domingo, 27 de diciembre de 2015

"Mereció la pena."

Bajo la primera luna llena del invierno y con la mirada clavada en el horizonte, decidió abandonar su pasado.

Veía desaparecer el mar, a lo lejos, como muchas otras veces lo había visto aparecer en sus ojos.

Sintió el peso de los recuerdos cuando se acumulan en las lágrimas y saltan al vacío cargados de verdad, de valentía, de "mereció la pena"...

Buscaba, entre la brisa, alguna razón para quedarse. Pero no la encontró. 

No encontró la fuerza que le ayudó a quererse, ni los brazos que una vez le dijeron "si quieres, quédate".

No aguantó mucho. 
Empaquetó todo lo bueno que la vida le había regalado, lo dejó sobre la arena y se fundió con el resto de la playa.

Esta vez, el "para siempre" sería de verdad. 

lunes, 21 de diciembre de 2015

Azul.

Quiero descubrirte al fondo de la habitación cuando abro los ojos cada mañana, jugando con las cortinas para despertarme despacito y que pueda ver tu silueta a contraluz. 

Quiero saberte aquí cuando, en medio de la noche, me desvele y el sueño decida no hacer caso a mi llamada. 

Y poder adivinarte como se adivina el mar, alterado y valiente, que anuncia desde el horizonte que estamos llegando a casa. 

Quiero que seas esa ola que entre en mi vida y, con cada golpe, se lleve miles de recuerdos de sal.

Volver a sorprenderte organizando mi futuro con esa actitud tan tuya de "va a salir bien" y pedirle a la vida que se quede como está, que no se mueva, para que no te vayas nunca...

Porque no había nada más bonito que la marea rompiendo un paisaje gris de invierno, hasta que llegó tu risa y decidió quedarse para inundar mis esperanzas con su azul. 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Un año más... ¡Feliz Navidad!

Vamos a hacer un ejercicio juntos/juntas.

Sí. Tú y yo. 

Me conozcas de algo o de nada.
(Al fin y al cabo, no es necesario conocer a alguien para querer que se sienta bien.)

Vamos a tomar aire, con fuerza, y vamos a cerrar los ojos. 
(Preferiblemente cuando acabes de leer esto, porque si te paras aquí y no los abres probablemente te duermas y, aunque me estarás eternamente agradecido/a por haber resuelto tu problema de insomnio, eso no era lo que pretendía.) 

Vamos a pensar en una cosa que nos haya hecho sonreír a lo largo de este 2015. 

Venga. 
Una sola. 

Tampoco es tan difícil... 

Cuando la recuerdes habrás sonreído sin querer y, a estas alturas, ya habrán sido (mínimo) dos las veces que tu año ha merecido la pena. 

Porque si hubo algo que pudo hacerte feliz, aunque sea un instante, ya tienes una razón para pedirle más a la vida. 

Sé egoísta, aférrate a ese segundo de alegría y multiplícalo. 

Multiplícalo. Por muy difícil que pueda parecerte, porque cuando lo consigas sentirás un cosquilleo muy grande en el estómago y eso es la felicidad. 
(ADVERTENCIA: Si pasa alguien por allí en ese momento, podrás pensar que es amor. Cuidado con ese tipo de equivocaciones, que no suelen acabar bien.) 

Pídele más a este año. 

Pídele que te dé más sonrisas durante los pocos días que le quedan y adviértele al 2016 que no dejarás que se quede con las alegrías que te pertenecen, por muy grande que sea su desván.

Agárrate fuerte a lo que ha quedado de tu 2015, a la parte que ha sobrevivido de la persona que siempre has querido ser, a todas las veces que te has repetido "no sé si podré" y conseguiste ser el héroe/la heroína de tu propia vida.

No digo que este año haya sido perfecto pero... ¡Yo creo que tenemos algo que celebrar!

Brinda por todos/as los/as que han entrado en tu vida... Y por los/las que se han ido.

Pero, sobre todo, brinda por ti. 

Por haber llegado hasta aquí de una pieza, por haber aguantado todo lo que ahora dejas atrás, por haberte echado el peso de otro año más a la espalda y, aún así, haber sonreído (al menos, dos veces). 

Yo brindaré por lo mío y por lo tuyo y, si has llegado a esta altura del texto, sonreiré porque ya te conozco (aunque no). 

Feliz Navidad. 

(Pero feliz, de verdad.)

martes, 15 de diciembre de 2015

¿Dirás que sí?

Es fácil decir que sí ahora, mientras te refugias en el calor de mis caricias y tus piernas se acoplan a mi forma de dormir.

Pero... ¿Dirás que sí siempre?

¿Dirás que sí cuando la vida nos golpee fuerte en la cara, o en el pecho, y nos deje sin aliento?

¿Y cuando el peso de mis dudas sea más fuerte que yo y me cueste levantarme?

¿Dirás que sí cuando necesites mi ayuda y yo te la regale, aunque sea lo único que tengo?

O cuando quiera entregarte todo lo que soy, para que "seamos"... 

¿Y a viajar conmigo por todo el mundo?

Y cuando sea yo (la que nunca pide ni la hora, por vergüenza) la que te pida que unas tu vida a la mía, en medio de Times Square y en hora punta, sólo para ver cómo se encienden tus mejillas... 

Cuando exista un "todos los días de tu vida", atado a tu juramento. 

Todos los días de tu vida. 

Todos. 

¿También dirás que sí? 

Porque si es así... Tengo un futuro planeado para ti, a mi lado. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

"Ahora no."

Me gusta cómo suena el "para siempre" que despierta a tus labios.

Me gusta cómo suenas.

Cuando cantas, te ríes, o dices mi nombre. 

(Sobre todo cuando dices mi nombre.)

Y, no voy a mentirte, también me encanta cuando el placer se acerca a acariciar tu garganta y la obliga a gritar.

Cuando te encuentro entre mis manos y tu espalda me da la razón, pidiéndome que no me detenga, que no me pare a adorar tus lunares. 
"Ahora no".

También me gusta cómo suena tu respiración sobre mi pecho y tus dedos haciéndome cosquillas en el estómago hasta que me quedo dormida.

Y tu nombre junto al mío, en la misma frase y con tu voz... 
Eso no sólo me gusta cómo suena. Eso me hace, casi, creer en algún Dios.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Cuando sonríes para mí.

A veces me siento estúpida cuando se me olvida lo genial que eres.

Pero viene el viento y me recuerda que parece que fuiste tú quien inventó los besos, para que todos los amantes del mundo supieran de tu historia. 

Que las primeras caricias fueron diseñadas por tus manos para que tus dedos, creados para colarse entre mi pelo, jugasen durante horas.

A veces me siento estúpida cuando te busco al otro lado de mi colchón, con la esperanza de que quede algo de tu perfume y pueda sentir que me abrazas. 

Y me siento débil cuando me hablan de lo feliz que eres lejos de mí.
Porque yo habría jurado mil veces que éramos invencibles y que, si no era yo, nadie podría volver a hacerte sonreír.

Porque cuando tú sonríes, el tiempo me espera, el invierno no importa y el frío desaparece.

Pero sé que sólo pasa cuando sonríes para mí.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Material inflamable.

Me habían hablado mucho de lo difícil que es querer a alguien que tiene el corazón roto.

Pero yo, que llevo años dejando decidir a mi remendada máquina de querer, me había colgado de la ilusión de tus ojos. 

Me cogiste de la mano y me llevaste de viaje al fondo de tu alma, para mostrarme tu fragilidad.

Y tu corazón, que pasó de frágil a material inflamable, me enseñó a multiplicar en el lugar en el que las cosas sólo se dividían. 

"Por una de tus penas, siete alegrías.
Por una de tus lágrimas, once caricias."

Y, con la chispa adecuada, supimos arder. 

martes, 1 de diciembre de 2015

Y caricias. Y calor.

Puede que seas difícil de entender, pero yo también y...
Así somos, ¿no? 

Cuesta cogernos el punto, pero cuando se consigue, merece la pena.

Porque sabemos querer y queremos.

Y lo hacemos como nadie.

¿Sabes cuando te enamoras tanto, tanto, tanto, que parece que te cuesta respirar?

Que ves a esa persona en fotos y se te ruboriza el alma.

Y quieres abrazarla. 

Abrazarla fuerte y mucho. 
Y no soltarla nunca.

Porque cuando el amor te coge por sorpresa, te pide abrazos y besos. 

Y caricias. Y calor. 

Pero sobre todo abrazos. 

Abrazos reparadores. 

De esos que se dan "porque sí" y unen todos los pedacitos que había sueltos dentro de ti. 

Yo te abrazaría todo el rato, porque me he enamorado de ti.

Y me he enamorado tanto, tanto, tanto. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

Me gusta el invierno.

Me gusta el invierno porque tu sonrisa es fácil de encontrar entre la niebla.

Me gusta... Porque cuando tus rizos se tumban al sol (ese sol que sale, a veces, para intentar brillar más que tú), mis problemas desaparecen enredándose en ellos.

Me gustan el invierno y sus domingos. Porque comemos cualquier cosa, rápido, y volvemos a la cama a escribirnos historias en la piel. 

Y que te pongas sentimental cuando me pongo pesada.

Y ver tus defectos completando a los míos.

Y que siempre exista esa nota musical que baila entre tus labios. 

Me gusta el invierno porque, aunque se presenta frío, tú eres todo el calor que necesito. 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Vivo rápido.

Vivo a un ritmo frenético, que hace que se me escapen los minutos con la facilidad con la que se disipa el humo. 

Entonces, cuando tengo un instante y freno a la vida, me acuerdo de ti.

Supongo que el amor es esa mierda que me hace querer saber cómo suena tu risa, aún sabiendo que hace tiempo que no consigo arrancarte una carcajada. 

Te me escapas entre los dedos, como el agua.
Pero lo haces de una forma tan diferente, que me obligas a sentir, a querer... Aunque no sepa cómo decirlo.

Vivo rápido para intentar olvidarte.

Pero ocurre que el único ritmo al que quiero vivir, es aquel que marcan tus caderas cuando se rozan sin querer contra mis manos.

Una y otra vez. 

Y decides quedarte aunque no te lo pida, aunque no te diga lo que ya sabes.
(Que te echo de más en mis ganas y de menos en mi vida.)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ese es tu poder.

Hace unos días, escribí el texto más sincero de mi vida. 
Habla de ti. 

No sé si lo notaste, pero la pasada noche te besé.

Estabas cerca y sonriendo con una mirada agotada. 
No me pude resistir.

Rocé tus labios por un instante y supe cómo se alegra tu alma.

Me había costado mucho quedarme dormida esa noche y, a pesar de que tardé sólo unos segundos en despertar  después de besarte, noté cómo la felicidad le daba la vuelta a mi corazón.

Me dio igual el cansancio y me dio igual que no fuese real, porque me hiciste feliz.

Ese es tu poder. 
Hacerme feliz, sin siquiera saberlo.

Escribí el texto más sincero de mi vida y, aunque todavía no pueda publicarlo, eres tú. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Me haces ilusión.

Asiento 95. 
Me ha tocado ventanilla y me encanta.

Llueve, cómo no. 
Suerte que no me peiné. No mucho.

Me dijiste "veámonos en Santiago, sé que adoras esa ciudad y sé que a mí puede empezar a gustarme".

Puede que vayamos en el mismo tren, incluso en el mismo vagón...
O puede que me estés esperando en el andén, en la cafetería o en el aparcamiento.

También puede que te arrepintieras en el último momento y no estés.

No tengo nada seguro, ni cobertura, pero puedo notar cómo los nérvios me acercan a ti.

No sé, de ti, más que lo que dejas que se lea en tus ojos en las fotos.

A lo mejor no parece normal lo que hacemos.
A lo mejor no lo es. 

De lo único que estoy segura es de que no es normal la ilusión que me haces.

Bueno... Y de que me muero por verte. 
De eso, también. 

sábado, 21 de noviembre de 2015

Maquillaje para el alma.

Creo que tengo ganas de querer.
Por primera vez en mi vida, creo que tengo esa necesidad.

Eso... Y la sensación de que hace un frío que no quiero que pases. 

Porque ya te han congelado el corazón muchas veces, para luego rompértelo, y no soportarías que ocurriese una más.

Al menos, hasta que hayas cicatrizado. 
Hasta que las marcas de otros amores se puedan cubrir con maquillaje para el alma. 

Me gustaría que entendieras que quiero verte y que tiene que ser muy imbécil el que se niega a hacerlo.

Quiero verte y quiero mirarte, que no es lo mismo.

Dime que me dejas mirarte en silencio, hasta que mis ojos hablen por mí y te griten el "te he echado de menos" que mi valor guardaba bajo llave.

Déjame contarte tonterías, como que el horóscopo me hace la pelota una vez más. Asegurándome que llegaré a la cima de la montaña, si me lo propongo.

Y que me devuelvas la mirada para decirte, callada, que "no quiero llegar, si no es de tu mano".

jueves, 19 de noviembre de 2015

Baraja incompleta.

Me he pasado la tarde ordenando los cajones de mi alma y me encontré algunas cartas.

Al cogerlas recordé, por cada una, momentos a tu lado.

Una luz que se enciende curiosa en una ventana, mientras nos abrazamos debajo.

Un juego de sombras al fondo de un callejón, cualquier noche de verano.

Dos gatos que se pelean (y te asustan) en la puerta de una casa. 

Y te ríes al comprobar que no fue nada. 
Porque siempre te ríes. 

Me vino el recuerdo de tu mirada, de tus manos, de tus bromas y de millones de cosas. Cosas nuestras. 

También de tus miedos y de cómo los apartaba de tus ojos.
Y sentí la necesidad de buscar las cartas que faltaban, para reconstruír nuestra historia en mi cabeza. 

Pero, por más que busqué, mi baraja estaba incompleta.

Por más vueltas que le di al cuarto de los recuerdos, a mi baraja le faltaba la reina.

La de corazones.

martes, 17 de noviembre de 2015

Improvisando.

"Tienes alma de artista, improvísame algo.

Y prométeme que no te enfadarás cuando te llame 'princesa'."

Y lo hice, como hacía todo lo que me pedía.
Con todas las ganas que puedo tener, como si fuera mi único propósito en el mundo. 

Le prometí que me daría igual lo que me llamase, porque lo único que quería era ser su primer pensamiento al despertar.
Me daba igual qué viniera detrás del "buenos días".

Aquella noche, trazamos un futuro imaginario sobre las estrellas.
Y yo me perdí algunos de sus planes, por  buscar el reflejo de la luna en sus ojos.
(Aunque confieso que eso aún no se lo conté.)

Lo de improvisar... 
Eso se me dio un poco mejor, aquel día, e improvisé una acampada en sus caderas, entre su pelo, sobre su piel...

domingo, 15 de noviembre de 2015

Por verte sonreír.

Tenía un texto en el tintero y, al cruzarme con tus quejas, se esfumó.

Qué no daría por desempañarte la mirada, por quitarte la pena con un simple movimiento.

Por enseñarte a querer en todos los idiomas de los lugares que quisieras visitar conmigo.

Que me digas "¡Ay, niña! No me hagas reír que se supone que me duele el alma y no debería...". 

Como si la risa fuese controlable.
Como si fuera cierto que llamarme "niña" te hace más mayor. 

Qué no daría, joder, porque no volvieras a sufrir.

Qué no. 
Yo. 
Que, de lo poco que tengo, le quedaba a deber a la vida... ¡Por verte sonreír!

(Existe una canción que dice eso. 
Pero diría mucho más, si hablase de ti.)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Pero no olvido.

Bebo y conduzco.

Pero no olvido.

Me encuentro de frente con lo que quiero, pero suelo estrellarme contra lo que no.

Ya no se curan las heridas de mi piel, por hacer juego con las del alma. 

Quiero, pero no puedo.

Me llamo y ya no respondo.

Me he enganchado a algunas drogas, que me ayudan con el mono de tus besos.

Se hace corto el camino de vuelta a una casa que no es la tuya. 
De vuelta a unas costillas que no se dejan acariciar con suavidad.

Me delatan las ojeras cuando alguien me pregunta si estoy bien y respondo que ya no sé cómo es la vida, pero que he aprendido a malvivirla sin ti.

Ya no se puede contar conmigo.

Y yo sólo cuento con el miedo a tener que decir quién soy, sin poder pronunciar tu nombre.

jueves, 12 de noviembre de 2015

No sabe ligar.

Dice "no sé ligar" y se ríe.

Puede que tenga razón.
Puede que no sepa cómo lo hace, pero enamora sin querer. 

Te das cuenta tarde. 
Cuando todas las canciones que algún día te recordaron a otra persona, ahora sólo te acercan a tu idea de su voz.

Dice que no sabe ligar. 

De corresponder no habla, porque sabe que no puede.

Y no promete, pero sonríe.

Y, cuando lo hace, parece estar pidiendo ayuda.

Ayuda para querer.

Y yo eso, aunque pueda prometérselo, no sabría cómo hacerlo.

Porque si la idea de su boca diciendo mi nombre me tiene temblando... 
La de  rogarle que me enseñe a sentir sus manos, me mata.

Como me mata que siga repitiendo que "no sabe" ligar.

martes, 10 de noviembre de 2015

Invita la casa.

Dime qué se esconde detrás del color de tus ojos.
Háblame de las lágrimas que obligan a flotar a tus penas. 

Ven. 
Siéntate a mi lado.
Que hoy hay barra libre de sentimientos y podemos ahogar el alma.

Confía en mí. 
Para quererte, nunca tendría prisa.

Deja que se enreden nuestras piernas y se pierdan nuestros miedos en el hueco de tu risa.

Siéntete libre para tirarme del pelo mientras te muerdes el labio.
Y, de paso, el mío.

Quédate esta noche. 
Invita la casa.

La cena. Las ganas. La playa.

Quédate esta noche, que no necesito más luz que la de tus ojos cuando se encienden de pasión y me encanta comprobar que no rimas con nada.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Pero tú...

Una vez te vi.

Ibas paseando con tu novia y pareciais felices.

Tú sujetabas su mano y ella a vuestro perro. 

Tú te morías por ella y sonreías, mientras la mirabas por el rabillo del ojo.
Probablemente estabas pensando "joder, qué suerte tengo".

Ella iba demasiado ocupada con todo lo que había a su alrededor.
Tanto, que se estaba perdiendo lo más bonito. 

Pero tú no eras consciente. 

Como no lo fuiste de que te saludé y me quedé con el corazón desnudo y en la mano, sosteniendo a la palabra que se me acababa de escapar.

Yo no sé cómo es ella, pero seguro que no te merece.

Yo puede que tampoco. 
Pero prometo no "no mirarte" nunca.

Y dejarte ganar las peleas de cosquillas.
Y que elijas siempre las pelis y que no compres palomitas.
Y hacerte reír.

Porque nadie se merece estar triste.
Pero tú, menos. 

Entonces, si quieres, seré yo la que piense en la suerte que tengo.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Todas las disculpas del mundo.

Le debo una disculpa a Sabina por todas las veces que dediqué sus canciones con la idea de que "esta vez es para siempre, ¡estoy segura!".

Le debo una disculpa al corazón, por intentar convencerlo de que el amor a veces duele.

Y a ti... A ti no te debo una disculpa. 
A ti te las debo todas. 

Por haberme negado a  convertir tus besos en versos, cada madrugada.

Por no haber querido quererte, por miedo a morirme de miedo si huías. 

Me duele lo estúpida que fui, cada una de las veces que te repetía que amar no merece la pena.
Cada una de las veces que juré no tenerte en cuenta, después del amanecer.
Cada una de las veces que ignoré tu mirada empañada. 

Te debo todas las disculpas del mundo, por no haber creído en la música de tus labios.
Por no haber estado a la altura de los deseos de aquello que está más allá de la piel. 

Te debo todas las disculpas del mundo... 

Y se me ocurre que si te escribo una canción por cada una, canciones que sean sólo tuyas y mías, puedes llegar a perdonar lo idiota que he sido.

martes, 3 de noviembre de 2015

Uno de esos conciertos.

Vuelve noviembre y yo tengo ganas de un concierto de los que te hacen olvidar que existe el frío.

Uno de esos conciertos en los que "I love rock 'n' roll" es la canción más lenta y la gente se conoce entre humo, saltos y sudor.

Acabar desayunando con la voz ronca y dándole patadas a la vida, en cualquier bar de carretera, después de haber intercambiado el aliento a whisky y cerveza en un motel de paso.

Tengo ganas de un concierto como aquel en el que nos conocimos, cuando nos sentíamos invencibles y decidimos creer que el futuro comenzaba allí.

Y volver a escribir acordes nuevos sobre tus caderas, para regalarte un solo de guitarra que grite tu nombre en cada uno de sus agudos, como tú gritabas el mío a los diez minutos de aprender a pronunciarlo.  

lunes, 2 de noviembre de 2015

"Hacer la vida".

Te esperaré allí donde siempre llueve.
Donde tu sonrisa brilla empapada por los caprichos del invierno, mientras tu pelo se enreda entre mis ganas de sentir. 

Te esperaré, para que regresen los días en los que me dabas mil besos de buenos días.
Esos que se dan en la espalda, justo donde acaba el cuello y empiezan las cosquillas, mientras me agarras por la cintura.

Los mismos que demuestran que me tienes y que ya no somos, sin ser parte de esto.

"¿Cuánto tiempo es 'mucho tiempo'?"

No supe qué contestar.

A tu lado, todo tiempo es poco. 

Es como si los segundos pasaran de cuatro en cuatro, como si las sombras de tu risa fueran fantasmas que se esconden entre mis miedos.

A tu lado, sé que "muchos años" no son suficientes.
Que necesito nueve vidas más para abrigarme en lo vibrante de tu voz. 

¿Cuánto tiempo es "mucho tiempo"?

Joder... No sé. 

Supongo que el que quieras regalarme tendrá que ser suficiente, pero nunca "mucho".

Porque, seamos realistas... Nadie se podría cansar de tu forma de "hacer la vida", ni de tu cara al "ver el amor".

martes, 27 de octubre de 2015

Delirios de madrugada.

Aunque no pueda dormirme, tú apareces. 

Te quise. 
Sin querer y sin saber que lo quería.

Supongo que me sobran madrugadas, si ya no estás al otro lado de mi conversación.

Sonriendo (o así te imaginaba yo) con todas las idioteces que me inventaba para que no te durmieras.

Para tenerte "diez minutitos más", aunque por las mañanas nos muriésemos de sueño.
Lejos, pero a mi lado. 

Casi podía sentir el calor de tus manos y la intensidad de tus ojos negros, mientras me escribías tu vida en cuatro pantallas y me hablabas de nombres raros.

Casi, tus alegrías mezcladas con mis dudas y unas ganas enormes de gritarte que te extrañaba, aún sin haberte tenido. 

Yo recuerdo haber sido feliz. 

Y el cosquilleo en el estómago. 

Y una distancia que fue mucha y que después lo fue todo. 

También recuerdo tu regreso, efímero, y tu empeño en seguir colándote en mis sueños cada noche.

Dicen, los que saben de amor, que si alguien no consigue dormirse es porque está despierto en los sueños de otros. 

Yo sólo espero que descanses, esta noche, todo lo que no te dejo descansar todos los días. 

Y que me llames mañana, diciéndome que me has echado de menos "como se echa la 'h' del verbo 'echar', antes que a nada". 

Que esta vez podemos intentarlo, porque tú estás libre y yo segura.

Que han pasado muchos años y hemos madurado la ilusión de ese futuro simple, compuesto por miles de mañanas despertándonos en el mismo colchón.

Y que, aunque el Robe ya sólo cante en solitario y los "Aviones" de Pereza sean lo que más me acerca a nuestro invierno, podremos dar conciertos en la playa siempre que quieras.

Pero, esta vez, ya no tan lejos... Más a mi lado. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Pasar la vida a limpio.

"Adivina de dónde vengo", me dijo.

Si me fio de su acento, yo diría que del sur.
Si me fijo en su cara... Del cielo.
Si me paro en sus caderas, que son todo pecado, podría asegurar que llegó de la nada para arrastrarme al infierno.

Acerté. 

"A veces me gustaría poder pasar la vida a limpio. 

Entonces me doy cuenta de que es maravilloso cuando se estropea la radio porque se avecina una tormenta, de esas que te gustan y a mí me dan miedo, pero me regalan tiempo para estar contigo.

Que me encanta cuando ves las pelis de terror escondida en mi abrazo y luego te asustas con cualquier cosa.

Que me enamoro más de ti, cada vez que te descubro reflejada en mi mirada...

Y me doy cuenta de que eres mi mejor borrador."

De repente, el cielo me pareció poco. 

jueves, 8 de octubre de 2015

Viajar en martes.

Tengo la manía de viajar en martes.
Y si es trece, mejor todavía.

Me hace gracia pensar en la gente, imaginarme sus vidas, empaparme de sus acentos y enamorarme. 

Sí, enamorarme mil veces cada vez que me alejo de casa.

Fue algo así, esta vez. 

Hay miradas que duran segundos y se clavan tan fuerte, que te desnudan el alma.  

Después de esa primera mirada pensé que podríamos hacerlo todo. 

Podríamos hacer noche en mil aeropuertos y pasearnos por mil estaciones. 
Viajar todos los martes, aprovechando la buena suerte que dejan todos los demás por el camino.

Después de esa primera mirada, quise quedarme a vivir en el anfiteatro de su risa y contagiarme de su energía cada día.

"Creo que querría compartir contigo mi manta preferida, para siempre...", le dije. 
Y jamás había estado tan segura.

Tenía que ser amor. 

Supongo que la magia de los viajes es encontrarse unos ojos como los suyos, en el rincón menos pensado de cualquier bar de Madrid, y que te hagan morir de felicidad. 

Tengo incontables manías. 

La de viajar en martes es una de ellas y, hasta ahora, no me va tan mal. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Manos de invierno.

Con la caída de las primeras hojas del otoño, se suavizan sus detalles. 

Tendríais que ver cómo deja caer sus párpados lentamente, barriendo todas las penas que me trajo el mar a lo largo del verano. 

Se le marcan las ojeras, regalándole un aire de misterio a su mirada. 

Su piel se vuelve más pálida, se le cortan los labios y se le empiezan a poner "manos de invierno". 

Es como si al llegar el frío se dejara morir un poquito cada día, para nacer de nuevo reflejada en mis ojos. 
Más guapa que nunca. 

"Eres realmente bonita", le dije un día.

"No me extraña que todos se enamoren de ti. 
Que te escriban canciones y poemas, cargados de todo lo hermoso que inspira mirarte." 

Me sonreía.

Como sonríen las mujeres que te hacen creer que se están dejando enamorar, obligándote a perder la cabeza en la locura de sus gestos.
Sin que te des cuenta de que habían anulado tu voluntad aún antes de mirarlas. 

"Eres realmente bonita".

Y me sonreía. 
La luna me sonreía.

sábado, 26 de septiembre de 2015

"Que no te líen."

"No dejes que nadie te obligue a elegir.
Lo bonito no siempre está en un extremo. 

Mucha gente encuentra la belleza en medio del camino hacia 'lo correcto'. 

No dejes que elijan por ti. 

Que no te líen, bonita. 
Que la vida, a veces, no es escoger entre fácil o difícil. 

Lo único cierto de la vida, es que sólo es una y que lo que se lleva de ella, es la sensación que te deja el haber vivido todo lo que quisiste vivir. 

La mezcla de lo que está bien y lo que hace daño (porque lo que 'está mal' lo decide cada uno) y la sensación que se te queda en la boca después de haber probado lo dulce o lo salado. O los dos.

Que nadie te obligue a elegir lo que quieres vivir, si deseas vivirlo todo."

Pude haber elegido no amar esas palabras, o esa voz, o ese cuerpo, hasta el amanecer del último de mis días.

Pude, pero no quise. 

Quise sentirlo todo, allí y entonces. 

Lo dulce vino de la mano de sus labios.
Lo salado, de las lágrimas que me dejaron las migas de su amor.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Cuando el amor juega a esconderse.

Hoy me enamoré de unos ojos de esos que abrazan a la tristeza. 

Recogían el azul del mar cuando está bravo en las tardes de temporal.
Contaban la historia de un alma que ha sufrido, desnuda, mil inviernos. 

Se encadenaron a los míos durante tres segundos, haciéndome volar, y no me esforcé en intentar recuperar la cordura.

Puede que no me los vuelva a cruzar, pero jamás los olvidaré. 

Y es que, cuando el amor juega esconderse, la más bella de las miradas puede parecer una tortura.

martes, 8 de septiembre de 2015

Parece poco.

Yo, que siempre juré no enamorarme, acabé por prometerle una canción por cada mañana que despertara a mi lado.

Disfruté rimando versos que escribí sobre su espalda.

Versos cutres, tan vacíos de poesía como cargados de sentimientos.

Versos que hablaban de la pasión con la que hacía todo lo que le gustaba, o de los conciertos que me daba en el salón.

De lo transparente de la blusa, aquella vez, y sus manos enredadas en mi nuca.

De lo mucho que le brillaban los ojos al beber Sprite y sus carcajadas cuando era yo la que tenía un día sensible.

Eran versos tan reales como lo que sentía al mirar sus ojos y de la sencillez con la que me enseñó a querer.

No eran los "9 días" de Vanesa Martín, pero a mis canciones les quedaba bien el ritmo de su risa.

Supongo que el corazón a veces baja la guardia y, de repente, una canción por cada despertar parece poco. 

lunes, 31 de agosto de 2015

La tormenta prometida.

Caminé descalza sobre las brasas de un corazón que murió amando y busqué, desesperada, una lluvia capaz de borrarlo todo. 

"... siempre llega la calma", suelen repetir. 

Y yo confiaba, hasta que descubrí que la tormenta prometida se escondía en tu mirada.

Entendí que el amor no es una cuestión de tiempo, sino de ganas. 

Entendí lo bonito de la poesía susurrada y la letra de alguna canción de esas que se escuchan de fondo en las películas con final feliz. 

Y, después de haberme perdido, me encontré negándome a que algo pusiera fin a tu tempestad. 

viernes, 21 de agosto de 2015

Me gusta.

Me gusta.

Me gusta tanto como dicen, los que han amado alguna vez, que gusta "esa persona".

Tanto como para querer contar las gotas de lluvia que se cuelgan en sus pestañas cuando llueve y acelera el paso porque llega tarde. 

O más. 

Quizás me gusta tanto como para sentir celos de esas gotas, por estar cerca de sus ojos. 

Siento, ¡vaya que si siento!

Siento, como se siente el frío sobre una quemadura, cada vez que sonríe y me regala un ratito del verde de sus ojos. 

Siento el mismo viento que acariciaba su piel y ahora me abraza, para llenarme de su perfume. 

Me gusta. 

Me gusta tanto como para pasar a su lado cada día de la vida que me fue prestada.

Y tanto como para callarlo y seguir envidiando al mar, que cubre su cuerpo de caricias de sal y le deja el cabello alborotado de ese modo tan seductor. 

miércoles, 19 de agosto de 2015

Europa contigo.

Ven. 

Recorramos Europa.

Quiero saber cómo suenan las palabras de amor que todos repiten, cuando salen de tu boca.

Encontrarme en el olor a canela que se esconde debajo de tu piel y contar las veces que sonríes cuando te beso en el cuello. 

Que me digas eso de "yo busco a mi medio limón, que las naranjas ya se quedaron sin zumo" y y me envuelvas en tu abrazo. 

Yo no quiero inventarme un amor, pero quiero escribirte mil letras para que me cantes lo que ya está inventado. 

Ven. Recorramos Europa. 

Quiero conocer lo bonito de tu cara despertando entre la niebla de Londres, enamorarme de la vida de tus ojos en cualquier calle de París y verte temblar de alegría al calor de un pub en alguna calle de Dublín. 

Porque viajar es maravilloso...
Pero seguro que no es lo mismo Europa contigo, que Europa sin ti.

domingo, 16 de agosto de 2015

En frío.

Me despierto y querría quedarme en ese momento durante horas, o días.

Querría quedarme entre tus brazos durante vidas, durante todas las vidas que pudiésemos vivir.
O entre tus piernas.

En frío, los golpes duelen más.
Los recuerdos de una noche cerca de tu aliento me golpean de nuevo.

Es como cuando llueve sobre mojado.
Como Galicia en invierno.

Tu olor sobre mi almohada me recuerda que estuviste entre mi pelo.
¡Como si necesitara ayuda para no poder olvidarte!

Como si no fueras suficiente tú, para nacer entre las letras de un texto tan caótico como sincero.

Como si no supieras doler más que cualquier resaca de verano.

viernes, 14 de agosto de 2015

Las cosas sencillas.

Le gustaba el olor a lluvia, como a mí.

Imaginarse mil viajes, esas tardes de domingo que se ven desde el sofá.

Ver pasar las horas entre historias y caricias y contarme que jamás se cansaría de mi sonrisa.

Le gustaban el olor de la tierra mojada, la niebla en verano y los trenes por la noche.

Le gustaba la primera gota de pintura que cae, haciendo un dibujo, sobre el agua.
Y le gustaba hasta el punto de sonreír, sin ser consciente de que su sonrisa era todo un estallido de color.

La comida y el café para llevar, los libros viejos y esas series que no ve casi nadie... Todo eso, también le gustaba.

Le gustaban muchas cosas sencillas.

Y también le gustaba yo.

Decía haber vivido más de una vida y, si mirabas sus ojos, sabías que no mentía. 

A mí... ¿Qué voy a decir yo? 
Si a mí me encantaba...

miércoles, 12 de agosto de 2015

Si es por prometer...

Invítame a un verano entre tus brazos.
Te prometo que no vas a tener frío ni una sola noche.

Y, si es por prometer, te prometo que cumplo.

Que estaré siempre a tu lado y jamás llegarán los días en los que no tengamos de qué reírnos.

Nunca, esos días de mirarte y no sentir.

Nunca esos ojos, sin hacerme temblar.

Nunca tus manos apagando mis ganas.

Nunca dejar de oír tu voz. 

Gritando o susurrando, me da igual.
Pero tu voz. 

Y tu risa.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Belleza es eso.

Buscaba una forma sencilla de explicar la belleza y, entonces, recordé tu sonrisa.

Belleza es eso. 

Tú. 

Sonriendo, cantando por el pasillo, intentando ser normal (como si esa alegría fuera de este mundo).

Tú. 

Erizándome la piel como una ranchera cantada por Chavela o una noche de luna plateada en cualquier playa.

Abriendo la puerta y asomando la cabeza, susurrando mi nombre y diciendo que has llegado.

Ayudándome a encontrar mi norte más allá de tu sur.

Belleza eres tú. 

Sin adornos, ni metáforas exageradas y, preferiblemente, casi sin ropa. 

Buscaba una forma sencilla de explicar la belleza y, sin quererlo, apareciste entre mis recuerdos.

Creo que lo conseguí.


martes, 28 de julio de 2015

Me hace cosquillas.

"Pensar en ti, me hace cosquillas", me dijo.

"Siento una cosita aquí, en el estómago, cuando recuerdo tus labios moviéndose despacio y hablándole a los míos. 

Noto cómo se me encoge el corazón, cuando me doy cuenta de que no será eterno. 
Porque, tú lo dijiste, nada lo es."

No recuerdo haberlo dicho. 

No recuerdo nada, de mi vida, anterior a su sonrisa.

No recuerdo haber sentido, antes de encontrarme con sus ojos.

Pero nada es eterno. 
Me dijo que yo se lo dije.

Nada. 

Aunque el recuerdo de su voz susurrándome "bonita", a mí también me haga cosquillas.


sábado, 25 de julio de 2015

Al menos llueve.

Se acercó a mis frías manos con todo el calor de su corazón y, después de templarme el alma, me clavó su mirada de hielo.

Traía el pelo revuelto y los labios mojados.
La sonrisa, sin embargo, era la de siempre.

"Al menos llueve.
Llueve y estás aquí."

Había tenido un día de locos y, cuando sus besos acariciaron mi espera, se refugiaron mis sueños en sus ojeras.

Siempre supimos que ver brillar el sol, de noche, era sólo cosa nuestra.

Y que buscar la felicidad fuera de nuestras carcajadas, era inútil.

Nunca pudimos dejar de cantar cualquier canción cutre, de madrugada.
O de bailar sin música en calle.
O de hacer llover en el salón.

Nunca pudimos dejar de tenernos, ni tuvimos que dejarnos. 

viernes, 24 de julio de 2015

¿Quién te dio permiso?

¿Quién te dio permiso para colarte en mi cabeza de esta forma?

¿Quién? Que quiero reclamarle el miedo que tengo a perderte.

El miedo a olvidar tu rostro, si no te veo en cuestión de minutos. 

Aunque luego cierre los ojos y nunca te fueras. 

O recuerde tus dientes grandes, blancos y perfectos, queriendo morder mi nariz cada cinco minutos.

Aunque sueñe tus dedos recorriendo mi espalda una y otra vez, la noche que quisimos detener el tiempo sobre tus costillas.

Y se arremoline el viento a las puertas de mi alma, para gritarme que viene a llevarse tu aroma. 

¿Quién te dio permiso para hacer, de mi vida, el desastre con más sentido de todos?

¿Quién? 

Que quiero agradecerle tu voz ronca por las mañanas, tus manías, tus sonrisas y el brillo que dan tus ojos a mis ojos...

Puede.

No sé en qué momento decidimos pasar de contarnos idioteces, a contarnos los lunares.

Nos enamoramos, como imbéciles, de una vida que nos negó más de lo que nos había prometido.

Nos hizo gracia el amor, cuando nos cogió por sorpresa aquella noche y nos reímos, con él, mucho más tiempo.

Días que supieron a verano. 
Días que fueron felicidad.

Los meses se nos fueron escapando y, cuando quisimos alcanzarlos, nos dimos cuenta de que nuestros pasos eran más cortos.

Puede que hubiésemos arriesgado demasiado.

- Créeme si te digo que lo único que tengo es un corazón desnudo.
Y créeme, también, cuando te digo que me da igual.
+ A mí ya no me queda nada que perder.

Levantó un poco la cabeza y, forzando una sonrisa, se apartó el pelo de la cara.

- A mí aún me quedas tú. 

O puede que no. 

Puede que, por una vez, hubiésemos ganado.



martes, 21 de julio de 2015

Nadie me explicara.

Su nombre se ha aliado con el timbre de su voz para alegrarme los días.

Me tortura la idea de no haber guardado su olor, aunque se haya pasado media vida sobre mi espalda.

Y, en las noches que me falta, se entretienen con su recuerdo las ganas de morirme entre sus brazos.

Nadie me advirtió que enamorarse era tan fácil como que sus manos rozaran mi cintura y sus dientes se engancharan a mis sueños. 

Nadie me advirtió que enamorarse era no poder respirar cuando me falta su aliento y que la vida parece distinta si se ríe, conmigo, de ella.

Nadie me explicara lo que es amar.
Hasta que llegó, con sus bromas y sus historias infinitas, y sobró toda explicación.

lunes, 20 de julio de 2015

Viajamos.

- ¿Seguro que quieres venir conmigo?
+ ¿Tan mal conduces?
- No es eso... Es que casi nunca llego a mi destino.

Y me miró con unos ojos capaces de confundir al mismo Diablo, pero asentí.

¿Quién no querría perderse con su sonrisa, aunque acabara naufragando en el mar de su mirada?

Viajamos. 

Viajamos lejos con el cuerpo y más lejos con el corazón.

Nos quisimos donde nadie pudo odiarnos y nos encontramos escapando del destino. 

Me habló de sus aventuras, de sus miedos, de sus penas...
Me habló y su acento se tatuó en cada poro de mi piel. 

Nuestra historia será, algún día, algo más que papel mojado por una impertinente lluvia de verano. 

Mientras tanto... Sus manos.

jueves, 16 de julio de 2015

Por una coma.

Me quemó el alma con sus gemidos de madrugada y se olvidó de recordarme que se iría al amanecer.

"Ven. Cántame al oído una vez más." 
Y la fuerza de un susurro lleno de caricias para su alma, se colaba en sus oídos como mis manos entre su piel.

Quise gritarle "quédate, mi vida" y se guardaron entre mis labios las palabras, sintiéndose dueñas de su propio destino.

"Quédate mi vida", le escribí en la espalda.

Y se la quedó.

Entonces entendí la importancia de una coma...

miércoles, 15 de julio de 2015

A un paso.

A un paso de tu risa, parece que el cielo se abre para mí.

A un paso de tus manos, de tus besos, de tus ojos. 

A un paso. Y suena lejos. 

"Lo imposible es lo que no nos atrevemos a intentar", dijiste.

Yo seguía a un paso de ti. 

Te quise contar, en menos de 10 caricias, las ganas que mis labios tenían de los tuyos.

Te quise cantar, en cuatro estrofas y media, las ganas que mi piel tenía de tu piel.

Y te tenía a un paso. A un solo paso.

Sentía que por ti podría atravesar todos los desiertos, bebiendo del deseo de tenerte cerca...

Era un paso. Dos segundos, ocho centímetros y una vida entera.

Caminé en dirección contraria, sin mirar atrás y, cuando quise darme cuenta, ese paso se había convertido en muchos más.

Supongo que es más fácil escribirte que ser valiente.

Supongo que no te olvidaré.

viernes, 10 de julio de 2015

Frenético y granate.

Siempre me han gustado las personas a las que se les enfría el café, por no parar de hablar.

Y era así.

Nos encontramos una noche en la que la luna brillaba más de lo que había brillado el sol y, de repente, mereció la pena el cansancio.

Supe que era lo que siempre había buscado y su voz, suave, sostuvo mis mejillas en alto un rato más.

Era de belleza delicada y, por su modo de caminar, parecía estar flotando.

No utilizaba vaqueros, si no "jeans", y en lo pálido de su rostro se adivinaban unas pequeñas pecas.

"Soy como un panecillo de cereales", bromeaba. 

El olor del café le dibujaba una sonrisa y, de tener que elegir, lo tomaba solo, cargado y con un toque de canela.

Siempre tuvo claro lo que quería y hasta donde llegaría por amor...
 
"No voy a beber más de una, lo siento. Supongo que será que no te quiero tanto... 
Además, no puedes comparar la cerveza con la elegancia de un buen vino".

Y yo, hipnotizada por el juego de sus dedos con la copa y el baile que hacían sus labios y aquel líquido, ponía mi mundo a girar a un ritmo frenético. 

Frenético y granate.

Y me rendía con los únicos "tienes razón" que sentí antes de pronunciar.

jueves, 9 de julio de 2015

La diferencia entre tú y el resto del mundo.

Puedo reconocerte, de espaldas, en cualquier lugar lleno de gente. 
O diferenciar tu voz entre los gritos desesperados de cualquiera, sin que hayas separado los labios.

Puedo prometerme que te prometería no descuidarte jamás.

Porque la diferencia entre tú y el resto del mundo, es lo que me haces sentir cuando sonríes. 

Pasas por mi lado, dices "hola" en lugar de "adiós" y me demuestras que llegas para instalarte en el alma de todo aquel que se cruce con tu mirada.

Y yo te imagino cuando las arrugas empiecen a contar las historias que se esconden en la luz de tus ojos, con toda tu belleza intacta y a mí a tu lado, y me muero de ganas de que el tiempo se me escape de entre los dedos, mientras me entretengo haciéndote cosquillas con las pestañas en el cuello.


Aunque después despierte y sepa que no estás. 

martes, 30 de junio de 2015

Siempre cerca.

La abrazaba cada noche y, con sus manos entrelazadas, le juraba mantener a salvo todos sus sueños.

Un beso en el hombro, por sorpresa, de unos labios capaces de frenar cualquier tormenta de dudas. 

Le acariciaba la nuca y perdía la noción del tiempo entre el olor de su pelo.

Entre promesas de cosas que parecían imposibles y madrugadas a salvo al calor de su abrazo, pasaron los años.

Muchos.

Y cuando ya no quedaban sueños por cumplir, ni las cosquillas de madrugada eran suficientes, se desprendieron de la piel que guardaba los recuerdos de su historia y supieron empezar de nuevo.

Lejos, pero cerca.

Siempre cerca. 

sábado, 27 de junio de 2015

"Hasta agosto, o así."

Ven y cuélgate, una vez más, de mis pestañas.

De una de esas pestañas que se mueven sin descanso cuando ven brillar tu sonrisa al fondo de la calle.

Regálame de nuevo la sensación de frío que provocan, en mi piel, tus manos de cristal.

Dejemos que tus lunares entretengan a mis ganas y susúrrame que podemos alargar el invierno "hasta agosto, o así".

Hazme volver a perder la cordura justo donde termina tu barbilla y búrlate de mí, otra vez, diciendo que vas "a hacer contigo lo que la humedad hace con tus rizos".

Recoge la miel que dejaste en mis labios la última vez, sosteniendo uno de los recuerdos más dulces.

Llévame lejos, de la mano de las ilusiones escondidas entre tus carcajadas.

Ven y cuélgate, una vez más, de mis pestañas... Para acabar siendo una de esas que lanzo al viento convertidas en deseos de que vuelvas.


martes, 23 de junio de 2015

Una pena de amor.

Se había levantado, sin saber que hora era, y había puesto música.

"Repeat".

La habitación se fue llenando de humo, a medida que se vaciaban las botellas.

A los pies de la cama y con la vista clavada en el cristal, veía nacer un día tan gris como el fondo de su mirada. Y lloraba.

No eran lágrimas de las que se escapan por un agosto nublado.

Era una tristeza de esas que son fáciles de vivir, pero difíciles de explicar.

Una pena de las que te cogen por sorpresa y duelen porque no terminan.

Una pena de amor.

"There... Running my hands through her hair.
Both of us thinking how good it can be.
Someone is speaking,
but she doesn't know he's there..."

Dejaba que la canción hablase a cada uno de los cristales que brotaban de sus ojos.

Era esa canción. 
Su canción.

Su estrofa, su verso y la alegría con la que llenaba la casa cada vez que la cantaba con aquella voz, joven pero gastada.
 
"Running my hands through her hair..."

La canción con la que había llegado a su vida... Pero no para quedarse.