martes, 9 de septiembre de 2014

Exigirle a la luna.

Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.

Recuerdo tus hoyuelos, tus piernas y los huesos de tus caderas moviéndose a un ritmo constante.

Un beso sin permiso, dos miradas y dos personas que no se conocen, pero sí (que se conocen, pero no).

Quisiera exigirle a la luna que me devuelva todas las noches que no pasé a tu lado besándote en los ojos, sintiendo tus caricias, quemándonos la piel.

Quisiera hacerme dueña de tus sueños, cumplirlos y rendirme cada día ante tu dulzura.

Recorrer sobre tu espalda rutas aún no inventadas y viajar por cada milímetro de tu piel, sin rumbo, sin límite, sin más permiso que el de tu sonrisa rogándome que no pare.

Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.

Y lloré.

Sin querer.

Sin saber.

Sin poder parar.

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