jueves, 31 de julio de 2014

¿No?

Recuerdo haberte dicho que la gente me pone, me atrae, pero no me gusta.

Que yo no me pillo, no me cuelgo, no me enamoro.

Y antes de darme cuenta les estaba proponiendo una alianza a tus mañanas para hacerte feliz.

Recuerdo tu sonrisa, tus burlas y cómo la nata del café, adornando tu nariz, acabó llevándonos fuera de aquel bar.

Viéndote bien, mientras buscabas darle forma a tu pelo al despertar, ¿quién no querría amanecer siempre a tu lado?

Yo te querría aún con los daños, aún con los años.

"Me has roto por dentro. Yo no solía sentir más allá de la piel hasta que llegaste y ahora no quiero componerme.
Sólo quiero que me abraces fuerte y hagas, de los trozos de mi alma, trocitos más pequeños.
Tuyos todos."

Quería que me comieras las ganas, que me quemaras la vida, que me arrancaras el miedo...
Y, sin embargo, me llevaste a un terreno desconocido, de la mano, soltándome para que me diera cuenta de que tú eras mi única salida.

Prometo estar contigo cuando las lágrimas hagan, del negro de tus ojos, un castaño suave e indefenso.

Te prometo mis dientes y mis uñas, si la lucha es necesaria.

Te prometo mi vida, si la quieres.

Que digo yo... Que el amor debe ser algo parecido a eso, ¿no?

Prométeme.

Prométeme que sí, que Madrid será nuestro en enero.

Prométeme que vendrás y serás mi cómplice entre el público cuando Vanesa Martín le cante al mundo lo que me haces sentir.
Y después, presas del deseo, gastaremos nuestros labios mirándonos a los ojos en algún garito en el que suenen Andrés Suárez y Sabina.

Que a tu lado, corazón, no hay "Calle Melancolía".

Descubriremos que no hay brillo mayor que el de nuestras miradas encendidas en una habitación de hotel que lucha por dormirse.

Recorreremos la Gran Vía una y otra vez porque, de tu mano, todo es poco.

Me contarás historias tontas y yo te dejaré robarme sonrisas.
Todas las que quieras, porque quiero. Porque te quiero.

Prométeme que sí, que Madrid será nuestro en enero.
Que te pondrás ese gorro que te queda tan bien y te despeina.

Prométeme que quemaremos el invierno mientras todos nos envidian, que cantaremos en el metro y que, cuando enero se termine, no tendrás prisa.

miércoles, 30 de julio de 2014

No es mi estilo.

En la radio suena "Euphoria" y, aunque no es mi estilo, me gusta.

No es mi estilo recordar(te), pero recuerdo.

Tú tampoco eras mi estilo y me has marcado como nunca nadie lo había hecho antes.

Eras como el terremoto que daba la vuelta a mi calma.
Eras la caricia que desnudaba el sentimiento, sin haberlo rozado.

Puede que cuando nos volvamos a ver ya no me recuerdes.

Puede que no nos volvamos a ver.

Puede que jamás hayas pensado en mí del modo en que yo te pensaba, te soñaba, te quería...

(Te pienso, te sueño, te quiero.)

En la radio suena "Euphoria" y su estilo, opuesto al mío, me trae la imagen del dorado de tu pelo brillando al sol, de la forma de tus labios, de esa risa que jamás olvidaré.

¡Bendito el verano en que te conocí!

martes, 29 de julio de 2014

Gracias a ti.

Te explicaría una y mil veces que dudé gracias a ti y por tu culpa.
Que viniste desordenando mi caos, estableciendo tu orden.

Quiero, aunque no deba, decirte que te haré feliz todos los días de una vida que, si me dejas, será nuestra.

Voy a lamerte las heridas hasta que curen y te cubriré de besos las cicatrices para que te olvides de que existen.

Quisiera ver, en el fondo oscuro de tus ojos, el reflejo de la luna cada noche.

Y cada noche, entre tus brazos, susurrarte que ha merecido la pena esperarte todo este tiempo.

Te explicaría una y mil veces que dudé gracias a ti y por tu culpa, pero tengo la costumbre de estropearlo todo antes de que empiece y vivo con miedo a que no quieras ayudarme a arreglarlo.

lunes, 28 de julio de 2014

Ya no hay frío.

El soplar del viento en tus pestañas alborota mis pensamientos y me rompo, como se rompen las hojas secas con el paso del otoño.

Me cala el frío en el alma y me congela los sentimientos.

Las ganas de vivir que se escaparon tras tu huida, me recuerdan que un trozo de mi ser todavía arde al oír tu nombre.

Quiero, ya te dije, darte una vida.

No un día, ni un año.

Ni siquiera un siglo sería suficiente para explicarte que eres la parte de mí que más ocupa.

Quiero sacarte la camisa y demostrarte lo que me haces sentir.

Quiero tocarte el alma y enseñarte que también se siente más allá de la piel.

Quiero hacerte sudar y hacer que te derritas (que, aunque suene parecido, en nada se parece).

Quiero demostrarte que "querer" es algo más que "poder", que te colgaste en las paredes de mi alma y te convertiste en mi mejor cuadro.

Sigue soplando el viento y tus pestañas ya se han ido.
Ya no rugen las hojas.
Y, apartando el de mi alma, ya no hay frío.

sábado, 26 de julio de 2014

El hoy es por ti.

A veces pasa que te enamoras de alguien a quien apenas conoces.

A veces pasa que me enamoro de ti.

No puedo decirte que sea algo estable, ¡ni yo lo soy!

No te pienso todo el tiempo, no te extraño como los demás dicen que extrañan y puedo vivir sin tu sonrisa.

Pero no quiero.

A veces (me) pasa que me pienso entre tus brazos y sonrío, que te sueño de mi mano y me pierdo.

Yo no sé si esto es querer, porque no es como lo pintan.

Es bonito, es intenso, quema el alma y alegra, pero duele.

Es tú, es yo y es una caricia a los sentidos.

Y si sólo hay una forma de querer (y no es esta) no será amor, pero me muero por hacerte feliz.
Y si es cierto que hay quien quiere diferente, yo te quiero raro, pero te quiero.

Porque no tenía nada y ahora que te tengo, tengo un "hoy".

Y el hoy es por ti.

martes, 22 de julio de 2014

Como la marea.

Vino y se fue, como la marea.

Dejando, en mí, olas de duda y la espuma de su abrazo.

Me hizo olvidar que no sentía, que no creía, que ya no amaba.
Me hizo recordar que yo no olvidaba.

Recuerdo sus manos, sus dientes, sus besos.
Me quiso por dentro y por fuera y, con la ayuda de algunos minutos, me subió hasta el cielo.

Para dejarme caer.

Dejarme caer en el vacío recuerdo de sus labios susurrando "hoy me quedo, pero sólo hoy".

Yo clavaba la vista en el suelo y, cuando aparecían sus piernas, se perdía mi razón.

A la altura de sus muslos no quedaba, de mi esencia, ni la sombra.
Y me gustaba pararme a descansar en sus caderas, después de haberle robado el aliento.

Vino y se fue, como la marea.

Dejando, de mí, los restos de la que fui antes de cruzarme con su risa, con sus dedos, con el marrón de unos ojos que me hicieron olvidar que siempre fui más de perderme en el verde.

sábado, 19 de julio de 2014

Pedirnos más.

Dejar una vida vacía de emociones por madrugar para ver con qué poca gracia abre los ojos cada mañana.
Besarle la frente, las manos, los labios. Poder sonreírle y perderme en su espalda.

Calmar sus enfados, contar sus lunares, hablarle al oído.
Gritarle "te quiero", pedir que se quede y cantarle bajito.

Hacer millones de planes, deshacer la cama, que me mande callar.
Prometer cosas que jamás cumpliremos y ver pasar las horas desde mi sofá.

Y es que no hay nada mejor que gastarnos los dedos de tanta caricia, que nos queme el alma de tanto deseo y morirnos de ganas de pedirnos más.

He vuelto al lugar donde encontré la inspiración, he vuelto al amor.
He vuelto a sentir, he visto sus ojos, ha huido el dolor.

viernes, 18 de julio de 2014

Fácil.

"Llévame al lugar donde se quedan las estrellas cuando caen", me dijo.

Y yo, que no conozco más paraíso que el centro de su pecho, le dije que sí.

Qué fácil le era convencerme de las cosas, qué rápido me hablaba con los ojos y me acariciaba el alma sin rozarme.

Qué fácil querer perderse entre sus besos, para encontrar su sonrisa sobre un colchón que callaba más daños que belleza.

Qué fácil me pareció aquel día encontrar el lugar donde se quedan las estrellas cuando caen.

Y qué difícil se me hizo dejar que se quedara.

(Ya no pido deseos a estrellas fugaces, por si me escucha, por si le duele, porque me quema.)

martes, 15 de julio de 2014

Después de la octava copa.

Dime cómo te olvido, si siempre encuentro tu cara al fondo del vaso.

Si pierdo el sur cada vez que recupero el norte que se me escapó en tu sonrisa, comparándola con otra.

Si, en cualquier sitio al que vaya, suena nuestra canción y recuerdo cómo perdía el equilibrio patinando sobre tu piel, navegando sobre tu espalda y soñando sobre tu ombligo.

Dime cómo te olvido, si siempre encuentro tu cara al fondo del vaso y vuelvo a pedir la penúltima con la esperanza de acabar encontrándote al final de la barra.

Y me marcho a casa buscando el calor en unos brazos de abrazos vacíos, que me sirven de calmante para el dolor de tu recuerdo y dejan una resaca de tus besos peor que la del ron barato que me sirvieron por bueno después de la octava copa.

Y fue después de la octava copa cuando empecé a llorar tu "adiós" y a ahogar mi llanto en los labios de cualquiera.

lunes, 14 de julio de 2014

Definitivamente.

Era injusto que algunas nubes intentaran tapar a la luna llena. ¡Osadas!

Sentada sobre la fría arena de la playa y con la vista clavada en la majestuosa reina de la noche, pensaba en todo y en nada.

¿Hacia dónde estaba caminando? Si ya hacía tiempo que había perdido de vista su estrella.
Si no le quedaban, de sus sueños, ni la sombras.
Si había empezado a caminar sobre las huellas de alguien más.

Era injusto que algunas nubes intentaran tapar a la luna llena (y que, a veces, lo consiguieran). ¡Qué osadas!

Tenía que recuperar su vida. Definitivamente.

domingo, 13 de julio de 2014

Esa manía tuya.

Me susurrabas "cinco minutos más, son cinco minutos menos" y me daba la vuelta con los ojos aún cerrados, pero ya con una sonrisa para ti.

Esa sonrisa que era tan difícil, la primera de la mañana.

Y tú me la arrancabas.

Y yo, a ti, la camiseta.

¡Hay que ver esa manía tuya de dormir con pijama!

Como si nos gustara perder el tiempo.

Como si cinco minutos más, no fueran cinco minutos menos.

sábado, 12 de julio de 2014

Me gustaría.

Me gustaría que llegara el instante en el que, con mis pupilas clavadas en las suyas, pudiera decirle la verdad.

Quisiera decirle que no puedo prometerle un amor infinito, porque no puedo manejar los hilos del destino. Sin embargo quisiera prometerle que le voy a regalar toda la felicidad que pueda, durante el tiempo que dure.

Puede que toda la vida o puede que sólo unos meses.
Quizá sea cosa de años o, a lo mejor, es cosa media hora. Pero le podría asegurar que serían los minutos más felices de su vida.

Me cansaría de repetirle que sus enfados no empatarían con mi paciencia, que mis ganas de sus labios serían infinitas siempre, que desgastaría las puntas de los dedos dibujando sobre sus lunares, mientras sus uñas se clavan en mi espalda dejando marcas temporales en mi piel y cicatrices en el alma.

Le gritaría que, para mí, la vida duraría lo que durase su sonrisa adelantándose al primer rayo de sol.
Y que no se moriría el día hasta que decidiera cerrar los ojos para dejar la belleza de la luna en el peor de los lugares.

Me gustaría que llegara el instante en el que, con mis pupilas clavadas en las suyas, pudiera decirle que es algo más, que estoy segura, que ahora sí, que nos merecemos.

viernes, 11 de julio de 2014

¿Qué sabrán?

Pocas bocas callan secretos tan hermosos como su risa.

Pocas bellezas son como la suya por la mañana.

Sólo se puede conocer la felicidad si, apretando su mano, se bucea en el verde de sus ojos y ¡joder! No hay nada como eso.

Me hacen gracia los que dicen conocer el amor, los que creen que las mariposas en el estómago son lo mejor.

¿Qué sabrán? Si no notan cómo se remueve el  alma cada vez que sonríe.

Si no saben lo que es el dolor de cuando alguien se acerca con su perfume, engañando a los sentidos, y pellizca el corazón cuando no aparece.

Que me ahogo sin su aliento y me desvelo soñando sus caricias.

Que me queman las entrañas sus ganas de escapar y no tengo otro miedo que no sea su ausencia.

martes, 8 de julio de 2014

Me empiezas faltando en la cama.

Que no viene la inspiración, cuando la llamo.
Sólo se acerca si oye tu voz.

Me susurra un "yo sé cómo suenan sus quejas" y me mata por dentro esta maldita soledad que no es más que las ganas que tengo de tu risa.

Me empiezas faltando en la cama, que ya se me hace grande sin tus caderas.
Me acaba faltando hasta el aire que traía tu aroma antes de que te fueras.

Y las canciones que me traen tu nombre me comen el alma, me matan la ilusión, me queman la vida.

Y recuerdo las letras que escribías para que yo las cantara, se alegraran tus ojos y se empañaran mis días.

sábado, 5 de julio de 2014

La prisa infinita.

"Ven, bésame aquí.
Que no quede un rincón de esta casa que no sea testigo de tus besos y, si es cierto que besarse alarga la vida, no te vayas.
Hagámonos inmortales."

Nadie, como tú, me desabrochaba la camisa apretándome las ganas.
Despacio.
Haciéndome infinita la prisa.

Y, mientras el día se apagaba, algo en nosotros se encendía.

viernes, 4 de julio de 2014

¡Quiéreme!

Como quien espera mirando el teléfono esa llamada que te va a cambiar la vida y que nunca llega.

Con esas ganas espero yo su sonrisa, de vuelta.

Cada día la miro a los ojos, le cuento mil historias, le canto mis alegrías y su rostro, impasible, sólo me devuelve indiferencia.

"¡Quiéreme!" Le grité un día, harta de su pasividad.
"¡Quiéreme como algún día me quisiste! Porque sé que lo hiciste...
¡Quiéreme como yo intento quererte a ti a pesar de las dificultades, del paso de los años y los daños!"

Clavando sus fríos ojos en los míos, una vez más, llora.
Y yo seco sus lágrimas y calmo su llanto porque tengo ese deber.

La odio y la quiero a partes iguales.

La entiendo tantas veces como otras sé que se equivoca.

Conozco sus miedos, sus ganas, sus pasiones.

Como quien espera mirando el teléfono esa llamada que te va a cambiar la vida y que nunca llega.

Con esas ganas espero yo su sonrisa, de vuelta.

Pero la mujer llena de dudas de dentro del espejo, en la que no me reconozco, ya no sabe sonreír.

jueves, 3 de julio de 2014

Vayamos a la Luna.

"Vayamos a la Luna y quedémonos a vivir. Lejos. Donde no puedan encontrarnos nunca.

Vivamos de caricias, olvidemos que existe algo más.

Recorre mi espalda con las yemas de todos tus dedos y tatúame el alma con tus besos.

Vayamos y concedamos a la Luna, nuestra Luna, el placer de vernos de la mano, olvidando las marcas del pasado.
Proyectando la sombra de nuestra felicidad sobre los que, desde lejos, se preguntarán si ya fracasaría nuestro amor."

Y ¿cómo podría decirle que no?

Si de todas las veces que le rogué que me sacara de aquí, me bajó las estrellas una a una para hacerme ver que la vida es mejor de lo que parece, que los miedos no existen, que no hay problema sin solución y que, de haberlo, compartiendo la pena, se lleva mejor.

¿Cómo podría negarme a seguir desfilando mis manos sobre su espalda? Si su piel era mi único vicio...

¿Cómo escapar de la trampa que me habían tendido su boca y sus lunares?

¿Cómo querer escapar de su abrazo? Si era el único calor que me servía.

"Vayamos a la Luna y quedémonos a vivir."

Y nos fuimos. ¡Claro que nos fuimos!

Porque mi Luna estaría, siempre, tras la huella de sus pasos y la suya, siguiendo el vaivén de mis caderas.

miércoles, 2 de julio de 2014

Sobre cicatriz.

"Es muy fácil" me dijo. "¿Cómo no voy a dar consejos de amor, si nunca me han hecho daño?"

Y, sin querer me hizo comprender que es más fácil hablar si no hay herida.
Que tatuar una piel nueva es maravilloso, pero tatuar sobre cicatriz es más complicado.

Me quedé con las ganas de decirle el "Si cierro los ojos, te veo" que aguardaba tras mis labios el momento oportuno.

Me quedé con las ganas de enseñarle que podía amar, si me dejaba.

Me asaltaron las dudas, me cegó la tristeza.

Me atacaron mis miedos cuando vi que ya amaba, que ya era tarde, que era feliz.

Y me juré a mi misma no volver a tatuar sobre cicatriz.

martes, 1 de julio de 2014

(O nada).

Puede que ya no quede nada de la que fui antes de ti.

Antes de un "tú" que llegó sin venir, pero para quedarse.
Y que se fue sin avisar, pero sin desaparecer.

Yo siempre he sido más de escribir que de sentir, por si las moscas.

Siempre he querido guardar bajo llave los secretos de mi corazón, que un remiendo más no aguantaría.

He seguido intentando vivir sin tu alegría, soñarte sólo de noche, sólo dormida y quererte poco (o nada).

Te adelanto que no ha funcionado.

Puede que ya no quede nada de la que fui antes de ti pero, ¿qué quieres que te diga?
Despertar sobre tu espalda debe ser lo más bonito que me pueda dar la vida y verte sonriendo... ¿Qué quieres que te diga?

Si yo siempre he sido más de escribir que de sentir y ahora todas las palabras me parecen pocas al lado de tu risa.