viernes, 4 de julio de 2014

¡Quiéreme!

Como quien espera mirando el teléfono esa llamada que te va a cambiar la vida y que nunca llega.

Con esas ganas espero yo su sonrisa, de vuelta.

Cada día la miro a los ojos, le cuento mil historias, le canto mis alegrías y su rostro, impasible, sólo me devuelve indiferencia.

"¡Quiéreme!" Le grité un día, harta de su pasividad.
"¡Quiéreme como algún día me quisiste! Porque sé que lo hiciste...
¡Quiéreme como yo intento quererte a ti a pesar de las dificultades, del paso de los años y los daños!"

Clavando sus fríos ojos en los míos, una vez más, llora.
Y yo seco sus lágrimas y calmo su llanto porque tengo ese deber.

La odio y la quiero a partes iguales.

La entiendo tantas veces como otras sé que se equivoca.

Conozco sus miedos, sus ganas, sus pasiones.

Como quien espera mirando el teléfono esa llamada que te va a cambiar la vida y que nunca llega.

Con esas ganas espero yo su sonrisa, de vuelta.

Pero la mujer llena de dudas de dentro del espejo, en la que no me reconozco, ya no sabe sonreír.

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