Cuando acabe con el lunes, habré matado tu recuerdo.
Me habré cansado de esperarte a la lluvia y, aunque el sol no me caliente, saldrá para cegarme cada vez que asome el eco de tu risa a una esquina de mi memoria.
Cuando acabe con el lunes, llenaré de "quiero" la lista de cosas que me quedan por hacer.
Entenderé que recordar que debo olvidarte, es tan necesario como lo fue que respiraras sobre mi pecho.
Acudirá a erizar mi piel la estela de la tuya entre mis manos y, el reflejo de la luna sobre el mar, me gritará que ya no estás, ni quiero que vuelvas.
Cuando acabe con el lunes, me vendrá a la cabeza el olor de tu perfume y te respiraré por útima vez.
Y te irás de mi desván de sentimientos, sujetando la maleta con firmeza y con ese sombrero que te queda tan bien.
Al menos, hasta el martes.