He vuelto a hacerlo.
La realidad amenaza con volver a mi vida y yo he vuelto a guardarte entre mi equipaje.
Sentimientos bien apretados, en menos de veinte kilos de maleta facturada a última hora.
Amor low cost.
Llueve al otro lado de la ventanilla y consigo ver tu rostro dibujado entre las gotas.
Me sigue haciendo gracia el gusto musical que tienes y me río sola, pensando en tu cara de enfado cuando sabes que estoy pensando "es que, a tu edad...".
También me gusta que me mires cuando no te veo y que el rojo de todas las puestas de sol del invierno se instale en tus mejillas cuando sabes que me doy cuenta.
Quiero que me guiñes un ojo cuando nadie te vea y me cuides sin cuidarme.
Que me hagas caso cuando mi sonrisa te grita que no quiero tener que seguir echándote de menos.
Que te vengas conmigo a Barcelona en el primer vuelo de después de la resaca y miremos con desprecio a las nubes que nos llueven desde abajo.
Las escalas ya las haré en tus caderas.
La luz, ya me la dará ese color tan raro que tienen tus ojos.