En tiempos de "amor para llevar", puede que sea bonito tener a quién querer sin prisa, cuando el día muere.
Puede, también, que nos cueste entender que sea lo único que nos hace llegar a casa con la necesidad de necesitar algo más que un cargador, o un enchufe.
Entender que eso que nos mantiene "en línea" durante horas, sin wi-fi, es sólo el hecho admirar unos ojos.
Que, si hay un problema con la conexión, basta una caricia para "reiniciar".
Aprenderemos a desesperar cuando sintamos la falta de algo que alimentaba el alma y lo único que tengamos sea "cobertura".
Porque sí, vivimos en un mundo de nuevas tecnologías, pero sustituír una mano ajena por un teléfono, mientras paseas, no es lo que todos buscamos.
Y a mí, que soy la primera que no vive sin toda esta mierda, no me importaría encontrar un motivo para desconectar mi mente el tiempo que el corazón diga que es necesario.
Porque, a diferencia de todo lo que nos rodea, el amor no dispone de "actualizaciones".
Cuando "expira", se acabó.