jueves, 24 de agosto de 2017

Te acabaste.

Te apasionaba la manera en la que me obsesionaba por las cosas, como si "se te fuera la vida en ese texto, o en acabar el autodefinido sin mirar las soluciones".


Y yo me obsesioné con tu sonrisa y con hacerte feliz.


Lo malo de eso es que, como a uno de mis textos, te puse punto final sin haberme dado cuenta.


Me entretuve demasiado en explicarte de forma bonita, me perdí en tus detalles y, sin querer, te acabaste.


Lo intenté, seguí haciéndote reír.

Pero fueron tan pocas las ganas, que ni tú te lo creíste.

Y te pareció una buena idea dejar nuestra historia en puntos suspensivos.


Como si algo que ya se acabó, pudiera dejar de acabarse sólo por no decir "adiós". 


Como si leer las soluciones antes, no tuviera nada que ver con que los pasatiempos sean retos. 


O como si no me doliera tener que aceptar que ya no te quiero en mi vida, aunque me siga matando de calor tu manía de pasearte por casa con poquita ropa cuando hace frío.

domingo, 20 de agosto de 2017

No quiero dejar de...

Tiene la cara más bonita de todas las que he visto hasta hoy.


Tendrías que ver su sonrisa de perfil, desafiando a todos esos rayos de sol que quieren brillar más... Pero no pueden. 


Tendrías que estar ahí para ver cómo se mueve y cómo se delatan sus ojos cuando se alegra por darle la espalda al destino. 


Me encanta la forma en la que me mira por las mañanas y cómo me riñe por apretar el tubo de pasta de dientes por el medio. 

Aunque sea el mío.


Su exceso de emoticonos en cada mensaje y su fingida cara de tristeza, cada vez que le niego un beso. 

Porque no me lo va a robar, "los besos no se roban, se ganan". 


Y me encanta la rapidez con la que sus manos se adaptaron a mi cuerpo, haciendo cada uno de sus rincones un poco menos mío. 


Supongo que eso es más parecido al amor, que los tratos de fidelidad que tuve hasta ahora. 


Y no quiero dejar de morirme en sus hoyuelos cada vez que nace un día nuevo al otro lado de sus caderas. 


Ni quiero dejar de reírme cuando explota en carcajadas y su cara se vuelve tan roja como la mía la primera vez que me miró. 


No quiero dejar de escuchar ninguna canción que me recuerde a su piel, ni dejarme algún poema en el tintero.


No quiero dejar de dejar de hacer cualquier cosa, si es a su lado. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Mira, te prometo algo.

Tengo un conflicto con tus labios... Y es que quiero escuchar todo lo que tienen para contarme, pero cada vez que se mueven me muero por besarlos. 

Y no puedo, simplemente no puedo dejar de pensar en la idea de callarte a mordiscos, marcando mis colmillos en tus comisuras y dejando que me hables con los ojos. 

Esos ojos tan llenos de ganas, que se escapan para quedarse en mi piel. 

Y me cuesta creer que esto se terminará, que se consumirán las ganas de hablarte dibujando con mi lengua la forma de tus dientes. 

Me niego a aceptar que se apagará mi ilusión por cada uno de tus besos, por cada una de las sonrisas que me regalas cuando te aprieto contra mi frente y me miras un ratito más. 

Mira, te prometo algo: No voy a dejar de besarte mientras tengamos labios, mientras te sobren ganas, mientras me reste aliento, mientras nos quede vida...

miércoles, 2 de agosto de 2017

Invierno, todo el año.

Me tumbé sobre la cama, cerré los ojos y, por un momento, me vino el recuerdo de aquellos inviernos.

Los nuestros. En los que tu perfume se mezclaba con el olor a manzana y canela que llegaba desde la cocina.

Pasábamos la tarde diciéndonos lo mucho que nos habíamos echado de menos y, detrás de unas cortinas más viejas y gordas que los cristales, veíamos llover desde el sofá. 

Solías reírte de mí cuando me enfadaba por perder una partida en mi antigua maquinita de Tetris y descubría la diversión al fondo de tus ojos grises cada vez que entonabas un "déjame a mí", con la esperanza de que algún día te la prestara.

Pero no... 

Tú volvías a tu película cutre hasta que desaparecían las arrugas de mi frente.
Después me besabas la barbilla y la clavícula y ya no quedaba ni rastro de mal humor.

(Y te la habría prestado todas y cada una de las veces que supiste ser mi tabla de salvación, aunque nunca te lo dije.)

Y es que así... ¡Joder! 
¿A quién le va a importar que sea invierno todo el año?