domingo, 26 de enero de 2014

"En línea".

En tiempos de "amor para llevar", puede que sea bonito tener a quién querer sin prisa, cuando el día muere.

Puede, también, que nos cueste entender que sea lo único que nos hace llegar a casa con la necesidad de necesitar algo más que un cargador, o un enchufe.

Entender que eso que nos mantiene "en línea" durante horas, sin wi-fi, es sólo el hecho admirar unos ojos.

Que, si hay un problema con la conexión, basta una caricia para "reiniciar".

Aprenderemos a desesperar cuando sintamos la falta de algo que alimentaba el alma y lo único que tengamos sea "cobertura".

Porque sí, vivimos en un mundo de nuevas tecnologías, pero sustituír una mano ajena por un teléfono, mientras paseas, no es lo que todos buscamos.

Y a mí, que soy la primera que no vive sin toda esta mierda, no me importaría encontrar un motivo para desconectar mi mente el tiempo que el corazón diga que es necesario.

Porque, a diferencia de todo lo que nos rodea, el amor no dispone de "actualizaciones".

Cuando "expira", se acabó.

jueves, 23 de enero de 2014

Me falta.

Hay días en los que cuento cientos de estrellas y, otros, en los que cuento minutos sin verte.

Días en los que no necesito a nadie, otros en los que me encanta estar rodeada y, casi todos, en los que sólo te necesito a ti.

Y quiero escribir, pero no puedo. Porque, hoy, es de esos días en los que me falta todo. 

Me falta inspiración, me faltan recursos, me faltan las letras y me sobran minutos.

Me quiebro pensándote, te echo de menos, me muero por verte y, joder, te sigo queriendo.

Y, aún faltándome todo, pienso en tu sonrisa y me sale algún texto.

martes, 21 de enero de 2014

En esencia y forma.

Tú que, fuera del amor, poco sabías de sentimientos.

Yo que, fuera de entenderte, nada sabía de razón.

No suele pasar, sin embargo, cuando nos cruzamos por primera vez, decidimos que sabríamos continuar con esta combinación (peligrosa) todo el tiempo que pudiéramos aguantar.

Hablábamos, sonreíamos, amábamos y discutíamos.

A veces lo mejor de cada uno era lo que el otro tenía y, aunque pueda resultar difícil de entender, nos entendíamos.

Éramos, en esencia, muy diferentes y, en forma, muy iguales.

De lo vivido contigo, lo recuerdo todo.
Desde el primer encuentro, hasta el último beso.

Recuerdo cada tarde, cada sonrisa, cada caricia...

Recuerdo, también, cada pelea y como, casi por turnos, nos pedíamos perdón.

Yo, haciendo que me hacías entrar en razón.

Tú, fingiendo que te gustaba Bécquer cuando yo lo recitaba.

Así fue como, poco a poco, descubrimos que nunca nos dejaríamos escapar. Aunque tú te mueras por buscar lógica al sentimiento y yo me derrita por la sensibilidad de "ese tío raro que se fija en gente de pupilas azules".

Porque la lógica, en nuestra vida, viene de la mano de la emoción y, cuando logro emocionarte, lógicamente, morimos de amor.

Para encontrarme.

Me sentaría al borde de la Luna para poder admirar tu reflejo, perseguir tu sombra, dibujar tu aliento.

Y a mí, que algo se me rompe dentro cuando, pudiendo reír, eliges llorar, me sigue sabiendo a poco leerte en cada palabra que escribo.

Quisiera encontrarte a mi lado cada mañana, cuando estiro la mano arrugando las sábanas.

Quisiera que me dijeras "estoy aquí y, aunque no sé por dónde empezar, te pienso".

Quisiera empezaras con un "buenas noches" y no acabara jamás.

Quisiera tenerte, para encontrarme.

sábado, 18 de enero de 2014

Sobre todo.

Empiezo a echar de más la idea de echarte de menos y, créeme, me empieza a quemar la de encontrarte de nuevo.

Puedo ponerme ridícula y decirte que, hace un año, te extrañaba igual que hoy pero a muchos más kilómetros.
Y te garantizo que, echar de menos, no es una cuestión de distancia.

Puedo intentar explicarte por qué (o cómo) tu risa cambiaba mi estado de ánimo en cuestión de segundos. Puedo intentarlo, pero no lo conseguiré.

Era como si algo explotara en medio de mi pecho y, después de instalarse en mí, recorriera cada esquina de mi cuerpo acelerando el corazón y haciéndome regalarte una sonrisa.

Puedo decirte que oigo tu voz por los rincones, que extraño tus manías y el olor de tu perfume por las escaleras. Que, cada vez que alguien mete la pata, me acuerdo de tus idas y venidas, de tus enfados y de tu boca.

Sobre todo, de tu boca.

Gritando, comiendo, hablando, mordiendo, besando, cantando.

Sobre todo, mordiendo.

Puedo decirte todo lo que siento.

Sobre todo, que siento haberte perdido sin que me hayas encontrado.

lunes, 13 de enero de 2014

Rápido y con fuerza.

Matamos el amor en un beso y, aunque pudiera parecernos mentira, dejó de brillar el reflejo de mis ojos en los tuyos.

Jugamos a escribir la felicidad sobre la arena encerrando nuestros nombres en un círculo porque, decías, "un corazón ya está muy visto".

Se nos coló la ilusión como lo hacen los sueños, en plena madrugada y sin pensarlo.

Se nos escaparon las ganas, poco tiempo después, como el agua entre los dedos o el aire por la boca, rápido y con fuerza.

Y a nosotros, que nos gustaban los años bisiestos sólo por poder querernos un día más, se nos fue apagando la vida mientras seguíamos mostrando sonrisas caducadas que pertenecieron al amor más bello de todos.

sábado, 11 de enero de 2014

Excepto olvidar.

Se suele decir que hay un amor que marca más que el resto.
Uno del que te acuerdas toda la vida, pase lo que pase, venga quien venga a tu vida.

Que después de ese amor, todos los que lleguen serán comparados, sin querer, aunque te hagan mucho más feliz.

¿Cuántos "y si..." habrá guardados en el desván de la memoria de todos lo que alguna vez han amado?

¿Cuántas veces se habrá repetido, en silencio, "ésta vez sí"? Cuando, en realidad, no.

¿Cuánto es lo bastante enamorado? ¿Cuándo sabemos que ya hay una huella imborrable en nuestro corazón? ¿Cuánto se tarda en olvidar? ¿Cuánto podemos llegar a querer? Pero, sobre todo, ¿cuánto más hay que buscar para saber que jamás volverás a encontrar un amor así?

A veces no es correspondido; la mayoría, callado y, a veces, por ser, no es ni amor.

Pero te marca.

Seguirán pasando los años y seguirás buscando su inicial al arrancar la chapa de todas las latas, haciéndole creer a todo el mundo que ya no te acuerdas de que existe y guardando, como un tesoro, la imagen de su primera sonrisa.

De vez en cuando sacarás, también, una conversación en la que aparezca su nombre para asegurarte de que nadie se enteró y, con cuidado de no dejarte en evidencia, cambiarás de tema tras comprobarlo.

Harás cualquier cosa. Cualquiera. Excepto olvidar.

viernes, 10 de enero de 2014

¿Para qué?

El año pasado preparaba, nerviosa, la maleta.

Estaba a un par de días de irme 3 meses a USA a empaparme de otro país, a conocer otra forma de vida y, sobre todo, a ayudar a mi inglés a ser mejor.

De ser este año, a mi vuelta, me habría encontrado sin asistencia sanitaria.
Sin derecho a coger una simple gripe con el aire acondicionado del avión o el frío de Vigo al salir del aeropuerto.

Nos lo ponen cada día más difícil, pero insisten en que nos quedemos.
Y yo me pregunto, ¿para qué?

Quieren que nos quedemos para ver cómo nos hundimos mientras ellos/as siguen viviendo como les da la gana, subiendo posiciones a medida que van aplastando nuestras cabezas y calmando a los más conformistas diciendo lo bonito que es tu país por la alegría de su gente.

La alegría, señoras y señores, también se pierde.

Se pierde cuando pisan los derechos de la gente, cuando no hay alternativa para los que pierden su hogar, su trabajo y su vida.

Se pierde cuando se ríen de todos y cada uno de nosotros.

Y se pierde, amigas y amigos, de la mano de la esperanza, de la mano de la confianza y de la mano de las ganas de seguir luchando para ver que, si seguimos dejándoles hacer, no conseguiremos NADA.

No nosotros. No los que nos merecemos la vida que ellos/as tienen por habérnosla robado.

jueves, 9 de enero de 2014

Para que sonrías mi beso.

De la mano saltando en un charco, como si estuviéramos precipitándonos al vacío.

El momento en que entrecierras los ojos, con miedo, es mi favorito.
Como cuando descorcho una botella, cuando salto en el sofá o cuando experimento en el microondas tratando de soprenderte con la cena.

Reconoce que te encantan mis idioteces, que te alegras de haberme encontrado y que, aunque sólo sea por los momentos que vamos sumando, no te arrepientes de haberme elegido.

Ven. Siéntate a mi lado en nuestro cojín, aprieta mi mano con fuerza y cierra los ojos.

Imagina que estás en cualquier sitio. Lejos o cerca, da igual. Donde más te apetezca, pero conmigo.

"Pues hoy nos vamos a la montaña". Y yo, que por tu "ven" empiezo a respirar, no quiero saber más.

Te hago trampa, una y otra vez.

Tú cierras los ojos, respiras fuerte y sonríes.
Yo, mientras, te miro y me muero por besar esa sonrisa para que sonrías mi beso.

Ven. Levántate a mi lado y llévame que, dejándome arrastrar por tus caderas, cualquier destino es bueno.

Ven. Susúrrame cualquier cosa, que ya sabes que pierdo el culo por tus ojos y se me nubla la vista cuando pierdo tu culo.

Ven. No te quedes en la puerta, que no quiero ser grosera y no me queda paciencia para invitarte a pasar sin arrancarte la ropa a mordiscos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Toda la cafeína que necesito.

Me despierto un rato antes que tú, porque así lo decide mi cuerpo. Porque sé que disfrutaré admirándote mientras sueñas con algo que no me contarás.

Te despertaré mordiendo, suave, la punta de tu nariz.
Soplaré despacio a la altura de tu cuello y rozaré, con la punta de mis dedos, los ángulos de tu cara.

Entonces llenarás de aire tus mejillas y lo soltarás con fuerza, a modo de queja.

Abrirás un poco los ojos y protestarás, entre dientes, porque la luz que entra por la ventana es demasiada.

Después sonreirás y será, en ese momento, cuando entienda por qué soy feliz.

Como cada día, medio dormida, sin peinar y con los ojos brillantes, me rendiré ante tu sonrisa y comprobaré que tus manos buscando mis caderas bajo las sábanas, son toda la cafeína que necesitan mis mañanas.

Y llegaré al final del día habiendo compartido contigo muchos minutos y más pensamientos.

Te encontraré, de nuevo, esperándome en el sofá, con varias velas encendidas que no aguantarán nuestro ritmo y pediré a la vida, al menos, una mañana más.

Créeme, hay rutinas que no aburren, madrugones que no duelen y, si es por verte sonreír, cansancios que no frenan.

viernes, 3 de enero de 2014

Que volvió a leerme.

No sé si recordará los días en los que aparecía por sorpresa y se sentaba a mi lado para acompañar mi soledad.

Me habría gustado que volviera y, a la misma hora, sobre la misma roca, empezara a contarme lo que ha hecho en todo este tiempo.

Con los ojos clavados en el horizonte, la capucha ayudándole a disimular las miradas fugaces que me dirigía y esperando la primera sonrisa para responder con la suya.

Cuando yo levantaba la vista, solía repetir: "lo sé, no tengo remedio".

Sabía que, probablemente, no había escuchado ni la mitad de tonterías que me había contado con la excusa de querer oír mi voz, aunque fuera para obligarle a callar.
Pero jamás se callaría.
No, hasta que consiguiera que mi mirada se apartara de la roca sobre la que estaba sentada.

Camino a casa, caminaría de mil formas para que su sombra bailara sobre el asfalto a diferentes ritmos y sus carcajadas se escucharían en toda la ciudad.

Se despediría de mí con un beso en la frente y se marcharía, no sin antes haberme mordido la nariz, dando saltitos.

Entonces, dejaría de ver su sombra al doblar la esquina y me quedaría el recuerdo de su sonrisa hasta que, de la nada, volviera a buscar soledad en mi compañía.

Así era. Genial. Y así me hacía sentir.

Me gustaría que me dijera que volvió a leerme, aunque no la mirada, al menos aquí.

jueves, 2 de enero de 2014

Esa sensación.

Esa sensación de conocer a una persona y saber que todo, a su lado, será increíble.

Sospechar que el mundo, ese lugar tan raro y cruel, puede empezar a ser un lugar maravilloso, si decides quedarte a su lado.

Empezar a contar la historia por el principio, con un "Érase una vez..." y dejarla sin terminar, porque es agotador estar toda una vida contando lo eterno. Quien quiera conocer detalles, que los vaya viendo.

Saber que todos los problemas se acabarán con "Lo siguiente que recuerdo son tus uñas en mi espalda".

Recordarlo todo, con suerte y el paso de los años, aún con las manos entrelazadas, en el sofá y ante un público exclusivo.

Una historia llena de "... y hasta aquí puedo leer", que no escandalicen a los nietos. Tanta felicidad como puedan mostrar un par de sonrisas y tanto amor como resistan dos corazones ancianos que, sólo por amar, se sienten vivos.

ESA sensación.