Nunca nadie me dijo que el hecho de que dos personas corran la misma suerte (mala o buena) estrecha los lazos entre ellas.
Aún recuerdo lo que se pasó por mi cabeza la primera vez que me vi obligada a hablarle. No me lo perdonaré nunca.
No me creo que hayan pasado ya casi dos años después de aquel 21 de septiembre.
Los días se sucedieron con una rapidez increíble y, de no ser por el "desgraciado" destino, a estas alturas apenas nos veríamos.
Una vez más, en el día a día, me demuestras que eres incondicional, que compartimos muchas formas de pensar, que me apoyas y que ahí estarás ahora y siempre.
Que, aunque cueste, te mantienes al pie del cañón y, aunque la idea de "suicidio" sea lo que más ronda por nuestras cabezas últimamente, te esfuerzas siempre en robarme una sonrisa.
Te debo, no una, si no muchas y te prometo que haré todo lo que esté en mi mano, siempre, por estar ahí y cantar en voz de Marta Sánchez todos los días si eso te anima.
Espero que algún día puedas perdonarme el primer pensamiento que tuve de ti.
Gracias por enseñarme que, una vez más, me equivocaba prejuzgando a la gente.
La amistad me volvió a dar una lección y, esta vez, me quedó
"Saborear cada segundo, compartirlo y ser feliz".