sábado, 28 de febrero de 2015

Sonrío, sonríes y confío.

Y cuando me doy cuenta de que la vida no es la maravilla que me prometieron que sería, miro tus ojos un rato y se me pasa.

Sujeto tu mano con fuerza, como el día que me dijiste que merecía la pena arriesgar.

Aprieto los párpados, respiro profundamente y busco tu olor cerca, para sentirme a salvo.

Entonces, por un instante y aunque el mundo se esté desmoronando a mi alrededor, siento que soy invencible.

Parece fácil entenderlo todo si tu abrazo me protege de los golpes del destino, si siento que tus labios son lo único que necesito para seguir.

Sonrío, sonríes y confío.

Ahora estoy segura... Merece la pena arriesgar porque vivir, sin ti, no es más que no morir.

viernes, 27 de febrero de 2015

Quiero olvidar.

Me regalaba su mejor perfil en un local lleno de dudas y penas por ahogar y, aunque lo intenté, no pude apartar la vista de su sonrisa mientras se acercaba a mí.

Leiva, de fondo, me repetía una y otra vez eso de "y no sé, no sé, no sé si esto es lo que quiero".
Y llevaba razón.

Sobre la boca de mi botella descansaban tranquilas unas lágrimas que desearían no haber existido y mi voluntad, desnuda, hablaba a sus ojos de los tuyos.

"Quiero que me vuelva a doler el alma y volver a sentir ese miedo que viene de la mano de una felicidad que creemos imposible.
Quiero que sienta que me va a explotar el pecho, incapaz de resistir tanto amor.
Que me duelan las mejillas de reírme y se sonrojen, cada día, al escuchar sus pasos en el rellano.
Quiero tener agujetas de querernos y resaca de caricias.
Y combatirlas con besos y ganas de sentirlo todo de nuevo."

Nunca fui buena en adivinar expresiones...  Pero juraría que en su sonrisa se mezclaban la tristeza, la ternura y la rabia de quien sabe terminado algo que aún no comenzó.

Le devolví una mirada ahogada en alcohol y en recuerdos que llevaban tu nombre y me prometió hacerme feliz hasta el día siguiente.

Nunca supe su nombre.

Sólo sé que su calor no me abrigaba, que cuando salíamos del bar Leiva me cantaba "quiero olvidar, quiero olvidar" y que cuando me desperté ya no estaba.

Pero tu fantasma había vuelto.

jueves, 26 de febrero de 2015

¿Te imaginas? (Nuestra eternidad.)

Tengo prisa por tenerte, con calma, todos los días de mi vida.

¿Te imaginas? Sería maravilloso.

Despertarme a tu lado cada día, antes de que el sol obligue a tus párpados a abrazarse fuerte y mirarte sonreír.

Acostarme todas las noches escuchándote respirar y pedir al destino, por pedir, muchas más eternidades queriendo adivinar qué estás soñando.

Intentar sorprenderte y que me cojas por sorpresa, por la espalda, de la mano... Y me lleves al lugar donde nunca deja de sonar "Strangers in the night".

Besarte despacio, tener la certeza de que podré hacerlo siempre que quiera y que, aún así, no me parezca suficiente.

Porque toda una vida, sigue siendo una sola.
Y yo, para vivirte, querría mil más.

Tengo prisa por tenerte con calma...
Pero puedo esperar, si tú quisieras.

Porque sé que hay un futuro para mí, pegada a tus caderas.

Sé de una eternidad que es sólo nuestra.

Y sé que cuando suene la última nota de un "My way" ya apagado por los años, me iré con la imagen de tus ojos y sintiéndome más tuya que del miedo a perderte.

Ahora sólo dime... ¿Cuándo quieres que empiece nuestra eternidad?

lunes, 23 de febrero de 2015

Fue una de esas noches.

Era de esas noches en las que el frío te congela las ganas de sentir, pero habías aparecido.

Llegué a casa aún con el olor de tu perfume en la memoria y tu sabor entre los dientes.

Me reconcilié con la promesa de que no te marcharías y, frente al espejo, dejé que se escaparan unas lágrimas de perdón.

Me colgué de tu sonrisa como colgaban tus brazos, horas atrás, del borde de una cama que te había echado de menos.

Me rompí por dentro y, aunque intenté evitarlo, comprendí que mis manos estaban diseñadas para acariciarte.

Fue una de esas noches y yo sólo pude pensar en unos labios obligados a guardar silencio, condenados a morderse hasta la herida...

(... y escribirte una canción.)


jueves, 19 de febrero de 2015

Te pensé.

Sentía la necesidad de escribir y te pensé.

Te pensé libre. Como te conocí y como te quería.

Te pensé quejándote del corte de pelo, aunque te quedara genial.

Te pensé acariciando muy fuerte las palmas de mis manos, dejándome sin huellas y con ganas de sentirte un rato más.

Pensé en tus sonrisas y en tu mal humor por las mañanas.

Pensé, también, en tus ojos.
No se me olvidan aunque quiera.

Aparecen siempre. Verdes. Brillantes.
Al fondo de cualquier botella y de la mano de millones de arrepentimientos.

Te pensé muriendo de frío en invierno y de calor en verano.
Protestando de ese modo tan adorable.

Te pensé. Mucho. Demasiado.

Hasta que volví a verte y no necesité pensarte porque, por un rato, estabas allí.

Y ahora mira... ¡Mira cómo me tienes!

Encontrándote en las canciones que ya escuchaba antes de ti...

martes, 17 de febrero de 2015

Yo le creí.

Amante de cualquier viejo pintor con complejo de impresionista.
Impresionable.
Impresionante.

Musa de cantautores sin voz y saxofonistas sin talento, siempre en bares de mala reputación.

Belleza empañada. Humo y alcohol.

Suerte, en un casino clandestino donde la apuesta más fuerte es el honor.

Trío de ases. Corazón. Corazones.

Todo al rojo. Vino. Sudor. Encaje.

Una vida de alquiler marcada por las camas de paso y las noches prestadas.

Cansada de aguantar, de no haber sabido elegir.

Sonrisa quebrada.
Miedo en sus miradas.

Lágrimas de Cristal de Bohemia, reconstruídas con pegamento barato.

Pies descalzos sobre las brasas de lo que fue un corazón puro, capaz de amar.

Recuerdo haber bebido. Su voz. Su frenesí.

"Vicio", dijo llamarse.

Yo le creí.

lunes, 16 de febrero de 2015

Contigo, nada resta.

"Un día más, es un día menos".

Es la frase que pienso siempre, mientras te espero.

No estoy de acuerdo.
Para mí, un día más, sólo es otro día a tu lado.

Contigo, nada resta. Nunca.
Tú, en mi vida, sólo sumas.

Llegas corriendo, haciendo como que te importa que lleguemos tarde y pidiendo perdón por el retraso.

Sonríes, me besas y me muero.

"Hoy cocino yo, para compensar" aseguras, riéndote.

Y es gracioso, porque no mientes.

Te metes en la cocina e improvisas algo, demostrando tu torpeza entre fogones.
Exactamente igual que yo, cada vez que lo intento.

El resultado es terrible, pero maravilloso.

Porque es maravilloso escuchar tus carcajadas mientras pido pizza y vas abriendo unas cervezas.

Entonces es cuando me doy cuenta... Te necesito.

Te necesito, como quien necesita una canción salvavidas en un momento desesperado.

Y no quisiera tener que dejar de hacerlo.

lunes, 9 de febrero de 2015

A la que gritan "¡guapa!".

"Eres tú la que acapara toda mi atención en los conciertos, brillando con tu presencia desde que apareces.

Tú, a la que le gritan "¡guapa!" al entrar y se ruboriza.

La que sonríe desde un rincón con el encanto de un corazón tan desgastado como sus vaqueros.

Nunca te lo he dicho, pero todas las canciones que desfilan por mi cabeza, me hablan de ti.

Eres tú a quien encuentro entre los versos perdidos de las estrofas de cualquier poema cargado de verdad.
De esos que escriben los autores sin otra escuela que la vida.

La "dueña de un corazón tan cinco estrellas" como la Magdalena de Sabina.

La que me deja vivir en sus costillas cuatro horas cada noche y, cuando empiezo a sonreír, me recuerda que es un sueño.

Dicen que el corazón no tiene memoria, que es todo cicatrices.

En el mío, sin embargo, se lee tu nombre escrito con delicadeza y se ilumina mi mirada, un poquito, cada vez que te pienso."

En mis ojos pudo que ver que, además de mi voz, hablaba mi alma.

Y lloramos.

Porque no hay amor más sincero que el de un llanto compartido.

domingo, 8 de febrero de 2015

¡Buen viaje!

Me gritó "¡buen viaje!", presumiendo de sonrisa, justo antes de marcharse de mi vida para siempre.

No lo entendí hasta que me di cuenta de que mis ganas de sentir se habían marchado tras su alegría.

He de ser sincera... Viajé.

Viajé para olvidar, para encontrarme, para volver a reír y abandonar su mirada en cualquier festival lleno de caras nuevas.

Hui de su recuerdo, de sus caricias, de su olor...

Me desperté miles de mañanas entre abrazos calientes que me llenaban de frío y me escapé por la puerta de atrás de cientos de corazones de paso que me llenaron la vida por un rato.

Escuché, sin apenas hablar.

Viví, sin saber que vivía. Ni qué vivía.

Bebí y quise ahogar.

Y cuando supe que todo lo que intenté ahogar flotaba, sólo me quedó reconocer que no había medido las consecuencias de mi aliento sin el suyo.

De mi piel sin sus besos.
De mi amor sin sus labios.

Olvidar estaba siendo el viaje más largo de mi vida...

Me di cuenta al volver.

jueves, 5 de febrero de 2015

What is love?

Someone asked me once what love is and I had to leave my shield for a moment.

Love is a word too big to have just one definition, so everyone describes it their way.

I use to say that love is luck.
It is the luck of a soul, of a heart, to feel free while being accompanied.

It is double freedom.
Because freedom is the greatest thing people have. And love, without freedom, isn't love.

Love is finding, in a glance, the answer to all those questions that don't let us sleep at night.

It is the feeling of a tight hug while everything is shaking around.

It is understanding a soft caress and a cold kiss in the dawn and to rescue a hope among an ocean of doubts.

Love is the difference between happy happiness and comfortable happiness.

It is a complicity wink, the laugh of a joke and four caresses, those that make you feel a tickling on your stomach instead of feeling it in your skin.

That day I forgot my shield in any cul-de-sac where I can't remember how to arrive and, with an unprotected heart, I realized that love is what make us feel strong when we think that everything is about to fall down.

(Or you smiling when I arrive home, while holding a hot mug and your glasses steam up.)

Ya no hay "Vuelve".

Tengo una canción en el bolsillo, una carta en la punta de la lengua y un "te quiero" en el tintero.

Te perdí donde te había encontrado, en el instante anterior a un beso.

Te encontré deshaciendo, con tu magia, mis enredos y me perdí en lo sincero de tus ojos.

Me muero por gritar un "quédate" que te devuelva a mis días, pero mi garganta ya está rota de todas las noches que llevo susurrándole tu nombre a las estrellas.

Ya no hay "Vuelve" que quieras escuchar, ni siquiera el que Andrés Suárez me prestaba para cantarte cada madrugada.

Ya no hay luna que dibuje tu figura en mi ventana.

Ya no hay tiempo, ya no hay vida.

Ya, sin ti, no queda nada.

¿Qué es el amor?

Una vez me preguntaron qué era el amor y tuve que olvidarme de mi escudo por un instante.

Amor es una palabra demasiado grande como para tener una sola definición, por eso cada uno lo describe a su manera.

Yo suelo decir que el amor, para mí, es suerte.

Es la suerte del alma, del corazón, de sentirse libre en compañía.

Es la libertad al cuadrado.
Porque la libertad es el bien más preciado del ser humano y el amor sin libertad, no es amor.

El amor es encontrar, en una mirada, la respuesta a todas las preguntas que no nos dejan dormir.

Es la estabilidad de un abrazo seguro, cuando todo lo demás se tambalea.

Es entender una caricia a medias y un beso frío de madrugada y rescatar a la esperanza del medio de un mar de dudas.

El amor es la diferencia entre la felicidad alegre y la felicidad cómoda.

Un guiño de complicidad, una carcajada de burla y cuatro caricias suaves, de esas que hacen más cosquillas al estómago que a la piel.

Ese día me dejé el escudo en algún callejón al que no recuerdo cómo llegar y, con el corazón desprotegido, entendí que el amor es eso que nos hace ser fuertes cuando creemos que estamos a punto de desmoronarnos.

(O tú sonriendo cuando llego a casa, mientras sujetas una taza humeando y se te empañan las gafas.)

martes, 3 de febrero de 2015

Palabras encadenadas.

Me abraza el sofá y, sin querer ni poder evitarlo, me acuerdo de ti.

De cómo juraste, con una sonrisa, esperarme.

De cómo aguantaste miles de madrugadas mis idas y venidas.

De cómo estuviste, aún sin yo merecerlo.

Me acuerdo de la colección de botellas y copas vacías, cualquier sábado por la tarde, sobre la mesa del salón.

Me viene a la memoria el eco de tu risa mientras yo intentaba adivinar a quién imitabas.

Se te llenaba la boca diciendo que jamás te irías de mi lado y se te vaciaba el alma en cada "te quiero".

Nos sorprendía la noche jugando a "palabras encadenadas", sin saber que estábamos encadenando nuestras vidas.

Encadenando tus sueños a los míos, encadenando nuestra piel a los deseos del destino.

"Si algún día nos vamos de aquí, ten en cuenta que yo no sería feliz sin buen vino..." y dibujabas en tus labios la más tierna de las sonrisas, espantando todos mis temores.

Me abraza el sofá y, sin querer ni poder evitarlo, me acuerdo de ti...

Y brindo por nuestro recuerdo y por volverte a ver cosiendo esperanzas, con la delicadeza de tu voz, en el dobladillo de todos mis sueños.

domingo, 1 de febrero de 2015

Una mañana de otoño.

"¿Has amado alguna vez?" era su pregunta preferida.

"Estoy amando ahora...", la respuesta.

Fingía no entenderme y pestañeaba despacio, clavando sus pupilas en mi boca.

Aguantaba la respiración, si se acercaba, mientras mi corazón latía por libre olvidando que la vida lleva un ritmo.

Cruzó todas las fronteras de mi alma con una sola sonrisa y consiguió despertarme la piel con las yemas de sus dedos dibujando un corazón sobre la palma de mi mano.

Me hizo creer que vivir valía la pena y que había belleza más allá de las resacas y el humo que invadía mi salón.

Me calló como nunca nadie antes, sin apenas abrir la boca.

Se desmoronaron mis intenciones cuando se dibujó su figura en la ventana una mañana de otoño (de esas en las que el sol viene a saludar).

De manos frías y piernas calientes, acabó con mi mundo cuando el frío de sus manos invadió su mirada.

"¿Has amado alguna vez?" era su pregunta preferida.

"¿Siendo correspondida? No. Nunca.", lo último que mi voz susurró a su ego.