sábado, 27 de octubre de 2012

Creía haber encontrado a la persona perfecta para él, sin embargo, el destino le había dado otro golpe bajo.

Los sentimientos se arremolinaban en su corazón del modo en que lo hacen las hojas secas en otoño.

Estaba enamorado, se sentía débil y no se podía quitar su imagen de la cabeza.

Era consciente de que ella no le había engañado en ningún momento pero no podía evitar sentirse dolido.

"Sabes que querría quererte, pero no puedo. Eres el chico perfecto y algún día, cuando encuentres a quien realmente te merezca, será cuando me harás feliz".

Cada vez que recordaba sus palabras sentía cómo una punzada le provocaba un dolor insoportable en el pecho poniendo su piel de gallina.

Ella no le quería, le prefería a él. A un "él" que no sabía respetarla, un "él" con el que lo único que funcionaba era la sumisión.
Era injusto, pero era así. Debía aceptarlo porque, a pesar de todo, ella decía ser feliz así y eso era, ante todo, lo que él más quería en el mundo.

"Porque no me duele este vacío que dejas".

viernes, 26 de octubre de 2012

Caminó descalza hacia la cocina notando el calor que la madera del suelo había acumulado durante la noche.

Era demasiado temprano pero pensó que volver a dormirse tampoco le serviría de nada.

En pocos minutos el olor a café se colaba en cada rincón de la casa despertando, de la forma más agradable, cada uno de sus sentidos y la música ambientaba el maravilloso espectáculo que ofrecía el alba.

Tomó entre sus fríos dedos la taza y, contemplándole mientras dormía, se la terminó.

Él se despertó cuando el primer rayo rebelde de sol se asomó por la ventana para decirle "Ey! Está aquí, despierta tonto!". Y sonrió.

Besos con sabor a café. Ropa perdiéndose de camino a la lujuria.

"Y es que, sin irte, yo ya empiezo a extrañarte".

Una historia atípica que había comenzado con un "cásate conmigo".
Dos almas separadas por kilómetros pero unidas por un sentimiento y muchas promesas.
Se echaban de menos sin, siquiera, haberse visto y se juraban un "para siempre" sabiendo, a ciencia cierta, lo que eso suponía.

No necesitaban saber mucho más para darse cuenta de que eran lo que llevaban buscando toda su vida.
Atrás quedaban viejas historias de daños, les esperaba un futuro lleno de posibilidades en el que serían felices, porque se lo merecían.

La distancia no podría hacer mella en esos dos corazones cargados de ilusión que algún día, no muy lejano, comenzarían a viajar de la mano creando, a su paso, el camino hacia su felicidad.

"De qué me sirve la vida si no la vivo contigo?".

jueves, 25 de octubre de 2012

Sólo le quedaba agradecerle lo que había hecho por ella.
Agradecer la comprensión, la paciencia, el cariño y las horas que había dedicado a hacerla sentir mejor.

No sabía muy bien cómo afrontar lo que el futuro le tendría preparado, pero estaba dispuesta a poner en ello todas sus ganas.

Deseaba con el alma que esa persona, que tanto la ayudó en el principio de su nueva vida, estuviera llena de dicha para siempre.

"Sé feliz, sabes que eres especial. Te lo mereces, pues puse el corazón a dieta de sentimientos y acabaste haciéndome engordar los kilos de felicidad que había perdido", y firmó la carta ambientándola con sus lágrimas y sellándola con un beso.

"Y es que tengo el corazón anestesiado por quererte demasiado".

lunes, 22 de octubre de 2012

"... y recuerda que juraba conocerme, hasta que te conocí. Y que ahora sólo deseo perderme en tu abrazo y que no me encuentren jamás".

Dobló de nuevo la carta y, con los ojos todavía empañados, la volvió a meter en su cajita de los tesoros.

No podía creer la suerte que tenía, había dado de bruces con el sentimiento más puro del que toda la vida llevaba renegando, y que le abrió los ojos a un mundo lleno de optimismo.

"No me puedo creer que tantos años después me siga emocionando su carta", pensó.

Pero no era la carta en sí, era el sentimiento con el que le había expresado todo su amor y el hecho de fuese capaz de transcribirlo con las mismas palabras, lo que realmente la emocionaba.

Sabía que nada era para siempre, sin embargo, la vida le estaba demostrando todo lo contrario y dejándole ver que lo que parece complicado es, en realidad, lo más sencillo del mundo.

Mantener viva la promesa de un "para siempre" depende sólo de las ganas que se tengan de vivir esa eternidad.

"Olvídate de todo lo que fui y quiéreme por lo que pueda llegar a ser en tu vida".

Nunca te lo había dicho pero, para mí, eres una de las personas más importantes sin la que mi mundo carecería de sentido alguno.

Son años ya los que llevamos pasando juntas y, aunque somos demasiado diferentes, no podría vivir sin ti.

Soy consciente de que todo lo que haces y dices es por mi bien y, aunque seas demasiado brusca, en el fondo sé que tienes razón.

Nunca antes me diera por escribirte algo así porque sí porque creo que todo lo que pueda escribir se queda corto comparado con lo mucho que significas en mi vida.

Odiaría la idea de tener que renunciar a nuestras peleas, nuestras horas de risas o a tus berrinches de arpía (completamente innecesarios la mayoría de las veces).

Créeme cuando te digo que eres lo más grande que tengo Cate y que, sin ti, probablemente habría perdido las ganas de seguir sonriendo hace mucho tiempo.

Te había prometido una entrada aquí pero nunca sabía por donde empezar. Al final decidí dejar el "decorado" a un lado y hablar directamente con el corazón. Sin frases bonitas, pero con sentimientos.

Te quiero.

domingo, 21 de octubre de 2012

Solía pasear a la orilla del mar acompañada por sus pensamientos.

A veces le resultaba incómodo, le daba demasiadas vueltas a las cosas. Otras le gustaba, porque había tenido un buen día o tenía algo que agradecer al Karma.

Era su momento, el único momento del día que podía dedicarse a sí misma y dejar que las ideas fluyesen solas.

Se hablaba a sí misma y se contestaba con lo que creía más adecuado para ella. Se liberaba, se relajaba y, después, volvía a casa.

Adoraba ese instante, amaba el hecho de estar en la playa por la noche, verano o invierno.

Se sentía reconfortada y, a su paso, las estrellas se escondían.
Sabían que ninguna lograría alcanzar el brillo de su sonrisa.

"Vivo en el número siete, calle Melancolía".

sábado, 20 de octubre de 2012

Llevaba tres horas sentada en el mismo sitio.

Había oscurecido y la lluvia caía, golpeando, cada vez más fuerte, sobre sus hombros.
El agua calaba hondo en sus huesos y podía notar cómo se iba debilitando a medida que pasaban los minutos.
Estaba agotada, triste, decepcionada y mojada, muy mojada.

Sentía que era el momento de irse a casa pero no creía haber cumplido penitencia suficiente para lo que había hecho.
Volviera a confiar, como años atrás. Volviera a entregar todo su amor sin garantía. Y volviera a salir perdiendo.

Quizá había algo que llevaba haciendo mal toda su vida, no sabía el qué, pero estaba claro que algo fallaba y tenía que ser su culpa.

Necesitaba cambiar de aires, tomar decisiones, paz, necesitaba empezar a vivir.

"A ti, que te supo tan mal que yo me encariñara con esa facilidad".

viernes, 19 de octubre de 2012

Podía ver como la luz del sol dibujaba divertidas sombras en el suelo al colarse por la ventanilla del vagón.

Estaba de camino a ninguna parte, escapando de un pasado triste y sombrío que no le dejaba más que malos recuerdos.

Notaba el traqueteo del tren sobre las vías y, aliviada, sonreía.
Había dejado todo lo malo atrás y había superado, con éxito, uno de los retos más duros que puede imponer el destino.

Con ganas de empezar de cero, mucha vida por delante y una fuerza envidiable, ponía rumbo a su nueva vida.

Tenía mucho que agradecer a todos los que la habían ayudado, sí, pero ese no era el momento.

Caminaba hacia su libertad con temor a la soledad y una sonrisa de oreja a oreja.

"When I was young, I never needed anyone".

martes, 16 de octubre de 2012

Podía notar el ruído de las gomas gastadas contra el parabrisas y oía cómo la lluvia golpeaba fuertemente el techo, mientras vibraban las ventanillas de lo alto que sonaba la música.

Su voz y la de su cantante favorita se solapaban formando, casi, la melodía perfecta.
Cantaba a pleno pulmón, como quien tiene todo ganado y sin reparar en lo que sucedía fuera del coche.

Su pensamiento no estaba ausente, ni mucho menos.
Iba pensando en sus cosas y, probablemente había sido uno de los peores días de su vida.

Lloraba al recordar todo lo que dejaba atrás. Lloraba y empañaba los cristales. Lloraba... Pero cantaba.

"¿Quién eres tú? Que alborotas mi espacio".

sábado, 13 de octubre de 2012

Nos pasamos la vida en busca de un "alguien" que nos proporcione toda la felicidad que, creemos, nos falta para darle sentido a nuestra vida.

No pedimos mucho, sólo queremos a alguien capaz de respetar o compartir nuestros sueños, que pueda darnos luz en los momentos más oscuros y que disfrute con nosotros de nuestras alegrías.

Somos conscientes de que todo lo que buscamos está en una persona y que esa persona, motivo de nuestro bienestar, está en algún lugar.
Estamos seguros de que podremos estar a la altura y proporcionar a esa persona lo que necesita de nosotros. Y probablemente sea cierto.

Tenemos claro lo que queremos, tan claro, que no lo decimos por miedo. El maldito miedo a perder que acaba con tantos amores callados.

Deberíamos saber expresarlo con claridad, llevamos toda la vida esperando ese momento, a esa persona. Pero no, no lo hacemos.

Jugamos, entretenemos, perdemos el tiempo y dejamos que, lo que podría ser la historia más bonita de nuestra efímera existencia, se escape.

Apartemos los miedos, no guardemos nuestros sentimientos en lugares oscuros, no permitamos que los puntos suspensivos hablen por nosotros.

Encontremos a ese compañero o compañera de viaje que siempre buscamos y vayámonos. No dejemos que nuestro amor se muera en la puerta de embarque.

"Tú y yo queremos más y ellos quieren menos".

viernes, 12 de octubre de 2012

(Cuando nada, absolutamente nada, puede frenar un final impuesto por el destino, todo lo que suceda en una historia estará bajo la responsabilidad del karma.)

Un amor desgarrador. De los que te parten el alma en dos tras cada despedida.
Un sentimiento tan grande que no era comparable ni con la inmensidad del océano.

Podían sentir cómo se les escapaba la vida en cada suspiro cuando no estaban juntos.
Sin embargo, había demasiados impedimentos para que un amor tan grande como el suyo pudiese fluír de forma natural dejándoles experimentar la felicidad desde dentro y llevándoles, directamente, de la mano del placer.

No podían entender por qué nadie respetaba ese enorme sentimiento y fue así como, con la rebeldía por bandera y cogidos de la mano, decidieron huír.

"Estar contigo es como un sueño".

Tenía el don de convertir las palabras en pura poesía.
Era un ser de sensibilidad extrema del cual brotaban, sin apenas esfuerzo, versos incotrolados.

La sutileza de sus palabras y la suavidad con que pronunciaba cada una de ellas, convertían cualquier lugar en el ideal para sentir.

A pesar de todo, se sentía vacía. Había estado toda su vida dedicando sus versos a la persona equivocada. Un amor imposible, un amor eterno, el definitivo. Ese amor que dicen que existe y nunca parece llegar.

Era su momento, tomaría las riendas de su vida y, de ahora en adelante, se dedicaría a sí misma cada uno de los versos que componía y se trataría con la misma sensibilidad con la que trataba a los demás.
"Si yo no me sé valorar, nadie podrá hacerlo".

Se dio cuenta de que la felicidad que siempre había perseguido la tenía a su alcance.
Entonces apareció.

"Que me quieres sin medida. Que por mí, todo lo harías".

Reconocía su aroma, jazmín.

En cuestión de segundos estaba tan cerca que podía oír los latidos acelerados de un corazón que, golpeando fuerte en el pecho, mostraba todo lo que podía llegar a sentir en un segundo frente a frente.

El brillo de sus ojos era insuperable y, como quien junta dos polos opuestos de un imán, sus labios se rozaron con una intensidad con la que nunca antes lo habían hecho.

Se echaban de menos. Se querían. Se habían dejado escapar y, desconcertados, no sabían por qué.

"Guardo tu aroma para olerlo luego".

miércoles, 10 de octubre de 2012

Lo prometido, es deuda ;)

No sabía muy bien como volver a poner orden en su vida.
Durante mucho tiempo él había sido el eje de su mundo y, ahora que no le tenía cerca, no tenía muy claro por donde empezar a ordenarlo todo.

Se encontraba un poco perdida y procuraba mantenerse ocupada para no pensar.
Muchas cosas rondaban por su cabeza pero si algo tenía claro, era que no volvería a enamorarse jamás. Había pagado un precio muy alto por entregar su corazón a alguien que solo supo maltratarlo y no, "no saldré mal parada una vez más".

Un alma dañada por el caprichoso juego del amor que, aunque pretendía ser dueña de su destino, descubrió, demasiado pronto, el significado de la palabra "retractarse".

Nunca pensó que podría encontrar en ella a la otra persona capaz de convertir las penas en alegrías como nunca nadie lo había hecho antes.

Un corazón dispuesto a derramar hasta la última gota de su sangre por mantener algo de ilusión en su mirada.
Una persona capaz de abrirle las puertas a un nuevo mundo en el que el hecho de "amar" está por encima de muchas barreras, para otros infranqueables.

"Ella y ella son dos y termina la historia".

(Lo prometido es deuda ;D)

martes, 9 de octubre de 2012

Apenas había rozado los baldosines del templo y ya podía notar el olor a azufre. Sentía cómo los fuegos incansables del infierno quemaban la suela de su zapato.

"El Diablo entrando en la casa de Dios" pensó.
Se rió para sus adentros y continuó su tranquila procesión entre el gentío en busca de un hueco donde sentarse.

No entendía qué hacía allí exactamente, tampoco sabía qué era lo que buscaba, ni siquiera si buscaba algo.

Un alma insana entre tantas almas puras que, pensandose pecadoras, acudían a diario a aliviar sus conciencias.

Plegarias, ofrendas y deseos imposibles se concentraban en el mismo espacio donde se comerciaba con las ilusiones de los devotos obviando una realidad más que evidente: en el cielo también se reservan el derecho de admisión.

lunes, 8 de octubre de 2012

El destino jugaba sus últimas cartas y, una vez más, les sorprendía.

Había pasado mucho tiempo ya desde su último encuentro y el recuerdo que tenían no era, para nada, agradable.
Sin embargo, algo raro estaba sucediendo entre ellos.

No quedaba nada de rencor en sus miradas, sus ojos brillaban de la misma forma que lo hicieran el día que se conocieron. Un nerviosismo incomprensible envolvía la escena y, de repente, dos sonrisas.
Ya era tarde, lo habían hecho. Habían vuelto a caer.

No podían entender cómo, ni por qué, una historia tan complicada como la suya volvía a sus, ahora tranquilas, vidas.

Sus recuerdos eran dolor, enfados y discusiones continuas. Escasas y frías reconciliaciones. En cambio, haberse visto tanto tiempo después les llenaba de paz y apenas podían entender la razón.

Abrieron paso a unos sentimientos que florecían de nuevo pareciendo olvidar todo lo pasado y se dejaron arrastrar por un amor que, todavía a día de hoy, seguía vivo y se manifestaba en el momento menos oportuno.

Sorprendidos y emocionados continuaron su camino juntos, una vez más, con una ilusión que parecía volver para unir sus vidas una vez más.

"Siento que nada más me importa, que me importas más que nada".

martes, 2 de octubre de 2012

Iba acumulando un fracaso detrás del otro y no le importaba.

Poco le quedaba por perder más que un poco de dignidad y no mostraba ni un ápice de vergüenza en ninguno de sus movimientos.

Lágrimas para limpiar el alma, alcohol para olvidar, remedios caseros para la resaca y estrenar sonrisa.
Sonrisa sincera, de esas que afloran de lo más profundo del ser de la mano de las ganas de continuar.

Solía ilusionarse y siempre, siempre arriesgaba. No se permitía dejar pasar la oportunidad de ser feliz, sabía que se lo merecía.

"Ya no me importa que me rompan el corazón. Hace tiempo que me anestesio el alma".

Después de eso, aprovechaba la felicidad lo que le durase.

"¿Qué más quieres de mí?".

lunes, 1 de octubre de 2012

El calor dilataba, de forma imperceptible, los hierros de las vías que la llevaría a su futuro.

El tren no era el medio de transporte más cómodo, ni el más barato, pero sí el más seguro.
Billete adquirido en taquilla. Sin documentos, sin preguntas.

"No me encontraría aunque quisiera.
Aunque removiese cielo y tierra para hacerlo. Nadie le dirá nada de mí cuando pregunte. No hay rastro de mi huída".

Y partió así, con su vida en una pequeña maleta en la que todavía sobraba sitio, una alegría inmensa y más ganas de empezar de cero que nunca.

"Esto es así. No se puede ganar siempre".