Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.
Recuerdo tus hoyuelos, tus piernas y los huesos de tus caderas moviéndose a un ritmo constante.
Un beso sin permiso, dos miradas y dos personas que no se conocen, pero sí (que se conocen, pero no).
Quisiera exigirle a la luna que me devuelva todas las noches que no pasé a tu lado besándote en los ojos, sintiendo tus caricias, quemándonos la piel.
Quisiera hacerme dueña de tus sueños, cumplirlos y rendirme cada día ante tu dulzura.
Recorrer sobre tu espalda rutas aún no inventadas y viajar por cada milímetro de tu piel, sin rumbo, sin límite, sin más permiso que el de tu sonrisa rogándome que no pare.
Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.
Y lloré.
Sin querer.
Sin saber.
Sin poder parar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario