Tenía un texto en el desván.
Llevaba una etiqueta con tu nombre.
En la caja de recuerdos, mil caricias atadas con una cinta. La de tu pelo.
Junto a mis horas, millones de segundos que esperaban tu regreso.
Entre mis dientes, tantas ganas de tus labios como el día que apareciste.
Tenía un texto en el desván.
Llevaba una etiqueta con tu nombre.
Supongo que no era este, ni ninguno parecido.
Tu nombre nombre se ha ido borrando con el tiempo y, por mucho que intento ordenar letras al azar, no logro reconstruír la sonrisa que me traías al llegar.
Supongo que ya no hay nada.
Que no hay nosotros.
Que no hay miradas.
Supongo que te supongo y que, de lo felices que fuimos y de tus dientes contra mi piel, no queda ni la marca.
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