Con la caída de las primeras hojas del otoño, se suavizan sus detalles.
Tendríais que ver cómo deja caer sus párpados lentamente, barriendo todas las penas que me trajo el mar a lo largo del verano.
Se le marcan las ojeras, regalándole un aire de misterio a su mirada.
Su piel se vuelve más pálida, se le cortan los labios y se le empiezan a poner "manos de invierno".
Es como si al llegar el frío se dejara morir un poquito cada día, para nacer de nuevo reflejada en mis ojos.
Más guapa que nunca.
"Eres realmente bonita", le dije un día.
"No me extraña que todos se enamoren de ti.
Que te escriban canciones y poemas, cargados de todo lo hermoso que inspira mirarte."
Me sonreía.
Como sonríen las mujeres que te hacen creer que se están dejando enamorar, obligándote a perder la cabeza en la locura de sus gestos.
Sin que te des cuenta de que habían anulado tu voluntad aún antes de mirarlas.
"Eres realmente bonita".
Y me sonreía.
La luna me sonreía.