domingo, 31 de agosto de 2014

Dulce remiendo.

Se me acelera el corazón y juraría que puedo sentir en el estómago todas las mariposas de todos los que han hablado de sentirlas alguna vez.

Eso me pasa cuando aparecen tus ojos brujos al fondo de la barra, apagándome los miedos, encendiéndome la vida.

Después, lejos de esa barra, el moreno de tus manos se confunde con la oscuridad de algún almacén en el que el brillo de tu alianza se pierde bajo alguna costura, descosiéndome la piel y cubriendo los rotos de mi alma.

Dulce remiendo.

Vuelve a ser de día y ya no estás.

Eres amor de paso y pasas de puntillas para desajustar cada uno de mis latidos.

Entreabro los ojos y te veo marchar, con el pelo revuelto y, en tu mano, el brillo del compromiso que me grita que nunca estarás aquí para desayunar.

Brilla el sol fuera, como tu pelo ayer bajo los focos del local en el que eras protagonista de la película de mis intenciones.

Brilla. Y se apagan mis ganas de domingo.

Una vez más.

Sonríes.

Sonríes siempre que te cuentan algo divertido, o cuando alguien se acerca a saludarte.

Sonríes por amabilidad, por educación, por simpatía.

Sonríes siempre.

Y, a mí, la sonrisa que más me gusta es esa con la que me dices "¡Volviste!" desde lejos.

La misma sonrisa que busca saber si despiertas algo en mí y me grita que me sigue esperando cada viernes.

Como antes.

Como cuando sonaba "Heaven" en mi cabeza cada vez que me cruzaba con tus ojos.

¿Cuántas más sonrisas de duda?

¿Cuántas?

Pudiendo escapar de la mano muy lejos, aunque huelas a tabaco y yo a café.

Aunque se nos gasten las suelas de los zapatos y acabemos dejando el corazón a la intemperie.

Aunque no sepamos por dónde empezar a querernos.

Pero hayamos decidido arriesgar.

miércoles, 27 de agosto de 2014

No es tan mala idea.

Limítate a dejarme quererte sin límites, que yo me encargo del resto.

Juro acelerarte los latidos dejando que tu aliento choque contra mi pecho cada mañana, mientras vas abriendo los ojos y dibujando una sonrisa.

La primera del día. Mía.

Seré la artista que necesites, si es cuestión de redibujar los poros de tu piel.

Yo, que jamás he querido responsabilidades, seré la responsable de mantener tu mirada con el brillo que necesita el mundo para seguir girando.

Limítate a dejarme quererte sin límites y le pondremos límite a la distancia.

Guardaremos el calor de los veranos para las tardes de invierno.

Y, cuando vuelvas a dormirte en mi sofá, te abrazaré bajo la manta mientras recuerdo que madrugar, a tu lado, no es tan mala idea.

lunes, 25 de agosto de 2014

Me encanta.

Me encanta cuando hace eso que hace siempre con el pelo.

Lo echa hacia un lado, dejando que caiga sobre su hombro derecho, e inclina la cabeza.

El ángulo perfecto lo forman sus pómulos a contraluz, dejando el verde de sus ojos en un tono más brillante.
Tan transparente como sus intenciones.

Después sonríe y sólo tengo ganas de quedarme toda la noche a su lado, de pillar a sus ganas por sorpresa sobre la alfombra.

Tiene esa sonrisa que te dice "bésame con cuidado, pero destroza mis besos entre tus dientes".

Me encanta cuando hace eso que hace siempre con el pelo, dejando el cuello a merced de mis colmillos y la tinta del inicio de su espalda deseando ser repasada por las yemas de mis dedos mientras cicatrizan, en mis caderas, las huellas de su paso por mi ayer.

domingo, 24 de agosto de 2014

A medias.

Me costó seis vidas y media aparcar en tus caderas, pero aún me queda media vida para hacerte feliz.

Sonaba"Ojos de gata"  y, mirándome, te reías. A medias.

Lo nuestro era todo así.

Amor a medias, calor a medias.

Una media sonrisa, media cerveza y muchas medias caricias.

Apuraban tus manos, se relajaban las mías en el medio de tu espalda.

Medio loca. Medio rota. Medias rotas.

Media tarde, medianoche, media noche.

La puerta medio abierta.

En menos de seis canciones y media, me devolviste todas las vidas que había esperado por ti.

"Ojos de gata".

sábado, 23 de agosto de 2014

De la más triste.

Me puse a recordar el último concierto en la playa.

Tu pelo bailando al ritmo de la música, agitado por el viento.

Tu cara, sombreada por la luna, dejaba la belleza del mar en segundo plano.

Me puse a recordar y me volvió a molestar la arena.

Regresaron tus besos salados que me dejaron con sed de más.

Bailaron mis recuerdos con las lágrimas que asomaban a mis ojos, al son de una de las canciones de aquella noche.

De la más triste.

Cómo nos molestaban los gritos de los niños jugando alrededor del coche, mientras dibujábamos en el vaho de los cristales en los que aún se adivina el camino trazado por tus dedos.
(Como en mi espalda.)

Recordé cuando eras una sombra en la acera, esperando a que te recogiera para largarnos a contarnos los defectos de la piel y a inventar una historia compartida por cada uno de nuestros lunares.

Recordé muchas cosas y, aún entre lágrimas, sonreí.

¡Bendita memoria, la mía!

¡Bendito recuerdo, el tuyo!

viernes, 22 de agosto de 2014

Te escribía.

Te escribía para decirte que me tienes colgada del hilo con el que mueves tus caderas mientras paseas por la playa al anochecer.

Te escribía para contarte que tenía planeados, para nuestras sonrisas, varios viajes.

Te escribía para explicarte que la música no se siente igual si tú no estás cerca.

Te escribía para muchas cosas pero me di cuenta, con el tiempo, que eras tú quien me escribía a mí cada vez que les contaba a todos lo increíble que era amarte.

Me agarraste fuerte, apretando el corazón entre tus manos y yo, dejando que tus dientes hicieran lo que quisieran con mi piel, te advertí que no te dejaría soltarlo.

Acabamos siendo sin ser, sintiendo haber sentido y, sin querer, quisimos.

Quisimos mucho y quisimos bien.

Te camuflaba entre los textos que escribía para que el mundo supiera de tus encantos y pudieras adivinarte entre mis letras.

Te escribía y me querías.

Te escribía y me dejaste.

Te escribía y me moría.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Tú.

Siempre hay un instante en el que cambia tu vida y yo... Yo recuerdo perfectamente el mío.

Era verano y hacía ese calor húmedo que hace que te duela la cabeza.

Caminabas entre la gente dejando corazones rotos al paso de tu sonrisa, de tu alegría, de esa mezcla tan tuya de sensualidad y dulzura.

Ese día supe que eras exactamente lo que parecías.

Eras la imperfección perfecta, la única razón por la que cualquier corazón se dejaría matar de amor.

Ahora, mirando al otro lado del sofá me encuentro con tus pestañas infinitas moviéndose a un ritmo frenético y creo que no se puede ser más feliz.

Me susurras "¡Qué bien te sobra ese vestido!" y te acercas ahogando mi risa entre tus dientes.

Tú, con tus cosas.

Tú, la casualidad más bonita de todas.

Tú, la única prueba de que la suerte me sonrió una vez.

Tú, que llegaste sin permiso, sigues aquí.

A mi lado.

Tormenta de verano.

Lluvia en el cristal, en tus pestañas, perfilándote los labios.

Una risa ahogada entre la falta de aliento y las ganas de más.

Contigo nunca se sabe.

Llueve en agosto y el sol, escondido detrás de alguna nube, sale sólo para verte sonreír mientras te quitas los zapatos.

Empañamos las ventanas, sin querer, y me besas con toda la intención de quedarte a vivir en mi alma.

Lluvia en el cristal, en tus pestañas, perfilándote los labios.

Lluvia entre la mezcla de tu piel con la mía, marcándome el camino que debo seguir para hacerte feliz.

Aunque sólo sea un rato.

Lo que dura esta tormenta de verano desatada por el tacto de tus manos, por lo dulce de tu boca, por el deseo repentino de ir quitándote la ropa.

lunes, 18 de agosto de 2014

Mi luz.

No duermo y me acuerdo de sus manos, de su voz, de sus consejos.

Me viene a la memoria el sonido de su risa y unas gafas que cubrían el tesoro más hermoso de este mundo, sus ojos.

Sus caricias, sus palabras.

Jamás me advirtió que se iría, que me dejaría acompañada, en la soledad, por su recuerdo.

Jamás me dijo que sería tan difícil seguir sin ella.

A sus ojos, yo era perfecta.

A los míos, ella lo es.

Y si lloro, llora conmigo. Lo sé.

Y si rezo, le rezo a ella.

Mi única diosa, mi guía, mi luz.

Que la echo de menos y duele.

Duele como si me arrancaran un trocito de alma cada vez que recuerdo que no volverá.

Duele soñar con sus besos, cuando sus labios no rozarán mis mejillas de nuevo.

Jamás me advirtió que se iría.

Yo prefiero pensar que su esencia se quedó conmigo.

domingo, 17 de agosto de 2014

No rima con nada.

Escribir una canción es lo más complicado que hay cuando, sin avisar, se te cruza en el camino una persona que nació para ser cantada.

Es canción y lleva, amarrados a sus talones, la melodía, la letra y el sentimiento.

Y parece más sencillo...

Hasta que quieres rimarla.

Porque no rima con nada.

Sus caderas, sus ojos, la fuerza de sus ideas y su boca.

El moreno de su piel, su sensibilidad, el brillo de sus ojos y sus ganas de reír.

Su locura, que ya es tuya.

Su alegría, contagiosa.

Rebeldía, belleza y ganas.

Todo eso que podría volver loco a cualquiera, no rima con nada.

Porque nada se compara a su perfecta imperfección.

Y te encuentras escribiendo canciones de desamor que no se asoman a todo lo que pierdes cada vez que se va sin despedirse, llevándose un trocito de tu alma.

Mientras cualquiera interpreta melodías sobre su espalda.

Mal.

Porque nadie las interpretaría como tú.

Nadie.

(Como yo.)

El texto perfecto.

Llevaba tiempo intentando escribir el texto perfecto.

Sin saber que el texto perfecto eras tú.

Con tus noches y tus días.
Tus payasadas, tus secretos, tus misterios, tus manías.

Llevaba tiempo intentando escribir el texto perfecto.

Y tú, no eres sólo ese texto.
Tú eres canto, eres teatro, eres verso.

Tú... Tú eres poesía.

La de veces que me lo advirtió Bécquer, cuando sus golondrinas llamaban a la puerta de mi alma al escuchar tu nombre.

La de veces que me dije "no todas las historias se terminan", silenciando el dolor de una mirada que se pierde a lo lejos.

Te tenía tan cerca.

Me despierta, un día más, el sonido de las campanas que me recuerda a ti.

A tus manos resbalando por mis piernas, a tus besos de mar salando mi piel.

¿Recuerdas que te conté que soñaba contigo cada noche?
¿Recuerdas que soñábamos tenernos un poquito más?

Fueron en vano mis intentos por mantener la calma aquella mañana en la estación.

Te tenía tan cerca que podía acariciar tu olor, sentir tu pelo, rozar tu piel.

Te tenía tan cerca... Que no llegaste.

La suerte y la muerte están separadas por el hecho de no verte.

La suerte no llega.

La muerte no avisa.

Y yo sólo tengo miedo a que me pille sin ti.

miércoles, 13 de agosto de 2014

La 'h' es muda.

"La 'h' es muda".

Era una lección que se tenía bien aprendida, desde pequeñita.

Muda, como los gritos ahogados al fondo del pecho de su madre.

Muda, como la rabia falta de coraje de una niña sin otra salida que el silencio.

"La 'h' es muda."

Y se enamoró de una sonrisa que no hizo más que empañar el brillo de sus ojos.

Tristeza en un rostro de lo que fue niña y mujer.
De lo que le dejaron ser.

Llegaron, forzando, unas caricias que habían encendido y ahora marcaban, con ira, la piel.

Llegaron los piropos. Burlones.
Los insultos disfrazados de desprecios en la noche.

Llegaron los miedos, el recuerdo de una infancia aterradora, las ganas de escapar de un pasado que se había instalado en su vida y parecía perseguirla en el presente.

Llegaron los "perdón".
Tarde. Mal. Pero cedía.

Porque amaba. Ella sí amaba.

"La 'h' es muda."

Muda, como debería seguir ella si pretendía seguir con vida.

Es que, "¡Joder, Helena! Es todo por tu culpa."

Un día se quejó.

"La 'h' es muda."

Así se llamaba ella. Helena.

Helena, con 'H'.

lunes, 11 de agosto de 2014

Especial.

Ya se nos escapó medio agosto entre borracheras y deseos pe(r)didos al aire.

Se nos escapó medio y tú, en medio de mis pensamientos, metes toda mi seguridad en un tarro que pone "dudas".

Me haces temblar, reír, pensar y dudar.

Como nunca. Como nadie.

Nunca. Nadie. Antes.

Había, ayer, una Luna mágica. Especial, decían.

Especial es verte sonreír, ver en tus ojos las huellas del desengaño y las ganas de una ilusión por algo que apenas empieza.

Especial sería despertarte cada mañana, haciéndote cosquillas, mientras la casa se llena de un olor a café que a mí me encanta y tú odias.

Especiales tus ganas de chocolate a todas horas, tu costumbre de mirar por la ventana cuando llueve y tu manía de bajarle la voz a mi música cuando no te sabes la canción.

Especial serías tú conmigo.
Conmigo a solas.
Conmigo de cañas, de risas, de bajón y de resaca.

Todos los días que le queden a nuestra historia desde el día en que decidamos echarle ganas.

Desde el día que prefiera echarle valor, antes que seguir echándote de menos.

jueves, 7 de agosto de 2014

Diario de un olvido.

Lunes: Sé que lo intuyes, pero no puedo.
Sabes que no puedo, que no soy capaz.
No me conoces, pero sí.

Martes: Suena "Quédate a dormir". Esta puta rabia de no tenerte.

Miércoles: Hoy tampoco será el día que le eche un par.
No.
Estoy segura que esta historia acabará como todas. Antes de empezar.

Jueves: "Stand by me". Ojalá.

Viernes: El coche se me hace grande sin ti de acompañante.
El corazón, pequeño.

Sábado: Joder. Si teníamos hasta canción. ¿Qué (no) pasó para que perdiéramos la melodía?

Domingo: Aún escueces.
Tengo que aprender a cerrar heridas, por mal que cicatrice.

Lunes: Sabes que yo no tengo el valor.
Quisiera haber cambiado aquella primera respuesta.
La primera reacción.
Aquel "no", por un "no sé", habría sonado estúpido pero habría sido suficiente.
Me habrías ayudado.

Martes: Estás conociendo a alguien que no soy yo.
Soy feliz, pero no tanto como debería(mos).

Miércoles: Ya no me sabe el café, ni me huele el perfume.
Me huele a ti en todas partes, sin conocer tu olor.
No te conozco, pero sí.

Jueves: Te habría apoyado más, mucho más.
Y algo más, que también rima.
Como rimarías tú sobre mis costillas, supongo.
Quiero suponer.

Viernes: Día 12. Par y faltas.

Sábado: Me gusta que creas en la mala suerte. Yo soy la tuya, probablemente.

Domingo: Podríamos estar siendo felices, pero tengo miedo.
¿Podríamos estar siendo felices?
Ya no sé.
Ya dueles menos.
Ya paso más.
¿Te estaré olvidando?
Ya me ha pasado más veces.
Olvido y perdono.
Perdono y adiós.
Era capricho.
¿Qué hiciste conmigo?
¿Por qué me haces dudar?
Yo estaba segura de mí.
Y, de repente, tú.
Y, de repente, no.

¿Qué hacemos con todo esto?

Ya te he olvidado, creo.

Pero te pienso de todas formas.

"No necesito verte pa' saber que no te olvidaré."

Que te rías.

A veces me pasa que pienso en cuánto ganarías en las distancias cortas.

A veces me pasa que no te dejo de pensar aunque quiera.

Y tú te me escapas, como el agua entre los dedos, entre los dientes, sobre los poros de mi piel.

Noto que te estoy perdiendo y ni siquiera he podido contarte una historia por cada uno de tus lunares.

Noto que me fallan las fuerzas, que me sobran las ganas, que me falta el valor.

Quisiera gritarte que quiero intentarlo, pase lo que pase.

Que soy difícil de aguantar, a veces, y demasiado cariñosa, otras muchas.

Que quiero viajar sin más equipaje que tu mano colgada de la mía.

Que quiero que me mires y te rías.

Que te rías, todos los días de tu vida.

Que te rías, muy fuerte.

Y me abraces encendiendo las cenizas de mi alma.

Quiero ver, contigo, todas las películas que no vimos.

Y llorar. Y quererte. Y sentir. Y que sientas.

Quiero muchas cosas que no puedo y la única que no quiero, será la que llegue.

El puto arrepentimiento.

lunes, 4 de agosto de 2014

Lo que dure.

Vivo con el miedo de haberte dejado escapar sin haberme dado cuenta de tu paso por mi vida.

Es como cuando hay mucha gente y me rozas el pulgar con el tuyo, arriesgando demasiado, y se me pone es cara de idiota.

Entonces, empiezan las mariposas de las que habla todo el mundo a revolotear dentro de mi estómago y me muero de ganas de besarte.

Delante de todos, para que aprendan a ser felices con nuestra felicidad.

Y me vuelvo a morir de miedo, pero esta vez de que mis mejillas reflejen lo que estoy pensando.

Puede que no nos convengamos, pero nos ansiamos y eso siempre pudo más.

Que nadie me hace vibrar como tú, aún estando a kilómetros.

Que no hay nada que me queme más que las ganas de verte.

Que si me juras que quieres, dejamos todo atrás y empezamos de cero donde nadie nos diga cómo tenemos que vivir.

Y, aunque nada es eterno, yo te juro que te haré feliz.

Lo que dure.

sábado, 2 de agosto de 2014

¿Luchamos?

El rítmico golpear de tus caderas contra la mesa me hacía olvidar que fuera llovía.

Tus manos, enredadas en mi pelo, tiraban despacio, pero con fuerza.

Tus ganas, enredadas con las mías, aceleraban el pulso disminuyendo la velocidad de los besos.

Creo que había música debajo de tus suspiros y aún quedaron arañazos en mi espalda de lo felices que fuimos.

Era agosto y fuera llovía, pero ¿a quién le importa eso cuando es tu sudor el que empapa el resto de mi piel mientras la lluvia se muere de envidia?

"Cuando el amor ataca de repente", dijiste, "es mejor cogerlo con ganas y matarlo al momento".

Y, aunque agotamos las fuerzas intentando acabar con él, nos hizo rendirnos. 

Todavía nos quedan un par de batallas por librar.

¿Luchamos?