"+ ¿Qué haces ahí?
- Esperarte.
+ No.
- No. Pero echaba de menos decir algo así.
+ ¿Siempre has esperado?
- Siempre.
La esperé hasta que estuvo preparada y no me importó. Después fui muy feliz.
La esperaba en la puerta del trabajo, por sorpresa, para verla sonreír.
La esperaba cada mañana para desayunar, con inmensas ganas de empezar el día con uno de sus besos.
Esperaba que su mano sobre mi espalda las noches de invierno fuesen de las pocas cosas que duran toda la vida.
Esperaba desesperar, con ella.
Esperé, paciente, para volver a ver su pelo al viento mientras escapaba de mis cosquillas.
Para volver a oír sus tacones al fondo del pasillo.
Para volver a ver sus ojos después de llorar.
Descubrí que ya no quedaba nada que esperar de mí y, ahora que me cansé de esperar, ya no espero nada de la vida."
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