Dejar una vida vacía de emociones por madrugar para ver con qué poca gracia abre los ojos cada mañana.
Besarle la frente, las manos, los labios. Poder sonreírle y perderme en su espalda.
Calmar sus enfados, contar sus lunares, hablarle al oído.
Gritarle "te quiero", pedir que se quede y cantarle bajito.
Hacer millones de planes, deshacer la cama, que me mande callar.
Prometer cosas que jamás cumpliremos y ver pasar las horas desde mi sofá.
Y es que no hay nada mejor que gastarnos los dedos de tanta caricia, que nos queme el alma de tanto deseo y morirnos de ganas de pedirnos más.
He vuelto al lugar donde encontré la inspiración, he vuelto al amor.
He vuelto a sentir, he visto sus ojos, ha huido el dolor.
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