a que sonrías cualquiera de estos días, pase lo que pase.

Que sonrías a alguien importante o a un desconocido y que te sonrías a ti, en el espejo.
Al menos una vez.

Porque no hay nada que caliente el alma como lo hace una sonrisa sincera.

Desde las anteriores Navidades pudo haberte pasado de todo.

Podrías haber perdido a gente que se ha llevado un trocito de ti y, de igual modo, haber dado la bienvenida a gente nueva a tu vida.

Habrás llorado y reído infinidad de veces.

Habrás conocido (y desconocido) a gente maravillosa.

Y habrás amado y odiado.

Pero, seas como seas y hayas pasado por lo que hayas pasado... Respira, agradece a la vida que te haya hecho más fuerte y sonríe (aunque sea con los ojos empañados por la tristeza que ha dejado atrás tu alma).

Sonríe.

Porque no sabes lo que se esconde detrás de una sonrisa que quiere alegrarte el día.

Y no sabes cómo puedes mejorar el día de alguien con una simple sonrisa.

Feliz Navidad.

Magali.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Miento.

Me cansé de gritarle a la luna que en mi pecho late algo sólo por su aliento.

Llegó el frío y, abrazándose a un invierno que se acaba pero hiela el corazón, me trajo el recuerdo de sus labios y los míos.

Una promesa, una mirada, una estación.

Quisiera, aunque me duela, pedirle al viento que le susurre en mi nombre.

Que le diga que tiene el rostro más bello del mundo y le roce las mejillas empapando su memoria con mi aroma.

Que me sienta cerca, una última vez, y se despierte en sus ojos el brillo de todas nuestras mañanas.

Miento.

Quisiera ser ese viento.

Aunque ya no esté mi piel a su lado, para erizarse cuando llega y me abraza por la espalda, por sorpresa, con las manos congeladas y hablándome de calor.

Miento.

Como mentí una y mil veces consiguiendo que se fuera de mi lado, fingiendo que no me importaba, asesinando al amor.

Me cansé de gritarle a la luna que en mi pecho late algo sólo por su aliento y, aunque me queme el orgullo, le diría que lo siento.

martes, 9 de diciembre de 2014

Así.

Mis manos en tu cara, tus pestañas haciéndome cosquillas, tu nariz jugando a acariciar la mía y nuestras sonrisas tan cerca, que puedan respirarse.

Susurrarte una tontería, sentir tu carcajada suave y que tus labios se rindan a las ganas de los míos.

Dibujar un "ojalá" en la curva de tu espalda, morder mis miedos, cambiarlos por tus caricias...

Y que el resto del mundo, en ese momento, ya me dé igual.

Así nos imagino.

Así te quiero.

Así.

Si tú quisieras.

Recordé.

Acercaste tu mano a la mía y, después de confundirse nuestros dedos como antes, recordé lo bonito de tu risa las frías tardes de invierno.

Las luces de los árboles de la calle me recuerdan a tus ojos, brillando intensamente, reflejándose en los míos.

En una de las lágrimas que, curiosa, se escapa de mis ojos, se proyecta la imagen de tus manos ajustándome las gafas. Empañadas por lo cercano de tu aliento.

El roce de tu piel me trae a la memoria la prisa de nuestras ganas por deshacernos de la ropa cuando, llegando a casa, tus dientes me convencían de que quedarme a tu lado era tan necesario como atractivo.

Verte esperando, en el sofá, entreteniendo a tus caricias con el pompón de mi gorro preferido y torciendo una sonrisa por lo indiscreto de mis calcetines.

Y estallando una carcajada tras las primeras cosquillas, podíamos dejar el vino para otro momento.
Haciendo de la Navidad el único testigo de la fuerza de tus labios sobre mis piernas, de mis uñas sobre tu espalda, de todos nuestros complementos esparcidos por el suelo del salón.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Sinceramente.

"- ¿Qué necesitas para ser feliz?
+ A ti.
- Sinceramente...
+ A ti y un buen café."

Y no le mentí.

Podría pasarme la vida mirando cómo desfila por el pasillo con las camisetas gigantes que usa para dormir, esas cuyas mangas le cubren las manos, y seguir sonriendo desde mi rincón de la habitación.

Yo no quiero un amor de verano, si el frío del invierno me sigue regalando el calor de sus besos.

No lo quiero.
Porque cuando el sol del otoño golpea la luna del coche y gira la cabeza quejándose, yo me quedo mirando lo bonito de su rostro a contraluz.

No... Porque cuando ataca la primavera, las flores de su cintura se vuelven caprichosas y piden a mis besos que las rieguen.

No. Porque a su lado siempre es verano, siempre es amor.

No le mentí.

Como no lo hice el día que le juré que lucharía por lo nuestro.
Ese día que, colocada de su risa, fui la persona más feliz del mundo entre sus manos.

No me mintió.

No, cuando me dijo que sus ojos brillaban por los míos.
El día que descubrí que sus labios sabían a café y convirtió mis mañanas en la mejor parte del día.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Y si se trata de...

Y si se trata de tu mano con la mía, corazón, lo que me sobra es paciencia.

Paciencia para esperarte impaciente, cada noche de mi vida.

Para explicarte una y otra vez, lo que me gusta de ti.

Para redibujar tus lunares. Descubriendo en cada uno, un trocito más de cielo.

Y si se trata de tu boca con la mía, corazón, lo que me falta es tiempo.

Tiempo para escribir la historia de nuestro amor.
Letra por letra.

Tiempo para contar la arena de la playa, cuando se esconde entre tu ropa.

Tiempo para abrazarte y no dejarte ir.

Y si se trata de quererte, nadie lo haría como yo.

Y si se trata de mentir... Nadie me dice que me quiere, como tú.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Me encanta su voz.

Me encanta su voz cuando habla, me susurra o grita.

Pero, sobre todo, me gusta lo graves que se vuelven sus carcajadas cuando se ríe sin poder parar.

Encontrarme con el espejo, por casualidad, mientras acaricia mi pelo suavemente... Y querer quedarme con esa imagen para siempre.

Que se fundan mis manos con sus costillas y quedarme a vivir entre sus sábanas, sin preocupaciones más allá de su sonrisa.

Juraría un "para siempre" a cada uno de sus lunares y podría cumplirlo en todas las vidas que me queden.

Recogería todas sus lágrimas y encadenaría, con su sal, cada uno de los miedos que se acercan a empañar su felicidad.

Adoro cuando canta.

Consigue que todas las canciones suenen perfectas en cuanto separa los labios y me hace olvidar, por un instante, que el mundo existe.
En ese momento, para mí, no hay una sola estrella que brille más que sus ojos.

Dormirme con la imagen del espejo, sintiendo sus manos.

Recordar, al despertar, y guardar el corazón en el bolsillo.
Hasta la próxima.

¿He dicho ya que me encanta su voz?

domingo, 30 de noviembre de 2014

Te perdono.

Cuando sientas que ya no hay más futuro para ti, cierra los ojos.

Aprieta fuerte tus párpados y podrás verme, si me buscas.

Me encontrarás donde lo que parecía imposible se volvió real.
Donde lo que, te dijeron, iba a ser eterno, haya desaparecido.

Y estaré sonriendo porque me buscaste y es así como me querrías ver.

Te perdono.

Te perdono por haberme hecho la persona más feliz del mundo y, después, permitir que volviese a encontrar el norte.

Te perdono por haber huido de un futuro lleno de "nosotros" y dejarme en un presente que es sólo mío, con un pasado lleno de recuerdos tuyos.

Te perdono por haber sido feliz sin mis caricias.

Porque sé que me has querido y, mientras cierras los ojos y buscas mi sonrisa, habrás vuelto a sentir que lo nuestro mereció la pena, el tiempo que duró.

Y así, sonriendo, es como quiero que recuerdes que el perdón que brota de tus labios, es todo lo que necesitaba después de haber aprendido a convivir con la ausencia de tus besos dejando enfríar el café, cada mañana.

Te perdono porque te quise y me quisiste.

Te perdono porque, aún a distancia, nos tenemos.

Y, sobre todo, te perdono porque no se puede odiar al más bello recuerdo que me ha dejado el amor.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Releerte.

¿Conoces esa sensación de morirte de ganas por que llegue el final de algo, pero no querer que se acabe nunca?

Como cuando estás leyendo un libro que te encanta y te quedan pocas hojas.
Quieres leerlas a toda velocidad, pero sin perderte un sólo detalle.
Con el cosquilleo en el estómago de querer saber qué pasará y el miedo a descubrir que, tras el último punto, no habrá más.

Eso me pasa cuando te acercas y me rozas sin querer.

Siento tus manos aquí y creo poder abrazar el cielo.

Quiero disfrutarte lentamente, sin perderme un sólo detalle de los caprichos de tus lunares, sintiendo el cosquilleo y llegando hasta el final.

Y releerte.

Quiero releerte una y otra vez, hasta aprenderte de memoria. Porque eres mi libro favorito.

Y recitarte.

Quiero recitarte hasta que se me rompan los suspiros en el hueco de tu espalda y se me agoten las fuerzas contra el hielo de tu boca.

Y guardarte.

Guardarte para siempre como esa historia que se convierte en un clásico.

Esa a la que se le pone música, sentimiento y nombre.

Esa que todo el mundo quiere vivir.

Esa. Que eres tú.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cada cosa que haces.

Me gusta cuando sonríes por el hueco de la puerta.

Cuando esperas, te aburres y haces eso con los ojos.

Cuando llegas tarde, con el alma hecha jirones y todavía huele a perfume debajo de tus ojeras. 

Me gusta cuando me despierto por la mañana y veo tu chaqueta en el suelo, tus zapatos en la entrada y tus manos desfilando por mi espalda.

Cuando te despido en la puerta, con un beso rápido, tu prisa y el frío secándome los labios.

Cuando te pasas las horas mirando mis ojos e inventándote un futuro entre mis dedos.

Me gusta cuando lloras, porque te sientes libre.
Lo que queda de ti después de amar, cuando te sientes "tú".

Me gusta cada cosa que haces.

Y lo que hiciste de mí.

lunes, 24 de noviembre de 2014

¿Lo ves?

No son necesarias miles de palabras brotando descontroladas de mi boca, para describir toda la belleza que existe en el mundo.

"TÚ".

¿Lo ves?

viernes, 21 de noviembre de 2014

De pronto.

El día que te conocí, era de esos días grises de marea alta y calor de invierno.

Pasaste acariciándome la sonrisa, mientras "Nothing else matters" ponía ritmo a mis latidos.

El mar y tú. ¡Qué gran combinación!

Te recuerdo, como el que recuerda un sueño demasiado real.

Besabas deprisa, como si tuvieras miedo a que el tiempo se acabara y no quisieras que nos quedara un beso pendiente.

Pero siempre había uno más.

Detenías tu respiración antes de cada carcajada para dejar salir, del fondo de tus pulmones, la belleza de tu risa.

El día que te conocí, era de esos días en los que una siente que desaparecer no es mala idea.

Y, de pronto, tú.

Y ese beso más.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Magic.

Did I ever tell you how much I like you?

When you wake up, every morning, with your eyes half closed and a small smile shining everything.

And then you put that "ugly face" that's, actually, anything but ugly...

I think I could stay in that moment forever (like Scorpions sing).

Your skin, softer than the whisper of the wind a summer morning, lays near mine.
Waiting for my hands to take it far away from our bed.

I can barely believe you're there, you're real.

And I think about the time we were nothing but unknown.

Did I ever tell you how much I liked to swim into the green of your eyes, without telling you nothing, trying to guess what you were thinking?

I'm pretty sure I haven't ever seen you mad.

Your eyes always lightning, even when you felt lonely.

Your smile constantly on your mouth, showing everyone that you are strong enough to handle what life has prepared for you.

Happiness, sadness, hope, tiredness... But never anger. Not even a single day.

And that, sweetie... That's as awesome as you are.

I've learnt, looking at you as if I were hypnotized, that you are wonderful...

And magic exists because you do.

martes, 18 de noviembre de 2014

Dos minutos.

Llevo, en el bolsillo, un par de canciones y una escena que se proyecta en mi memoria cada dos minutos.

Somos tú y yo mirándonos. Queriendo decir algo y sin poder abrir la boca.

Tú y yo sonriéndonos. Entendiéndolo todo en un suspiro.

Tú y yo. Y el mundo en silencio, a nuestro alrededor.

Llevo, enredados en mi pelo, cada uno de tus "quiero".

Guarda mi piel, con celo, el rastro de todas tus caricias.

Me pesan los ojos y el alma.

Me duelen los sueños sin cumplir.

Me queman tus últimos besos.

Te prometo que les hablaré de tu sonrisa, de tu mirada y de tu voz (¡Oh! Tu voz...) cada vez que me pregunten por lo indescriptible.

Te prometo que negaré la existencia de las casualidades, como hice siempre, aunque mi corazón se acelere pensando en tus pestañas y el deseo que pediste lanzando una al viento.

Te prometo que mi maleta está vacía de sensaciones, sin tus manos entre las mías en la estación.

Puedo prometerte, también, que no te olvidaré.

Volver... Eso no podría prometerlo, aunque quisiera.

Dos minutos.

Tu carita aquella tarde de invierno.

Tú y yo sintiendo sin querer.
Queriendo sin sentido.

Ahora yo.

Tú ya no.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Supongo.

Tenía un texto en el desván.
Llevaba una etiqueta con tu nombre.

En la caja de recuerdos, mil caricias atadas con una cinta. La de tu pelo.

Junto a mis horas, millones de segundos que esperaban tu regreso.

Entre mis dientes, tantas ganas de tus labios como el día que apareciste.

Tenía un texto en el desván.
Llevaba una etiqueta con tu nombre.

Supongo que no era este, ni ninguno parecido.

Tu nombre nombre se ha ido borrando con el tiempo y, por mucho que intento ordenar letras al azar, no logro reconstruír la sonrisa que me traías al llegar.

Supongo que ya no hay nada.

Que no hay nosotros.

Que no hay miradas.

Supongo que te supongo y que, de lo felices que fuimos y de tus dientes contra mi piel, no queda ni la marca.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Te perdí.

En un bostezo del tiempo, te perdí.

Me morí una y mil veces recordando tus caricias en mi pelo antes de dormir.

Los gritos que quemaban mi garganta, después de que tus manos frías supiesen abrazar mis ganas de sentirte aún más cerca, más en mí.

Bailé al ritmo de unos truenos que anunciaban el final de tu paso por mi vida y se encendieron en mis ojos las luces del "adiós", mientras el cielo se partía en dos mitades separadas por un relámpago eterno.

Quise volver al calor de un beso y entendí que, en el juego macabro del amor, no había, para mí, otra casilla de "salida".

No, desde la huida de tus brazos.

En un bostezo del tiempo, te perdí y no volvió a existir, entre mis días, un nuevo amanecer.

No, más allá del empeño de tus dedos inquietos, el sonido de tu risa y la música de tus zapatos en los charcos, que anunciaron tu partida.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Muda.

Siempre me quedaba pensando en tu sonrisa, imaginando qué decir cuando tuviera que explicarle al mundo que no está preparado para ti.

Sentí el frío recorriéndome la espalda mientras tu mirada me obligaba a fundirme en su fuego.

Podría haber llenado el mundo de belleza, sólo describiendo la alegría de tu rostro.

Podría haber creído en todos los dioses que dicen que existen, si fueran tus labios los que pronunciasen sus nombres.

Podría haber querido querer, habiendo querido sin querer.

Pero muda, como la lira de Bécquer, me refugio en las esquinas de un presente que me importa porque estás, aún sin saberlo.

Y dime, ¿cómo le grito al mundo la perfección de tu alma?

Si de sólo contemplarte, se apoderan de mis palabras mis ganas.

¿Cómo?

Si aprendí a rezarte para verte cada viernes por la noche, como antes, y sentir que aún son mías tus miradas.

martes, 11 de noviembre de 2014

Huele a invierno.

Huele a invierno al pisar la calle.

Hace frío y llueve, dentro de un cuerpo al que este sol de calor débil ya no le hace ni cosquillas.

Agoté las sonrisas de regalarlas, desde que te fuiste.

Sonrisas sin alma, sin brillo, sin ganas.
Sonrisas sin rastro de ti, de tu paso por ella, de tus huellas en mí.

Huele a invierno al pisar la calle y las aceras no reconocen mis pisadas sin tus saltos en los charcos, sin tus carreras entre abrazos y besos robados, sin esa sonrisa que me convencía que quedarnos a ver encenderse las farolas.

¿Cómo se supone que voy a seguir mi vida sin ti?

¿Cómo? Si todas mis ilusiones se colgaron de la última sonrisa hipócrita que dejé escapar tras tu partida.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Volver y verte.

Quiso echar una carrera a las nubes, a ver quién llovía antes.
Era una cuestión de dignidad. Y ganó.

Llegó al claro y sonrió.

De pronto, mi figura al fondo de la calle y una nube negra que sonríe victoriosa.

"Escúchame, por favor."

Rompí el silencio haciendo estallar la tormenta antes de tiempo y pude comprobar que, al fondo de sus ojos, un relámpago quemaba la herida de su alma.

"He venido a pedirte perdón y a comprobar que eres feliz.

Sé que no debí haberte mentido, no debí haberme marchado... Y también sé que he perdido el derecho a volver a mirarte a la cara.

No me creerás, pero es importate para mí saber que estás bien, que has vuelto a sonreír, que has encontrado a alguien que se merece tus besos.

Yo no fui quién esperabas.
Tuve miedo de sentir, de fallar, de querer.

Tuve miedo de perder una vez más y me llevé tus ilusiones entre mi equipaje, sin pensar en ti.

Pero necesitaba volver y verte.
Volver a verte.

Necesitaba comprobar que algo había sido sincero, real...

Y me alegra que lo único real de esta historia hayas sido tú."

Y llovió.

Y lloró.

Y ni las nubes ganaron, ni sus mejillas se rindieron.

Seguía sonriendo mientras me alejaba.

No nos volvimos a ver.

martes, 4 de noviembre de 2014

Fuera de ti.

La única alerta de la que me fío es de la roja con la que amenazan tus labios al acercarse, mientras me sacudes el alma y el granizo golpea la ventana.

Te fallan las fuerzas y te rindes, sonriendo, sobre el sofá.

Vas cerrando los ojos mientras se desdibuja la curva de tus labios y suspiras regalándote a los brazos de Morfeo.

En ese momento, justo antes de que tus pestañas secuestren la pureza de tus ojos por un rato, decido que quiero quedarme para siempre entre tus besos.
Viendo llover al otro lado del cristal.

Y no me importaría que la vida fueran todo inviernos, si tu pelo y tus manos estuvieran para siempre enredados en mi aliento.

¿Quién querría salir de aquí?
Si seguro que hace frío, fuera de ti.

lunes, 3 de noviembre de 2014

No es fácil.

Te escribo sin pensarlo y, cuando intento borrarte, ya empapaste todas mis letras.

Te adueñas de mi inspiración con las mismas ganas con las que tu perfume se enredaba entre mi ropa, dejándola llena de ti.

No existe sonrisa más bonita que la que aparecía cuando me veías llegar, ni más sincera que la que se me escapaba cuando envolvías mi cintura con tus piernas sin dejarme más opción que fundirme en tu pecho.

Créeme si te digo que la última canción la escribí para olvidarte y acabé cantando las trampas que me tendían tus lunares.

Eres perfección entre unas notas que no se atreven a sonar.

Apareces sin más música que el caer de mis lágrimas sobre una guitarra muda y, ante un público más que agradecido por el eco de tus jadeos dibujándose al fondo de mi garganta, me desnudas el alma una vez más.

Consigues que cada suspiro que me roba la vida, me haga sonreír si recuerdo tu aliento.

Y hacerme creer que merezco la pena, aún queriendo olvidarte.

Eso que tú haces, corazón, estando sin estar...
Eso, no es fácil.

viernes, 31 de octubre de 2014

Cambios.

"Los cambios son difíciles y, a veces, raros."

Lo dijiste sin saber lo fácil que fue para mi espalda amoldarse a la forma de tus manos.

Recuerdo haber sonreído.

Igual que sonrío ahora al recordar cómo encajaron las mariposas de mi estómago con tus pasos al fondo del pasillo, con la firmeza de tus caricias, con el eco de tus carcajadas.

Apenas recuerdo mi vida antes de ti.

Supiste hacerte un hueco entre mis horas, entre mis días, entre mis ganas.

Lo llenaste todo de una felicidad que no conocía.
De una felicidad que no sabía que estaba buscando.

Y, sin permiso, aceleraste cada latido hasta conseguir que mi mirada brillara con la tuya.

"Los cambios son difíciles y, a veces, raros."

Lo dijiste sin saber que te colaste en mi rutina sin haberte dado cuenta.

Sin notar que, de repente, éramos dos.

Que tu voz al fondo de mi memoria es el recuerdo del pasado más lejano que quiero tener.

Y que, cuando se trata de amarte, no hay mayor dificultad que echarte de menos cuando te marchas por la mañana, ni nada más raro que tu cara después de la sal que precede al tequila.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Lo juro.

- ¿Y qué pasará si me odian?

+ No lo harán.

Dudo que alguien pudiera odiarte, pero ellos sé que no lo harán.

Me quieren. Y yo te quiero a ti.

Me haces feliz y eso les hará felices.

Te mirarán mientras entras con esa sonrisa capaz de iluminarlo todo a su paso y susurrarán.

Estoy segura de que susurrarán.

Pero estarán hablando de tu perfección, de lo bonito de tus ojos, de lo buena pareja que hacemos. 

De lo radiantes que estamos de la mano, sonriendo como nunca antes habíamos sonreído.

Entenderán que mi felicidad estará donde estés tú y... No.

No podrían odiarte ni por un segundo.

Lo juro.

I swear.

- What if they hate me?

+ They won't.

I doubt anyone could hate YOU.

But THEM... Come on! They won't.

They love me and I love you.

You make me feel happy and they'll feel happy about us.

While you are coming into the room, with your awesome smile lighting everything around you, they'll look at you and they'll whisper.

I'm sure about that.

They'll whisper.

But everything is going to be O.K.

They'll be saying how perfect you are, how beautiful your eyes are, how great we look together.

Together.

Side by side.

Holding hands and smiling like we'd never smiled before.

Ever since, they will understand that my happiness will be where you are.

And... No.

They couldn't hate you.

Not even a second.

I swear.

domingo, 26 de octubre de 2014

De vida en vida.

Me siento especialmente guapa cuando es tu voz la que lo dice mientras sonríes.

Luego me rozas la mano, sin querer, y sé que una vida contigo es justa.
Pero que viviría cien más, por ti.

Por encontrarte en el segundo antes de cada beso, cerrando los ojos despacito y con los labios llenos de verdad.

Te vería de viernes en viernes, de mes en mes, de vida en vida... Y te seguiría queriendo.

Seguiría confiando en lo bonito de tu piel, en lo suave de tu pelo, en el verde de tus ojos.

Me siento especialmente guapa cuando es tu voz la que lo dice mientras sonríes y tú la persona más afortunada del mundo con el "idiota" que le sigue. Y el beso.

Y lo que quede de lo nuestro será nada comparado con todo lo que dejamos por el camino... Queriendo saber si somos, por separado, algo más que un sólo corazón.

Y no.

sábado, 25 de octubre de 2014

Aquel invierno raro.

La calle huele a humo y una niebla húmeda invade todos los rincones de la ciudad.

En una esquina un viejo amigo que saluda con timidez a quien lo fue todo para él.

Detengo el coche a un lado de la carretera y cierro los ojos, apretando fuerte los párpados, intentando que las lágrimas no tomen su propio camino.

Me viene el recuerdo de aquel invierno raro en el que la lluvia y tu sonrisa no me dieron una tregua.

De repente me huele a café, a tu perfume, a chocolate, a canela y a todos tus intentos fallidos de repostería.

El recuerdo de tus carcajadas en el sofá, hace eco en cada rincón de mi memoria.

Hace más frío ahora y ya no huele a humo.

La niebla es más densa cuando abro los ojos.

Respiro profundamente secándome las mejillas y vuelvo a casa.
A una casa que, sin ti, ya no huele a nada.

Debo aprender a conducir con las ventanillas cerradas.

viernes, 24 de octubre de 2014

Vivir.

Vivir no es ver morir días, ni ver salir el sol cada mañana.

Yo lo descubrí el día que supe que vivir era ahogar tus sonrisas entre suspiros de placer, haciendo que tus piernas se enredaran en las mías mientras me besabas despacio.

Vivir es ver nacer las miradas que se quedan al fondo de mi memoria, cada vez que desespero en la locura de entenderte.

De encenderte.

Encontrarte al alargar la mano sobre la cama y que acabemos en el suelo.

Entretenerte.

Enternecerte.

Eternamente.

Vivir es todo eso y lo que me queda sin ti...  Ni lo es, ni se parece.

lunes, 20 de octubre de 2014

Aún.

Me enamoré una vez y fue la historia más bonita que jamás pude vivir.

Acababa de conocer al "amor de mi vida" y no me podía creer que estuviera viendo la perfección en otra alegría.

Sin pensarlo, quise entregarle el timón de mi destino y mis ganas de vivir.
Terminar algo que acababa de empezar y, se suponía, me hacía feliz.
Entregárselo todo.

Sonreía y era como si el mundo me abrazara fuerte, por la espalda, y me diera besitos en el hombro.

En casa, unos ojos llenos de amor me hacían sentir culpable de estar sintiendo, de querer salir corriendo a cualquier bar y esperar que otras palabras me vaciaran de complejos.

Sé que era amor, porque aún duele.

Aún, años después, algo me hace arder el alma al recordar cómo le caía el pelo delante de la cara.

Sé que era amor porque cada vez que alguien me habla de su presente, recuerdo que abandoné mi camino para perseguir la felicidad tras las huellas de sus pies sobre la arena.
Y que naufragé antes de alcanzar su playa.

Nadie más perfecto. Nunca antes.

Ni después.

Me enamoré una vez, hace dos o tres años, y fue la historia más bonita que jamás pude vivir.

Aún escuece el recuerdo de sus manos, de sus dientes, de su piel.

Aún.

Su luna.

Se clavaban las miradas deteniendo el mundo a su alrededor y se sonreían como si no necesitaran nada más.

"Te miro a los ojos y no sé... Me siento poderosa.

Eres como la ruta que se elige sin pensar, cada día, de vuelta a casa.

Y, ¿sabes qué? Es bonito pensar, saber, que eso no cambiará nunca.

Saber que sujetar tu mano con la poca fuerza que nos vayan dejando los años, será todo lo que necesito para forzar otro suspiro que me lleve a un nuevo día.

Saber que el mapa que la vida vaya dibujando sobre las arrugas de mi piel, tendrá siempre la compañía de las tuyas y que, desafiando al futuro, te ofreceré mi eternidad.

Te miro a los ojos y no sé... No sé si es poder.

Pero querer... ¡Te quiero!".

No necesitaban ni tiempo.

Habían aprendido a multiplicar los minutos en cada caricia y, de haberlo intentado, habrían conseguido fundirse con la noche para que jamás les faltara una luna.

Su luna.

jueves, 16 de octubre de 2014

Fugaz.

No recordaba en qué punto exacto tenía que girar para encontrar al amor de su vida y siguió su camino.

Apretaba el pie derecho, con fuerza, dejando caer sobre el pedal todo el peso de su rabia.

Redibujando las carreteras con seguridad, como antes había redibujado cada esquina de su piel.

Se colaba en medio del espesor de la noche.

Fugaz.

Fugaz.

Fugaz.

Así fue su paso por mi vida.

Así fue su sonrisa, de paso.

No recordaba en qué punto exacto tenía que girar para encontrar al amor de su vida y me dejó contemplando el amanecer mientras mis pensamientos caminaban en línea recta tras sus caderas y mis fuerzas giraban alrededor de sus caricias pasajeras.

martes, 14 de octubre de 2014

Tiene que ser.

Tenía muchos defectos, todos los del mundo...
Pero sólo a su sonrisa le quedaban bien.

"¿Me querrás siempre?", preguntaba.

Se ahogaba mi voz, al fondo de mi garganta, queriendo gritar lo que acababa por ser un susurro lleno de sinceridad y, con las ganas de fundir su aliento con mi voz, empañaba los cristales de su alma el "siempre" que rompía mi silencio.

"Tiene que ser siempre, aunque me siga tropezando con el escalón de la entrada todos los días y le eche la culpa a los zapatos.

Aunque me siga asustando cuando salten las tostadas.

Aunque mis infusiones te huelan a ambientador barato y no te crea cuando insistes en que cocinar no es tan terrible como parece.

Tiene que ser siempre. Lo has dicho."

Tenía muchos defectos, todos los del mundo.

Pero que me abrazara por la espalda con el corazón a mil, oliendo a incienso e infusiones de mil frutas y matáramos las carcajadas posteriores a sus torpezas entre las ganas de sentirse de nuestros labios...

Eso... Eso sólo a su sonrisa le quedaba bien.

domingo, 12 de octubre de 2014

Esperar.

"+ ¿Qué haces ahí?

- Esperarte.

+ No.

- No. Pero echaba de menos decir algo así.

+ ¿Siempre has esperado?

- Siempre.

La esperé hasta que estuvo preparada y no me importó. Después fui muy feliz.

La esperaba en la puerta del trabajo, por sorpresa, para verla sonreír.

La esperaba cada mañana para desayunar, con inmensas ganas de empezar el día con uno de sus besos.

Esperaba que su mano sobre mi espalda las noches de invierno fuesen de las pocas cosas que duran toda la vida.

Esperaba desesperar, con ella.

Esperé, paciente, para volver a ver su pelo al viento mientras escapaba de mis cosquillas.
Para volver a oír sus tacones al fondo del pasillo.
Para volver a ver sus ojos después de llorar.

Descubrí que ya no quedaba nada que esperar de mí y, ahora que me cansé de esperar, ya no espero nada de la vida."

miércoles, 8 de octubre de 2014

Aullándole a la luna.

Tengo la necesidad de conservar mis sentimientos bajo cero, congelando las veces que duermo sin ti.

Te colaste por algún rincón de mis ganas hasta el centro de mi pecho y estallaste, dejándolo todo pendiente de tu forma de querer.

Saliste, como lo hace el sol una mañana de verano y, a la luz de una luna más que llena, aguantaste el calor de mis impulsos mientras aullábamos sintiéndonos más salvajes que cualquier lobo.

Y, aunque no nos equivocábamos, nuestros colmillos sólo desgarraban el miedo a tenernos cada vez que te encontraba, sin permiso, sonriéndole a mi espalda.

Tengo la necesidad de conservar mis sentimientos bajo cero para no sentir que me muero un poco más, cada minuto que paso sin ti.

Aullando a una luna que se va llenando de recuerdos a medida que se vacían las botellas.
Mientras las partes de mi piel donde mordías aún escuecen, si permito que otros dedos la acaricien redibujando la memoria de tu boca.

viernes, 3 de octubre de 2014

Cuestión de argumentos.

Me quedo sin argumentos cada vez que te veo llegar, vistiendo esa sonrisa capaz de abrigar corazones las noches de tormenta.

Parece fácil ser feliz aquí, entre tus bromas y tus gestos.

Es como si fueras capaz de envolverlo todo con tus encantos.
Como si tu voz fuese lo único que suena a calma cuando el mar está bravo.

Me encuentro, sabiéndome perdida, entre el brillo de tus ojos.

Queriendo adivinarme en tus palabras cuando tus labios se separan para arrebatarme el poco aliento que me queda al contemplarte, se me van escapando los días.

Llena de ilusiones. Vacía de ti.

Me quedo sin argumentos cada vez que te veo llegar con ese perfume que impregnó, sin saberlo, las paredes de las que cuelgo los sueños por cumplir.

Y me vuelven a sobrar las cosas que decir, cuando te vas.

Cuando te vuelves sin saber que, por haber venido, ya me has hecho feliz.

jueves, 2 de octubre de 2014

No más que yo.

Octubre y no llueve.

Y dime... ¿Qué es de un otoño sin lluvias, de un domingo sin besos, de una vida sin ti?

Nunca, como ayer, había visto tanta belleza en tu mirada.

Probablemente alguien te esté haciendo feliz y le dará igual si el mundo gira o no, porque te tiene a su lado.

Porque se despierta cada día sobre tu espalda, perdiéndose en tu pelo para llenarse de ti.

Porque tus manos bronceadas desenredan, con cuidado, los nudos de su alma.
Y tu voz, tu risa y tus suspiros, son parte de la melodía de su vida.

Porque tuvo suerte o valor, pero no más ganas.

No más que yo.

Que cada vez que sonríes enseñando los colmillos, me pierdo entre la idea de tu boca acercándose a mi cuello.

Pero sigue siendo otoño y sigue sin llover.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Te vi.

Te vi.

Conducías rápido, con la ventanilla abierta y el viento soplándote en la cara con cuidado de no arañarte la sonrisa.

Cantabas a pleno pulmón la nueva de Fito. "Sexo, drogas, rock and roll".

Movías la cabeza y recolocabas las gafas de sol cada vez que el solo de guitarra te impedía mantenerlas en su sitio.

El sol, demasiado fuerte para ser otoño, me hizo sentir que algo ardía dentro de mi pecho.

Su luz me había cegado en el momento en el que adiviné el dorado de tu piel debajo de tu camisa.

Te vi.

Puede que quisiera no haberlo hecho.

Puede que el destino forzara las cosas.

Pero te vi.

Y, después de ti, ya no sé lo que puede ser y lo que no.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Cuando acabe con el lunes.

Cuando acabe con el lunes, habré matado tu recuerdo.

Me habré cansado de esperarte a la lluvia y, aunque el sol no me caliente, saldrá para cegarme cada vez que asome el eco de tu risa a una esquina de mi memoria.

Cuando acabe con el lunes, llenaré de "quiero" la lista de cosas que me quedan por hacer.

Entenderé que recordar que debo olvidarte, es tan necesario como lo fue que respiraras sobre mi pecho.

Acudirá a erizar mi piel la estela de la tuya entre mis manos y, el reflejo de la luna sobre el mar, me gritará que ya no estás, ni quiero que vuelvas.

Cuando acabe con el lunes, me vendrá a la cabeza el olor de tu perfume y te respiraré por útima vez.

Y te irás de mi desván de sentimientos, sujetando la maleta con firmeza y con ese sombrero que te queda tan bien.

Al menos, hasta el martes.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Desde dentro.

Se me empaña la mirada mientras se desdibuja el recuerdo de tu rostro.

Creo verte, a lo lejos.

Intento alcanzarte y me pierdo en unos ojos, vacíos de mí, que no son los tuyos.

La sombra de tus manos me persigue,
el aroma de tu pelo se acerca al de mi piel, la marca de tus dientes imperfectos me devora el alma.

Muy despacio.

Desde dentro.

Desde donde se clavaban tus antojos.

Desde donde se cumplieron tus deseos.

Desde donde te encargaste de matar mis intentos por seguirte descubriendo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Color caramelo.

Le fue fácil romper el silencio, recomponiendo mi corazón a la vez.

"Vamos a juntar tus 'quiero' y los míos y a prometer un 'para siempre'."

Es difícil de contar.

Hay que tener sus ojos muy cerca para entender que la solución a tus problemas se esconde detrás.

Nunca hubiera confiado en una mirada que llega de repente a cambiarlo todo, de no ser la suya.

Apareció cuando creía no tener motivos para seguir, para quedarme, para vivir...

Me demostró que mi sitio estaba aquí, reconociéndome entre sus palabras, redescubriéndome entre sus manos, recreándome en el color caramelo con el que me endulza el alma cada vez que me mira.

Es difícil de contar, pero hace que la vida resulte muy fácil.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Genial.

Sería genial agarrarte la mano, fuerte y subir la cuesta más larga de la ciudad

De noche y a pocos grados del cero.

Temblando y ardiendo.

Llegar a casa a celebrar que no nos afecta demasiado que nuestro equipo haya perdido.

Que si hay pizza fría y una película lo suficientemente mala como para dejar a medias, tenemos todo lo que necesitamos.

Yo protestaría porque la bufanda me agobia y tú porque el gorro te despeina.

Y estallaría una carcajada, rompiendo el silencio del salón, que nos demostraría que somos igual de quejicas.

Entonces nos olvidaríamos del frío que hace fuera, estoy segura.

Y esperaríamos a que la noche nos detuviera, mientras vemos amanecer al otro lado de la ventana.

Mientras el sol aparece al Este de tus caderas, para hacerme perder el Norte.

Sería genial agarrarte de la mano, fuerte y que, en un suspiro compartido, parecieran esfumarse todos nuestros problemas.

Sería genial.

Serías genial.

martes, 23 de septiembre de 2014

Lo siento tanto...

Te miro a los ojos, sonríes y, poco a poco, algo se muere dentro de mí, mientras fuerzo una sonrisa que sabes falsa.

¿Qué pasó con aquellos días en los que nuestras miradas reflejaban lo mucho que nos queríamos?

¿Qué, con las tardes de que acababa doliéndonos el pecho de tanto reír?

Por nada. Por todo.
Porque estábamos allí, felices, muy cerca.

¿Qué fue de ese plural que fuimos un día? ¿Por qué se rompió?

Juré ser "el viento bajo tus alas", como dice la canción, y esas ganas de tus manos se fueron gastando a medida que la música dejaba de sonar en el fondo de mi alma.

Tú, que llegaste levantándome de nuevo de entre los escombros y llenaste cada hueco de mi ser.

Tú, que entendiste mis silencios, mis sonrisas, mis abrazos.

Tú, que nunca me has fallado ni dejado de querer, entiendes que cada beso que te doy me quema el alma sin hacerme arder.

Tú, la perfección.

Yo, lo siento tanto...

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El hueco de la guitarra.

El hueco de la guitarra entre la cama y la pared.

O entre mis manos.

Tú, deslizando las yemas de tus dedos por mis brazos mientras toco algo que habla de ti.

La dejo sobre la cama y, de repente, tu espalda ocupa su lugar.

Vaqueros desabrochados con prisa, costuras que resultan muy incómodas y un suelo que se adapta al vaivén de tus caderas.

Siempre fuiste, de mi cama, melodía interpretada desde lejos.

Vuelve el invierno y busco a qué engancharme cada noche.

Hace tiempo que la guitarra ocupa su sitio, desafinada.
Ya no la toco.

Y dime, ¿qué voy a interpretar?

Si el suelo vuelve a ser frío y tus piernas ya no están para enredarse con mis ganas de quedarme a vivir entre tus brazos.

Llora.

No te diré que no llores.

Llora, niña.

Llora cuanto desees.

Llora todo lo que sea necesario.

Llora hasta que sientas que el pecho ya no responde cuando intentas coger aire.

Llora aunque notes las lágrimas quemándote las mejillas.

Que no hay belleza más real que la que aflora bajo unos ojos húmedos.

Llora, niña.

Llora y siéntete libre.

Adorable.

No me digas que no es adorable cuando te despiertas con la forma de mis pulseras en la piel, por dormirte sobre mi brazo.
Con las huellas de mis dedos tatuadas sobre tus muslos, con la marca de mis dientes por tu espalda.

Cuando me despierto, corazón, con esas ganas locas de perderme alrededor de tu cintura y me juras que no permitirás que me encuentren.

Dejando a las manos encenderse.
Aprendiendo a conocer tus recovecos.
Sabiendo que te siento, que me sientes.

Que no hay nada más sexy que verte despertar cada mañana sin saber de qué va el mundo y que puedas orientarte por el hueco de mi espalda.

Me dices que te quedarás conmigo en algún punto antes del "adiós".
Para siempre.

Que te encanta mi risa, mis abrazos, mis historias.

Que este será un cuento de esos que no se cuentan porque el público no entendería que no tuviese final.

Y que escribiremos, cada día, una nueva página sin otra pluma que la lengua.
Repasando, uno a uno, todos los rincones de nuestra piel.

martes, 16 de septiembre de 2014

De nuevo.

Nadie sabe dónde están los amores de su vida, hasta que los encuentra.

Puede que uno de los amores de mi vida no hable mi idioma, puede que viva muy lejos y viniese de paso, puede que se haya parado en medio de mi camino y me haya gritado "¡AQUÍ ESTOY!" con una sonrisa llena de ilusión.

Sé que ha sucedido todo eso.

Sé que el amor de mi vida ha pasado ya y, como a todo tren puntual, lo he perdido.

Lo mío es llegar tarde a todo por estar, de imbécil, pensando en tus caricias.

He visto una mirada llena de momentos por vivir que se ha vuelto triste cuando salí del vagón, he visto decepción y me he visto perdiendo, una vez más, por pensar en tus ojeras.

Pero... ¿¡Y lo bien que te quedan!?

Me he dejado al amor de mi vida entre raíles, me he bajado a un par de estaciones de tener sus besos y sentí en una mirada, todo eso que tú me tendrías que dar.

No volveré a perder a otro amor de mi vida por colgar mis deseos a tus caderas.

No.

Hasta que aparezcan otros ojos que me remuevan el alma y me dé cuenta cuando ya sea tarde.

Entonces, de nuevo, tendré tu recuerdo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Tu soledad con la mía.

Echo de menos a tu soledad con la mía.

Las noches de conversaciones vacías, con silencios llenos de sentimientos.

"La vida no es esto", decías.

Y sonreíamos porque sabíamos que nuestras soledades no eran de acompañarse, pero se hacían compañía.

La vida puede que no.

La felicidad, al menos en ese instante, sí.

Echo de menos a tu soledad con la mía.

Y a tus besos a distancia, a tus caprichos, a tus quejas infinitas...

Una noche más.

Es septiembre y vuelve, sin pensarlo, una estación que me trae tu nombre.

Filosofía barata de horas de tren, que arrastra tus besos de invierno por los huecos libres de mi memoria.

Fuera, las nubes fumándose unas a otras.

Nada queda, ya, de las que dibujaban formas divertidas para entretenernos cuando nos miraban.

Dentro, tus besos consumiendo mis ganas de huir.

Cuando el vagón era sólo nuestro y, de repente, un asiento para dos parecía mucho.

Cuando jurábamos que a menos de dos milímetros, no. Nunca. Jamás.

Es septiembre y vuelve, sin pensarlo, una estación que me trae tu nombre.

Y el reflejo de tu sonrisa en el cristal me viene a la cabeza para hacer salir el sol, una noche más.

viernes, 12 de septiembre de 2014

"Crónica de un baile".

Recuerdo haber descubierto una voz que me ganó en la primera estrofa.

Recuerdo unas ganas de cambiar de vida que vinieron de la mano de "El tren de la cordura".

La ilusión de algo que crecía a ritmo de "Si pasa o no".
(Aunque resultara que no. En mí, sí.)

Un vídeo de despedida con mis lágrimas bailando "Aún no te has ido".

De repente, por sorpresa y desde lejos, el "Adiós de mayo" que me hizo morir de ganas de volver.

Madrid. Un directo.

ADORACIÓN.

Y ahora llega "Crónica de un baile" y me tiene temblando desde el primer acorde.

Me hago la fuerte las dos primeras canciones y luego me rompo por dentro, reconstruyéndome también.

Llorando y sonriendo.

Y agradezco.

Agradezco que haya una voz capaz de ser sentimiento, letras capaces de acariciar y calmar miedos, música capaz solucionarlo todo.

Nunca un viaje tan intenso por mi sentir.

Nunca, hasta "Crónica de un baile".

Empapelaré las paredes de mi alma con tus letras para agradecer que dieras cobijo a mi corazón en tu música.

Gracias por todo, por tanto.

Gracias, de verdad.

jueves, 11 de septiembre de 2014

No creo.

Y si me veo sorprendiendo, abrazando por detrás o apareciendo, de repente, entre unos brazos... No es en los suyos.

Con nadie más que contigo querría tardes de domingo viendo llover, viendo películas malas, viéndote dormir en mi sofá mientras arrugas la nariz.

A nadie más le dejaría destaparme cuando tengo frío, jugando a eso que te inventas cada noche de "cuanta menos ropa, más calor".

A nadie, como a ti, le gusta mi moño mal hecho, a juego con una sudadera tres tallas más grande.

Tres.

Como las veces que bostezas antes de irte a dormir.

Como los días que no aguanto sin verte.

Como las noches que no quiero, sin ti.

Tres.

Como las veces que te digo que te adoro, cuando te enfadas, para verte sonreír.

Como el nivel al que llegan tus gritos cuando se juntan con los míos.

Como los mordiscos que me das en la nariz.

No creo en más futuro que tu sonrisa forzada, cada mañana, antes del café.

No puedo querer otro presente, si tengo una boca que no se calla ni besando, si me muerdes el labio, si te tengo a mi lado.

No quiero creer en la felicidad sin tus ojos, tus manos, tu ropa en el suelo, tus gestos, tu voz.

No creo en la vida sin ti.

Pero suena.

Eres esa canción que, después de mucho tiempo, suena en algún rincón de una emisora que no suelo sintonizar.

Suena entrecortada, como tu voz, como tu aliento en mi oreja.

Suena lejana, como mi recuerdo de tus manos.

Pero suena.

Me coge de sorpresa y, como siempre, me levanta la tapa del alma para darle un par de vueltas a lo que pensé que ya no estaba.

Un acorde. (Aquí me rozabas el cuello.)

Otro. (Aquí me mordías la oreja.)

Estribillo. (Aquí ya no éramos dos.)

Solo de guitarra. (Aquí sonreías. Y yo.)

Y puedo apagar la radio, que la melodía de tus besos se repetirá en mi cabeza una y otra vez.

Hasta que te sueñe.

Hasta que te sude.

Hasta que vengas a llevártela, mientras mi vista se pierde en la facilidad que tienes para hacer baile con las caderas.

Y bailando, como las lágrimas en mis ojos, te vas.

Hasta la próxima.

martes, 9 de septiembre de 2014

Exigirle a la luna.

Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.

Recuerdo tus hoyuelos, tus piernas y los huesos de tus caderas moviéndose a un ritmo constante.

Un beso sin permiso, dos miradas y dos personas que no se conocen, pero sí (que se conocen, pero no).

Quisiera exigirle a la luna que me devuelva todas las noches que no pasé a tu lado besándote en los ojos, sintiendo tus caricias, quemándonos la piel.

Quisiera hacerme dueña de tus sueños, cumplirlos y rendirme cada día ante tu dulzura.

Recorrer sobre tu espalda rutas aún no inventadas y viajar por cada milímetro de tu piel, sin rumbo, sin límite, sin más permiso que el de tu sonrisa rogándome que no pare.

Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.

Y lloré.

Sin querer.

Sin saber.

Sin poder parar.

martes, 2 de septiembre de 2014

Queroseno.

¿El amor de mi vida?

Es de ojos rojos y sonrisa fácil.

Le gusta el olor a gasolina y ver despegar los aviones desde el capó del coche cualquier noche de verano.

Las manos frías. Siempre frías.

El pelo tan oscuro que parece teñido por la noche más hermosa.

Su piel, salada por el mar y blanca.
Como si el sol no se atreviera a rozarla para no hacerle daño.

Unos ojos como no hay otros en este mundo (de un verde que no se ha inventado) y la voz más tímida que existe.

Sus besos, prefiero pensar, son de queroseno y yo, al mínimo contacto con el fuego de sus labios, podría arder.

¿El amor de mi vida?

No sabe que lo es.
No sabe que estoy.
No sabe que, sin el roce equivocado de sus brazos, apenas soy.

domingo, 31 de agosto de 2014

Dulce remiendo.

Se me acelera el corazón y juraría que puedo sentir en el estómago todas las mariposas de todos los que han hablado de sentirlas alguna vez.

Eso me pasa cuando aparecen tus ojos brujos al fondo de la barra, apagándome los miedos, encendiéndome la vida.

Después, lejos de esa barra, el moreno de tus manos se confunde con la oscuridad de algún almacén en el que el brillo de tu alianza se pierde bajo alguna costura, descosiéndome la piel y cubriendo los rotos de mi alma.

Dulce remiendo.

Vuelve a ser de día y ya no estás.

Eres amor de paso y pasas de puntillas para desajustar cada uno de mis latidos.

Entreabro los ojos y te veo marchar, con el pelo revuelto y, en tu mano, el brillo del compromiso que me grita que nunca estarás aquí para desayunar.

Brilla el sol fuera, como tu pelo ayer bajo los focos del local en el que eras protagonista de la película de mis intenciones.

Brilla. Y se apagan mis ganas de domingo.

Una vez más.

Sonríes.

Sonríes siempre que te cuentan algo divertido, o cuando alguien se acerca a saludarte.

Sonríes por amabilidad, por educación, por simpatía.

Sonríes siempre.

Y, a mí, la sonrisa que más me gusta es esa con la que me dices "¡Volviste!" desde lejos.

La misma sonrisa que busca saber si despiertas algo en mí y me grita que me sigue esperando cada viernes.

Como antes.

Como cuando sonaba "Heaven" en mi cabeza cada vez que me cruzaba con tus ojos.

¿Cuántas más sonrisas de duda?

¿Cuántas?

Pudiendo escapar de la mano muy lejos, aunque huelas a tabaco y yo a café.

Aunque se nos gasten las suelas de los zapatos y acabemos dejando el corazón a la intemperie.

Aunque no sepamos por dónde empezar a querernos.

Pero hayamos decidido arriesgar.

miércoles, 27 de agosto de 2014

No es tan mala idea.

Limítate a dejarme quererte sin límites, que yo me encargo del resto.

Juro acelerarte los latidos dejando que tu aliento choque contra mi pecho cada mañana, mientras vas abriendo los ojos y dibujando una sonrisa.

La primera del día. Mía.

Seré la artista que necesites, si es cuestión de redibujar los poros de tu piel.

Yo, que jamás he querido responsabilidades, seré la responsable de mantener tu mirada con el brillo que necesita el mundo para seguir girando.

Limítate a dejarme quererte sin límites y le pondremos límite a la distancia.

Guardaremos el calor de los veranos para las tardes de invierno.

Y, cuando vuelvas a dormirte en mi sofá, te abrazaré bajo la manta mientras recuerdo que madrugar, a tu lado, no es tan mala idea.

lunes, 25 de agosto de 2014

Me encanta.

Me encanta cuando hace eso que hace siempre con el pelo.

Lo echa hacia un lado, dejando que caiga sobre su hombro derecho, e inclina la cabeza.

El ángulo perfecto lo forman sus pómulos a contraluz, dejando el verde de sus ojos en un tono más brillante.
Tan transparente como sus intenciones.

Después sonríe y sólo tengo ganas de quedarme toda la noche a su lado, de pillar a sus ganas por sorpresa sobre la alfombra.

Tiene esa sonrisa que te dice "bésame con cuidado, pero destroza mis besos entre tus dientes".

Me encanta cuando hace eso que hace siempre con el pelo, dejando el cuello a merced de mis colmillos y la tinta del inicio de su espalda deseando ser repasada por las yemas de mis dedos mientras cicatrizan, en mis caderas, las huellas de su paso por mi ayer.

domingo, 24 de agosto de 2014

A medias.

Me costó seis vidas y media aparcar en tus caderas, pero aún me queda media vida para hacerte feliz.

Sonaba"Ojos de gata"  y, mirándome, te reías. A medias.

Lo nuestro era todo así.

Amor a medias, calor a medias.

Una media sonrisa, media cerveza y muchas medias caricias.

Apuraban tus manos, se relajaban las mías en el medio de tu espalda.

Medio loca. Medio rota. Medias rotas.

Media tarde, medianoche, media noche.

La puerta medio abierta.

En menos de seis canciones y media, me devolviste todas las vidas que había esperado por ti.

"Ojos de gata".

sábado, 23 de agosto de 2014

De la más triste.

Me puse a recordar el último concierto en la playa.

Tu pelo bailando al ritmo de la música, agitado por el viento.

Tu cara, sombreada por la luna, dejaba la belleza del mar en segundo plano.

Me puse a recordar y me volvió a molestar la arena.

Regresaron tus besos salados que me dejaron con sed de más.

Bailaron mis recuerdos con las lágrimas que asomaban a mis ojos, al son de una de las canciones de aquella noche.

De la más triste.

Cómo nos molestaban los gritos de los niños jugando alrededor del coche, mientras dibujábamos en el vaho de los cristales en los que aún se adivina el camino trazado por tus dedos.
(Como en mi espalda.)

Recordé cuando eras una sombra en la acera, esperando a que te recogiera para largarnos a contarnos los defectos de la piel y a inventar una historia compartida por cada uno de nuestros lunares.

Recordé muchas cosas y, aún entre lágrimas, sonreí.

¡Bendita memoria, la mía!

¡Bendito recuerdo, el tuyo!

viernes, 22 de agosto de 2014

Te escribía.

Te escribía para decirte que me tienes colgada del hilo con el que mueves tus caderas mientras paseas por la playa al anochecer.

Te escribía para contarte que tenía planeados, para nuestras sonrisas, varios viajes.

Te escribía para explicarte que la música no se siente igual si tú no estás cerca.

Te escribía para muchas cosas pero me di cuenta, con el tiempo, que eras tú quien me escribía a mí cada vez que les contaba a todos lo increíble que era amarte.

Me agarraste fuerte, apretando el corazón entre tus manos y yo, dejando que tus dientes hicieran lo que quisieran con mi piel, te advertí que no te dejaría soltarlo.

Acabamos siendo sin ser, sintiendo haber sentido y, sin querer, quisimos.

Quisimos mucho y quisimos bien.

Te camuflaba entre los textos que escribía para que el mundo supiera de tus encantos y pudieras adivinarte entre mis letras.

Te escribía y me querías.

Te escribía y me dejaste.

Te escribía y me moría.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Tú.

Siempre hay un instante en el que cambia tu vida y yo... Yo recuerdo perfectamente el mío.

Era verano y hacía ese calor húmedo que hace que te duela la cabeza.

Caminabas entre la gente dejando corazones rotos al paso de tu sonrisa, de tu alegría, de esa mezcla tan tuya de sensualidad y dulzura.

Ese día supe que eras exactamente lo que parecías.

Eras la imperfección perfecta, la única razón por la que cualquier corazón se dejaría matar de amor.

Ahora, mirando al otro lado del sofá me encuentro con tus pestañas infinitas moviéndose a un ritmo frenético y creo que no se puede ser más feliz.

Me susurras "¡Qué bien te sobra ese vestido!" y te acercas ahogando mi risa entre tus dientes.

Tú, con tus cosas.

Tú, la casualidad más bonita de todas.

Tú, la única prueba de que la suerte me sonrió una vez.

Tú, que llegaste sin permiso, sigues aquí.

A mi lado.

Tormenta de verano.

Lluvia en el cristal, en tus pestañas, perfilándote los labios.

Una risa ahogada entre la falta de aliento y las ganas de más.

Contigo nunca se sabe.

Llueve en agosto y el sol, escondido detrás de alguna nube, sale sólo para verte sonreír mientras te quitas los zapatos.

Empañamos las ventanas, sin querer, y me besas con toda la intención de quedarte a vivir en mi alma.

Lluvia en el cristal, en tus pestañas, perfilándote los labios.

Lluvia entre la mezcla de tu piel con la mía, marcándome el camino que debo seguir para hacerte feliz.

Aunque sólo sea un rato.

Lo que dura esta tormenta de verano desatada por el tacto de tus manos, por lo dulce de tu boca, por el deseo repentino de ir quitándote la ropa.

lunes, 18 de agosto de 2014

Mi luz.

No duermo y me acuerdo de sus manos, de su voz, de sus consejos.

Me viene a la memoria el sonido de su risa y unas gafas que cubrían el tesoro más hermoso de este mundo, sus ojos.

Sus caricias, sus palabras.

Jamás me advirtió que se iría, que me dejaría acompañada, en la soledad, por su recuerdo.

Jamás me dijo que sería tan difícil seguir sin ella.

A sus ojos, yo era perfecta.

A los míos, ella lo es.

Y si lloro, llora conmigo. Lo sé.

Y si rezo, le rezo a ella.

Mi única diosa, mi guía, mi luz.

Que la echo de menos y duele.

Duele como si me arrancaran un trocito de alma cada vez que recuerdo que no volverá.

Duele soñar con sus besos, cuando sus labios no rozarán mis mejillas de nuevo.

Jamás me advirtió que se iría.

Yo prefiero pensar que su esencia se quedó conmigo.

domingo, 17 de agosto de 2014

No rima con nada.

Escribir una canción es lo más complicado que hay cuando, sin avisar, se te cruza en el camino una persona que nació para ser cantada.

Es canción y lleva, amarrados a sus talones, la melodía, la letra y el sentimiento.

Y parece más sencillo...

Hasta que quieres rimarla.

Porque no rima con nada.

Sus caderas, sus ojos, la fuerza de sus ideas y su boca.

El moreno de su piel, su sensibilidad, el brillo de sus ojos y sus ganas de reír.

Su locura, que ya es tuya.

Su alegría, contagiosa.

Rebeldía, belleza y ganas.

Todo eso que podría volver loco a cualquiera, no rima con nada.

Porque nada se compara a su perfecta imperfección.

Y te encuentras escribiendo canciones de desamor que no se asoman a todo lo que pierdes cada vez que se va sin despedirse, llevándose un trocito de tu alma.

Mientras cualquiera interpreta melodías sobre su espalda.

Mal.

Porque nadie las interpretaría como tú.

Nadie.

(Como yo.)

El texto perfecto.

Llevaba tiempo intentando escribir el texto perfecto.

Sin saber que el texto perfecto eras tú.

Con tus noches y tus días.
Tus payasadas, tus secretos, tus misterios, tus manías.

Llevaba tiempo intentando escribir el texto perfecto.

Y tú, no eres sólo ese texto.
Tú eres canto, eres teatro, eres verso.

Tú... Tú eres poesía.

La de veces que me lo advirtió Bécquer, cuando sus golondrinas llamaban a la puerta de mi alma al escuchar tu nombre.

La de veces que me dije "no todas las historias se terminan", silenciando el dolor de una mirada que se pierde a lo lejos.

Te tenía tan cerca.

Me despierta, un día más, el sonido de las campanas que me recuerda a ti.

A tus manos resbalando por mis piernas, a tus besos de mar salando mi piel.

¿Recuerdas que te conté que soñaba contigo cada noche?
¿Recuerdas que soñábamos tenernos un poquito más?

Fueron en vano mis intentos por mantener la calma aquella mañana en la estación.

Te tenía tan cerca que podía acariciar tu olor, sentir tu pelo, rozar tu piel.

Te tenía tan cerca... Que no llegaste.

La suerte y la muerte están separadas por el hecho de no verte.

La suerte no llega.

La muerte no avisa.

Y yo sólo tengo miedo a que me pille sin ti.

miércoles, 13 de agosto de 2014

La 'h' es muda.

"La 'h' es muda".

Era una lección que se tenía bien aprendida, desde pequeñita.

Muda, como los gritos ahogados al fondo del pecho de su madre.

Muda, como la rabia falta de coraje de una niña sin otra salida que el silencio.

"La 'h' es muda."

Y se enamoró de una sonrisa que no hizo más que empañar el brillo de sus ojos.

Tristeza en un rostro de lo que fue niña y mujer.
De lo que le dejaron ser.

Llegaron, forzando, unas caricias que habían encendido y ahora marcaban, con ira, la piel.

Llegaron los piropos. Burlones.
Los insultos disfrazados de desprecios en la noche.

Llegaron los miedos, el recuerdo de una infancia aterradora, las ganas de escapar de un pasado que se había instalado en su vida y parecía perseguirla en el presente.

Llegaron los "perdón".
Tarde. Mal. Pero cedía.

Porque amaba. Ella sí amaba.

"La 'h' es muda."

Muda, como debería seguir ella si pretendía seguir con vida.

Es que, "¡Joder, Helena! Es todo por tu culpa."

Un día se quejó.

"La 'h' es muda."

Así se llamaba ella. Helena.

Helena, con 'H'.

lunes, 11 de agosto de 2014

Especial.

Ya se nos escapó medio agosto entre borracheras y deseos pe(r)didos al aire.

Se nos escapó medio y tú, en medio de mis pensamientos, metes toda mi seguridad en un tarro que pone "dudas".

Me haces temblar, reír, pensar y dudar.

Como nunca. Como nadie.

Nunca. Nadie. Antes.

Había, ayer, una Luna mágica. Especial, decían.

Especial es verte sonreír, ver en tus ojos las huellas del desengaño y las ganas de una ilusión por algo que apenas empieza.

Especial sería despertarte cada mañana, haciéndote cosquillas, mientras la casa se llena de un olor a café que a mí me encanta y tú odias.

Especiales tus ganas de chocolate a todas horas, tu costumbre de mirar por la ventana cuando llueve y tu manía de bajarle la voz a mi música cuando no te sabes la canción.

Especial serías tú conmigo.
Conmigo a solas.
Conmigo de cañas, de risas, de bajón y de resaca.

Todos los días que le queden a nuestra historia desde el día en que decidamos echarle ganas.

Desde el día que prefiera echarle valor, antes que seguir echándote de menos.

jueves, 7 de agosto de 2014

Diario de un olvido.

Lunes: Sé que lo intuyes, pero no puedo.
Sabes que no puedo, que no soy capaz.
No me conoces, pero sí.

Martes: Suena "Quédate a dormir". Esta puta rabia de no tenerte.

Miércoles: Hoy tampoco será el día que le eche un par.
No.
Estoy segura que esta historia acabará como todas. Antes de empezar.

Jueves: "Stand by me". Ojalá.

Viernes: El coche se me hace grande sin ti de acompañante.
El corazón, pequeño.

Sábado: Joder. Si teníamos hasta canción. ¿Qué (no) pasó para que perdiéramos la melodía?

Domingo: Aún escueces.
Tengo que aprender a cerrar heridas, por mal que cicatrice.

Lunes: Sabes que yo no tengo el valor.
Quisiera haber cambiado aquella primera respuesta.
La primera reacción.
Aquel "no", por un "no sé", habría sonado estúpido pero habría sido suficiente.
Me habrías ayudado.

Martes: Estás conociendo a alguien que no soy yo.
Soy feliz, pero no tanto como debería(mos).

Miércoles: Ya no me sabe el café, ni me huele el perfume.
Me huele a ti en todas partes, sin conocer tu olor.
No te conozco, pero sí.

Jueves: Te habría apoyado más, mucho más.
Y algo más, que también rima.
Como rimarías tú sobre mis costillas, supongo.
Quiero suponer.

Viernes: Día 12. Par y faltas.

Sábado: Me gusta que creas en la mala suerte. Yo soy la tuya, probablemente.

Domingo: Podríamos estar siendo felices, pero tengo miedo.
¿Podríamos estar siendo felices?
Ya no sé.
Ya dueles menos.
Ya paso más.
¿Te estaré olvidando?
Ya me ha pasado más veces.
Olvido y perdono.
Perdono y adiós.
Era capricho.
¿Qué hiciste conmigo?
¿Por qué me haces dudar?
Yo estaba segura de mí.
Y, de repente, tú.
Y, de repente, no.

¿Qué hacemos con todo esto?

Ya te he olvidado, creo.

Pero te pienso de todas formas.

"No necesito verte pa' saber que no te olvidaré."

Que te rías.

A veces me pasa que pienso en cuánto ganarías en las distancias cortas.

A veces me pasa que no te dejo de pensar aunque quiera.

Y tú te me escapas, como el agua entre los dedos, entre los dientes, sobre los poros de mi piel.

Noto que te estoy perdiendo y ni siquiera he podido contarte una historia por cada uno de tus lunares.

Noto que me fallan las fuerzas, que me sobran las ganas, que me falta el valor.

Quisiera gritarte que quiero intentarlo, pase lo que pase.

Que soy difícil de aguantar, a veces, y demasiado cariñosa, otras muchas.

Que quiero viajar sin más equipaje que tu mano colgada de la mía.

Que quiero que me mires y te rías.

Que te rías, todos los días de tu vida.

Que te rías, muy fuerte.

Y me abraces encendiendo las cenizas de mi alma.

Quiero ver, contigo, todas las películas que no vimos.

Y llorar. Y quererte. Y sentir. Y que sientas.

Quiero muchas cosas que no puedo y la única que no quiero, será la que llegue.

El puto arrepentimiento.

lunes, 4 de agosto de 2014

Lo que dure.

Vivo con el miedo de haberte dejado escapar sin haberme dado cuenta de tu paso por mi vida.

Es como cuando hay mucha gente y me rozas el pulgar con el tuyo, arriesgando demasiado, y se me pone es cara de idiota.

Entonces, empiezan las mariposas de las que habla todo el mundo a revolotear dentro de mi estómago y me muero de ganas de besarte.

Delante de todos, para que aprendan a ser felices con nuestra felicidad.

Y me vuelvo a morir de miedo, pero esta vez de que mis mejillas reflejen lo que estoy pensando.

Puede que no nos convengamos, pero nos ansiamos y eso siempre pudo más.

Que nadie me hace vibrar como tú, aún estando a kilómetros.

Que no hay nada que me queme más que las ganas de verte.

Que si me juras que quieres, dejamos todo atrás y empezamos de cero donde nadie nos diga cómo tenemos que vivir.

Y, aunque nada es eterno, yo te juro que te haré feliz.

Lo que dure.

sábado, 2 de agosto de 2014

¿Luchamos?

El rítmico golpear de tus caderas contra la mesa me hacía olvidar que fuera llovía.

Tus manos, enredadas en mi pelo, tiraban despacio, pero con fuerza.

Tus ganas, enredadas con las mías, aceleraban el pulso disminuyendo la velocidad de los besos.

Creo que había música debajo de tus suspiros y aún quedaron arañazos en mi espalda de lo felices que fuimos.

Era agosto y fuera llovía, pero ¿a quién le importa eso cuando es tu sudor el que empapa el resto de mi piel mientras la lluvia se muere de envidia?

"Cuando el amor ataca de repente", dijiste, "es mejor cogerlo con ganas y matarlo al momento".

Y, aunque agotamos las fuerzas intentando acabar con él, nos hizo rendirnos. 

Todavía nos quedan un par de batallas por librar.

¿Luchamos?

jueves, 31 de julio de 2014

¿No?

Recuerdo haberte dicho que la gente me pone, me atrae, pero no me gusta.

Que yo no me pillo, no me cuelgo, no me enamoro.

Y antes de darme cuenta les estaba proponiendo una alianza a tus mañanas para hacerte feliz.

Recuerdo tu sonrisa, tus burlas y cómo la nata del café, adornando tu nariz, acabó llevándonos fuera de aquel bar.

Viéndote bien, mientras buscabas darle forma a tu pelo al despertar, ¿quién no querría amanecer siempre a tu lado?

Yo te querría aún con los daños, aún con los años.

"Me has roto por dentro. Yo no solía sentir más allá de la piel hasta que llegaste y ahora no quiero componerme.
Sólo quiero que me abraces fuerte y hagas, de los trozos de mi alma, trocitos más pequeños.
Tuyos todos."

Quería que me comieras las ganas, que me quemaras la vida, que me arrancaras el miedo...
Y, sin embargo, me llevaste a un terreno desconocido, de la mano, soltándome para que me diera cuenta de que tú eras mi única salida.

Prometo estar contigo cuando las lágrimas hagan, del negro de tus ojos, un castaño suave e indefenso.

Te prometo mis dientes y mis uñas, si la lucha es necesaria.

Te prometo mi vida, si la quieres.

Que digo yo... Que el amor debe ser algo parecido a eso, ¿no?

Prométeme.

Prométeme que sí, que Madrid será nuestro en enero.

Prométeme que vendrás y serás mi cómplice entre el público cuando Vanesa Martín le cante al mundo lo que me haces sentir.
Y después, presas del deseo, gastaremos nuestros labios mirándonos a los ojos en algún garito en el que suenen Andrés Suárez y Sabina.

Que a tu lado, corazón, no hay "Calle Melancolía".

Descubriremos que no hay brillo mayor que el de nuestras miradas encendidas en una habitación de hotel que lucha por dormirse.

Recorreremos la Gran Vía una y otra vez porque, de tu mano, todo es poco.

Me contarás historias tontas y yo te dejaré robarme sonrisas.
Todas las que quieras, porque quiero. Porque te quiero.

Prométeme que sí, que Madrid será nuestro en enero.
Que te pondrás ese gorro que te queda tan bien y te despeina.

Prométeme que quemaremos el invierno mientras todos nos envidian, que cantaremos en el metro y que, cuando enero se termine, no tendrás prisa.

miércoles, 30 de julio de 2014

No es mi estilo.

En la radio suena "Euphoria" y, aunque no es mi estilo, me gusta.

No es mi estilo recordar(te), pero recuerdo.

Tú tampoco eras mi estilo y me has marcado como nunca nadie lo había hecho antes.

Eras como el terremoto que daba la vuelta a mi calma.
Eras la caricia que desnudaba el sentimiento, sin haberlo rozado.

Puede que cuando nos volvamos a ver ya no me recuerdes.

Puede que no nos volvamos a ver.

Puede que jamás hayas pensado en mí del modo en que yo te pensaba, te soñaba, te quería...

(Te pienso, te sueño, te quiero.)

En la radio suena "Euphoria" y su estilo, opuesto al mío, me trae la imagen del dorado de tu pelo brillando al sol, de la forma de tus labios, de esa risa que jamás olvidaré.

¡Bendito el verano en que te conocí!

martes, 29 de julio de 2014

Gracias a ti.

Te explicaría una y mil veces que dudé gracias a ti y por tu culpa.
Que viniste desordenando mi caos, estableciendo tu orden.

Quiero, aunque no deba, decirte que te haré feliz todos los días de una vida que, si me dejas, será nuestra.

Voy a lamerte las heridas hasta que curen y te cubriré de besos las cicatrices para que te olvides de que existen.

Quisiera ver, en el fondo oscuro de tus ojos, el reflejo de la luna cada noche.

Y cada noche, entre tus brazos, susurrarte que ha merecido la pena esperarte todo este tiempo.

Te explicaría una y mil veces que dudé gracias a ti y por tu culpa, pero tengo la costumbre de estropearlo todo antes de que empiece y vivo con miedo a que no quieras ayudarme a arreglarlo.

lunes, 28 de julio de 2014

Ya no hay frío.

El soplar del viento en tus pestañas alborota mis pensamientos y me rompo, como se rompen las hojas secas con el paso del otoño.

Me cala el frío en el alma y me congela los sentimientos.

Las ganas de vivir que se escaparon tras tu huida, me recuerdan que un trozo de mi ser todavía arde al oír tu nombre.

Quiero, ya te dije, darte una vida.

No un día, ni un año.

Ni siquiera un siglo sería suficiente para explicarte que eres la parte de mí que más ocupa.

Quiero sacarte la camisa y demostrarte lo que me haces sentir.

Quiero tocarte el alma y enseñarte que también se siente más allá de la piel.

Quiero hacerte sudar y hacer que te derritas (que, aunque suene parecido, en nada se parece).

Quiero demostrarte que "querer" es algo más que "poder", que te colgaste en las paredes de mi alma y te convertiste en mi mejor cuadro.

Sigue soplando el viento y tus pestañas ya se han ido.
Ya no rugen las hojas.
Y, apartando el de mi alma, ya no hay frío.

sábado, 26 de julio de 2014

El hoy es por ti.

A veces pasa que te enamoras de alguien a quien apenas conoces.

A veces pasa que me enamoro de ti.

No puedo decirte que sea algo estable, ¡ni yo lo soy!

No te pienso todo el tiempo, no te extraño como los demás dicen que extrañan y puedo vivir sin tu sonrisa.

Pero no quiero.

A veces (me) pasa que me pienso entre tus brazos y sonrío, que te sueño de mi mano y me pierdo.

Yo no sé si esto es querer, porque no es como lo pintan.

Es bonito, es intenso, quema el alma y alegra, pero duele.

Es tú, es yo y es una caricia a los sentidos.

Y si sólo hay una forma de querer (y no es esta) no será amor, pero me muero por hacerte feliz.
Y si es cierto que hay quien quiere diferente, yo te quiero raro, pero te quiero.

Porque no tenía nada y ahora que te tengo, tengo un "hoy".

Y el hoy es por ti.

martes, 22 de julio de 2014

Como la marea.

Vino y se fue, como la marea.

Dejando, en mí, olas de duda y la espuma de su abrazo.

Me hizo olvidar que no sentía, que no creía, que ya no amaba.
Me hizo recordar que yo no olvidaba.

Recuerdo sus manos, sus dientes, sus besos.
Me quiso por dentro y por fuera y, con la ayuda de algunos minutos, me subió hasta el cielo.

Para dejarme caer.

Dejarme caer en el vacío recuerdo de sus labios susurrando "hoy me quedo, pero sólo hoy".

Yo clavaba la vista en el suelo y, cuando aparecían sus piernas, se perdía mi razón.

A la altura de sus muslos no quedaba, de mi esencia, ni la sombra.
Y me gustaba pararme a descansar en sus caderas, después de haberle robado el aliento.

Vino y se fue, como la marea.

Dejando, de mí, los restos de la que fui antes de cruzarme con su risa, con sus dedos, con el marrón de unos ojos que me hicieron olvidar que siempre fui más de perderme en el verde.

sábado, 19 de julio de 2014

Pedirnos más.

Dejar una vida vacía de emociones por madrugar para ver con qué poca gracia abre los ojos cada mañana.
Besarle la frente, las manos, los labios. Poder sonreírle y perderme en su espalda.

Calmar sus enfados, contar sus lunares, hablarle al oído.
Gritarle "te quiero", pedir que se quede y cantarle bajito.

Hacer millones de planes, deshacer la cama, que me mande callar.
Prometer cosas que jamás cumpliremos y ver pasar las horas desde mi sofá.

Y es que no hay nada mejor que gastarnos los dedos de tanta caricia, que nos queme el alma de tanto deseo y morirnos de ganas de pedirnos más.

He vuelto al lugar donde encontré la inspiración, he vuelto al amor.
He vuelto a sentir, he visto sus ojos, ha huido el dolor.

viernes, 18 de julio de 2014

Fácil.

"Llévame al lugar donde se quedan las estrellas cuando caen", me dijo.

Y yo, que no conozco más paraíso que el centro de su pecho, le dije que sí.

Qué fácil le era convencerme de las cosas, qué rápido me hablaba con los ojos y me acariciaba el alma sin rozarme.

Qué fácil querer perderse entre sus besos, para encontrar su sonrisa sobre un colchón que callaba más daños que belleza.

Qué fácil me pareció aquel día encontrar el lugar donde se quedan las estrellas cuando caen.

Y qué difícil se me hizo dejar que se quedara.

(Ya no pido deseos a estrellas fugaces, por si me escucha, por si le duele, porque me quema.)

martes, 15 de julio de 2014

Después de la octava copa.

Dime cómo te olvido, si siempre encuentro tu cara al fondo del vaso.

Si pierdo el sur cada vez que recupero el norte que se me escapó en tu sonrisa, comparándola con otra.

Si, en cualquier sitio al que vaya, suena nuestra canción y recuerdo cómo perdía el equilibrio patinando sobre tu piel, navegando sobre tu espalda y soñando sobre tu ombligo.

Dime cómo te olvido, si siempre encuentro tu cara al fondo del vaso y vuelvo a pedir la penúltima con la esperanza de acabar encontrándote al final de la barra.

Y me marcho a casa buscando el calor en unos brazos de abrazos vacíos, que me sirven de calmante para el dolor de tu recuerdo y dejan una resaca de tus besos peor que la del ron barato que me sirvieron por bueno después de la octava copa.

Y fue después de la octava copa cuando empecé a llorar tu "adiós" y a ahogar mi llanto en los labios de cualquiera.

lunes, 14 de julio de 2014

Definitivamente.

Era injusto que algunas nubes intentaran tapar a la luna llena. ¡Osadas!

Sentada sobre la fría arena de la playa y con la vista clavada en la majestuosa reina de la noche, pensaba en todo y en nada.

¿Hacia dónde estaba caminando? Si ya hacía tiempo que había perdido de vista su estrella.
Si no le quedaban, de sus sueños, ni la sombras.
Si había empezado a caminar sobre las huellas de alguien más.

Era injusto que algunas nubes intentaran tapar a la luna llena (y que, a veces, lo consiguieran). ¡Qué osadas!

Tenía que recuperar su vida. Definitivamente.

domingo, 13 de julio de 2014

Esa manía tuya.

Me susurrabas "cinco minutos más, son cinco minutos menos" y me daba la vuelta con los ojos aún cerrados, pero ya con una sonrisa para ti.

Esa sonrisa que era tan difícil, la primera de la mañana.

Y tú me la arrancabas.

Y yo, a ti, la camiseta.

¡Hay que ver esa manía tuya de dormir con pijama!

Como si nos gustara perder el tiempo.

Como si cinco minutos más, no fueran cinco minutos menos.

sábado, 12 de julio de 2014

Me gustaría.

Me gustaría que llegara el instante en el que, con mis pupilas clavadas en las suyas, pudiera decirle la verdad.

Quisiera decirle que no puedo prometerle un amor infinito, porque no puedo manejar los hilos del destino. Sin embargo quisiera prometerle que le voy a regalar toda la felicidad que pueda, durante el tiempo que dure.

Puede que toda la vida o puede que sólo unos meses.
Quizá sea cosa de años o, a lo mejor, es cosa media hora. Pero le podría asegurar que serían los minutos más felices de su vida.

Me cansaría de repetirle que sus enfados no empatarían con mi paciencia, que mis ganas de sus labios serían infinitas siempre, que desgastaría las puntas de los dedos dibujando sobre sus lunares, mientras sus uñas se clavan en mi espalda dejando marcas temporales en mi piel y cicatrices en el alma.

Le gritaría que, para mí, la vida duraría lo que durase su sonrisa adelantándose al primer rayo de sol.
Y que no se moriría el día hasta que decidiera cerrar los ojos para dejar la belleza de la luna en el peor de los lugares.

Me gustaría que llegara el instante en el que, con mis pupilas clavadas en las suyas, pudiera decirle que es algo más, que estoy segura, que ahora sí, que nos merecemos.

viernes, 11 de julio de 2014

¿Qué sabrán?

Pocas bocas callan secretos tan hermosos como su risa.

Pocas bellezas son como la suya por la mañana.

Sólo se puede conocer la felicidad si, apretando su mano, se bucea en el verde de sus ojos y ¡joder! No hay nada como eso.

Me hacen gracia los que dicen conocer el amor, los que creen que las mariposas en el estómago son lo mejor.

¿Qué sabrán? Si no notan cómo se remueve el  alma cada vez que sonríe.

Si no saben lo que es el dolor de cuando alguien se acerca con su perfume, engañando a los sentidos, y pellizca el corazón cuando no aparece.

Que me ahogo sin su aliento y me desvelo soñando sus caricias.

Que me queman las entrañas sus ganas de escapar y no tengo otro miedo que no sea su ausencia.

martes, 8 de julio de 2014

Me empiezas faltando en la cama.

Que no viene la inspiración, cuando la llamo.
Sólo se acerca si oye tu voz.

Me susurra un "yo sé cómo suenan sus quejas" y me mata por dentro esta maldita soledad que no es más que las ganas que tengo de tu risa.

Me empiezas faltando en la cama, que ya se me hace grande sin tus caderas.
Me acaba faltando hasta el aire que traía tu aroma antes de que te fueras.

Y las canciones que me traen tu nombre me comen el alma, me matan la ilusión, me queman la vida.

Y recuerdo las letras que escribías para que yo las cantara, se alegraran tus ojos y se empañaran mis días.

sábado, 5 de julio de 2014

La prisa infinita.

"Ven, bésame aquí.
Que no quede un rincón de esta casa que no sea testigo de tus besos y, si es cierto que besarse alarga la vida, no te vayas.
Hagámonos inmortales."

Nadie, como tú, me desabrochaba la camisa apretándome las ganas.
Despacio.
Haciéndome infinita la prisa.

Y, mientras el día se apagaba, algo en nosotros se encendía.

viernes, 4 de julio de 2014

¡Quiéreme!

Como quien espera mirando el teléfono esa llamada que te va a cambiar la vida y que nunca llega.

Con esas ganas espero yo su sonrisa, de vuelta.

Cada día la miro a los ojos, le cuento mil historias, le canto mis alegrías y su rostro, impasible, sólo me devuelve indiferencia.

"¡Quiéreme!" Le grité un día, harta de su pasividad.
"¡Quiéreme como algún día me quisiste! Porque sé que lo hiciste...
¡Quiéreme como yo intento quererte a ti a pesar de las dificultades, del paso de los años y los daños!"

Clavando sus fríos ojos en los míos, una vez más, llora.
Y yo seco sus lágrimas y calmo su llanto porque tengo ese deber.

La odio y la quiero a partes iguales.

La entiendo tantas veces como otras sé que se equivoca.

Conozco sus miedos, sus ganas, sus pasiones.

Como quien espera mirando el teléfono esa llamada que te va a cambiar la vida y que nunca llega.

Con esas ganas espero yo su sonrisa, de vuelta.

Pero la mujer llena de dudas de dentro del espejo, en la que no me reconozco, ya no sabe sonreír.

jueves, 3 de julio de 2014

Vayamos a la Luna.

"Vayamos a la Luna y quedémonos a vivir. Lejos. Donde no puedan encontrarnos nunca.

Vivamos de caricias, olvidemos que existe algo más.

Recorre mi espalda con las yemas de todos tus dedos y tatúame el alma con tus besos.

Vayamos y concedamos a la Luna, nuestra Luna, el placer de vernos de la mano, olvidando las marcas del pasado.
Proyectando la sombra de nuestra felicidad sobre los que, desde lejos, se preguntarán si ya fracasaría nuestro amor."

Y ¿cómo podría decirle que no?

Si de todas las veces que le rogué que me sacara de aquí, me bajó las estrellas una a una para hacerme ver que la vida es mejor de lo que parece, que los miedos no existen, que no hay problema sin solución y que, de haberlo, compartiendo la pena, se lleva mejor.

¿Cómo podría negarme a seguir desfilando mis manos sobre su espalda? Si su piel era mi único vicio...

¿Cómo escapar de la trampa que me habían tendido su boca y sus lunares?

¿Cómo querer escapar de su abrazo? Si era el único calor que me servía.

"Vayamos a la Luna y quedémonos a vivir."

Y nos fuimos. ¡Claro que nos fuimos!

Porque mi Luna estaría, siempre, tras la huella de sus pasos y la suya, siguiendo el vaivén de mis caderas.