jueves, 29 de septiembre de 2016

Será arriesgado.

Cuento las horas para volver al lugar en el que me esperan tus ojos brujos.

Viajarán conmigo mil acordes, que me acercarán a tu sonrisa.

Será arriesgado, una vez más.

Pero a ti te gusta el amor así, sintiendo la adrenalina del que sostiene entre los labios un cuchillo recién afilado.

A mí me gustas tú, mirándome desde el fondo del bar. 
Gritándome que me acerque, para que podamos alejarnos. 

Y las canciones que solía odiar me parecerán divertidas, si las cantas mientras tus manos me invitan a quedarme con ellas otra noche.

Volverá el "hasta luego" y volveré a volver, para poder volver a ti de nuevo. 

Casa. 
Ese lugar que existe cada vez que te veo.

Música.
Ese elemento que me recuerda que pronto estaré brindando a tu salud, mientras haces que no te enteras y me sonríes como si la vida no fuera contigo.

Como si mi vida no fueras tú.
Como si el "te veo fuera en un rato" no brotara de tus ganas de verme, despertando a tu garganta.

lunes, 26 de septiembre de 2016

21 de septiembre.

Sé que no sabes que te juré un 21, pero lo hice.


El 21 que jamás llegó, de un septiembre que parece no acabarse. 


Cerré los ojos y pensé "ven, descansa en mi barriga hasta que vuelva a amanecer".


Te volví a soñar y me erizaste la piel.


Me pediste paciencia, sin pedirla.

Y te la di. 


Como te daría todo mi tiempo, sabiendo que no volverá.


Como gritaría al viento que te quiero ver despertar a mi lado cada 21 de septiembre que me quede por vivir.


Como te besaré sin besarte, una vez más, en cuanto te vuelva a tener delante.


Rogándote que te tumbes sobre mi ombligo, que alimentes de caricias a las mariposas que ya sólo viven de tu recuerdo y que me beses con las ganas de quien se sabe en una despedida.


Y será pronto.


Pero también hasta la próxima.


Y será tarde.


O no.


lunes, 19 de septiembre de 2016

Es breve.

Escribe algo bonito entre los hilos de mi pelo, que luego yo lo rizo y me lo llevo.

Te guardo entre ellos, te miro y me duermo.

Después lo recuerdo. 
Es breve, es intenso.

Y no me acostumbro, no puedo. 
Lo siento.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Si tú me pasas.

Me compré un billete sólo de ida que me dejará en el centro de tu alma.

Empaqueté cuatro ilusiones, tres excusas y todos mis "tequieros" y los metí en la cajita en la que guardo el corazón.

Es todo lo que me queda.
Utilízalo a tu antojo. 

Te daré todos los besos que me pidas, sin reclamaciones ni "ticket regalo".
Puedes devolvérmelos cuando quieras, si me quieres algún día. 

Y si eso pasa...

Si eso pasa, juro que no me va a llegar la vida para hacerte reír. 

Se me van a escapar los días, decidiendo dónde te haré cosquillas para que te enfades sin enfadarte. 

Me van a atropellar los minutos que no esté a tu lado, haciendo agonizar a los últimos de antes de verte. 

Si eso pasa (si tú me pasas), sabré que emigré a los labios correctos.

Y no necesitaré billete de vuelta.

lunes, 12 de septiembre de 2016

De paso.

Era bonita. Por dentro y por fuera. 

Y también era guapa. Guapa a rabiar. 

Que puede parecer lo mismo, pero no lo es. ¡Siempre se lo tenía que repetir! 

Y siempre conseguía lo imposible: serlo cuando estaba cansada, o enfadada.

Es divertido pensar que habremos salido en millones de fotos de turistas, queriéndonos a lo lejos. 

Y, lejos de haber querido ser el objetivo, probablemente haya acaparado la atención de alguien que repasa su álbum de vacaciones. 

Supimos aprendernos de memoria y desaprendimos a sufrir por otras caricias.

Me tatué la marca de sus labios en cada poro de mi piel para que la resaca de besos me empujase hacia el abismo de sus manos, donde siempre estaba dispuesta a morir. 
Una y otra vez. Varias veces al día.

Y por la noche.

Nos importó una mierda lo que dijeron de nuestra forma de hablarnos al oído y, con el descaro con el que nos protegían las ganas, nos colamos en el campo de batalla entre el odio y el amor. 
Y, aún a riesgo de salir con más de una herida de bala, supimos querernos bien. 

Como se debe querer. 
Con la intensidad con la que se atraen los polos opuestos. 
Con la rabia y la desesperación de quien se sabe haciendo lo correcto, en un mundo equivocado. 

Jamás tendremos nuestro propio álbum de fotos, pero estaremos de paso en los recuerdos de muchas personas que estuvieron de paso. 

Y será suficiente. 

viernes, 9 de septiembre de 2016

Plan B.

No solía ser el tipo de persona que tiene un plan B. Nunca. 

Después apareciste, asegurando que no sabes "de qué está hecha la felicidad, pero es una mierda lo suficientemente buena como para enganchar". 

Y me ganaste. 

Ahora ya no quiero nada más que ver tu pelo a contraluz y perderme en las gotas que siempre cuelgan de tu barbilla cuando llueve.

Desde entonces, no tengo más planes que el B (de Barcelona contigo) y ya no sé si quiero saber en qué consiste la otra parte de la vida, si la hubiese. 

A ti no se te puede improvisar, ni yo quisiera hacerlo. 

A ti sólo se te pueden prometer muchas mañanas (y tardes, y noches) de sábados y domingos que suenan a canciones huérfanas de acordes, desde que estás lejos. 

Y mirarte, cuando te dejes. 

Y decirte bajito que "ojalá tener esa mierda con la que están hechos los sueños", para que sonrías cuando estás triste. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Empieza a refrescar.

Escucho hablar de amor a la gente que no te conoce y me hace gracia lo mucho que se equivocan.

Este calor húmedo, más propio de las cloacas que de un corazón enamorado, me trae el recuerdo de tus manos en mi cintura.

"Puedes quedarte otra noche. 
Y dejarte el pijama, si quieres."

De repente, un bebé que llora nos despierta y, ya que estamos, nos queremos otro rato.

Nos sudamos mucho. 
Pero sin prisa, que hace calor.

Y si madrugamos, al menos que las ojeras hayan valido la pena. 
Que no hay alegría más grande que la de encender tu mirada, ni cansancio que no cubra el maquillaje. 

No deja de hacerme cosquillas que el Robe te despierte con eso de "yo ya empiezo a notar desbordarse los pantanos de toa' Extremadura" y tu mano esté dormida casi dentro de mi piel. 

Y madrugamos más, pero nos sudamos menos.
Que ya se nota septiembre y empieza a refrescar por las mañanas. 

Es como "la vuelta al cole", pero a tus manos. 

Y me dejo el pijama. 
Por lo que pueda pasar. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Ese lugar.

Imagínate ese lugar al que siempre quisiste ir. 

Supón que puedes despertar allí todos los días y que sea exactamente como lo habías deseado. 

Imagíname feliz, como canta Andrés Suárez, después de que me hayas despeinado las cejas.
O después de una siesta eterna, cuando te ríes de lo que balbuceo medio dormida. 

Cenar, con la luz apagada, en el balcón de un piso que no me decía nada hasta que llegaste para hacerlo hablar.

Comer cualquier cosa rápido y reír. 

Reír mucho y que tus carcajadas destrocen mi soledad. 

Reír tan fuerte, que le moleste a la vecina de la ventana que está al otro lado del parque. 
La que se acaba de manchar el pijama cenando, mientras yo te comía a besos (y a versos) a contraluz. 

Que me hables y me beses y me cantes.
Y sudarnos sobre un colchón barato de Ikea. 

Ver cómo recuperas la alegría que dejaste que te robaran y bailar sin música en medio del salón. 

Y que esta casa se alegre cuando te ve llegar, como se alegra mi corazón al oír tu vocecilla. 

Sentir, en definitiva. 
Volver a ser. 

Imagínate ese lugar al que siempre quisiste ir. 

El mío, eres tú.