Por fin terminé el libro que había empezado antes de ti.
Aquel que nunca continué, porque era demasiado triste para el "tú y yo" de aquella época.
Al final, resultó que no lo era tanto.
Cerré los ojos y, casi de la nada, volvió a sonar Izal.
Como cuando me tumbaba al sol y me hacías caricias en la tripa.
Pero, ahora, sin cosquillas.
Supongo que fuiste la primera vez que se rompió mi corazón, esa vez a la que llaman "la más dolorosa".
Y la última... Porque nada se puede romper dos veces de la misma manera.
Te lo agradezco.
Te agradezco que ya no duelas, ni me roces la tripa, ni te cueles en mi terraza o en mis pensamientos.
Te agradezco el final de esa historia, que no me partió el alma más que tu partida.
Y te agradezco, infinitas veces, que las canciones ya no me hablen de ti.
Es lo único que necesitaba porque, al fin y al cabo, tú y yo siempre fuimos "tú y yo".
Por separado.