lunes, 31 de marzo de 2014

Más poesía entre los dedos.

Tú no sabes lo que es el miedo, porque nunca te perdiste de vista en medio de un montón de gente.

Tampoco conoces la oscuridad, porque disfrutas de tu sonrisa siempre que quieres.

Me haces saber que no te gustan las cursilerías cuando te miro con ojos de "estar a punto de soltar alguna" y te resulta raro si me callo cuando te enfadas.

Eres todo eso que siempre dije no querer y tienes todo lo que quiero.

Debes saber también, corazón, que no me interesa saber de ti si no son tus labios los que me informan.

Los poemas no tienen sentido si no te puedo mirar de reojo cuando leo mi libro favorito.
Mientras tú colocas y descolocas cosas en la habitación, dejando más sitio para amarnos en el suelo, obligándome a escribir nuevos versos en el pergamino de tu piel con la excusa de que tengo más poesía entre los dedos, si te rozo.

Y es que tienes facilidad para desconcentrarme, y eso te encanta.

jueves, 27 de marzo de 2014

Promesa. (III)

Al día siguiente volví arrepentida y, cuando saludó, traía en la mirada el brillo especial de los días en que me regalaba el recuerdo de aquel amor.

Repitió las mismas palabras que la primera vez, exactamente las mismas. Y, al terminar, me miró a los ojos.

Tenía una mirada tan limpia, que me impresionó y, de repente, me sentí con derecho a decir algo.

"Habla usted con pena de una historia muy bonita.
Créame si le digo que jamás me había enamorado de una historia, como lo hice de la que usted me cuenta a diario.
Permítame decirle que emociona con sus palabras y, sinceramente, creo que ese amor no caerá jamás en el olvido mientras usted lo recuerde."

Me dirigió la sonrisa más bella, dulce y sincera que jamás había visto y, con la voz más que agotada, me dijo: "Ese es el problema".

Comprendí, al instante, que sus días de silencio eran horas en blanco para sus recuerdos y prometí, de alguna forma, que su historia sería eterna.

Llegaron los días callados más a menudo y, tras ellos, aparecieron aquellos en los que era yo la que se apropiaba de su amor para contárselo y conseguir que su mirada se igualase, en brillo, con el blanco de su pelo.

Lo escribo ahora. Porque también llegaron los días en los que, en ese banco, sólo quedo yo.

Lo hago por mantener viva su historia, por respetar esa promesa que no me hizo falta hacer y por honrar otra vida que cayó en el abismo del olvido.

Promesa. (II)

Cuando empezaba el sol de mediodía a dejar de calentar con la intensidad de siempre, yo ponía rumbo a otro viaje, con las emociones a flor de piel.

Sin embargo, un día más gris de la normalidad a la que marzo nos tiene acostumbrados, todo cambió.

Llegó, como cada tarde, y saludó a la completa desconocida que la esperaba a diario, callada, dispuesta a volver a escuchar su historia.
Pero, aquel día, no dijo nada.

Me fui a casa más vacía de ella y su ilusión, que de mí misma.

Siguieron pasando los días y yo, en vano, acudía a nuestra "cita".

Siempre me ha gustado la forma en la que la gente mayor cuenta sus historias, aunque ya hacía tiempo que su voz no arrancaba algo más que un cordial "buenas tardes".

Me dolía la ausencia que dejara la magia de aquel amor y, cansada de silencio, decidí cambiar de plan por una tarde.

Promesa. (I)

Llegué y, como lo hacía a veces, me senté en el banco que hay al fondo del parque.

Había sido un día agotador y todo lo que me apetecía hacer era sentarme a observar cómo huían las palomas al paso de los ciclistas que convertían aquel febrero en primavera.

No sé cuánto tiempo llevaba viendo morir la tarde cuando, con la fuerza de un huracán, apareció la mirada más cálida del mundo y se sentó a mi lado para hacer nacer, de entre sus labios, una de las historias más bonitas.

En su tono de voz se apreciaba la admiración que sentía hacia los protagonistas y, por la dulzura de sus palabras, me abandoné en los brazos de la historia, agradeciendo al destino las pocas ganas de hablar que tenía aquel día.

Me explicó que, a pesar de entregar el alma y apostar la vida, hay amores condenados a descansar en el olvido y sólo regresan cuando es demasiado tarde. Justo en el punto en que la noche deja paso al nuevo día.

Me resultaba extraño pero, cuando me quise dar cuenta, ya estaba enganchada a la historia de un amor tan fuerte como intenso que, a pesar de no pertenecerme, sentía muy mío y contado de los labios de una desconocida a la que los años habían hecho sabia.

Pasaban los días y yo me iba al mismo banco, a la misma hora, para volver a oír su tono de voz acariciándome el alma y despertando mis ganas de sentir.

Aquel se convirtió en mi lugar favorito del mundo entero y su pasión a la hora de repasar el curso de aquel amor, era el mejor viaje para mis sentidos.

Siempre las mismas palabras, la misma emoción, el mismo brillo en sus ojos cuando lo describía.
Cuando hablaba de él y de sus manos, de sus labios, de sus besos y de su sonrisa.

Alguna vez, con mucha suerte, un detalle nuevo y, desde la primera vez, la misma sensación de vacío al final de sus palabras.

miércoles, 19 de marzo de 2014

What life is all about?

You probably (sometime) asked yourself "What life is all about?". So did I.

Let me tell you that I have a lot of free time and I could overthink about it... And, yes, I got an answer!

We grow up, we get knowledge and that's what we base our entire lifes on.

But we should be smart enough to start questioning the ideas which someone gave us and start developing our own.

Life seems too easy when we pretend that we're perfect in all ways and (how couldn't it be in this way?) we blame someone else about our mistakes.

We complain about every single bad thing that happens to us, forgetting our faults.

We want a friend to stay (and they will probably be there) when we haven't been there at the time they needed us.
We want faithfulness, when we cheated on someone else.
We want happines, when we are being unfair since the beginning.

Life is all about understanding our mistakes, apologizing for them and let people know that you'll be there when they need you, as they did before.

Life is all about relationships (not just love ones), fairness, faithfulness, happines...

Life is all about learning, rectifying and letting our spirit grow up like our body did.

Life is all about love.

Un ritmo diferente.

Recuerdo cómo le olían las manos cuando llegaba, por su manía de subir las escaleras jugando con el mechero.

Después venía, me cubría los ojos y susurraba "¿quién soy?", como si pudiera esperar a alguien más.
 
Tenía la costumbre de coger el portátil todas la noches y se pasaba horas y horas buscando nada. Viendo vídeos absurdos que terminaron por gustarme tanto como sus carcajadas rompiendo la seriedad de la noche.

Me regalaba las mejores vistas al perderme en la forma de sus caderas cuando se iba a por el primer café de la mañana y, mientras yo seguía calentando su lado de la cama, canturreaba alguna de sus canciones preferidas.

Siempre las mismas estrofas pero, cada día, un ritmo diferente.

No había nada como sus besos con cafeína y la forma que tenía de abrocharse la camisa.

Sus ojos, su sonrisa...

Los pliegues de su espalda, la curva de sus labios, la cara de enfado y su facilidad para desabrochar una falda.

Creedme si os digo que no habrá nadie con tanta suerte como la mía.

Desde que aparece en mis sueños me despierto deseando que llegue la noche, cada día.

jueves, 13 de marzo de 2014

Y si hablamos de querer...

Si me preguntan qué prefiero, hablarán mis ojos de la forma que tienes de puntear mi cuerpo con tus dedos y el vicio que tengo de navegar por los pliegues de tu espalda.

Coger ese mes de abril que tanto gusta a los poetas y disfrazarlo de septiembre para ti.
Para que no dejes de escribir sobre la arena de nuestra playa "VEN AQUÍ".

Siento que no tengo nada de que preocuparme si puedo ocuparme de ti cuando eres llanto, cuando tus ojos no brillan o tu alegría es demasiado fugaz.

Y si hablamos de querer...

Quiero guardar en mi memoria la imagen más bella de tu cuerpo desnudo, que me ciegue el brillo de tu piel y me quemen las ganas de tenerte, como queman tus manos en mis piernas.

Yo no quería que te grabaras a fuego en mi alma y, sin embargo, se puede leer tu nombre en el centro de mi pecho.

Te quedaste para siempre, como las marcas de tus uñas en mi cuello, la forma de tus dientes en mi espalda y la muestra de alguna otra torpeza a la altura de mis muslos.

Te quedaste para siempre, después de haberte ido.

lunes, 10 de marzo de 2014

A ti, que me estás leyendo.

A ti, que por una cosa o por otra me estás leyendo, te voy a tutear.

Y lo voy a hacer por dos motivos: 1. Si llegas al final me conocerás un poco mejor. 2. Si consigo removerte un poco, yo a ti también.

Verás, una vez leí en algún sitio (te diría en dónde pero me leo hasta la etiqueta del champú, así que no lo recuerdo) que tenemos dos vidas.
La primera, que empieza el día que nacemos y la segunda, que empieza el día que nos damos cuenta de que sólo tenemos una y decidimos aprovecharla.

Yo (que soy muy de interpretar las cosas a mi manera) preferí no buscarle lógica a la frase en sí, porque sabía que no la encontraría y, además, la lógica y yo no somos amigas.

Entonces decidí entenderlo de la siguiente manera:

Cogí la música (que es, desde mi punto de vista, de las cosas más importantes) por un lado, la vida por el otro y las mezclé.

Entonces lo tuve claro.

La vida es un pentagrama vacío, impecable y, cada uno, tiene que ir llenándolo con sus notas para componer su propia melodía.

A veces será una sucesión de silencios y otras veces, podrás sentir la alegría de un grupo de semicorcheas.
Los bemoles y sostenidos marcarán la diferencia en muchas ocasiones y, al final de todo, cuando la orquesta se apague, todo lo que quedó por hacer, se quedará en intenciones.

No me olvido del amor, no.

Ese elemento que derriba, en un segundo, el castillo de naipes que llevábamos construyendo toda la vida, también tiene un lugar en nuestro pentagrama.

El amor es "la clave".
Nos marca, desde el punto de partida, cómo vamos a vivirlo todo.

Cada vida es distinta y cada melodía es, por lógica (aquí sí la aplicamos, que es un caso sencillo), única.

Podemos dejar que otros la escuchen pero nunca, jamás, nadie podrá sentir lo que nosotros sentimos a medida que la vamos creando.

La vida está llena de oportunidades que no debemos desperdiciar; de cosas que gritamos, sin pensar, en momentos de rabia cuando dejamos que el alma hable por nosotros y de momentos que vivimos y no volverán.

Ahora tú dime, ¿quieres dejar tu pentagrama impecable? ¿O prefieres ser el/la artista de tu propia vida?

Magali.

jueves, 6 de marzo de 2014

Una hoja menos.

Era de esos días en los que no necesitas a nadie y te vas, con un libro en el bolso y ganas de olvidar, en busca del mejor café de la ciudad.

Quisiera haberlo evitado, pero algo me interrumpió poco después de haber olvidado que existía mundo a mi alrededor.

Era una voz dulce y suave que, entre sollozos, contaba la historia de amor más triste de todas.

"No pude. No pude soportar que fuera amor y lo siento.

Lo siento tanto como sentía que me ardía la piel cuando se acercaba y me rozaba la nuca.

Discreta, serena, segura.

Aún me duele pensar en su sonrisa, en sus gestos, en sus ojos.

Me duele como me dolió haberme dado cuenta de que hasta el fuego más vivo se puede congelar.

Lo intenté mil veces y, aún sobrándome palabras, nunca supe qué decir."

Sentí ganas de volverme para comprobar si era su voz contando mi historia. Pero no pude.

Yo también le había fallado.

En mi cuaderno, una hoja menos.
En su bolsillo, un "yo también te quiero" que leerá al llegar a casa mientras deja la cazadora sobre los pies de la cama con esa delicadeza tan suya.

En mi cabeza, un peso menos.
En mi corazón, un dolor más.

Ahora, el eco del adiós me acompaña cada noche recordándome que, cuando quiera volver, ya habrá cambiado de bar.

Yo estoy segura de que seguirá contando su historia con la esperanza de que su café y el mío se vuelvan a derramar sobre la misma mesa.

martes, 4 de marzo de 2014

Insomnio.

Llegas cada noche, con el insomnio, y pienso en cuantos corazones tendrás colgados de tu sonrisa, en cuantas despedidas guardas en tu vitrina de trofeos.

No sé si supe quererte más que nadie, pero te aseguro que te quise mejor.

Voy a echar de menos tus manías, esas que al principio no sabía por donde coger y sin las que, ahora, no creo poder seguir.

Ya no volverán a tener sentido las caricias. No, sin tus manos.

Se perderá el dolor agradable de tus mordiscos traviesos y la suavidad con la que besaba la cicatriz de tu barbilla.

No querrá, nadie, nunca, empaparse en tu olor como yo lo hacía. Como nada dibujará las imperfecciones de mi cuerpo como lo hacían tus dedos.

Ya no habrá arañazos que curar sobre mi espalda, ni alegría que compartir en mi mirada.

Llegas cada noche, con el insomnio, y te escapas entre recuerdos al segundo suspiro.

Nada queda ya de tu gesto de triunfo cuando, tras decir "un minuto y me voy", tumbabas el reloj de arena y sentías haber parado el tiempo.