Tengo la necesidad de conservar mis sentimientos bajo cero, congelando las veces que duermo sin ti.
Te colaste por algún rincón de mis ganas hasta el centro de mi pecho y estallaste, dejándolo todo pendiente de tu forma de querer.
Saliste, como lo hace el sol una mañana de verano y, a la luz de una luna más que llena, aguantaste el calor de mis impulsos mientras aullábamos sintiéndonos más salvajes que cualquier lobo.
Y, aunque no nos equivocábamos, nuestros colmillos sólo desgarraban el miedo a tenernos cada vez que te encontraba, sin permiso, sonriéndole a mi espalda.
Tengo la necesidad de conservar mis sentimientos bajo cero para no sentir que me muero un poco más, cada minuto que paso sin ti.
Aullando a una luna que se va llenando de recuerdos a medida que se vacían las botellas.
Mientras las partes de mi piel donde mordías aún escuecen, si permito que otros dedos la acaricien redibujando la memoria de tu boca.
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