jueves, 30 de mayo de 2013

Recuerdo mis palabras: "Voy a hacer un viaje. El más arriesgado y largo de mi vida, un viaje a través de mis sentimientos. Pero, aún así, sé que lo único que no cambiará a mi vuelta serás tú."
Recuerdo unos ojos que juraban esperarme, una sonrisa que derrochaba complicidad y una despedida que jamás olvidaré.

Le ocultaba la verdad, que quizá nunca volvería. Pero no le mentía del todo, lo único que no cambiaría sería lo que yo sentía y si tenía alguna certeza era que, antes o después del viaje, pasara el tiempo que pasara, y diera mi mundo las vueltas que fuera, nunca, nunca me olvidaría de todas las promesas que me hacían feliz y conseguían que mi sonrisa siguiera intacta.

Pero volví, más fuerte que nunca y con más ganas de vivir. Y ese fue mi error.


sábado, 18 de mayo de 2013

Cualquiera que observase esa escena desde fuera, por un instante, se iría con la impresión de haber visto una escena de amor.
Frente a frente, sonriendo, inmóviles y en silencio.

-¿Estamos a tiempo?
Con esa pregunta se rompía un silencio frío de caras congeladas simulando felicidad.

+No lo sé.
Y asomó la primera lágrima, sin hacer desaparecer la sonrisa.

Otro silencio más corto, menos incómodo y una realidad que iba saliendo de su escondite despacio, como caracol mostrando diminutos cuernos.

- Jurábamos ser felices y míranos. Siempre dije que eras lo mejor de mi vida, que me completabas y dabas sentido a todos y cada uno de mis días.
Siempre lo dije porque te quería. Te quiero.
Eres la parte de mí que no cambiaría por nada, porque eres lo que gusta y... Y lo que encanta. No sé cómo explicarlo si no es así.
Fuiste lo único por lo que arriesgué en toda mi vida.
Imagínate... Yo, acostumbrada siempre a manzanas verdes, mis preferidas, y un día, sin saber cómo, me encuentro una roja, brillante y grande que llama mi atención.
¿Por qué? No me lo preguntes, ni yo lo sé. Pero eso eres tú. La manzana roja que rompió mis esquemas, mi rutina, mi vida.
La única manzana roja que me llamó la atención un día en el que el frío te quemaba los huesos.

+ Supongo que no seremos la historia definitiva.
Yo también solía pensar que éramos demasiado perfectos, que estábamos más que destinados y que, después de ver tus ojos y tu sonrisa, no había nada en este mundo capaz de impresionarme. Y, esto último, lo sigo pensando.
Pero aquí estamos, hablando en pasado el uno del otro, regalándonos las sonrisas más vacías del mundo y llorando por lo que, sabemos, acabamos de perder.
Supongo que no somos el cuento escrito a pluma que durará eternamente. Sólo somos uno más, escrito a lápiz, de esos que se lleva por delante cualquier goma por muy fuerte que se apretase la mina contra el papel. Somos sólo eso. Restos de una historia. Marcas. Cicatrices. Recuerdos de sonrisas con amor y de besos tan dulces como salados.

- Aún no me lo explico.
Éramos felices. Más felices que el NY de las Torres Gemelas una noche de verano.

+ Lo éramos. Sí. Pero, ¿sabes qué? Ya no. Ya es tarde.

"Necesito sudarte como se suda un día de verano."

jueves, 16 de mayo de 2013

Frente a la ventana una vez más. La lluvia de verano dejaba en evidencia, de nuevo, el poder del Sol.

El café instantáneo no es, de ninguna manera, una alternativa decente para cuando no hay café.

Miraba la lluvia caer y la vida pasar. Era observadora de las cosas que ocurrían a su alrededor y se sentía ajena al mundo en el que solía vivir.

Pensaba en la vida como un cubo de Rubik.
En la ilusión que hace resolver una de sus caras, dejarla apuntando hacia uno y olvidarse, por un instante, de que las otras caras están llenas de cuadraditos en caos, mezclándose unos con otros, creando un mosaico de colores que en nada se parece al de esa cara toda verde, perfecta y brillante.

Incapaz de ver que a las otras caras les faltaba el verde para completar la alegría de reunir todos los colores, se terminó el café y se metió en la ducha en el más absoluto de los silencios.

Aquel día, ni música. No hacía falta. No era un final feliz. Y los finales tristes, mejor sin melodía.

"Al menos me quedará soñar...", se dijo, "... para siempre".

Dejó el agua correr y, al lado de la cara verde (ahora no tan brillante) del cubo de Rubik, una carta.

viernes, 10 de mayo de 2013

Hay milllones de sensaciones, de paisajes y de momentos.

Cuando todavía brillan las estrellas que te acompañaron durante horas de camino a casa a la altura de tus hombros, el hecho de ver cómo el mundo se despierta bajo tus pies, es de las imágenes más bonitas que el destino nos puede regalar. Lo prometo.

Colores mezclándose en un horizonte menos lejano que nunca, en el punto intermedio entre los que están y los que se fueron.

Tonos fundiéndose en uno solo que abren las puertas de un nuevo día, uno más con el que la vida te grita "SIGUES AQUÍ, DISFRÚTALO".

domingo, 5 de mayo de 2013

Hoy es un día especial y yo (aunque soy más de escribir cuando me sale y no por ser una fecha señalada) quería aprovecharlo.

Probablemente no vaya a escribir aquí nada que nadie no haya dicho antes ¡y menos un domingo por la mañana! (Porque lo de poner el Día de la Madre un domingo lo hizo alguien con muchas ganas de discutir... Y, a mí, eso no hay quien me lo quite de la cabeza).

Que quiero a mi madre lo sabe todo el mundo. Sin embargo, peco de decirlo poco, de decírselo poco.
Ya se sabe que a lo largo de la vida, una regala "te quieros" al aire y, a quien de verdad se lo merece, no se le dice lo suficiente.

Esto no es bonito, no es original, no es pasteloso, no es empalague puro o amor en letras... No.
Esto es simple.
Simple, como el hecho de amar, de necesitar, de "qué sería de mí sin ella".
Sólo es un poco de lo mucho que siento y nada comparado con lo que tengo que agradecerle.

Decís que vuestra madre es la mejor. Yo sé que estáis equivocados. (Y lo siento por vosotros/as, pero esa suerte me tocó a mí).

"Aquí no importa nadie, nadie más que tú. Perdona si algún día no te lo hice ver."