domingo, 27 de diciembre de 2015

"Mereció la pena."

Bajo la primera luna llena del invierno y con la mirada clavada en el horizonte, decidió abandonar su pasado.

Veía desaparecer el mar, a lo lejos, como muchas otras veces lo había visto aparecer en sus ojos.

Sintió el peso de los recuerdos cuando se acumulan en las lágrimas y saltan al vacío cargados de verdad, de valentía, de "mereció la pena"...

Buscaba, entre la brisa, alguna razón para quedarse. Pero no la encontró. 

No encontró la fuerza que le ayudó a quererse, ni los brazos que una vez le dijeron "si quieres, quédate".

No aguantó mucho. 
Empaquetó todo lo bueno que la vida le había regalado, lo dejó sobre la arena y se fundió con el resto de la playa.

Esta vez, el "para siempre" sería de verdad. 

lunes, 21 de diciembre de 2015

Azul.

Quiero descubrirte al fondo de la habitación cuando abro los ojos cada mañana, jugando con las cortinas para despertarme despacito y que pueda ver tu silueta a contraluz. 

Quiero saberte aquí cuando, en medio de la noche, me desvele y el sueño decida no hacer caso a mi llamada. 

Y poder adivinarte como se adivina el mar, alterado y valiente, que anuncia desde el horizonte que estamos llegando a casa. 

Quiero que seas esa ola que entre en mi vida y, con cada golpe, se lleve miles de recuerdos de sal.

Volver a sorprenderte organizando mi futuro con esa actitud tan tuya de "va a salir bien" y pedirle a la vida que se quede como está, que no se mueva, para que no te vayas nunca...

Porque no había nada más bonito que la marea rompiendo un paisaje gris de invierno, hasta que llegó tu risa y decidió quedarse para inundar mis esperanzas con su azul. 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Un año más... ¡Feliz Navidad!

Vamos a hacer un ejercicio juntos/juntas.

Sí. Tú y yo. 

Me conozcas de algo o de nada.
(Al fin y al cabo, no es necesario conocer a alguien para querer que se sienta bien.)

Vamos a tomar aire, con fuerza, y vamos a cerrar los ojos. 
(Preferiblemente cuando acabes de leer esto, porque si te paras aquí y no los abres probablemente te duermas y, aunque me estarás eternamente agradecido/a por haber resuelto tu problema de insomnio, eso no era lo que pretendía.) 

Vamos a pensar en una cosa que nos haya hecho sonreír a lo largo de este 2015. 

Venga. 
Una sola. 

Tampoco es tan difícil... 

Cuando la recuerdes habrás sonreído sin querer y, a estas alturas, ya habrán sido (mínimo) dos las veces que tu año ha merecido la pena. 

Porque si hubo algo que pudo hacerte feliz, aunque sea un instante, ya tienes una razón para pedirle más a la vida. 

Sé egoísta, aférrate a ese segundo de alegría y multiplícalo. 

Multiplícalo. Por muy difícil que pueda parecerte, porque cuando lo consigas sentirás un cosquilleo muy grande en el estómago y eso es la felicidad. 
(ADVERTENCIA: Si pasa alguien por allí en ese momento, podrás pensar que es amor. Cuidado con ese tipo de equivocaciones, que no suelen acabar bien.) 

Pídele más a este año. 

Pídele que te dé más sonrisas durante los pocos días que le quedan y adviértele al 2016 que no dejarás que se quede con las alegrías que te pertenecen, por muy grande que sea su desván.

Agárrate fuerte a lo que ha quedado de tu 2015, a la parte que ha sobrevivido de la persona que siempre has querido ser, a todas las veces que te has repetido "no sé si podré" y conseguiste ser el héroe/la heroína de tu propia vida.

No digo que este año haya sido perfecto pero... ¡Yo creo que tenemos algo que celebrar!

Brinda por todos/as los/as que han entrado en tu vida... Y por los/las que se han ido.

Pero, sobre todo, brinda por ti. 

Por haber llegado hasta aquí de una pieza, por haber aguantado todo lo que ahora dejas atrás, por haberte echado el peso de otro año más a la espalda y, aún así, haber sonreído (al menos, dos veces). 

Yo brindaré por lo mío y por lo tuyo y, si has llegado a esta altura del texto, sonreiré porque ya te conozco (aunque no). 

Feliz Navidad. 

(Pero feliz, de verdad.)

martes, 15 de diciembre de 2015

¿Dirás que sí?

Es fácil decir que sí ahora, mientras te refugias en el calor de mis caricias y tus piernas se acoplan a mi forma de dormir.

Pero... ¿Dirás que sí siempre?

¿Dirás que sí cuando la vida nos golpee fuerte en la cara, o en el pecho, y nos deje sin aliento?

¿Y cuando el peso de mis dudas sea más fuerte que yo y me cueste levantarme?

¿Dirás que sí cuando necesites mi ayuda y yo te la regale, aunque sea lo único que tengo?

O cuando quiera entregarte todo lo que soy, para que "seamos"... 

¿Y a viajar conmigo por todo el mundo?

Y cuando sea yo (la que nunca pide ni la hora, por vergüenza) la que te pida que unas tu vida a la mía, en medio de Times Square y en hora punta, sólo para ver cómo se encienden tus mejillas... 

Cuando exista un "todos los días de tu vida", atado a tu juramento. 

Todos los días de tu vida. 

Todos. 

¿También dirás que sí? 

Porque si es así... Tengo un futuro planeado para ti, a mi lado. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

"Ahora no."

Me gusta cómo suena el "para siempre" que despierta a tus labios.

Me gusta cómo suenas.

Cuando cantas, te ríes, o dices mi nombre. 

(Sobre todo cuando dices mi nombre.)

Y, no voy a mentirte, también me encanta cuando el placer se acerca a acariciar tu garganta y la obliga a gritar.

Cuando te encuentro entre mis manos y tu espalda me da la razón, pidiéndome que no me detenga, que no me pare a adorar tus lunares. 
"Ahora no".

También me gusta cómo suena tu respiración sobre mi pecho y tus dedos haciéndome cosquillas en el estómago hasta que me quedo dormida.

Y tu nombre junto al mío, en la misma frase y con tu voz... 
Eso no sólo me gusta cómo suena. Eso me hace, casi, creer en algún Dios.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Cuando sonríes para mí.

A veces me siento estúpida cuando se me olvida lo genial que eres.

Pero viene el viento y me recuerda que parece que fuiste tú quien inventó los besos, para que todos los amantes del mundo supieran de tu historia. 

Que las primeras caricias fueron diseñadas por tus manos para que tus dedos, creados para colarse entre mi pelo, jugasen durante horas.

A veces me siento estúpida cuando te busco al otro lado de mi colchón, con la esperanza de que quede algo de tu perfume y pueda sentir que me abrazas. 

Y me siento débil cuando me hablan de lo feliz que eres lejos de mí.
Porque yo habría jurado mil veces que éramos invencibles y que, si no era yo, nadie podría volver a hacerte sonreír.

Porque cuando tú sonríes, el tiempo me espera, el invierno no importa y el frío desaparece.

Pero sé que sólo pasa cuando sonríes para mí.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Material inflamable.

Me habían hablado mucho de lo difícil que es querer a alguien que tiene el corazón roto.

Pero yo, que llevo años dejando decidir a mi remendada máquina de querer, me había colgado de la ilusión de tus ojos. 

Me cogiste de la mano y me llevaste de viaje al fondo de tu alma, para mostrarme tu fragilidad.

Y tu corazón, que pasó de frágil a material inflamable, me enseñó a multiplicar en el lugar en el que las cosas sólo se dividían. 

"Por una de tus penas, siete alegrías.
Por una de tus lágrimas, once caricias."

Y, con la chispa adecuada, supimos arder. 

martes, 1 de diciembre de 2015

Y caricias. Y calor.

Puede que seas difícil de entender, pero yo también y...
Así somos, ¿no? 

Cuesta cogernos el punto, pero cuando se consigue, merece la pena.

Porque sabemos querer y queremos.

Y lo hacemos como nadie.

¿Sabes cuando te enamoras tanto, tanto, tanto, que parece que te cuesta respirar?

Que ves a esa persona en fotos y se te ruboriza el alma.

Y quieres abrazarla. 

Abrazarla fuerte y mucho. 
Y no soltarla nunca.

Porque cuando el amor te coge por sorpresa, te pide abrazos y besos. 

Y caricias. Y calor. 

Pero sobre todo abrazos. 

Abrazos reparadores. 

De esos que se dan "porque sí" y unen todos los pedacitos que había sueltos dentro de ti. 

Yo te abrazaría todo el rato, porque me he enamorado de ti.

Y me he enamorado tanto, tanto, tanto.