martes, 31 de marzo de 2015

4.

Llevaba un rato a solas cuando un destello verde, más que conocido, llamó su atención desde el fondo del bar.

Sonrió y se estremeció recordando la noche del sábado.

"Es una pena que el tiempo siempre siga su ritmo.
Podría haberme quedado en el sábado, al menos dos noches más."

Besó por última vez aquella botella y, retirándose el pelo de la cara, dibujó en su boca una sonrisa.

Nunca había sido una gran fan del color de la esmeralda, pero para todo hay excepciones.

Y encontrar un verde bonito no pareció tan complicado aquella noche.

Volvió al encuentro de aquellos ojos y, entre arrepentimientos, se despidió sin despedirse.

"Definitivamente, es una pena."

lunes, 30 de marzo de 2015

3.

Salió hacia el trabajo con una sonrisa como único maquillaje.

Se pasó revisión en el espejo del ascensor, se peinó las cejas, se despeinó el pelo, se guiñó un ojo y, tarareando su canción preferida, se fue.

Había quedado para comer y para cenar y, aunque lo intentaba, nunca entendería el motivo de tanto éxito.

- No soy sexy... Lo digo en serio, no lo entiendo.
Soy un desastre de más de 25 que comparte la custodia de un perro, sale casi todos los días y suda ron todos los lunes.
- Pero eres un desastre encantador y eso te hace sexy.
- Desayuno leche de soja, ¡joder! La leche de soja es cualquier cosa, menos sexy.

Y entre carcajadas y simplezas fueron pasando las horas.

¡Daba gusto trabajar con una compañera que convertía la oficina en un pequeño hogar!

"¿Os venís a tomar algo? La comida fue un desastre y la cena... ¡La cena dos!"

Ay... ¡Benditos mensajes en grupo! (A veces.)

Sabía que no dirían que no y, a medida que fueron llegando, se sentaron para compartir todos los detalles de sus ordenadas vidas y recomendar seriedad a la sonrisa más bonita, brillante, sincera y menos agobiada de todas las que se sentaban alrededor de aquella mesa. 

No aguantaron mucho, que los lunes empiezan desgastando y acaban por destrozar.

- ¿No os parece que el tiempo es algo demasiado estricto como para hacerle caso? Ya sabéis... Hagas lo que hagas, él sigue su ritmo.
- Entonces tú te quedas, ¿no?

Respondió guiñando un ojo y acercándose a la barra a cambiar la cerveza vacía por una que aún pudiera contarle una historia.

sábado, 28 de marzo de 2015

2.

Sudaron el colchón un rato más, agotando a un Leonard Cohen cansado de susurrarles "I'm your man" desde el salón.

En la ducha recordaron que habían jurado recoger el corazón al salir y, aún con el pelo goteando, se despidieron en el ascensor con un par de miradas cómplices y un beso en los labios.
De esos que se le dan a cualquiera.

No hubo intercambio de números, ni "¡llámame!", ni invitaciones a café.

Sabían que se volverían a ver, antes de lo que quisieran, y pasaría lo que tuviera que pasar.

"Un sábado largo", pensó al subirse al coche.

Y salió del garaje con esa sonrisa de quien no ha dormido nada, porque el insomnio mereciera la pena.

Las cuatro horas siguientes fueron tan agotadoras como la noche que llevaba colgada en las ojeras.

Le llovían preguntas "¿Quién era?" "¿Le conocemos?" "¿Edad?" y recomendaciones, claro... "A ver si te centras." "El tiempo pasa y..." "Ya no tenemos quince años."

Respondió como pudo sin dar muchos detalles y, echándole la culpa al cansancio, decidió volver a casa.

Tenía que dormir, que a los lunes les da igual que los sábados te enamores.

viernes, 27 de marzo de 2015

1.

"¡No me lo puedo creer!"

Salió corriendo de la cama y, poniéndose una camiseta como pudo, llegó a la puerta. Donde alguien extremadamente insistente tenía problemas para despegarse del timbre.

Era domingo.
Pero no un domingo de sofá, manta y café hasta las cuatro; alguien que te rescata a las seis y cine a eso de las nueve.
No.

Estaba resultando ser un domingo bastante entretenido.
De hecho era, todavía, sábado-noche.

Olvidó que existía la mirilla y estirando el brazo alcanzó la llave.

Podía ser cualquiera y su apariencia no era la más adecuada para recibir a (casi) nadie pero... ¡Ese repetición infernal de "din-don" la estaba volviendo loca!

"¿Quién puede timbrar con tanta insistencia, si no se está quemando la casa?", pensó.
"¡Ya no se respetan ni los domingos!"

Abrió.

- ¡Buenos días! Pensé que no ibas a abrir nunca...
¡Madre mía! Mira este salón... ¡Parece una pocilga!
Venga, vístete mientras yo recojo un poco esto, que nos vamos...

Siguió cotorreando mientras recogía todo a su paso, de camino a la cocina.

Era su mejor amiga y no había parado de regañarla desde que, sin permiso, cruzara la puerta.

"¡Mierda! Debe ser tardísimo...", pensó.

- ¡Eh! ¡Para! Deja todo como está... Te tienes que ir.

Lo entendió al instante.
Era tan mandona como inteligente y conocía a su amiga, dentro de lo posible, mejor que nadie.

- Te vamos a estar esperando. - Advirtió sonriendo.
- En hora y media estoy allí. - Aseguró.
- Media.
- ¿Una? - Rogó poniendo cara de pena.
- ¡Tres cuartos! No hay más margen.

Tuvo que aceptar.

- ¿Traes tú la bebida?
- Sí, como siempre.
- Una cosa más... ¿Vendrás sola?
- ¡Claro! ¿Por quién me tomas?

Cerró la puerta con una sonrisa tan brillante como grande y, aunque desvelada, se dirigió a la habitación para dar por finalizada la fiesta.

Pero, a veces, limpiar la escena del crimen lleva algo más de tres cuartos de hora...

Lo comprenderán.

jueves, 26 de marzo de 2015

Lo único que no es normal.

Me encanta cuando dices que no es normal amar con esta intensidad, aunque te ruegue que no me culpes.

¿Sabes lo único que no es normal de todo esto? Tus ojos.

Bueno... Y tu sonrisa.

Y tu voz.

Y la forma en la que te colocas el pelo.

Y tu forma de fumar.

Y tu cintura.

Y tus piernas, largas como noches de invierno.

Y la gracia con la que te mueves entre la gente.
Sin querer, pero destacando.

Y lo rojo de tu nariz cuando hace ese frío que nunca tienes.

Y tus ganas, contagiosas, de vivir.
De vivirlo todo y vivirlo bien.

Y una infinita lista de "y" que me hace sentir especial, sólo por quererte.

Tú.

Tú eres lo único extraordinario y lo único que hace que mi existencia tenga sentido.

Tú, tu risa y tus rarezas.

Y yo, que en medio de todo esto ya no sé si creer eres verdad o preferir que seas mentira para que nunca te acabes, sólo soy la consecuencia de tu causa.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Eterno.

"El amor tiene fecha de caducidad", te dije.

Te reíste y susurraste el "Ah, ¿sí?" más sexy de la historia, haciendo bailar tus pestañas como sólo tú sabes hacerlo.

"No siempre la misma, pero sí..."

Levantaste mi cabeza con las yemas de tus dedos y volviste a sonreír.

"La vida también... Y a veces pasa que el amor tiene más margen.

Eterno, le llaman.

¿Qué te parece si pensamos que el nuestro es así?

¿Qué te parece si nos convencemos, a besos, de que se nos agotará la vida queriéndonos y no le daremos tiempo al amor para morir?"

Creo que tenías razón.

Lo sé cada vez que te veo y se me acaban las fuerzas intentando no pensarte durante días.

Lo siento cuando creo que te he olvidado y vuelves a aparecer para hacer temblar a mi piel, que aún guarda la memoria de la tuya.

Creo que tenías razón.

Y "eterno" se repite en mi cabeza una y otra vez.

El tiempo y tú.

El amor es lo único que juega con el tiempo como quiere.

Lo acelera y lo detiene en función del momento, del lugar o de lo cerca que esté tu respiración de la mía.

Te encuentro sonriendo y dejo que se escapen las horas entre tus dedos.

Me miras y me encuentro al fondo de tus ojos, disfrutando de cada segundo que estoy a tu lado.

Tú, haciendo del tiempo tu marioneta.

Y yo, que empecé este texto creyendo que tendría sentido y llevo horas perdida en el recuerdo de tu perfume.
Queriendo expresar todo lo que le pasa a mi alma cada vez que oye tu voz.

Tú, siempre.

Yo, inventándome palabras que puedan describirte.

Tú, mi tiempo.

El tiempo y tú.

lunes, 23 de marzo de 2015

Leerte.

Lo hice mal una vez y no quiero volver a hacerlo.

Me escapé buscando respuestas, sin haberme planteado las preguntas.

Las encontré en unos ojos que hablaban, los tuyos.
Y, aunque no a mí, lo decían todo.

Supe interpretarte y, desde ese día, sólo quiero leerte.

Leerte el futuro en la palma de la mano, mientras me acaricias.

Leerte en braille, en todos los idiomas y a oscuras.

Leerte los labios cuando sonríes soñando, me llamas idiota, o me dices que me echarás de menos cuando te vayas a trabajar.

Leer lo que escriben tus lunares, cuando me das la espalda para dormirte sobre mis ilusiones.

Leer la vida al fondo del verde del mar de tus ojos.

Leer esta y nueve vidas más.

domingo, 22 de marzo de 2015

"Aquí estoy".

Estaba sin inspiración y me encontré con tus ojos.

Volviste, de la mano de la primavera, con esa sonrisa indiferente... Pero capaz de todo.

Sin tu voz, no habría canciones con sentido.

Sin tu aliento, no querría mi voz gritar ese "aquí estoy".

Y confusa, entre decisiones por tomar y cervezas pendientes, creo que cualquiera podría publicar esto un sábado a las seis de la mañana...
Pero no cualquiera se hubiese dejado llevar "a tu salud".

Te echaré de menos, una vez más y hasta la próxima.

Te volveré a besar de más, a la luz de una luna que ya sólo brilla en mis sueños.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Me rindo.

Se despertó con ganas de reír y despertó a mi sonrisa.

Sobre el vapor, que escapándose de su café se refugió en la ventana, dibujó una carita feliz y me besó en la mejilla.

Me miró con ternura y, mientras mis anillos se perdían entre sus rizos, me hizo entender que a su lado no hay suerte mala, ni días grises.

"Vamos a jugar a adivinar qué piensan", me dijo señalando a la gente que salía y entraba de la estación.

De pronto, ajenos a todo lo demás, un hombre y una mujer se abrazaban llorando.

No eran lágrimas de alegría.
El dolor de sus rostros parecía reflejarse en el cielo, que se oscureció sin pedir permiso.

Callamos y su mirada permaneció fija, empañada y tan llena de vida, como vacía de esperanzas...

Fue la primera vez que pude comprobar que la tristeza también es bella.

"Me rindo", susurró.

Y me cogió la mano llevándome al centro de sus pensamientos en un sólo suspiro.

lunes, 16 de marzo de 2015

Dormirme sin miedo.

Hay lugares preciosos que son personas.
Y hay lugares, como tus ojos o tus caderas, que no tienen comparación.

Quiero dormirme sin miedo por saber que despertaré abrazada a tu pecho.

Que tus piernas sólo existan con las marcas de las mías y tus costillas echen de menos las yemas de mis dedos.

Confesar a la luz de la luna más hermosa de todas, que haremos todo lo posible por acabar nuestro camino de la mano.

Que bailaremos al son de nuestra canción, aquella que escribimos sobre las estrellas la primera vez que vi salir el sol entre tu pelo, hasta que los años nos obliguen a bajar el ritmo.

Porque a mí nadie me acaricia la espalda como tú y a ti nadie te besa las heridas del alma como yo.

Y así, entre manos sanadoras y besos sabios, quiero pasar el resto de mi vida.

Contigo.

martes, 10 de marzo de 2015

Brindis.

Me escuece, en la piel, la marca con la forma de tus dientes que dejaste en mi cintura.

Me escuece, en el alma, aquel primer brindis que se convirtió en la banda sonora de nuestra historia.

"Por ti. Por mí. Por nosotros.
Por el desgaste de tus vaqueros.
Y por seguir encontrando el sentido de mi vida al fondo de tus ojos."

Te había encontrado una mañana y brillaste, más que el sol, en el retrovisor de un coche que ya no huele a tu perfume.

Fuiste luz y encontraste una esperanza que se escondía del sufrimiento, entre la niebla de mis labios. 

Quise, de tu mano, conquistar al amor para ponerle tu nombre.
Y temblando, como temblaron las copas encima del altavoz, le gané al "adiós" un par de batallas.

No duró lo que debiera.

No tuve valor.

Y ahora, extrañando tu voz pronunciando mi nombre, no podría olvidarte.

(No podría... Si quisiera.)

lunes, 2 de marzo de 2015

Malviviendo.

¿Te acuerdas del arpa de Bécquer?
¿De "tanta nota" dormida en sus cuerdas?

Pues así, corazón, estaban los acordes de mi guitarra.

Silenciados por la falta de tus dedos diciéndome cómo hacerlos revivir y la ausencia de tu risa matando mi inspiración.

Malviviendo con calor de contrabando de unas manos no "de nieve", pero heladas.

Juraste que volverías, que darías a mis sueños un destino y convertirías todas mis penas en las más bellas melodías.

Ya hace que no siento la música como cuando te tenía y, aunque el viento me trae el rumor de tus quejidos, ya no he vuelto a sonreír.

¿Para qué?
Si desde que me falta tu aliento, me falta la vida...

El día que te diga que te quiero.

El día que te diga que te quiero, te estaré jurando el "para siempre" más sincero que mis labios pronunciarán.

Será otoño, porque el otoño no le gusta a casi nadie.
Y, sintiéndome capaz de conquistarlo todo, pasearé con tu sonrisa iluminando la caída de las hojas en cualquier parque de la ciudad.

Me sonrojaré al verte llegar. Pero no como siempre... ¡Un poquito más!

Puede que llueva.
Sí. Lloverá. ¿Por qué no?

En Galicia, siempre llueve en otoño y me gusta.

Cuando llueve me siento en casa.
Igual que cuando tengo cerca tu mirada.

Temblarán mi manos y mis piernas.

Mi corazón golpeará mi pecho con tanta fuerza que parecerá que quiere salir y encontrarse con el tuyo.

Entonces un hilo de voz separará mis labios, que hace tiempo que dejaron de ser míos, para decirte lo que llevaba tiempo callando.

Y me besarás mientras la lluvia te despeina, hablamos de lo bonita que es tu sonrisa cuando hace frío y te digo cuánto me gusta esa forma tan graciosa en la que se te arruga la nariz cuando el viento, caprichoso, se te cuela entre la ropa.

El día que te diga que te quiero...
Estaré dejando al alma sin coraza y será, el eco de tu aliento, la pluma que vacíe mi tintero.