domingo, 24 de septiembre de 2017
¡Qué vicio tonto!
Me propones que me quede a vivir en tus clavículas y te juro que jamás me había costado tanto decir que no.
Aseguras que una semana es mucho tiempo y se te rompen los labios en una especie de gesto de súplica.
¡Cómo odio que siempre tengas razón!
Qué rabia saber que volveré cuando el otoño ya haya jugado con las primeras hojas.
Qué manía tienen las estaciones de empezar a ponerse bonitas cuando estamos lejos...
¡Y qué vicio tonto estoy cogiendo, de tu piel!
A ver cómo nos libramos, después, de todo esto que dijimos que no sentiríamos.
Al tiempo, se lo explicas tú; lo de separarnos de vez en cuando, ya lo solucionaremos.
domingo, 10 de septiembre de 2017
La fachada intacta.
En realidad no tengo mucho que ofrecerte.
Mírame: Soy la fachada intacta de una casa en ruinas y una sonrisa amarga al fondo de una botella de ron barato.
Apenas consigo mantenerme en pie, pero te estoy pidiendo que te quedes.
Que vengas conmigo, que huyamos de la tormenta y que le jodan al invierno que amenaza con dejarnos los sentidos empapados en tristeza.
A mí me sobra con tu calor y un par de películas malas, para enfrentarme a la vida.
Tu sonrisa me pilló por sorpresa al final del verano y me sacudió el alma, dejándome claro que no me volvería a olvidar de tu forma de caminar.
A ti te gustó el reflejo de las luces de colores de mi habitación, en el brillo de mis ojos.
A mí, que colocases tus auriculares dentro de mi capucha, dejándome fuera el flequillo y un beso balanceándose en el límite de los labios.
Y aún sin entender nada, supimos en un segundo de qué iba todo esto.
lunes, 4 de septiembre de 2017
Otro invierno como el de ayer.
Te conocí cerca del final del verano, una noche en la que que no había estrellas.
Ahora, cuando miro por la ventanilla y contemplo cómo se muere otro día, te veo justo donde se esconde el sol y el cielo parece el inicio de una tormenta de arena.
Yo siempre te besé despacio, porque nunca tuve prisa por dejar de quererte.
Y tú me acariciabas el pelo con cuidado, dejando entre mis rizos tus deseos sin cumplir.
Sonreías a lo lejos y desaparecía el frío.
Ese frío que me envuelve los huesos desde que no te tengo.
Me niego a vivir otro invierno como el de ayer.
Me niego a despertarme, cada día, en un hoy en el que no estás.
Quiero todas las noches de todos los finales de verano.
Y las quiero sin estrellas, por haberlas gastado pidiendo que regreses a mi lado.