Saber que cuando llega el tiempo adecuado debes olvidarlo todo.
Olvidar divertidas conversaciones y, sobretodo, deshacer ilusiones que llevan alimentando tu alegría durante mucho tiempo.
Si consigues llegar a ese punto sin desesperar quizás te des cuenta de que has alcanzado la madurez que necesitabas, o quizás solo sea que te volviste una persona fría, un ser racional que ya no conoce de sentimientos ni pasiones.