"Resulta que a la chica de la habitación desastre no le gustan los cambios de hora.
La ponen seria.
Seria y sexy. Pero eso ella no lo ve.
Si pudiera mirarse un minuto desde mis ojos, entendería muchas razones de esas que no es capaz de ver cuando le digo por qué me gusta.
Se tira sobre la cama, con los brazos pegados y los vaqueros desabrochados, enterrando la cabeza entre los hombros.
Como un erizo.
Se queja de que tuvo un día de mierda, con una vocecilla que me invita a que la abrace.
En ese momento no importa la canción que esté sonando.
No importa que sea una de "esas canciones chungas que escuchas tú" porque, más allá de ese abrazo, sólo existen las ganas de quedarnos así dos vidas y media."
Supongo que su manera de contar una cosa tan normal era más bonita que la de nadie.
No sé si por su voz o por el brillo de sus ojos al hablar de lo mucho que la quería.
Afortunada, la chica de la habitación desastre.