Quiso echar una carrera a las nubes, a ver quién llovía antes.
Era una cuestión de dignidad. Y ganó.
Llegó al claro y sonrió.
De pronto, mi figura al fondo de la calle y una nube negra que sonríe victoriosa.
"Escúchame, por favor."
Rompí el silencio haciendo estallar la tormenta antes de tiempo y pude comprobar que, al fondo de sus ojos, un relámpago quemaba la herida de su alma.
"He venido a pedirte perdón y a comprobar que eres feliz.
Sé que no debí haberte mentido, no debí haberme marchado... Y también sé que he perdido el derecho a volver a mirarte a la cara.
No me creerás, pero es importate para mí saber que estás bien, que has vuelto a sonreír, que has encontrado a alguien que se merece tus besos.
Yo no fui quién esperabas.
Tuve miedo de sentir, de fallar, de querer.
Tuve miedo de perder una vez más y me llevé tus ilusiones entre mi equipaje, sin pensar en ti.
Pero necesitaba volver y verte.
Volver a verte.
Necesitaba comprobar que algo había sido sincero, real...
Y me alegra que lo único real de esta historia hayas sido tú."
Y llovió.
Y lloró.
Y ni las nubes ganaron, ni sus mejillas se rindieron.
Seguía sonriendo mientras me alejaba.
No nos volvimos a ver.
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