Sentir frío es una sensación bastante desagradable, pero sentir frío en un lugar en donde, tiempo atrás, se sentía un calor que parecía proceder del mismísimo infierno, es doloroso.
Hacía varios meses que aquel mismo lugar había sido testigo de los más cariñosos gestos, de los besos más tiernos y de las caricias más sentidas.
Dos corazones latiendo al compás, fundiéndose en un abrazo eterno, cálido.
Ahora un sólo corazón recordaba todo lo vivido y latía, solitario, al ritmo del piano que interpretaba una de las partituras más tristes jamás escritas.
Se hizo el silencio cuando el pianista se retiró y, de repente, unos brazos surgidos de lo más profundo de la oscuridad la sorprendieron cogiéndola por la cintura y guiando unos pasos de baile que ya conocía.
Transportándola a un pasado que le había proporcionado la mayor felicidad y le había arrebatado sus mejores años convirtiéndolos en amargura tiempo después.
No tenía claro qué estaba sintiendo, sin embargo, no quería despertar.
"Dame el tiempo que no te haga falta".