Te explicaría una y mil veces que dudé gracias a ti y por tu culpa.
Que viniste desordenando mi caos, estableciendo tu orden.
Quiero, aunque no deba, decirte que te haré feliz todos los días de una vida que, si me dejas, será nuestra.
Voy a lamerte las heridas hasta que curen y te cubriré de besos las cicatrices para que te olvides de que existen.
Quisiera ver, en el fondo oscuro de tus ojos, el reflejo de la luna cada noche.
Y cada noche, entre tus brazos, susurrarte que ha merecido la pena esperarte todo este tiempo.
Te explicaría una y mil veces que dudé gracias a ti y por tu culpa, pero tengo la costumbre de estropearlo todo antes de que empiece y vivo con miedo a que no quieras ayudarme a arreglarlo.
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