domingo, 30 de septiembre de 2018

Ni quiero.

Te juro que yo busco distraerme, pero no hay manera.

Siempre acabo pensando que todo lo que hago, podrías estar haciéndolo conmigo. 

Y, por mucho que te vayas, nunca te vas.


Ni quiero que lo hagas.

Entenderlo todo.

Cada vez que hablo de ti, de cómo nos encontramos, me descubro un poco más.

Y se me llenan los ojos de alegría mientras todos me dicen “lánzate”. 

No me creo que me esté costando tanto entender que solo quiero encontrar respuestas en tu mirada. 

No entiendo cómo, haciéndome tanto bien, te pegas a mis miedos y me dueles de esta manera. 


Pero quiero entenderlo todo. 
Y quiero entenderlo contigo. 

Si me dejas.

Hay una chica que sabe ser arte sobre la long, un par de camellos escondiendo sus vicios en macetas y balcones llenos de banderas y coladas. 

Ya anochece antes en Barcelona y yo sigo descubriendo calles nuevas cada vez que bajo a la playa.

Ya empieza a apretar el frío en el puerto y me muero por darte un abrazo en cada rincón de la ciudad. 

Y por pasear por callejones oscuros donde  desaparezcan nuestras sombras y solo brillen tus ojos. 

No sé cómo explicarte todo lo que quiero que veas a mi lado.

Si me dejas, te lo enseño. 

sábado, 29 de septiembre de 2018

Somos imbéciles.

Te digo que te asegures de que no te olvidas nada cuando te vas.

Y me dices que siempre que te alejas, te deshaces del trocito de ti que se queda conmigo. 

Yo, cuando me voy de ti, también me dejo algo.

Me dejo las migajas de un amor y mi mejor versión en cada abrazo. 

Me guardo tus futuros felices, para devolvértelos la próxima vez.

Te arranco los pasados tristes, para que no quieras llorar si no es de alegría.

Pero me voy de ti, porque engancharnos no es una buena idea.

Por si acaso. 

¿Por si acaso qué? 

Somos imbéciles. 

viernes, 28 de septiembre de 2018

En el acento.

Me jode reconocerlo, pero sonrío todo el tiempo porque suelo ir colocada de ti. 

Y me gusta.
Y me vuelve loca. 

Así que ven, que ya empiezo a tener frío por las noches y tu llevas el Caribe en el acento. 


jueves, 27 de septiembre de 2018

- ¿Siempre tienes las pupilas dilatadas?
+ Solo cuando te miro.

Que no suene.

Y que no suene nunca el despertador, que yo quiero seguir soñando contigo.

martes, 25 de septiembre de 2018

Nos parecieron nuevas.

Salimos a buscar a la luna para pedirle deseos. 

Se escondió de nuestra voluntad y nos dejó con el alma abierta, a merced de una noche que se nos burló en la cara. 

Pero nos dio igual, porque supimos caminar por las calles de siempre y nos parecieron nuevas. 


Supongo que contigo siempre es una aventura. 

Lleno, como la luna.

Tengo el corazón lleno, como la luna.

Lleno de fuerza, lleno de futuro y lleno de mí. 


Se me junta el otoño con todas estas ganas que tengo de vivirlo todo y, ¡joder!, no sé... Ya están tardando en empezar a caer las hojas. 

lunes, 24 de septiembre de 2018

Cuando más.

Eres irresistible cuando sonríes, si sonríes porque quieres. 

Pero cuando te piden que lo hagas y no te apetece, te enfadas.

Y en ese momento, enfadada o seria, con la nariz arrugada, el ceño fruncido y una ceja levantada.
Justo ahí, cuando sacas a relucir tu carácter y eres mucho más tú que nunca... Es cuando más me gustas.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Han pasado meses.

Ayer me olvidé de desmaquillarme y, al despertarnos, el brillo de tu mirada se reía de mis ojos de oso panda. 

Sonó Luis Ramiro y desayunamos sin hablar. 

Han pasado meses desde esta mañana.


No necesitamos mucho más. 

Ni en eso.

Tú dices que no quieres enamorarte. 

Yo no quiero que te enamores de nadie que no sea yo. 

Ni en eso estamos de acuerdo. 

Tantísimo.

Eres guapa, pero sobre todo eres bonita.

Pero tan, tan, tan bonita... Que duele al mirar.

Tanto, que cuesta creer que seas de verdad. 


Tantísimo, que entiendo que no seas para mí. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

El final del verano.

Te juro que el final del verano siempre me supo a mango y canela. 

Pero tú me dices que canela no, que no te gusta. 
Que prefieres cacao. 

Y yo te digo que sí, que me da igual. 
Porque, desde que te conozco, el final del verano me sabe a ti.


Como la vida. 

“No molestar”.

Me dijiste que muchas bromas acaban en habitaciones de hotel, desayunando por la tarde. 


Te oí de lejos, mientras quitaba el “no molestar” de la puerta del corazón.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Tres futuros.

Me han adivinado tres futuros y en todos eras fugaz.


Seguiré probando hasta que te quedes en alguno.

Te quedan infinitas últimas oportunidades, ¿serás capaz?

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mía.

¿Te puedo pedir algo?

Destrózame la calma. 

Cámbiame la suerte. 

O mejor... ¿Sabes qué? 
Sé mi suerte. 

Mala o buena. 
Me da igual. 

Pero mía. 
Solo mía.

Muy mía. 

martes, 18 de septiembre de 2018

Me lo he pensado mejor.

Ven.


Complícame la vida.

El cuento más breve del mundo.

Se pronunciaron a la vez un “quédate” y un “ven conmigo”.
Y en una historia en la que a nadie le gustaba elegir... 
Se perdieron muchas cosas por no saber renunciar. 

Sincronía.

Puede que mis olas y tus mareas no vayan a la par, pero es que esto va mucho más allá de la sincronía...
No me lo puedes negar. 

Mucho más allá de lo que yo pensé poder sentir.

Porque me diste tanto, con tan poco... 
Que ya nada me llena. 

Que ya no hay lunas, ni amaneceres, ni playas que me alejen de ti.

Y si todavía no lo has entendido... 

Hay algo que estoy haciendo tan mal, como bien te estoy queriendo.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Otro.

Ahí viene otro.
Convencido, probablemente repasando su estrategia.

Viene con la sonrisa blindada. 
Una sonrisa que no es la tuya. 

Y se acerca y me habla.
Y yo le presto mi cuello y le dejo que haga. 

Porque ya no tengo paciencia para enamorarme.
Porque con ellos, aunque más triste, es mucho más fácil.


Y también porque sé que nadie volverá a ser tú, ni merecerá la pena como para complicarme la vida. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

En todas tus tonterías.

Me toca volver a odiar los domingos, como antes de que llegaras a mi vida. 

Y ya me duelen las muñecas de echarte de menos.
Me duelen casi tanto como el corazón.

Tengo el alma cansada de ponerle otras caras a tu recuerdo, para follármelo en el baño de cualquier bar.

Renunciaría a todo, con la condición de que me volvieses a mirar desde abajo, jurándome que desde esa perspectiva la vida no necesita filtros.

Y que nos hiciéramos otras mil fotos como las que nunca me pasaste, porque las querías solo para ti.
Para tener algo de mí que no tuviese nadie más. 

Me quedaría a vivir en todas tus tonterías. 


(Y en la arruga que se te forma en el lado izquierdo de la boca cuando te ríes.)

Eres muy real aquí.

Dicen que no consigues dormir, si estás despierta en los sueños de alguien. 

Supongo que debo pedirte perdón por las ojeras, porque no puedo no soñar contigo cada vez que el cansancio me vence. 

Y, aunque me encantaría ser la causa de tu insomnio por otras mil razones, me aferro a la que tengo y me creo todo lo que me cuentan.


Eres muy real aquí, cuando me duermo. 

Correr para no llegar.

Se puso a llover cuando iba camino a perder el último tren y pensé en ti cuando se empezó a rizar mi pelo. 

Me tocó correr, como cuando soñaba que te perdía.

Correr para nada. 
Correr para no llegar.  

Miré al cielo buscando una respuesta y, en lugar de mi estrella, me encontré de cara con la luna. 

Volví a recordar la noche que te expliqué que no te puedes fiar de ella, que es mentirosa.
Que forma una “C” cuando mengua, en vez de hacerlo cuando crece. 


Y me di cuenta de que da igual cómo me salgan las cosas de mal... Porque siempre que me acuerdo de ti, se me pasa todo un poco. 

sábado, 15 de septiembre de 2018

Llámalo X.

He volado en un libro y media playlist. 

Y tú, lejos de irte, te has quedado a vivir en cada letra. 

Y en mí. 

Supongo que tenemos un amor pendiente... O un helado.


Llámalo X. 

jueves, 13 de septiembre de 2018

Pasar página.

Quise encontrarte en unos besos de alquiler barato que me supieron a cerveza mala. 

Supe reventarme el corazón a mordiscos en mil bocas que no hablaban nuestro idioma. 

Solo pretendía pasar página, dejar de sufrir(te).


No funcionó. 

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Esta vez.

Dibújame el mapa de tus latidos en el pecho con el mismo tono de tus labios. 

Esta vez, prometo no perderme.

Esta vez no, hasta encontrarte.

martes, 11 de septiembre de 2018

Tú, por tu parte...

Que si se trata de pedir cosas al Universo... 
Yo te pido a ti, porque eres lo único que me falta.

Tú, por tu parte, dame un beso.

Después, ya veremos cómo nos apañamos con todo esto. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Tan perdida.

Que me dices que te mueres por tejer tu futuro en mi mirada.

Y yo estoy deseando matarte de ganas a la altura de mi encaje, cuando te muerdes el labio y me enseñas los dientes. 

Y empiezan a pasarnos cosas.
Y empiezo a tener miedo.

Pero no es miedo a perder.
Es miedo a salir herida después de haber ganado. 

Y decidimos callarlo.

Pero volvemos a caer, justo antes del último intento por mantenernos en pie. 

Y me fallan las piernas donde empiezan las tuyas.
Donde no me importaría morir, rendida ante la inmensidad de tu sonrisa.

Ya no hay marcha atrás. 
Ya nos ganamos.

Ya estoy tan perdida como tú.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Menos el tiempo.

Que yo me voy contigo a donde me quieras llevar.

Aunque lo que sea.

Y que pase lo que tenga que pasar.

(Menos el tiempo.)

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Me conformo.

Escucha todo lo que tengo que decirle sin perder la sonrisa y, entre palabras de consuelo, me ayuda a encontrarme. 

Cada vez que habla, las palabras separan sus labios de una forma tan sutil, que escucharla es poesía. 

Y se va, siempre sin mirar atrás.
Sin despedirse de mí. 


Y da igual las veces que la llame, grite su nombre o le diga que la echo de menos... Ella nunca se gira.

Después despierto y entiendo que la sensación de abandono no es tan real. 
Que siempre que la necesito, sabe cómo estar.

Que me cuida y me quiere como soy.
Que, de alguna manera y no sé bien por qué razón, está orgullosa de mí. 

Y quisiera soñar con ella todos los días, para sentir que no se fue. 
Pero con que su voz me abrace el alma de vez en cuando, me conformo.

Esa mierda.

Supongo que el amor es esa mierda que te sigue haciendo ilusión un rato, después de saber que no es correspondido. 

Aunque, a decir verdad, tampoco soy yo muy de acertar en suposiciones. 


Ni de amar.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Espera y verás.

Que dicen en las noticias que se acaba el verano. 

Ahora, que te conocí. 

Ahora que entendí que te llevo queriendo todos los veranos de mi vida, pero aún no te había encontrado. 

Ahora que los insomnios los patrocinan las ganas de que sea viernes y volvamos a vernos. 

Ahora que sé que eres tú.

¡Venga ya!

Yo no me creo el cuento de que tenga que dejar de encontrarte en cada rincón de mi memoria, porque llegue el otoño.

Y si es realmente así, que alguien se lo explique a eso que late entre mis cicatrices cada vez que me hablas.

Que yo nunca fui de odiar ningún mes, pero si viene amenazando con que es el final de todo esto... ¡Que le jodan a septiembre!

Y que si tengo que alargar el verano hasta el próximo junio para que no te vayas, prometo pasarme el invierno en bikini.

Que yo soy capaz de todo, menos de permitir que te me acabes. 


Y si no me crees y te suena a locura... Espera y verás. 

domingo, 2 de septiembre de 2018

Vértigo.

“Vértigo” es tu película favorita de domingo por la tarde y, ¿sabes qué?
¡Me río yo del vértigo de Hitchcock! 

Vértigo es todo aquello que tiene que ver con tu sonrisa y tu voz.

Vértigo es lo que siento si me dejas descolgada en tus caderas, una noche cualquiera de un verano que se está despidiendo. 

Vértigo es mirar dentro de tus ojos y no querer dejar de hacerlo. 
O empezar a besarte y no saber cómo parar. 

Vértigo es la sensación que me invade cuando te despiertas a mi lado, después de haber soñado contigo, y no saber qué hacer para agradecer al universo.

Y los que me aseguran que lo estoy interpretando mal, son los que no te han visto sonriendo a contraluz en la azotea más alta de la ciudad, para comprobar que las vistas pasan desapercibidas y que la altura es lo de menos.


Porque la sola idea de que te vayas... ¡Joder! Eso sí que da vértigo.