"Ven, bésame aquí.
Que no quede un rincón de esta casa que no sea testigo de tus besos y, si es cierto que besarse alarga la vida, no te vayas.
Hagámonos inmortales."
Nadie, como tú, me desabrochaba la camisa apretándome las ganas.
Despacio.
Haciéndome infinita la prisa.
Y, mientras el día se apagaba, algo en nosotros se encendía.
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