Cualquiera que observase esa escena desde fuera, por un instante, se iría con la impresión de haber visto una escena de amor.
Frente a frente, sonriendo, inmóviles y en silencio.
-¿Estamos a tiempo?
Con esa pregunta se rompía un silencio frío de caras congeladas simulando felicidad.
+No lo sé.
Y asomó la primera lágrima, sin hacer desaparecer la sonrisa.
Otro silencio más corto, menos incómodo y una realidad que iba saliendo de su escondite despacio, como caracol mostrando diminutos cuernos.
- Jurábamos ser felices y míranos. Siempre dije que eras lo mejor de mi vida, que me completabas y dabas sentido a todos y cada uno de mis días.
Siempre lo dije porque te quería. Te quiero.
Eres la parte de mí que no cambiaría por nada, porque eres lo que gusta y... Y lo que encanta. No sé cómo explicarlo si no es así.
Fuiste lo único por lo que arriesgué en toda mi vida.
Imagínate... Yo, acostumbrada siempre a manzanas verdes, mis preferidas, y un día, sin saber cómo, me encuentro una roja, brillante y grande que llama mi atención.
¿Por qué? No me lo preguntes, ni yo lo sé. Pero eso eres tú. La manzana roja que rompió mis esquemas, mi rutina, mi vida.
La única manzana roja que me llamó la atención un día en el que el frío te quemaba los huesos.
+ Supongo que no seremos la historia definitiva.
Yo también solía pensar que éramos demasiado perfectos, que estábamos más que destinados y que, después de ver tus ojos y tu sonrisa, no había nada en este mundo capaz de impresionarme. Y, esto último, lo sigo pensando.
Pero aquí estamos, hablando en pasado el uno del otro, regalándonos las sonrisas más vacías del mundo y llorando por lo que, sabemos, acabamos de perder.
Supongo que no somos el cuento escrito a pluma que durará eternamente. Sólo somos uno más, escrito a lápiz, de esos que se lleva por delante cualquier goma por muy fuerte que se apretase la mina contra el papel. Somos sólo eso. Restos de una historia. Marcas. Cicatrices. Recuerdos de sonrisas con amor y de besos tan dulces como salados.
- Aún no me lo explico.
Éramos felices. Más felices que el NY de las Torres Gemelas una noche de verano.
+ Lo éramos. Sí. Pero, ¿sabes qué? Ya no. Ya es tarde.
"Necesito sudarte como se suda un día de verano."