jueves, 29 de agosto de 2013

Ondean, demasiado seguras, las banderas del desprecio y yo sigo persiguiendo tu sombra en la oscuridad de la casa.

Se pone el Sol en un instante (tan corto como el instante en el que me dejaste) y llega la noche, sin Luna.

Porque te la llevaste.

Porque yo no veía otra Luna que tu sonrisa brillando en la habitación.
Siempre creciente, iluminando mis sueños, mostrándome el camino hacia lo que estaba mal, pero sentaba bien.

Esta noche, si consigo dormir, soñaré contigo y me despertaré agotada de quererte, sudando restos de ti.

Recordaré cuando me decías "me da vergüenza decírtelo, pero te quiero" y sonreiré. Me pasaré el resto del día intentando conservar tu aroma en cada rincón de mi memoria.

Y saldré al balcón a tomar café, como siempre al llegar de trabajar, y esperaré durante horas a que vengas y me cierres la puerta para que me enfade. Porque me gusta que me enfades.

Pero volveré a la cama a hartarme de amarte, una noche más, sin saber a quién estás regalando la única Luna de mi noche.

Y llegará un momento en el que me canse y decida contar estrellas o, directamente, marcharme con el Sol.

Me consumía saber si eras tú y, una vez más, me quedé hecha cenizas después de quemarme de ganas.
De quedarme sin ti. O de quedarme con las ganas de quemarme contigo.

Y, ¿ves?, llega esta hora y no sé ni lo que digo.

Y busco un bar donde alguien me insista en que donde dije "digo" digo "Diego".

Que tampoco sé si era así.

Y le cuento a un extraño, al que poco le importa, que encontré a una persona perfecta y, después, la perdí.

Y, ¿vuelves a ver?, podría escribir una canción cutre de cada noche que paso sin ti.

Y se llenaría el mundo de falsos poetas que escriben a la Luna mientras brilla el Sol.
O peor, de aquellos que se atreven a hablar de besos sin conocer tu sabor.

domingo, 25 de agosto de 2013

Para "O sonho de Lilith".

Les voy a contar mi historia.
El 'cómo empezó todo' de una vida que, sinceramente, no le deseo ni a mi peor enemigo.

Nací, según me dijeron, un 29 de agosto en el seno de una no-familia que, ni me quería, ni me podía mantener.

En lugar de crecer como una niña normal, rodeada de gente que la protege y le da su amor sin condiciones, fui desarrollando mis primeros años de vida en un lugar donde, con más niños como yo, di mis primeros pasos sin una mano a la que agarrarme.

Éramos como árboles luchando por mantenerse en pie en medio de una tormenta, pero sin raíces.

Nunca me trataron mal en "LA CASA". Siempre que necesité algo lo tuve.
Me educaron, me enseñaron lo que es el respeto e incluso me dieron cariño.
Pero nunca sentí el calor de un hogar.

No tuve suerte.
Supongo que nunca fui esa niña adorable a la que todos quieren adoptar.

Así que me vi, con 18 años recién cumplidos, y todo un futuro por delante que tendría que construír yo solita.

La decisión más difícil que había tenido que tomar hasta ahora, que fuera la de cambiar mi número de expediente por un nombre, se había quedado en un juego de niños.

Pensaréis que odio a la mujer que me dio la vida, que jamás querría saber nada de ella ni de los motivos que la llevaron a "abandonarme", pero no.

En realidad siempre he pensado que no tengo nada que perdonarle. Que ella fue una víctima de las circunstancias, a la que obligaron a tener una hija en contra de su voluntad y de sus posibilidades.

Supongo que hizo lo que creyó mejor para mí sin saber que me estaba condenando a una vida de soledad y malas experiencias.

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¡Hola! Quiero compartir con vosotros mi historia.

Ahora que pasaron algunos años me doy cuenta de la suerte que he tenido y quiero contarlo.

Nací un 12 de septiembre, justo después de un caluroso verano.

Según me dijo mi madre fui el mejor regalo que la vida pudo hacerle, pero no le creo, pues vida solo hay una y el mejor regalo que hizo a alguien fue que ella exista.

Crecí en el seno de una familia feliz en la que todos me quisieron tanto como yo les quiero a ellos.

Dudo mucho que exista alguien que se haya criado con tanto amor como yo.

Estoy rodeada de gente que me quiere, que me apoya en todos mis proyectos y que, cuando fallo, me ayuda a recoger los trocitos de mi ilusión para recomponerla y empezar de cero. 

Todo lo que he conseguido hasta ahora no habría sido posible sin ellos y, sobre todo, sin mi madre.

La mujer que lo dio todo para que yo pudiera tener una vida y la mujer a la que viviré toda la vida agradeciéndole.

Qué bonita es mi historia, ¿verdad?

Es una pena que sea mentira, que yo solo sea un "proyecto" de vida al que negaron la existencia porque la persona que deseaba volcar en mí todo su amor no tenía, a su lado, una figura masculina.

No existo porque mi madre no quiso atar su vida a la de un hombre.

El pecado de "mamá" fue la soltería.

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Basta ya de decidir por nosotras, de ajustar la vara de medir a lo que vosotros consideráis digno y lo que no.

La mujer obligada a respetar leyes que no la respetan no es una salida.

Si queremos avanzar, este no es el camino.

sábado, 24 de agosto de 2013

Estaba acelerada, con ganas de irse a casa, de terminar ese día, tan largo como pesado, y poder, por fin, dormir más de 3 horas de un tirón.

Estaba tan concentrada en lo suyo que no reparó en que había alguien más allí y, cuando levantó la cabeza, se encontró de frente con su sonrisa.

- ¿Qué haces aquí?

+ Mirarte.

- ¿Cómo me has encontrado?

+ Verás, en realidad nunca te había perdido.
Sabía que hoy estarías sola y aproveché para venir.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos y, no sé, me apetecía un café con hielo, con gotas, contigo...

- Creo que esto no tiene ningún sentido.

+ Yo, sin embargo, nunca he sido mucho de creer. ¿Qué me dices?

Y aceptó. Porque siempre aceptaba. Porque a aquella maravilla humana hecha de piercings y tatuajes, jamás podría negarle nada.

Por aquella sonrisa, por sus ojos, por lo característico de su piel y por su estilo.

Por el olor a ginebra, el amor al amor, el sabor a "te he echado de menos"...

Por todo eso brindaron.

Y siguieron brindando hasta que se derritieron los hielos y el café ya no era lo único que tomaban.

Y vienes tú, paisano de patrias ajenas, a clavar tu bandera y dejar tus huellas en territorio de nadie.
Donde las soledades de varias almas vagabundas se juntan.

Y, claro, lo conquistas todo.

viernes, 23 de agosto de 2013

Felicidades.

Me encantaría poder abrazarte, como solía hacer cada día, pero hoy un poquito más fuerte.

Me encantaría decirte "¡felicidades!" una vez y estar segura de que lo escuchas. Y no tener que repetirlo constantemente al aire sin saber si mis palabras son llevadas por el poco viento que sopla hoy.

Me encantaría tocar tus manos cansadas de trabajar y mirar tus ojos llenos de historias.

Me encantaría, pero sé que no va a poder ser.

No te miento si te digo que cada día que pasa te echo de menos, que te quiero cada vez más y que, pase el tiempo que pase, jamás podría olvidar a una de las personas que más amor me dio, que siempre confió en mí, que me quiso como soy, sin "peros".

Te seguiré brindando mis victorias y llorando contigo en la distancia que separa dos mundos tan lejanos. Lo seguiré haciendo por muchos años (o eso espero) y con el mismo amor.

Agradeciendo siempre, a quien sea que haya que agradecérselo, el hecho de que fueras la parte más importante de mi vida, la persona más incondicional y mi ejemplo.

Sé que mis palabras pueden quedarse en eso, en un escrito sin más importancia. Pero también sé que, algún día, haré que te sientas orgullosa de mí con la misma intensidad con la que me siento orgullosa de ti.

A ti, que te lo mereces más que nadie, ¡felicidades!

Te quiero.

Esta vez es diferente.
El destino es el mismo, la ruta, el cansancio y la sensación de novedad, también.

Pero esta vez tú vienes conmigo. Ya no eres un reflejo perdido en la inmensidad del espacio.
Eres real, estás aquí, en el asiento que hay a mi lado.

Y tenemos muchas horas por delante para seguir aprendiendo a querernos.

Recuerdo tus nervios al subir al avión y cómo te calmaste cuando te apreté la mano fuerte.

Joder, es que es imposible no quererte.

Empezamos una aventura donde, meses atrás, yo empezaba una tortura de meses sin verte. Una tortura en la que soñarte era mi única salida.

Ojalá una vida llena de números impares, de mañanas con tu compañía, de aventuras que contar y, si te aprieto la mano fuerte, de viajes largos de muchas horas, de sorprendernos un poquito más con lo mucho que nos queremos.

jueves, 22 de agosto de 2013

Todavía recuerdo el primer día de mi viaje.

Hacía pocas horas que me había dado cuenta de lo que sentías por mí y tanto tiempo habías callado.

¿Por qué no me dijiste antes que te morías por abrazarme?

No podía sacarte de mi cabeza y tu sonrisa me venía a la mente a cada rato.
Al tiempo que se me empapaban los ojos recordaba tus últimas palabras, tu voz, tu falta de egoísmo.
¡Cómo me hubiese gustado que me gritases "¡quédate!"!

No lo habría dudado. No podría. Una parte de mí deseaba quedarse. Allí. En ti. Para siempre.

No me quedaba más remedio que seguir.
Ver tu reflejo en el cristal de la ventanilla del avión y pensar que eres una estrella más.

Obligar a mi cuello a vivir huérfano de tus mordiscos.
Aprender a echarte de menos sin haberte tenido y sin que duela demasiado.

Faltaba mucho para volver. Todavía no llegara y ya lo estaba deseando.

Sabía que me pasaría todo el viaje pensando en tu belleza y no me equivoqué.

Tu cara en mi memoria era mi tortura diaria preferida.

Y, así, fuiste a lo largo de todo el viaje. Conmigo. En mi pensamiento. Un número enorme, pero impar, de veces cada día.

Impar, como tus encantos, que son muchos.

Impar, como el día que nos conocimos. (Que seguro que lo era.)

Impar, como la cifra que leí en tus ojos que querías que fuéramos. UNO.

¿Abrirá la niebla? Esa niebla que nos pide que nos quedemos a vivir aquí, sin que importe nada más. Cubriéndonos del frío y dándonos calor, mucho calor.

Arder, hacer que sobre la ropa, sudar, mordernos flojito y, al mirar por la ventana, ver que sigue ahí, tentándonos a más.

¿Abrirá la niebla o se irá para nublar nuestros deseos?

Si por mi fuera, firmaría un contrato ilegal con el destino para que se quede para siempre entre tú, mi sonrisa y tus lunares.

martes, 20 de agosto de 2013

6

Me regalaba su esencia en cada movimiento, en cada gesto, en cada momento.

Todo lo que hacía me gustaba. Su forma de reír, de hablar, de moverse.
Su manía de dejarme besos en todos los rincones, de empaparme de su ser para hacerme notar que yo ya no volvería a ser "yo" sin su presencia.

No sé si conocéis la sensación de estar enamorados, pero no hay nada que se le parezca.

Fue casi un año de despertarnos todos los días con una sonrisa.
No había momentos fríos, ni dolor, ni problemas sin solución.

Nunca acostumbramos a darnos las "buenas noches" ni los "buenos días" porque, a su lado, no había noche mala o día gris.

Jamás dejamos de amarnos y, cada día era una prueba más de que el amor nunca es lo suficientemente grande.

Pero se acabó.

No sé cómo, ni por qué. Pero todo se esfumó.

Hubo un viaje y lo siguiente que recuerdo es el vacío de un cuerpo que pierde su alma.

Es una historia tan bonita como triste pero, como ya os dije, sin final.

Sabía que volvería cuando me crucé con sus ojos esta tarde, más de doscientos días después de la última vez. Y no me equivoqué.

Quizás se anime a contaros la historia desde su punto de vista pero, de momento, tenemos mucho de que hablar y ya oigo sus pasos en el pasillo.

Seguro que le hizo ilusión encontrarse su camiseta de "andar por casa" donde siempre. Con la mía. Con la rosa sin espinas.

Nos espera una noche larga de sofá y café pero, desde luego, hoy las "buenas noches" no necesito que me las den. 

lunes, 19 de agosto de 2013

5

Os juro que, si nos pudiérais ver, os haría mucha gracia la forma en la que cada día descubríamos algo nuevo.

Pasaban los días y seguía ese nerviosismo en cada cita, el mismo "me encanta, no quiero que se vaya" en nuestras cabezas, los mismos "te quiero" convertidos en caricia y la misma risa tonta que desembocaba en un beso largo, de los que se dan con el alma.

Perderme en sus ojos era mi pasatiempo favorito; dibujar sobre mis lunares y hacer desfilar sus manos sobre mi espalda, el suyo.

¡Nunca dejaba de sorprenderme!

4

Recuerdo la primera vez que decidió darme una sorpresa, ¡cómo si tuviera la necesidad de engancharme un poco más!

Salí de trabajar y allí estaba. En la puerta.
Con las mejillas sonrojadas por la vergüenza y el nerviosismo de una primera cita. Sorpresa.

Me miro tímidamente, pidiéndome permiso con la mirada para hablar.

Si conocéis la sensación de "Tierra, ¡trágame!" sabréis de que hablo. Pero yo pensaba "Tierra, ¡tráganos!". Ya no quería más soledad.

Recuerdo su "hola" y su cara de "joder, igual la lié".

Recuerdo haber sonreído y, después, todo lo que recuerdo es una larga conversación en el parque.
Una confesión, una vuelta a (su) casa cuyos pasos aceleraban sin querer y un estudio completo de su piel.

Ese día me aprendí de memoria sus marcas, sus cicatrices y sus lunares.

Ese día me contó su historia, me cantó sus sentimientos y me confesó sus miedos.

Y brindamos. Brindamos por todo eso.

Ese día fue el principio de la mejor época de mi vida.

Ese día murió mientras veíamos a la Luna hacerse un hueco entre el resto de las estrellas.

Esa Luna que, por mucho que brillase, no se podría comparar a nuestras sonrisas desde la azotea de un viejo edificio que escondía, tras sus muros, las mayores muestras de amor jamás vividas antes.

3

Poco a poco se coló en mi día a día.

Mi única preocupación era saber que estaba bien, ver una sonrisa adornando su cara e imaginarme muchas situaciones en las que estuviera conmigo.

Un día (el único día de mi vida que recuerdo que la casualidad me hizo un favor) nos tropezamos fuera de donde solíamos vernos y empezamos a forzar las casualidades.

Sin querer, sin saber por qué y sin conocernos, nos enamoramos.

Teníamos muchos muros que derribar, pero nos importó muy poco.

Empezamos como empiezan las mejores historias: confesándonos la verdad, desnudándonos con la mirada y con el deseo, ansioso, gritando "¡liberadme!".

Y así fue.

sábado, 17 de agosto de 2013

Pactos que perjudican a partes iguales.

Amor por compañía. Sexo por calor. Vida por ganas de vivir.

Intercambios que no merecen la pena.

Amores tóxicos. Fluídos de extraños. Dejar de fluír.

Tiempo que corre sin esperar.
(Sin esperar nada de nadie.)

Nada, que es todo lo que tengo contigo.

Todo, que es nada si te vas.

jueves, 15 de agosto de 2013

2

Pasé esa primera noche pensando en la suerte que tenía de haber conocido a una persona así.

Y sabía, tan bien como que jamás olvidaría su rostro, que era una historia imposible. Un cuento de los que no se le cuentan a los niños. Uno de esos con final antes del principio.

Yo me limitaba a sonreír y, aunque sospechaba que quería perderse en mi sonrisa, preferí pensar que estaba jugando.
Que era cortesía. Una simple muestra de educación... 

Que me equivocaba lo supe más tarde.

Cuando estaba a solas no podía alejar su imagen de mi cabeza. Cuando estábamos frente a frente, alimentaba la llama del fuego que había encendido en mí, hasta quemarme el pecho.

Ya no era un cuento con final antes del principio. Ya el amor, sin permiso, se había colado en la partida y, sabiéndose ganador, había retado al miedo a un "todo o nada".

1

Sabía que vendría porque cuando me crucé con sus ojos esta tarde, me gritaron que me echaban de menos.
Nadie, como yo, podía interpretar lo que su rostro intentaba ocultar y lo que su mente se empeñaba en no pensar.

Dejadme que os cuente una historia bonita, de las que ya no quedan, en las que ya no creo, pero real.

Lo haré poco a poco, porque la belleza de este tren de sentimientos solo es comparable a la de su imagen.

No recuerdo la canción que sonaba en ese momento, ni la ropa que llevaba ese día.
Pero sí recuerdo que era verano y que, ese día, mi corazón empezó a arder manteniendo un calor artificial que solo conseguía darme su sonrisa.

También recuerdo que regresé a casa con mi alma desnuda y el corazón desprotegido, entregado ya a una vida que no era la mía.

Yo, que me sentía "nada" ante ese espectáculo que era, para mí, todo su ser, poco más pude hacer que sonreír. Y parece que le gustó mi forma de hacerlo.

Era la primera vez que la suerte y yo nos aliábamos. Pero no sería la última...

martes, 13 de agosto de 2013

Hoy necesito que me mientas, que me digas que has pensado en mí todo este tiempo.

Que has buscado en otras sonrisas la mía para, finalmente, darte cuenta de que no hay otra que te calme.

Necesito que me jures que llevas desde que te fuiste esperando que te busque.

Que vengas, me abraces por detrás, me susurres al oído y hagas que mis ojos brillen con el reflejo de los tuyos.

Hoy necesito que vuelvas y me mientas diciéndome que todavía me quieres.

Hoy lo necesito. Hoy sí.

viernes, 9 de agosto de 2013

Tú, mi mejor secreto.

Cada vez que alguien te nombra, me pongo nerviosa. ¡Como si fueran a descubrir mi secreto!

A veces me llego a celar. Yo, que odio los celos sobre todas las cosas.
Siento que la única con derecho a hablar de ti soy yo y, oye, me consume la idea de que alguien más pueda pensarte como yo lo hago.

Alguien más cercano, a quien puedas ver a diario. Alguien que te llegue a cegar con sus encantos como tú hiciste conmigo.
Alguien más digno de ti que yo.

Porque tú, símbolo de perfección, eres eso, todo encantos.

Eres rayo de sol un día en el que reina la niebla. Eres la sonrisa que necesita mi alma, la voz que necesita mi garganta, la luz sin la que mis ojos no serían nada...

Y ya ves, hoy es día impar y yo sigo echándote de menos.
Y seguiré haciéndolo hasta que vuelvas a contagiarme tus ganas de vivir, a compartir conmigo toda la nada.

Veo que te pierdo y, aunque no me gusta hacer caso a unos ojos apagados, el tiempo me está dando la razón.

Mi pensamiento hace tiempo que solo es "tú", como mi corazón.
Vuelve, no me gustaría tener que quedarme sin ellos.

Y sin ti.

jueves, 8 de agosto de 2013

"Como tú, nadie me encuentra en mis silencios.

Interpretar cada uno de tus movimientos es, sin duda, lo que más me gusta hacer.

La única persona capaz de entender mis "no te vayas, necesito estar sola" y mis "ven, necesito no hablar".

Te miro y, por más que lo intento, no encuentro esos defectos de los que tanto hablas.

No sé cómo, pero ya eres parte de mi piel y, mi corazón, ya hace tiempo que te entregó todas sus ganas de querer.

Te cuelas por la noche, entre la luz de las estrellas, y te conviertes en mi juego favorito.

Te sueño, ¡y te vivo!

Te quiero, ¡y te tengo!

Ya no puedo pedirle más a la vida."

No entendía la necesidad de leer aquellas cartas que nada tenían que ver con ella, pero dejaba que el tiempo la acompañase entre papeles y luz artificial.

Unas cartas de las que no sabía quién era el remitente, ni el destinatario, pero que le sacudían el alma alimentando su ilusión de encontrar, quizá no muy tarde, una historia parecida que llevase su nombre escrito del puño del destino.



Castillo de arena.

Nunca entenderé esa costumbre del corazón de poner todo su empeño en lo imposible.

Hay quien dice que si duele, es amor. Yo prefiero no creérmelo pues, el sentimiento más grande, no puede hacerse ver de esa forma.
Yo recuerdo que vivíamos una mentira que, creíamos, nos hacía felices.
Hasta que llegó el tiempo en el que las noches de invierno al calor de tu cuerpo ya no eran tan necesarias. Y empezamos a preferir el verano para, con alguna excusa, no tocarnos.

Pude ver en tus ojos, aún cómplices, que no había forma de avanzar. Que era estancarse y probar la infelicidad, o dejarlo por las buenas. Para siempre.

¿Para qué continuar? ¿Por qué dejar que la rutina ensucie la belleza del amor?

Y se me ocurrió que lo mejor era partir.

A mí, que meses atrás te habría hecho un castillo con la arena que traigo en los bolsillos.

lunes, 5 de agosto de 2013

Llevar la cuenta de los días que hace que no te veo me está quemando el alma.

Te busco y, donde antes te encontraba, lo único que queda de ti es mi recuerdo.

Creo verte cada noche pero en cuanto me despierto te esfumas recordándome que es posible mantener viva la ilusión, pero nada más.

Te sueño dormida, te sueño despierta y, aunque volverte a ver solo me serviría para poner a cero el contador de días sin tener cerca tu carita, me alegraría el alma para una temporada. 

¿Te he dicho alguna vez que dabas color a mis días igual que ahora haces con mis sueños?

Y ese cosquilleo en el estómago al recordar tu sonrisa. Y mi sonrisa al pensar cada uno de tus movimientos. Y darme cuenta de tus palablas tarde, muy tarde. Y extrañarte sin poder hacer nada más, sin querer sacarte de mí. Y cerrarte las puertas de mi corazón después de asegurarme de que sigues dentro.
Y quererte como nunca, como a nadie.

Y saber que no nos volveremos a cruzar.
Y entender que la vida, como el amor, no es justa conmigo.

"¿Por qué siempre soy yo la de la mala suerte?"

viernes, 2 de agosto de 2013

Siéntete gaviota.

- Cierra los ojos.

+ ¿Para qué?

- Hazlo, confía en mí.
Piensa que no hay nada a tu alrededor, que no existen los problemas, que yo no estoy aquí. Piensa que no existes, que eres solo esencia, sin materia.
Me gustaría poder regalarte esa tranquilidad que necesitas, hacer de tu mundo algo sencillo sin más preocupaciones que seguir adelante, pero eso no lo puedo hacer. Eso tienes que hacerlo tú.
Abre tus brazos, como si fuesen alas.
Piensa que eres invencible, dueña de tus actos.
Puedo asegurar que ya casi notas el viento ayudándote a despegar, a mantener el equilibrio, a volar.
Estira tus alas, vuela, sé libre. Siéntete gaviota. Una hermosa gaviota que viaja sola.
Tienes el derecho de ser feliz, no lo cambies por la obligación de agradar a los demás.

+ Siempre has odiado las gaviotas, ¿por qué no elegiste cualquier otro pájaro?

-  Porque uno nunca sabe que puede llegar a amar lo que más odiaba en el mundo, hasta que sucede. Y cuando en cada gaviota imagino tus ojos ¿cómo podría volver a odiarlas?

"Eso siento, más o menos."

jueves, 1 de agosto de 2013

Para cuando no quede nada.

Lo último que recuerdo fue mi promesa de no enamorarme. Después apareciste tú.

Te viví como un sueño intenso, te soñé por toda una vida y te sentí hasta quedarme con tu esencia.

En mi piel todavía quedan marcas de tu paso por mí y, en el baúl de mi memoria, tengo tu imagen como el más bello de los tesoros.

"Guárdame un trocito de ti para cuando ya no quede nada", solías repetirme.

Hoy ondea a media asta la bandera de mi corazón y mis sentimientos, que aún lloran de vez en cuando tu partida, se vieron obligados a mantener en mi cama un calor que no es el tuyo.

Querría haberte guardado ese trocito, pero nunca me enseñaron a dividir las ilusiones en pedazos capaces de alimentar un recuerdo.