Ya se nos escapó medio agosto entre borracheras y deseos pe(r)didos al aire.
Se nos escapó medio y tú, en medio de mis pensamientos, metes toda mi seguridad en un tarro que pone "dudas".
Me haces temblar, reír, pensar y dudar.
Como nunca. Como nadie.
Nunca. Nadie. Antes.
Había, ayer, una Luna mágica. Especial, decían.
Especial es verte sonreír, ver en tus ojos las huellas del desengaño y las ganas de una ilusión por algo que apenas empieza.
Especial sería despertarte cada mañana, haciéndote cosquillas, mientras la casa se llena de un olor a café que a mí me encanta y tú odias.
Especiales tus ganas de chocolate a todas horas, tu costumbre de mirar por la ventana cuando llueve y tu manía de bajarle la voz a mi música cuando no te sabes la canción.
Especial serías tú conmigo.
Conmigo a solas.
Conmigo de cañas, de risas, de bajón y de resaca.
Todos los días que le queden a nuestra historia desde el día en que decidamos echarle ganas.
Desde el día que prefiera echarle valor, antes que seguir echándote de menos.
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