Conocer a alguien que le da la vuelta a tu mundo.
Reconocer que es diferente y querer saber toda su historia para redibujar su felicidad.
(Aunque siempre hayas dibujado mal, sabes que puedes aprender.)
Querer ir tan rápido como despacio, para no estropearlo.
Descubrir que hasta ahora solo te habías conformado, pero querer es otra cosa.
Más difícil, claro.
Querer no es fácil, sencillo y para toda la familia. El amor no es Decogarden.
(O sí que lo es, pero lo complicamos todo.)
Tener miedo de estar confundiendo amabilidad con otra cosa y empezar a dudar.
"No soy una gallina. Las gallinas ponen los huevos que yo no le echo."
Dudar y que se enquiste.
El amor no mata, la duda sí.
Acabar siendo un tallo de rosa lleno de espinas y que la espina más grande (la única que no querrías que se quedase en un "y si") sea tu condena.
Y leer cuatro libros de poesía en una tarde, para hacer limpieza general en el alma.
Para sacar la mierda que llevas dentro.
Esa mierda llamada "miedo".
La vida. El amor. El eco.
Vacío.
Vacío.
Vacío.
(No sé si todavía estoy a tiempo de llegar a ti.)