domingo, 7 de enero de 2018

Cuestión de acentos.

Me dices que sí, que Barcelona es bonita hasta cuando llueve. 

Y me vuelves a hacer trampas porque a mí, a tu lado, incluso el más feo de los callejones me parece un paraíso. 

Porque si veo tu nariz roja por el frío y tus ojos brillando por encima de la bufanda, ya siento que todo merece la pena. 

Y tú, que a tu paso vas cambiando los semáforos a verde, te sigues enfadando si te digo que mi acento favorito siempre será el de A Coruña. 

Como si el amor fuese una cuestión de acentos. 
Como si tu forma de decir mi nombre, no me bastara para olvidar los kilómetros que me separan de casa. 
Como si no quisiera quedarme para siempre, aunque te pongas de acuerdo con la vida para hacerme trampas.

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