martes, 30 de octubre de 2018

Mira...

Le he estado dando muchas vueltas a esto y, mira, por si me muero... 

Te dejo por escrito tu “te quiero”. 

Que aunque el invierno se presente complicado y nada tenga sentido, no quería dejármelo en el tintero.

domingo, 28 de octubre de 2018

Sinmigo.

Un día me dijo que los domingos hay que comer mal. 
Y, además de hacer lo propio con todos mis esquemas, me hizo romper la dieta. 

Ahora que vivo en una normalidad a la que nunca pedí regresar, vuelvo a hacerme la sana. 
Pero los domingos, si Sabina me canta “contigo” mientras desayuno, pienso en su boca y me descubro echando de menos las resacas con comida basura. 

Y ya no es solo que no esté conmigo, es que yo también estoy “sinmigo”... ¡Y eso sí que no sé cómo arreglarlo! 

(Hasta que vuelva.)

viernes, 26 de octubre de 2018

A mis insomnios.


Te invito a mis insomnios, de los que sueles ser protagonista, para mirarte embobada mientras me cuentas tus miedos.

Por la mañana vamos a enfrentarlos, uno por uno, de la mano. 
Te lo prometo. 

Dime si temes al éxito o al fracaso.
Si te asusta más no tener nada o la idea de perderlo todo.

Cierra los ojos, respira y piensa que entre todas las batallas que has ganado, está la que mantenía en pie los muros que encerraban a mi corazón. 

Sonríe, que yo sé que puedes con todo y ahora te toca vivir.

jueves, 25 de octubre de 2018

Destrózame el argumento.

Los sábados por la noche puedes dejar mudo al mundo con toda tu belleza, pero a mí me sigues gustando tanto (o más) los domingos de resaca. 

Cuando abrazas con timidez y cara de sueño y las olas de tus ojos me arrastran a la orilla de tu playa.

Puede que te suene a broma, pero acabo de decidir que si hay un motivo por el que tenga que ser recordada... Quiero que sea por haberte querido de esta manera, con toda mi locura. 

Por haberme muerto en cada uno de los pliegues de tu espalda y haber resucitado a la primera señal de “¡Atención! ¡Curva peligrosa!” que colgaste de tus caderas. 

Por haber perdido el norte, dejando que se me arrugue hasta la piel del alma al pasar horas dentro de ti. 

Y si la inspiración de los poetas es el desamor, no tengas miedo...
Tú ven y destrózame el argumento, que será que la poesía no era lo mío. 

Yo siempre preferiré vivirte, a escribir lo que te puedo llegar a hacer sentir. 

miércoles, 24 de octubre de 2018

¿Quieres volar conmigo?

Tatúame en la espalda las marcas de tu paso por mi vida y lima tus colmillos en mi cuello.

Déjame las uñas cortas y los dientes largos. 

Y, cuando llegue el momento, vuelve a susurrarme aquello de “¿quieres volar conmigo?”.

Aunque ya no tenga sentido, porque desde que te conozco camino a medio palmo del suelo.

Floto. 

Alarmas.

Pasé del “cinco minutos más” al “dos minutitos más”. 

Y es que todo me vale, con tal de seguir soñando contigo.

martes, 23 de octubre de 2018

(me)

“La próxima vez que te abrace, tendrás que besarme primero”, dice Suárez.

Yo tengo un idea mejor. 

La próxima vez que te abrace... 
Voy a deslizarme cuidadosamente por tu cuello y tendrás que pedirme que frene (que nos están mirando), porque lo echo demasiado de menos como para controlar. 

Voy a perderme en todos los ángulos de tu mandíbula, voy a esconder tesoros (en forma de besos) detrás de tu oreja y no voy a permitir que los encuentren. 
Ni a mí. 

Voy a insinuarte mucho más con los ojos y, si fuera necesario, me rasgaré la voz reclamando lo que me pertenece.

Después de eso, el amor que proclama Andrés en sus canciones te parecerá una broma al lado de lo que me haces sentir. 

Porque tú no tiemblas cuando él canta, pero yo vibro en cuanto escucho tu voz.

Y también te pediré que te quedes, por accidente. 

Como llegaste a mi vida. 

Sin querer, queriendo(me).

lunes, 22 de octubre de 2018

Morder tus cadenas.

Déjame morder tus cadenas hasta destrozar tus creencias. 

Déjame viajar por tu cuerpo en un vuelo con millones de escalas y saltar al vacío desde tus clavículas hasta tu ombligo. 

Déjame esconderme entre tus piernas hasta que la luna se retire, acomplejada por tu belleza.
Incapaz de brillar más que tú.

Déjame ser, en ti, todo aquello que buscabas. 

Permaneces.

Quise hacerte desaparecer entre las copas del fin de semana, pero tú no te vas.

Permaneces. 

Después decidí que sudarte era la mejor opción.
Pero estás demasiado dentro de mi piel y muy por encima de mi entendimiento. 

Los lunes siempre me despierto con un buen presentimiento atado a la esperanza. 

Después se acaba el día, no te encuentro y empieza otra semana de mierda. 

domingo, 21 de octubre de 2018

Para un principio.

Has llevado la leyenda del “hilo rojo” mucho más allá. 
Te has tejido en mi alma.

Has conectado tu meñique con mi corazón en un solo roce. 

Ahora estoy segura de que te volveré a ver. 

Al principio del final. 

Al final, para un principio.

En esta y en todas mis vidas.

Siete segundos.

De los siete segundos que necesita el cerebro para saber lo que quiere, el día que te vi por primera vez me sobraron cinco. 


Resultó que mi corazón había llegado antes. 

jueves, 18 de octubre de 2018

No me da la gana.

Que ya sé que puedo vivir sin ti.

¡Pero es que no me da la gana!

Y puedes llamarme caprichosa todas las veces que quieras, que me da igual. 

Porque fuimos “la persona correcta, en el momento equivocado” y de eso tampoco me da la gana. 
Que contigo no hay equivocación posible.

A lo mejor, esta vez, podemos volver a encontrarnos.
A lo mejor, esta vez, la equivocada es la vida.

Y si tengo que ser yo la primera en hacérselo saber... 
Hasta hoy, solo por ti la enfrentaría.

martes, 16 de octubre de 2018

Impermeable.

A veces el corazón pide tanto descanso...
Que no hay música que lo emocione,
ni canción que lo traspase.

sábado, 13 de octubre de 2018

Vacío.

Conocer a alguien que le da la vuelta a tu mundo.

Reconocer que es diferente y querer saber toda su historia para redibujar su felicidad.
(Aunque siempre hayas dibujado mal, sabes que puedes aprender.)

Querer ir tan rápido como despacio, para no estropearlo.

Descubrir que hasta ahora solo te habías conformado, pero querer es otra cosa.

Más difícil, claro.

Querer no es fácil, sencillo y para toda la familia. El amor no es Decogarden.

(O sí que lo es, pero lo complicamos todo.)

Tener miedo de estar confundiendo amabilidad con otra cosa y empezar a dudar.

"No soy una gallina. Las gallinas ponen los huevos que yo no le echo."

Dudar y que se enquiste.

El amor no mata, la duda sí.

Acabar siendo un tallo de rosa lleno de espinas y que la espina más grande (la única que no querrías que se quedase en un "y si") sea tu condena.

Y leer cuatro libros de poesía en una tarde, para hacer limpieza general en el alma.
Para sacar la mierda que llevas dentro.
Esa mierda llamada "miedo".

La vida. El amor. El eco.

Vacío.

Vacío.

Vacío.

(No sé si todavía estoy a tiempo de llegar a ti.)

Una noticia.

Acabo de leer una noticia de un grupo de colgados que quedaron por Facebook para disparar a un huracán. 

Y mira, están locos... Pero tampoco es muy diferente a plantarse delante del amor, sabiendo a ciencia cierta que te va a llevar por delante. 

Sabiendo que no tienes nada que hacer, que te va a arrastrar y te va a vaciar el alma. 

Que no le vas a cambiar la dirección y probablemente las balas perdidas te revienten el pecho.

Y ahí, a ti, no hay policía que te frene.

Supongo que el mundo se está yendo a la mierda.

Supongo que como yo. 

¡Vaya una noticia! 

viernes, 12 de octubre de 2018

Si te vieras.

A lo mejor me he pasado con la poesía, pero es que... ¡Joder! 
Si te vieras, lo entenderías todo. 

Y que sonríes.

Hoy hice tortilla.

Tenía tiempo y no sé... Estoy muy de tortilla últimamente. 

Dejé la cocina hecha un desastre y no conseguí dejar las claras a punto de nieve, como hacías tú. 

Tampoco sabe a la de la abuela, pero al menos esta vez no me olvidé de ningún ingrediente.

Me quedé un poco corta de huevos y le tuve que añadir uno cuando ya estaba en la sartén, eso sí. 

Y me saltó aceite también, pero sobreviví.
(Supongo que ya soy mayor, aunque siga siendo un desastre.)

Sonaban rancheras de fondo, como cuando era pequeña y limpiaba con mamá.

Y creo que por eso se agolparon tantos recuerdos de repente en mi piel y se me hizo un nudo en la garganta. 

No hay día que no te eche de menos y sé que siempre soplas fuerte para ayudarme en el despegue. 

Y que sonríes.

Y que, espero, estás orgullosa de mí.



Incendias mis inviernos.

Y si me dices que estarás esperando cuando llegue, me voy ahora mismo y sin maleta. 

Porque incendias mis inviernos, congelas mis infiernos y destruyes mi estabilidad... Pero siempre me pareces igual de adorable.

Supongo que estoy jodida. 

jueves, 11 de octubre de 2018

Aunque quiera.

Deja de soñar conmigo, que necesito volver a dormir.

Y tú no vienes, pero tampoco te vas.

Y yo así no puedo, aunque quiera.

Egos amigos.

Que mañana no nos moveremos, porque hoy nos acabamos de destrozar. 

Pero habrá merecido la pena por haberte visto bailar al borde de mi cama.

Por haber aparecido en cuanto te dije que estaba sola, haberme deshecho el moño y haberme dejado morderte la espalda y lamer tus tatuajes.

Por haber tenido que parar porque te dio un calambre y habernos reído mucho, antes de volver a la carga.

Porque tendremos los tobillos destrozados y una afonía eterna, pero el rato de verte sudar mientras desgasto todas mis huellas en los huecos que me dejas habitar... 
Ese rato no lo cambio por (casi) nada. 

Y aunque, tanto tú como yo, sabemos que nos imaginábamos otras caras mientras nos follábamos... Siempre serás la tirita favorita para las heridas de mi alma. 

Egos amigos, que se le llama.

Comodidad, supongo.

Conformidad, me temo.

Sí a ti.

Te lo voy a decir y te va a sonar a locura: creo que no puedo quererte más, conociéndote menos. 

Te lo dije... Es una puta locura.

No sé qué me pasó (qué me pasa) contigo. 
Intento no echarte de menos, pero no lo consigo. 

Me da la risa, por haber llegado al punto de no tener ni idea de quién soy y que no me importe una mierda.

Si tú me juras que estar lejos es lo de menos, que ya se nos ocurrirá algo... ¡Estamos tardando en complicarnos la vida! 

Y que si quieres preguntarme lo que sea, cualquier cosa, no te cortes. 

Porque no te sé, pero quiero aprenderte de memoria para intuirte cuando me faltes. 

Y quiero cogerte de la mano y gritar a todo el que quiera escuchar que, contigo, sí.

Sí a todo.

Sí a ti. 

miércoles, 10 de octubre de 2018

Vuelven las tormentas.

Vuelven las tormentas y yo pensé que esta vez sería diferente. 

Que ya sé que todavía queda mucho otoño, pero no tiene pinta de que vaya a pasar el invierno contigo. 

Y vale, que sí, que tengo muchas manías... 
Pero se me olvidan todas si me abrazas fuerte por la espalda y te quedas a dormir cuando aprieta el frío.

martes, 9 de octubre de 2018

Eso también.

Y si pudiera decirte algo ahora, te diría que yo no quiero que me necesites... Quiero que me quieras elegir.

Y tampoco quiero que estés bien por estar conmigo.
Pero quiero que estés bien y que, si quieres, estés conmigo.

Que ya es hora de dejar de acumular espinas, que ni tú ni yo somos rosas. 

(Y que yo te elegiría a ti una y mil veces. 
Eso también te lo diría.) 

lunes, 8 de octubre de 2018

Vuelos de invierno.

Otra vez la misma historia. 

Otra vez despertarme desorientada y no saber si el frío está fuera o dentro de mí. 

Otra vez mirar la ventanilla y ver tu cara reflejada en ella, antes de llegar a ver qué hay al otro lado. 

Otra vez volar y que no sea a tus brazos.

Yo ya no sé si quiero volver a los vuelos de invierno, sin antes darte la bienvenida a los altibajos de mi invierno de altos vuelos. 

Jugar a adivinar.

Cuando te dije que me gusta jugar a adivinar qué piensa la gente en los aeropuertos, jamás me imaginé que sufriría así en una terminal.


Me pregunto cuántos jugarán hoy a adivinar por qué llevo gafas de sol, si fuera está lloviendo.  

sábado, 6 de octubre de 2018

Por primera vez.

Siempre hay un momento que marca un antes y un después en la vida.
El mío lleva tu nombre. 


Y de todas las cosas que hice por primera vez últimamente, quiero que tú seas la siguiente. 

jueves, 4 de octubre de 2018

Pensándolo bien...

Te llevaría conmigo a casa, para que conocieses todo mi mundo. 

Te llevaría, si quisieses, en un bolsillo.
O en la maleta. 
O sobre mi espalda. 
O de la mano. 
O puede que todo a la vez.
Yo qué sé.

Pero pensándolo bien... 

¿Qué coño voy a saber yo? Si me desconocí al conocerte y rezaría a todos los dioses que tú me digas que existen, para que no te lleven lejos nunca más. 

miércoles, 3 de octubre de 2018

Cuando empiece a llover.

Ya di primeros pasos.
Ya maté algunos miedos.

Dime que no es mi imaginación, que no me lo invento.
Y te juro que me encargaré del resto.

(Que quiero que estés cuando empiece a llover.)


martes, 2 de octubre de 2018

La revolución.


Me gusta la revolución que provocas debajo de mis costillas, donde se me corta la respiración al primer golpe seco de tu sonrisa.

lunes, 1 de octubre de 2018

Un lunes más.

Me hago el camino a casa de memoria, con los ojos cerrados y casi sin darme cuenta.

Es un lunes más. 


Sigo prometiéndome que conseguiré que te gusten los inviernos.