lunes, 25 de febrero de 2013

Ese frío seco que corta la cara, que agrieta las manos y se mete dentro de tus huesos.
Ese frío que te congela los pulmones y paraliza tus músculos.
Ese frío que, sabiéndose vencedor, se apodera de ti en cuanto tiene la oportunidad.

Ese frío que deja la soledad que aparece tras tus besos.

"La soledad comienza".

martes, 19 de febrero de 2013

Puede que él piense que yo jamás haría algo así porque, la verdad, suelo ser bastante seca.
Pero, aún con eso, sabe que lo quiero.

A él le debo muchas de las cosas que forman parte de lo que soy. Mis ojos, la mayoría de mis rasgos, los dedos (que eso no se lo perdono) y partes de mi personalidad que no cambiaría por nada.

¿Sabéis algo? Es de las pocas personas que conozco capaces de sonreír con la mirada, aún cuando se enfada.

No estuve en su cumpleaños, ni estaré el día de los padres a su lado. Por eso siento que, de alguna manera, le debo este trocito de mis pensamientos.
Me gustaría que supiera que lo admiro, aunque su humildad no le permita entender el por qué.

Es optimismo, alegría,complicidad, confianza y protección.
Es mi padre y, a mi manera, tenía que demostrarle que le echo de menos y, aunque probablemente no se lo dijera nunca, le quiero.

lunes, 18 de febrero de 2013

A veces, uno siente la necesidad de llorar del mismo modo que se siente la necesidad de respirar cuando se cree perdiendo el aliento.

Una lágrima es demasiado pequeña para recoger tanto sentimiento, sin embargo lo consigue y, acumuladas, pueden crear la más grande de las angustias.

No necesariamente es un hecho, un momento o una canción lo que provoca esas ganas de llorar. En algunas ocasiones una persona necesita hacerlo "porque sí" y después, si lo consigue, se siente agotado pero aliviado, como si soltara un lastre que cargaba por años.

Una lágrima por alguien que no volverá, una por los que están lejos, una por amor, una por miedo, una de emoción, una de alegría, una de coraje... Pero todas llanto.

Las lágrimas limpian el alma y detrás de cada una hay una verdad que, de algún modo, está pidiendo que la dejen salir.

"Aparentar que hay mil guerras ganadas."

miércoles, 13 de febrero de 2013

"Quiero estar sola. Es lo que necesito."
Y, en su pecho, una punzada de razón le aceleraba los latidos.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que lo viera y, después de haberlo detestado en varias ocasiones, su pensamiento ya sólo podía provocarle indiferencia.

De corazón le deseaba lo mejor, por el gran cariño que le había tenido.
En alguna ocasión podría haber jurado que se trataba de amor, sin embargo, a estas alturas ya no estaba tan segura.

El destino había decidido que sus caminos debían separarse y, para bien o para mal, así sucedió.
Se dijeron adiós y comenzaron a caminar en direcciones opuestas a pesar de tenerse más presentes el uno al otro de lo que creían.

Fue complicado, al principio, pero el tiempo va pasando y no en vano precisamente.
Es el único bálsamo para las cicatrices del alma y, a día de hoy, el recuerdo de un enorme cariño era lo único que tenían en común.

Lo que habían vivido juntos era ya parte de su pasado y así seguiría siendo.

Ella no le guardaba ningún rencor, todo lo contrario, le agradecía por lo bueno y por la fortaleza que obtuvo de lo malo.
Sabía que sería inútil tratar de rescatarlo,  pues era consciente de que cualquiera como él era demasiado simple para entender una explicación detallada de lo que ella necesitaba y, contra eso, no había nada que pudiera hacer.

"Quiero estar sola. Es lo que necesito... Al menos hasta que alguien me vuelva a acariciar el corazón sin pedirme permiso."
Y, tranquila, sonrió.

"De pronto, una canción me lleva a ti."

martes, 5 de febrero de 2013

A pesar de que los días pasaban muy rápido, siempre había un momento que se hacía eterno.

Eran los minutos antes de emprender el viaje que, como cada noche, la llevaría al lugar donde la imaginación se libera y da rienda suelta a las más profundas pasiones representadas en los sueños.

Ese instante era el momento en que no tenía nada que hacer, nada que pensar y, ahí, en ese punto, era cuando más echaba de menos ese rostro que tardaría en volver a ver.

Era increíble la forma en que la imagen de esa sonrisa podía iluminarlo todo y la desesperación se percibía en su gesto, aún en la oscuridad, cuando, fruto de la distancia, no conseguía recordar su cara.

Seguía intentándolo, una y otra vez, hasta que lo lograba y, cuando lo conseguía, se instalaba en su pecho una sensación de paz que hacía brillar su mirada de alegría.

Era así, día tras día. Y seguiría siendo así hasta que volviese a casa y se encontrara, una vez más, con esa mirada que regalaba, en toda su expresión, esperanza.
Una esperanza que, creciendo a diario, se había convertido en su razón para vivir, en su motivo para levantarse cada mañana y en su única razón para sonreír.

Era injusta la forma en la que el destino había jugado sus cartas, pues se había dado cuenta de todo la primera noche que pasó a miles de kilómetros de casa, sin embargo, deseaba que la novedad de la experiencia que estaba viviendo y esas ganas de encontrarse de nuevo con toda su perfección, le hicieran más llevadero el tiempo que pasara lejos.

Recordaba, sonreía, se enfurecía, insistía en una idea, sonreía de nuevo.
Sentía.

"Todos los días tienen un minuto 
en que cierro los ojos y disfruto 
echándote de menos."