"Los cambios son difíciles y, a veces, raros."
Lo dijiste sin saber lo fácil que fue para mi espalda amoldarse a la forma de tus manos.
Recuerdo haber sonreído.
Igual que sonrío ahora al recordar cómo encajaron las mariposas de mi estómago con tus pasos al fondo del pasillo, con la firmeza de tus caricias, con el eco de tus carcajadas.
Apenas recuerdo mi vida antes de ti.
Supiste hacerte un hueco entre mis horas, entre mis días, entre mis ganas.
Lo llenaste todo de una felicidad que no conocía.
De una felicidad que no sabía que estaba buscando.
Y, sin permiso, aceleraste cada latido hasta conseguir que mi mirada brillara con la tuya.
"Los cambios son difíciles y, a veces, raros."
Lo dijiste sin saber que te colaste en mi rutina sin haberte dado cuenta.
Sin notar que, de repente, éramos dos.
Que tu voz al fondo de mi memoria es el recuerdo del pasado más lejano que quiero tener.
Y que, cuando se trata de amarte, no hay mayor dificultad que echarte de menos cuando te marchas por la mañana, ni nada más raro que tu cara después de la sal que precede al tequila.