Puede que la ecuación parezca complicada o puede que sea yo, que soy de letras.
Pero a mí siempre me dijeron que no hay ciencia más exacta que la matemática del querer y su resultado nunca puede ser el conjunto vacío de dos corazones.
Yo soy como ese viejo edificio en medio del agua, que nadie recuerda que haya sido faro.
Tú, todas las pacientes olas que me rompen la coraza poco a poco.
Me he guardado tu abrazo en el pelo, para que no se me pierda la marea que te ha llenado de sal la sonrisa.
Y cuando creí que estaba sola...
De repente, el mar.
El (a)mar.