sábado, 23 de abril de 2016

El día que quisimos ser París.

Cierro los ojos y te fotografío. 
Ya eres para mí, para siempre. 

Recuerdo el día que te conocí y el día que me prometiste que una despedida no sería suficiente.

Y aquel día. 
El día que quisimos ser París.

Te besé en el hombro y sentí tu sonrisa. 

Te diste la vuelta y, temblando, descubriste que querías pasar el resto de tus días acariciando mi cara con tus manos. 

El nudo de tu garganta se quedó a vivir entre mi pelo y, restándole días a un adiós que creímos imposible, llegamos al lugar en el que los sueños se cumplen.

No fuimos París, ni Venecia, ni ninguna ciudad de esas que esconden lugares románticos.

Preferimos enamorarnos de nuestros rincones y cerrar los ojos para guardarnos para siempre en imágenes apiladas al fondo del alma. 

Como la del primer día, o la del último.

Como esa foto que se repite en mi cabeza, borrosa, en la que te estás alejando de mí. 
Para siempre.

Y vuelvo a recordar el día que quisimos ser París y sólo pudimos ser el principio del fin. 

miércoles, 20 de abril de 2016

Misma hora. Mismo lugar.

No puedo jurarte que todo va a estar bien, que los problemas se van a solucionar de la noche a la mañana.

No voy decirte que no hay que luchar, que las cosas vienen porque sí, porque merecerlas es suficiente. 

No voy a tratar de convencerte de que no errar no es haber vivido.

No.

Porque tú prefieres pensar que mi forma de quererte no fue sincera y que mis caricias, aunque llegaran cuando las necesitabas, no dejaron huellas sobre tu piel.

No voy a asegurarte (no puedo) que te esperaré siempre, porque sabes que no me gusta hacer planes a largo plazo.

De momento sólo te puedo prometer este viernes.

Misma hora. Mismo lugar. Misma sonrisa. 

miércoles, 13 de abril de 2016

Por contarte.

Eres esa calma que nunca llega después de la tormenta. 
La ausencia de calma que me recuerda que estoy en casa.

Que en Galicia llueve, en invierno y en verano, y que es parte de su encanto si tengo tus brazos para resguardarme.

Eres el granizo, golpeando sin descanso contra la ventana de una habitación cansada de extrañarte. 

El verso más triste que nadie ha podido escribir y el texto más corto y significativo de todos los que consigo arrancarle a las letras.

Eres todo aquello que me recuerda que aún vivo y que, hacerlo con el único propósito de verte sonreír, aún merece la pena.

Y tú, que tienes nombre de película y de canción. Tú, que has nacido para brillar... Me pides que silencie el alma cuando grita que la historia de mi vida se llama como tú.

Aunque ya me esté muriendo por contarla (por contarte), porque suenas bien en todos los idiomas.

domingo, 10 de abril de 2016

Cerca del final de los finales.

Se me fueron de las manos la siesta, la vida y la sensación de no saber qué hacer con todo lo que te quiero. 

Te me fuiste de las manos. 
Pero no de la cabeza, ni de la piel.
Ni de todos esos recuerdos que me acercan tu sonrisa y tu mirada de miel.

Del corazón no puedo hablar.
Se durmió cuando decidiste que lo mejor era no volver.
No verme.
No llamar. 

Supongo que lo que me queda ahora son más domingos de tardes interminables.
Que parezca que se escaparon algunas horas de mi reloj y que la memoria de tu sabor, llegada la hora, decida que no va a matarme.

Supongo que pasará el tiempo y te esperaré temblando y sonriendo, como si no hubieses sido la causa de todos mis males. 
Y lo haré allí, donde te prometí, 
cerca del final de los finales.

lunes, 4 de abril de 2016

Le cuesta menos.

Una vez me enamoré. 

No sé si fue por su forma de despeinarme cuando estaba a punto de marcharme, o por su manía de mirarse los zapatos cada diez minutos.

Le gustaban los pepinillos y el chocolate y no tenía ningún reparo en comerlos a la vez.

Y yo, maniática como nadie, encontraba adorable todo eso.

Supongo que eso jamás lo entendí.

Sólo sé que me enamoré y, sin darme cuenta, maté el miedo al miedo y no quise hacer nada para evitar lo que sucedió después.

Siempre tuve problemas para llevarme bien conmigo. 

Afortunadamente, hay a gente a la que le cuesta menos.
 
A la que le cuesto menos.