sábado, 19 de julio de 2014

Pedirnos más.

Dejar una vida vacía de emociones por madrugar para ver con qué poca gracia abre los ojos cada mañana.
Besarle la frente, las manos, los labios. Poder sonreírle y perderme en su espalda.

Calmar sus enfados, contar sus lunares, hablarle al oído.
Gritarle "te quiero", pedir que se quede y cantarle bajito.

Hacer millones de planes, deshacer la cama, que me mande callar.
Prometer cosas que jamás cumpliremos y ver pasar las horas desde mi sofá.

Y es que no hay nada mejor que gastarnos los dedos de tanta caricia, que nos queme el alma de tanto deseo y morirnos de ganas de pedirnos más.

He vuelto al lugar donde encontré la inspiración, he vuelto al amor.
He vuelto a sentir, he visto sus ojos, ha huido el dolor.

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