Llevaba tiempo intentando escribir el texto perfecto.
Sin saber que el texto perfecto eras tú.
Con tus noches y tus días.
Tus payasadas, tus secretos, tus misterios, tus manías.
Llevaba tiempo intentando escribir el texto perfecto.
Y tú, no eres sólo ese texto.
Tú eres canto, eres teatro, eres verso.
Tú... Tú eres poesía.
La de veces que me lo advirtió Bécquer, cuando sus golondrinas llamaban a la puerta de mi alma al escuchar tu nombre.
La de veces que me dije "no todas las historias se terminan", silenciando el dolor de una mirada que se pierde a lo lejos.
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