viernes, 22 de marzo de 2013

Volaban bajo los aviones.
Tan bajo que solían cerrar los ojos y, sobre el suelo, sentir la brisa acariciándoles la cara a su paso.
Solían creer que podían tocarlos con sólo levantar el brazo.

Y allí se quedaban durante horas. Abriendo los ojos cuando oían alejarse al avión y sonriéndose.
Hablando y jugueteando con los cuerpos relajados sobre la hierba, las sonrisas permanentes, las mentes volando cada vez más alto y las manos agarradas.

Sabían que, desde el día que decidieron que ese sería su pasatiempo favorito, ninguno de los momentos que habían pasado sobre la hierba había sido igual.
Ninguno.
Pero todos recogían los mismos sentimientos, los mismos deseos, el mismo amor.

Soñaban con, algún día, ver ese jardín vacío desde la ventanilla de un avión rumbo-a-ninguna-parte y, tarde o temprano, tenían claro que lo lograrían.

Mientras tanto, disfrutaban cada guiño que el destino les hacía y, a cambio, le devolvían una sonrisa de agradecimiento.

"Ante la inmensidad de un nuevo firmamento."

jueves, 21 de marzo de 2013

Mientras el café frío, amargo, oscuro, le dejaba sentirse en su garganta impregnándolo todo con su aroma, observaba lo que pasaba fuera.
Nevaba al otro lado del cristal y, acostumbrada a ello, la gente continuaba con su vida obviando el blanco manto que cubría las calles.

Si alguien estuviera frente a ella, por fuera, podría observar con qué dulzura le amargaba el café y con qué alegría se llenaban sus ojos de tristeza.

De repente, como si alguien estuviera allí, a la altura de un octavo piso, por fuera, su mirada se iluminó y su sonrisa apareció de nuevo.

No estaba allí, pero podía notar su fuerza, imaginar su cara diciéndole que sonriera, que merecía la pena luchar por ello, que no era ningún monstruo.
La cuidaba desde algún sitio y ella lo sabía.
Sería su ángel.

Abandonó la taza y decidió salir a derretir la nieve con el brillo de su sonrisa.
Tenía una vida que construír y nada podría matar sus ganas de continuar.

"Ella duerme tras el vendaval."

martes, 19 de marzo de 2013

Siempre había tenido presente que la vida no era tan fácil como se veía cuando se tienen 5 años.

Vivir es una aventura y el hecho de aceptarla con todo lo que traiga te convierte, quieras o no, en una persona valiente.

Sabía que "tener una vida" y "vivir" no eran sinónimos y si, por el hecho de vivir, tenía que renunciar a tener una vida, no estaba dispuesta a continuar.

Cuando pensaba en cómo había superado ciertas situaciones no lo recordaba.
No se consideraba una persona fuerte, sin embargo, en ciertas ocasiones lo había sido sin saberlo, sin darse cuenta, sin proponérselo.

No sabía qué era su vida. No sabía en que punto estaba y el futuro seguiría siendo una gran incógnita hasta que se convirtiera en pasado.
No tenía nada claro pero el deseo de tener una vida estaba con ella desde siempre y sólo había una forma de lograrlo: seguir viviendo.

"She's not backing down."

jueves, 7 de marzo de 2013

A veces, cuando tenía tiempo para pararse a pensar, solía desear no haberlo hecho.

En su cabeza siempre las mismas dudas, los mismos secretos, los mismos complejos.
En su corazón siempre los mismos sentimientos. Amor, soledad, pena.

Había derramado ya muchas lágrimas y, finalmente, se había podido acostumbrar a ese vaivén de emociones que, día tras día, sacudían su cuerpo dejando su mente agotada.

Daría cualquier cosa, cualquiera, por volver al pasado una vez más.
Una sola.

Estaba dispuesta a pasar por los mismos dolores, por los mismos rechazos y a sufrir una vez más la partida de cada una de las lágrimas que le demostraban lo lejos que estaba de la felicidad.

No le importaría volver a caminar descalza sobre el camino de espinas que ya había recorrido por poder volver a oír su voz fuera de una grabación.
Por volver a sentir uno de esos abrazos en los que le dedicaba todo su cariño. Por volver a ver una de esas sonrisas cargadas de amor, buenos deseos y sabiduría que, por muchos años, la había acompañado y, por muchos más, estaría cuidándola desde algún lugar.

Un recuerdo de unas manos de dedos largos y delgados que cuidaban todo lo que había a su alrededor. De unos ojos que dejaban ver, a través de las gafas, todo su amor en cada destello.

Cualquier cosa diera por volverla a ver, por volverla a sentir cerca, por sentir el amor más grande y desinteresado que jamás había conocido.
Podrían pasar años, pero nunca dejaría de quererla ni de admirarla.

"Yo te extrañaré."