viernes, 29 de noviembre de 2013

Pasar lista a tus lunares.

Entre que yo no soy de arriesgar y que tú no me dijiste de qué iba eso del amor, me perdí pasar lista a tus lunares cada mañana y aguantar tus manías.

Me perdí quererte, besarte, abrazarte y contarte mil historias al oído entre mantas y caricias.

Me perdí vivir lo que leí en tus ojos que me darías y escapé con la cobardía en la maleta una madrugada de invierno.

Cuando volví ya no estabas y entendí que, aunque era tarde para dejar de soñarte, no te volvería a ver.

Sin embargo, aún te pienso.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Un "mucho" más aquí.

Colocar tu pelo y sentirte en las puntas de mis dedos.

De repente, un bebé que llora a destiempo y tú, que no te gustan ni un poco, tuerces la sonrisa y me miras pensando "¿Por qué no se calla?".

Deseas que te desee y te siento un poco más cerca, un poco más ardiente, un "mucho" más aquí.

Ya no estás. Te mezclaste con mis manos en un baile de secretos y pasiones y sé que, para cuando vuelvas, ya seré un poco menos yo. Y tú, ya serás un poquito más nosotros.

Y no me importa fundirme, si me confundo después entre tu belleza.
Y no me importa dejar de ser si, con ello, empezamos a no diferenciarnos.

Un viernes infinito.

Besarte las letras y leerte los labios. Eso, como condición para seguir queriéndote toda la vida.

Dejaba en el aire sentimientos, para que te empaparas de ellos cuando llegaras.

Abrigaba tus miradas y me sentía desnuda cuando tu sonrisa no adornaba mis mañanas.

Y es ahora, que no estás, cuando abrazo la soledad cada madrugada y sueño, despierta, que me lees y te encuentras entre mis palabras.

Si yo pudiera hacer de toda la semana un viernes infinito, lo haría si me prometieses que vivirías en mi sofá.

Si pudiera convertir tu voz en algo secreto para que nadie se enganchara a ti como yo lo hice, te guardaría como el mejor de los secretos, en la caja fuerte de mi memoria.

Si consiguiera que me delvolvieses las sonrisas que el tiempo nos robó, soltaría la mano de la adversidad y empezaría a correr al lado de los besos que me debes, olvidando lo que se cobró el destino que jamás nos esperó.

Pero no puedo pedirle que vuelva a un pasado que nunca existió más allá de mis sueños, por más que sienta que tus caricias vinieran a mi pecho para quedarse.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Ya no hay discos que se rayan.

Desde que se fue, me ducho en dos canciones y el amor me dura, como mucho, nueve.

Ya no hay discos que se rayan mientras se enfría el agua de la bañera, ni letras que se repiten una y otra vez mientras conquisto territorios ya descubiertos de su piel.

Ahora temo que me despierte un susurro porque sé que no es su voz la que se esconde detrás y entiendo que, la luz al final del túnel, no es más que la salida después de vivir lo intenso a oscuras.

Y ya no quiero que me toquen otras manos porque no hay, en esta vida, quien me pueda hacer sentir tanto con sólo rozar mis dedos.

Me asustan otras sonrisas y, aunque tengo miedo de no volver a cruzarme con la suya, ya no puedo querer, ni quiero sentir nada por nadie más.

Porque nunca, por nadie, había dejado enfriar el café por calentar la cama.

Y nunca, sin alguien, había necesitado calentar el alma con unas cuantas copas de whisky con hielo.

viernes, 22 de noviembre de 2013

¿Que de qué va esto?

De besos en la calle, en el portal y en el ascensor.

De darse prisa para encajar la llave en la cerradura.

De deseos bajando del ombligo y un rastro de ropa que acaba en medio del salón.

De dos cuerpos, ya sin alma, que se quieren sin complejos en el suelo, dejando sin aliento al sentido y sin sentido al aliento.

De trazar, sobre tu espalda, laberintos con la lengua para luego recorrerlos a mordiscos.

De dejar a medias las partituras por musicalizar tus caderas.

De acariciar, con las puntas de mis dedos, los límites de tu corazón.

De historias acabadas, capítulos completos y libros apilados.

De cuentos sin sapo, ni príncipe.

De fábulas que no contarías a tus nietos.

De vicios, pasión y saliva.

De amor y toda esa movida.

Volver a volver.

Y yo te cojo de la mano, si tú quieres, para recorrer con los dedos helados la Plaza Mayor.

Para detenernos, interrumpiendo el ajetreo del centro, a hacernos una foto sin flash en la que sólo se vean dos sonrisas.

Para correr bajo la lluvia porque perdemos el metro.

Para perder el sentido en tu mirada y la ropa en tu salón.

Para volver a marchar. Y volver a volver.

Para que me busques y, después de tu Madrid, encontrar sinceridad en las calles de mi Santiago. 

Y yo te cojo de la mano, si tú quieres, me dejas o me lo pides.

Y yo te cojo de la mano, ¡y que nos miren!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Idiotas felices.

"El amor es eso que nos convierte en idiotas a tiempo completo. Pero en idiotas felices.

Y si no, que alguien me diga cómo llegué yo aquí, a intentar buscar en voz alta una explicación a esto que llamamos amor.

En mi vida había seguido instrucciones para nada. Ni las del médico, ni las del destino, ni las señales de tráfico... ¡Nada!

Toda una vida haciendo lo que me daba la gana sin otra razón más allá de un "me apetece" y, de repente, un día, levanto la vista y me encuentro una sonrisa inmensamente especial de la que cuelga un enorme "PROHIBIDO NO MORIR DE AMOR".

Fue, quizás, la prohibición más bonita de todas.
Fue, sin duda, la reina de todas las sonrisas.
Fue, por suerte, la primera vez que obedecí una señal."

Se le tatuaron en el alma las palabras de aquel viejo espíritu que contaba, entre sollozos, cómo había acatado las órdenes del destino para acabar perdiendo la partida contra la dignidad.

Y mientras sus penas se ahogaban en las lágrimas que brotaban de sus ojos, encendía, uno tras otro, los cigarros negros que tanto le recordaban a aquella antigua historia en la que había encontrado, años atrás, el consuelo que necesitaba para seguir adelante.

martes, 19 de noviembre de 2013

Trece caricias.

Yo, que nada te pedí, vivo encadenada a la curva de tus labios al sonreír, al compás de tus caderas al marchar y al sonido de tus latidos al amar.

Yo, que nada te pedí, ya no duermo si me falta tu voz susurrándome que escapar de la prisa es el remedio para vivir intensamente los días que nos queden.

Me prometiste un baile de miradas por cada enfrentamiento, tres días de besos por minuto de discusión y trece caricias por cada diferencia (que siempre son alguna más, porque el trece no te gusta y lo prometiste como excusa).

Yo, que nada te pedí, me paso los días bailando cerca de tu mirada, con la piel protegida por la dulzura de tus manos y unos labios que ya no saben ser sin los tuyos.

Tú, que todo me lo diste, me haces congelar el tiempo cada vez que rozo la punta de tus dedos sabiendo que ahí, en ese punto, empiezan los minutos a correr.

Digamos que, lo nuestro, es un amor de besos en el ring y lucha en el colchón.

Digamos que, lo nuestro, es la historia que todos querrían y nadie más tiene.

Digamos lo que sea, pero bajito, con el aliento confundido, respirando el mismo aire y con los pies destapados. Porque esta manta, para dos, no llega a nada.

Y regalémonos sonrisas sin pedirlas. Y mezclemos nuestros besos sin que se enteren. Y "que dé igual esperarte, o que me esperes", como dice el maestro al fondo de la habitación.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Viaja con tu mirada.

Subí las escaleras como pude, dejando la vergüenza en el camino y, al llegar a la cama, comprobé cómo tus recuerdos podían romperme el pensamiento.

Dicen que no hay verdad más cierta que la que se dice entre lágrimas. Yo, sin embargo, prefiero desnudar el alma abrazando el frío de las cervezas.

Del fondo de mi garganta salió una voz que me hizo gritarte que te extraño.

Gritar, ¡já!

Podría haber gritado cualquier cosa a dos centímetros de tu oído y jamás me escucharías.

Podría estar intentando contarte que soy capaz, por ti, de inventarme otro mundo en el que, de ser necesarias mis lágrimas para tu sonrisa, me muriera seca pero viéndote reír.

Que es tu risa, para mí, un acorde nuevo tocado con pasión a milímetros de mi oreja.

Que por tus caricias, esas que jamás tendré, condenaría al mundo a un día eterno para robarte la Luna y secuestrar la noche en tu habitación.

Porque las estrellas van con la Luna y mi Luna, viaja con tu mirada.

Si supiera cómo enamorarte no me haría falta el falso calor de una cerveza, ni gritar al anochecer.

No odiaría a los gatos que, por parejas, alumbran las calles con sus ojos cuando las farolas deciden rendirse, ni hablaría mal de los borrachos cuando estoy sobre la cama a punto de ahogarme entre lágrimas y alcohol.

Si supiera cómo enamorarte, no escribiría, porque ya no sé si quiero aprender a quererte o intentar olvidarte.

Si supiera por dónde empezar, ya estaría a medio camino de tus labios.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Humo y tristeza.

Encima de la mesa sus gafas de sol, las llaves y un cenicero lleno de colillas que, cuando encendidas, apagaran sus nervios.

Debajo de la cama, el corazón. Roto, colmado de ilusiones vacías.

Dentro del armario, la esperanza. Escondida, forrando su ego para que nadie vuelva a destruírlo.

Botellines de Estrella tirados por el suelo, que habían sido testigo de su intento por ahogar las penas. Unas penas que, resultó, sabían nadar.

Recordó su manía de besar la boca de cada botella antes de dársela y se llevó una a los labios.

Ahora dormía en el sillón con la cara dibujada por la ruta de sus lágrimas.

Olía a cerveza, humo y tristeza.

Si hubiera llegado antes, habría convertido esas colillas en los cigarros "de después".

Joder, siempre tarde, siempre lejos, pero siempre, siempre, a su lado.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Dime.

A tu lado de la mesa le faltan desayunos. Al de la cama, caricias. Y al del sofá, ganas de seguir sumando historias a la luz de cuatro velas.

Y ahora, dime, ¿qué hago con las ilusiones que se instalaron en las arrugas que formas con tu sonrisa?

¿Qué hago con todos los discos que me recuerdan a ti bailando fuera de control en el salón, pensando que nadie te veía?

Y ¿qué, con los recuerdos que sólo son tú y yo?

Con tu forma de desafinar cualquier canción, nuestras discusiones, tus olvidos y todos los "te quiero" que tenía guardados para la eternidad que nos quedaba por vivir.

Ahora tú, sí, tú, que siempre tienes respuesta para todo, dime, ¿dónde alquilo otro corazón para guardar todo eso y la esperanza de que vuelvas?

miércoles, 13 de noviembre de 2013

... y a tu lado del sofá.

Eras todo lo que siempre odié.

En tu vida no existían casualidades, ni números impares. No había un "no hacer nada" y, mucho menos, un "hacer por hacer".

Me hiciste engancharme a lo que nunca me gustó y aprendí a acariciar los besos que dejabas en el aire cuando te ibas, a buscar los rincones del sofá en los que quedaba tu perfume y a aceptar el compromiso como forma de vida.

Conseguiste que una pulsera con tu nombre no me quemase la piel y sentí, por primera vez, que una promesa no me obligaba a nada más que a ser feliz.

Me acostumbré a ver divertidas tus manías, a reconciliarnos sin haber discutido y a adorar cada uno de tus gestos cuando mis locuras te sacaban de tus casillas.

Me acostumbré a tu risa, a tus besos y a tu lado del sofá.
A utilizarte como almohada, como inspiración y como excusa para sonreír.

Y a ese olor a tabaco que, por más que lo odio, en tu piel, hasta apetece.

martes, 12 de noviembre de 2013

Disculpas vacías.

Ahora que la alianza me baila en el dedo y la responsabilidad del "siempre" me aprieta el pecho buscando escapar, le doy vueltas a la forma de plantear el "adiós".

No quiero disculpas vacías, ni excusas baratas.

Ya no puedo seguir fingiendo que una caricia tuya da la vuelta a mi alma y que la vida me sonríe al ver tu cara por las mañanas.

No quiero seguir engañando a tus besos que, dados con el corazón, son recibidos sólo con los labios mientras busco, en otras manos, la caricias que me enciendan como algún día lo hicieron las tuyas.

Te confieso que me enganché al sonido de otra risa y caí en la trampa de unos ojos que me contaron lo que los labios callaban.

Te confieso que ya no te amo y te confieso que, por cruel que suene, no lo siento porque jamás te engañé.

Cuando te quise, te lo dije.

Y ahora, antes de traicionar tu confianza, y en nombre del "para siempre" que juramos, te digo que no sé si una eternidad amando sea posible, pero la mía no está a tu lado.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cuerpo a cuerpo.

Recuerdo cuando estabas.

Era constante discusión querer adivinar quién amaba con más ganas, con menos miedo, con más libertad.

Librábamos miles de batallas sobre el colchón con un cuerpo a cuerpo interminable que agotaba nuestras fuerzas y no dejaba perdedor.

Odiaba tus manías cuando me hacían reír, porque no podía quererte más.

Odiabas mis conciertos a primera hora de la mañana porque interrumpían tus sueños y, con un beso, me pedías silencio. 

Solías regalarme pétalos de rosas porque las espinas, decías, ya me las daba la vida.

Desde que te fuiste, la carretera por la que viajábamos es un conjunto de cambios de sentido, sin sentido y las glorietas tienen, como única salida, el olvido.

Ahora, los lunes son menos malos y los domingos quisiera que no llegaran.

Ahora me acuesto con las canciones que antes te apagaba porque me aburrían.

Ahora sueño y no descanso porque, soñando, estoy tan cerca de tus brazos que prefiero vivirlo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Rara.

Llegó, como el Sol en diciembre.

Entró con su frescura a arreglar mi vida y, frente a mí, con su sonrisa, me juró que jamás me dejaría llorar si no era de felicidad.

Miré sus ojos y enseguida comprendí que había venido a empaparme el alma con sus gestos, a colgar mi alegría de sus antojos y a enseñarme que el mundo era peor sin su risa.

Era rara. Tan rara como una Navidad calurosa en Galicia o un verano nevado en Andalucía.

Casi tan rara como sentir sin conocer.

Era la encarnación del verbo "amar" y, el quererla, no venía sujeto a más condiciones que las que uno quisiera inventar.

Aún recuerdo cómo se nubló mi esperanza cuando la perdí en medio de una batalla en la que culpas contra miedos luchaban por entender el sentido del amor.

Desde entonces mi diciembre es continua lluvia; mi sonrisa, un detalle vacío de sentimiento que nadie se cree y la colección de estrellas que había robado para regalarle, la luz que se muere, poco a poco, dentro de la cajita en la que guardé la esperanza.

Y no sé.

Hace tiempo que, a esta vida, sólo le pido que lo más lejos que esté de tus labios sea tan cerca que se mezclen los acentos en un baile de besos.

Que se enreden mis rizos con tus ideas locas, que me pidas que me ponga de tu lado y se pierdan mis miedos en tu boca.

Y no sé si tú, pero es lo que quiero.

Y, quizás, un nosotros.

Y, nunca, el "adiós".

Y no sé si yo, pero te espero.

sábado, 9 de noviembre de 2013

El frío del alma.

Echo de menos, de ti, todo lo que no encuentro en otros brazos a los que insisto, cada noche, en disfrazar con tu nombre.

Nadie, como tú, deja morir las caricias a la altura de la rodilla matando mi empeño por sudar, contigo, mis ganas.

La puerta de mi habitación se ha abierto para despedir caderas que nada tenían que ver con las tuyas, en las que tantas veces había agradecido el insomnio. 

Desde que te fuiste, me quedé con un par de canciones rotas, algunos poemas a la mitad y el corazón en lucha contra sus propias ganas de amar.

Hablamos, muchas veces, del frío del alma. Ese que no se quita si no hay un trozo de alguien que te complete, ese que se siente cuando es otra persona la que te está dando calor. Ese, el mismo que me quedó tras tu partida.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Toda su riqueza.

Dejando que el vapor de un café recién hecho empezase a dibujar una nube sobre el cristal, esperó a que no quedara, sobre el colchón, ni un poco del calor que acababa de regalar.

Y, reconociéndose dueña de un amor con vistas al miedo, decidió poner en venta su futuro con vistas al fracaso.

Pues, por triste que resultara, era toda su riqueza.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Sabor a ti.

Escuecen las heridas de mis labios con el recuerdo de los tuyos.

Siento mordisquitos en el corazón que, poco a poco, me van dejando un doloroso, pero agradable, sabor a ti.

Como cuando me perdía en tu cuello y me dejaba llevar por el olor de tu pelo.

¿Recuerdas lo que te conté el día que te conocí como siempre había querido conocerte?

Te regalé mi verdad tras horas resbalando por tu pecho, sintiéndome querida entre tus manos, dejando que mis dedos dibujaran lo nunca visto sobre tu espalda...

Te enfadaste al saber por qué me fui y te alegraste de haber estado en el mismo lugar, y a la hora de siempre, a mi regreso.

Siempre supiste que eras mi destino, que deslizarme sobre tu ombligo era con lo que soñaba y que, algún día, te volverías mi obsesión.

Siempre lo supiste. Aún cuando ni yo lo sospechaba.

"Te veía, sonriente por fuera y rota por dentro, y pensaba que lo único que debería hacerte llorar sería la emoción de saber que te quería. Por eso, a ratos, me fui colando en tu vida, para después instalarme en tu corazón."

Jamás olvidaría esas palabras.

Nunca antes me habían conocido sin conocerme.

Nunca, de una duda, me habían respondido con tanta seguridad como lo hizo mi pecho, temblando, el primer día que me regalaste una sonrisa.

Nunca había amado.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Hoy soñé con ella.

Hoy soñé con ella.

Era mi fiesta de cumpleaños, 22, y quiso celebrarlos a mi lado.

La abracé con mucha fuerza, pero con cuidado, y sentí el calor de unos brazos que hacía muchos años que no me regalaban su amor.

Quería decirme algo, pero casi no la dejé hablar.

Le dije que la echaba de menos, que la quería como a nadie y que sabía que jamás me había dejado sola.

Lloraba, mucho, de alegría. Y ella, con lágrimas en los ojos, asentía y sonreía.

A medida que pasaban los minutos, iba alejándose de donde yo estaba. Su imagen era, ahora, un poco menos clara y, poco a poco, desapareció entre la gente.

Necesitaba ese abrazo, aunque fuera un sueño. Necesitaba saber que me quiere, que sigue aquí pero, sobre todo, necesitaba comprobar que mi corazón se siente más seguro después de volver a ver el rostro más bello que jamás haya existido.

Sé que me apoya, desde donde sea que está.

Y sabe que la quiero sobre todas las cosas.

Hoy me desperté feliz.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Y nunca lo haré.

Porque tu vida está pendiente de una promesa y tu felicidad colgando de un "volveré".

Porque nada me gustaría menos que ver una sonrisa representando a unos ojos vacíos de ilusión.

Porque no haces nada más que esperar, con la ilusión de un niño en un parque de atracciones, un futuro que sabes que nunca llegará y, por ello, condenas tu presente a ser pasado.

Por muchos motivos, yo, no prometo.
Nunca he prometido y nunca lo haré.

Hacerlo sería como arrojar una esperanza enganchada a una estrella fugaz y pretender que alguien, además de verla, pudiera atraparla.

Y no. Eso no es posible, no es justo.

No me gusta jugar a ser un Dios en el que nadie creerá con el paso de los años.
Dejando, a lo largo de mi historia, un ramo de promesas sin cumplir que, algún día, alguien más valiente que yo, convirtió en sonrisas de agradecimiento demostrando que era posible, que yo estaba equivocada al no intentarlo, al haberlo dejado todo en palabras bonitas y "te lo prometo" lanzados al aire.

Si esperas, de mí, una promesa, puedes regresar sobre tus pasos.

No lo haré. Porque yo no prometo, yo cumplo.

En tu respiración.

Un sillón frente a la pared.

El repetitivo hilo musical cuyas canciones no quisiera volver a escuchar jamás.

Una pierna que se mueve inquieta y, al otro lado del teléfono, una conversación vacía.

Por la noche, el silencio frío que corta el alma.

¿Para qué rezar por algo que no tienes seguro? ¿Para qué seguir allí, intentando hacer de un lugar más frío que la sala de espera al "adiós", un hogar?

Yo siento que quiero estar en tu respiración, en el hueco vacío de tu alma, que vivas en el lado, ahora frío, de mi colchón y que compartamos todo lo que quisimos ser y nunca pudimos.

Es ahí donde yo quiero estar, contigo.

No dando la forma de mi espalda a un sofá de piel cutre, escuchando a todos los que me hablan sin decir nada y deseando silenciar la música infernal que sólo se calla por la noche para que sepa que llegó la angustia de no tenerte.