- ¡Vaya! ¿Te quedaste aquí mientras dormía?
+ Sí, no quería arriesgarme a que cogieras el coche, estabas muy nerviosa.
- Creo que es la primera vez que alguien se preocupa tanto por mí, y sin conocerme.
+ ¿Te habría gustado que fuera otra persona?
¿Cómo explicarle que no? Que no se me ocurre nadie mejor a quien mirar al despertar. ¿Cómo se hace para hablar con la verdad con alguien de quien no sabes absolutamente nada?
- No, ahora eres importante para mí.
+ ¿Quieres hablar? ¿Quieres contarme algo?
- ¿Sabes? En otro momento habría dicho que no. Contar mi vida a alguien que apenas conozco no ha estado, nunca, entre mis planes. Pero puedo ver en tus ojos tu bondad y quiero confesarte algo,tengo miedo.
Tuve mucho más y me fui. Lejos, muy lejos.
Cuando regresé, no volví a ver a quien me hizo marcharme y sentí un gran alivio.
Si tengo miedos, son la mitad de los de antes y, aún así, me impiden vivir en paz.
Yo no quiero que nadie ajuste su vara de medirme a unos principios morales que no son los míos.
No sé si seré capaz de casarme con el agradecimiento y vivir toda una vida con la costumbre.
Sonreír cada mañana al cariño cuando he dado la espalda al verdadero amor.
No quiero a nadie sufriendo por mi felicidad, ni quiero hacer infeliz a nadie por el descanso ajeno.
Y aunque, a veces, renunciar es ganar y, si no es demasiado tarde, en el futuro habrá tiempo de enmendar los errores, sólo hay una vida y "renuncia" no es la palabra en la que quiero basarla.
+ ¿Tienes a alguien?
- Ahora, te tengo a ti.