Les voy a contar mi historia.
El 'cómo empezó todo' de una vida que, sinceramente, no le deseo ni a mi peor enemigo.
Nací, según me dijeron, un 29 de agosto en el seno de una no-familia que, ni me quería, ni me podía mantener.
En lugar de crecer como una niña normal, rodeada de gente que la protege y le da su amor sin condiciones, fui desarrollando mis primeros años de vida en un lugar donde, con más niños como yo, di mis primeros pasos sin una mano a la que agarrarme.
Éramos como árboles luchando por mantenerse en pie en medio de una tormenta, pero sin raíces.
Nunca me trataron mal en "LA CASA". Siempre que necesité algo lo tuve.
Me educaron, me enseñaron lo que es el respeto e incluso me dieron cariño.
Pero nunca sentí el calor de un hogar.
No tuve suerte.
Supongo que nunca fui esa niña adorable a la que todos quieren adoptar.
Así que me vi, con 18 años recién cumplidos, y todo un futuro por delante que tendría que construír yo solita.
La decisión más difícil que había tenido que tomar hasta ahora, que fuera la de cambiar mi número de expediente por un nombre, se había quedado en un juego de niños.
Pensaréis que odio a la mujer que me dio la vida, que jamás querría saber nada de ella ni de los motivos que la llevaron a "abandonarme", pero no.
En realidad siempre he pensado que no tengo nada que perdonarle. Que ella fue una víctima de las circunstancias, a la que obligaron a tener una hija en contra de su voluntad y de sus posibilidades.
Supongo que hizo lo que creyó mejor para mí sin saber que me estaba condenando a una vida de soledad y malas experiencias.
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¡Hola! Quiero compartir con vosotros mi historia.
Ahora que pasaron algunos años me doy cuenta de la suerte que he tenido y quiero contarlo.
Nací un 12 de septiembre, justo después de un caluroso verano.
Según me dijo mi madre fui el mejor regalo que la vida pudo hacerle, pero no le creo, pues vida solo hay una y el mejor regalo que hizo a alguien fue que ella exista.
Crecí en el seno de una familia feliz en la que todos me quisieron tanto como yo les quiero a ellos.
Dudo mucho que exista alguien que se haya criado con tanto amor como yo.
Estoy rodeada de gente que me quiere, que me apoya en todos mis proyectos y que, cuando fallo, me ayuda a recoger los trocitos de mi ilusión para recomponerla y empezar de cero.
Todo lo que he conseguido hasta ahora no habría sido posible sin ellos y, sobre todo, sin mi madre.
La mujer que lo dio todo para que yo pudiera tener una vida y la mujer a la que viviré toda la vida agradeciéndole.
Qué bonita es mi historia, ¿verdad?
Es una pena que sea mentira, que yo solo sea un "proyecto" de vida al que negaron la existencia porque la persona que deseaba volcar en mí todo su amor no tenía, a su lado, una figura masculina.
No existo porque mi madre no quiso atar su vida a la de un hombre.
El pecado de "mamá" fue la soltería.
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Basta ya de decidir por nosotras, de ajustar la vara de medir a lo que vosotros consideráis digno y lo que no.
La mujer obligada a respetar leyes que no la respetan no es una salida.
Si queremos avanzar, este no es el camino.