miércoles, 21 de diciembre de 2016

El tiempo.

Me distraigo un segundo, mirándote sonreír mientras la luz se muere de celos al otro lado de la ventana.

Me hace gracia tu manía de quitarte el reloj al llegar.
Lo dejas sobre la mesilla y el segundero va marcando el ritmo de tu respiración, hasta que sugieres que acelerarla no es mala idea.

Empiezan a perderse tus suspiros en la curva de mi espalda y las ganas que tenía de encontrarte entre mis besos me recuerdan que mañana volvemos a madrugar.

Cierro los ojos y, dejando que descansen mis rodillas entre las tuyas, vuelvo a escucharlo.

Es el tiempo, otra vez. 
Recordándome que existe, marcándome el ritmo al que te quiero. 

Es el tiempo, otra vez. 
Un envidioso.

Tic... Tu pelo.

Tac... Tus manos.

Tú y tus gestos.

Yo. 

Tus labios. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Me supiste a poco.

Cerré los ojos, respiré profundamente y recordé tu mirada.


Huele a Navidad y pasado cuando te pienso y el frío de todos tus inviernos se pasea sin piedad entre mis huesos.


Un disco nuevo gira en algún rincón de la casa, donde descansan unos espejos que ya no quieren saber de mi reflejo sin el tuyo. 


Qué bonito era despertar con tu sonrisa y qué feo se siente al cumplir sueños, sin cumplir promesas. 


Cerré los ojos y respiré profundamente.


Te respiré cada vez que me gustaba cómo me mentías.

Y cada vez que me juraste que lo único eterno que existiría, serían las ganas que tenías de mis manos.


Te respiré en cada recuerdo, de cada minuto, de cada uno de mis días.


Y me supiste a poco. 


Como todos los años que llevo cumplidos sin tu beso de "felicidades".

Ese que me dabas justo donde se acaba la nuca y empieza a dominar la perdición. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

Despacito, pero no.

Muérdele las costuras a la vida.

Muérdeme las ganas de quedarme entre tu dedos para siempre. 


Agarra al destino por el pelo y tira como si quisieras encenderlo.


Tira despacito, pero no.

Sonriendo de medio lado y sin dejar de pestañear. 


Marcando la piel, suavemente, con la fuerza de tus manos. 


Como sólo tú sabes hacerlo. 

Como solíamos ser, cuando nos costaba despegarnos. 


Todo en su justa medida...

Despacito, pero no. 


Como tu respiración sobre mi pecho y tus dientes encadenando las heridas de mis labios. 


Exigiéndome otro asalto. 

Otra tormenta, después de la calma.


Susurrándome mil estupideces para hacerme sonreír y perderte a la altura de mis caderas, donde siempre había un hueco para dejar morir tus jadeos.


Despacito, pero no. 


Y así, pero aquí y ahora.


Despacito, pero no.


Y siempre. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Es que, a tu edad...

He vuelto a hacerlo. 


La realidad amenaza con volver a mi vida y yo he vuelto a guardarte entre mi equipaje.


Sentimientos bien apretados, en menos de veinte kilos de maleta facturada a última hora.


Amor low cost.


Llueve al otro lado de la ventanilla y consigo ver tu rostro dibujado entre las gotas.


Me sigue haciendo gracia el gusto musical que tienes y me río sola, pensando en tu cara de enfado cuando sabes que estoy pensando "es que, a tu edad...".


También me gusta que me mires cuando no te veo y que el rojo de todas las puestas de sol del invierno se instale en tus mejillas cuando sabes que me doy cuenta. 


Quiero que me guiñes un ojo cuando nadie te vea y me cuides sin cuidarme.

Que me hagas caso cuando mi sonrisa te grita que no quiero tener que seguir echándote de menos.

Que te vengas conmigo a Barcelona en el primer vuelo de después de la resaca y miremos con desprecio a las nubes que nos llueven desde abajo. 


Las escalas ya las haré en tus caderas.


La luz, ya me la dará ese color tan raro que tienen tus ojos.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Reincidente.

Ya empieza a apretar el frío y, una vez más, me deja contra las cuerdas de las que cuelgan tus recuerdos. 

Siento cómo el peso de la ausencia de tus besos cae sobre mis párpados, acostumbrados a tus caricias, y los va cerrando.

Me declaro culpable. 

Culpable de quererte más de lo que pensé que se podía querer.
Culpable de echarte de menos a cada rato.
Culpable de mentir cuando me preguntan si existes.
Y culpable, también, de sentir la necesidad de renacer entre tus brazos cada día de mi vida.

Ya empieza a apretar el frío. 
Tanto o más que las ganas de verte.

Y, cuando me vuelva a cruzar con tus ojos, en eso de amarte no sólo seré culpable... Seré reincidente.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Es lo que es.

Quisiera querer desquererte, si eso se pudiera.


Desexistirías de mi existencia y se instalaría, en mi pecho, el vacío más absoluto. 


Donde miraba tus ojos, no quedaría ni la sombra de lo que fue tu mirada. 


Y llorarías. 


Y unas lágrimas saladas "con sabor a mermelada de ternura", te recordarían a las ganas de morirte en mis caderas que tenías cada noche. 


Quisiera querer desquererte y, aunque suena a un trabalenguas de esos que desatan tus labios a primera hora de la mañana, tus piernas siguen remoloneando alrededor de las mías pidiéndome que no me vaya. 


El amor es lo que es. 


El olvido... Está corto de verbos. 


martes, 25 de octubre de 2016

Un amor distinto.

Construyó el amor con sus propias manos. 

Un amor distinto, especial, que se escapaba de lo imaginable. 


Un amor para mí.


Lo dejó crecer entre sus dedos y, con mimo, me lo dio para que lo cuidase.


Se escondió entre los inviernos de mi alma y los hizo florecer desde la sombra, sin permiso. 


Fue calando hondo en mi pecho, poco a poco, hasta que dejé de imaginarme a mi corazón despertando por otra alegría que no fuera la de su llegada. 


Con mi nariz y mis manos heladas, descansando sobre su cadera.


Con tantas ganas de querer, como de ver morir noches entre sus brazos. 


Con lo que todavía somos, de lo que fuimos. 


Con todo lo que me juró que seríamos.


Y su pelo. 

domingo, 16 de octubre de 2016

Planetas.

Ya vinieron a verme mil tormentas, desde la última vez que dibujé planetas sobre tu espalda para buscar nuestro destino definitivo.

Ya cayó, sobre mis ojeras, el peso de cien inviernos. 

Ya llovió y la lluvia me habló largo y tendido de nuestras tardes perezosas de domingo.

A veces leo a Bécquer en voz baja, porque nadie sabe recitarlo como tú. 
Y no hay nadie mejor que él, que describa cómo dueles.

Si cierro los ojos, desfilas por mi memoria riéndote.

Riéndote de mí, por bailar antes de comer.
Riéndote de ti, porque tampoco sabías cocinar y acabaríamos pidiendo pizza aunque quisieras intentarlo.
Riéndote de la vida, porque se rendía ante tus caprichos.

¿Y quién no lo haría? Con esa carita...

"¿A dónde viajaremos hoy?", solías preguntarme.
Y yo te llevaba lo más lejos que podía, sin moverme de tu cama. 

Ahora sigo dibujando planetas en el aire y, aunque mis dedos se sientan huérfanos de tu piel, aprendí a viajarte de memoria cuando hace frío.

Yo echaré raíces donde prometimos que lo haríamos.

Tú, cuando necesites un anclaje, agárrate fuerte a mí. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

"Por su seguridad..."

Siempre me hacen gracia las advertencias en las estaciones: "Por su seguridad, manténgase alejado de las vías".

Como si la raya amarilla que dibujan en el suelo pudiera protegerme.
Como si mi voluntad no se hubiese tumbado sobre los raíles, en el momento en que la vi aparecer.

Era ella.
La chica de las californianas perfectas, los labios carnosos, las gafas redondas polarizadas y el lazo rojo. 

La típica chica a la que le escriben mil textos de amor, pero casi ninguno sincero.
El tipo de chica a la que no vuelves a ver después de enamorarte de sus gestos, pero por la que darías la vuelta al mundo sólo para ver cómo se alegra. 

Era ella y estábamos tan cerca como lejos.
Viajaba conmigo, pero sin mí. 

Miraba por la ventana y sonreía de lado.
Miraba de nuevo hacia dentro y me encontraba en la otra punta del vagón.

A veces bostezaba, deteniendo mi mundo.

Parecía feliz.

Una canción de Silvio Rodriguez empezó a sonar, casi de la nada. 

"Ojalá que la luna pueda salir sin ti".

Y ojalá... Porque en invierno en Barcelona anochece muy temprano y yo no podría aguantar muchas noches sin hablar con la luna sobre lo genial que habría sido Sitges lloviendo, abrigada en su sonrisa. 

De momento, en la última parada de mi tren, mi esperanza se sigue riendo de la maldita raya amarilla.

Y, en lo que va de noche, todavía no he visto a la luna. 

"Por su seguridad, procure no enamorarse en cada estación".



lunes, 10 de octubre de 2016

El final de nada.

Suena una canción antigua, en una emisora que se busca sola, mientras conduzco de camino a casa.


Me cuelo entre la niebla, como me colé entre la alegría el día que decidiste sonreírme por primera vez. 


Soy consciente de que haces conmigo lo que el otoño hace con las hojas.


Tú, con esos ojos. 

Siendo mi estación favorita, sin saberlo.


Se enciende la farola del fondo de la calle cuando llego y recuerdo el susto que me diste el día que te encontré debajo, esperando a que llegara a casa. 


Muriéndote de frío, con la nariz congelada dentro de la capucha de mi sudadera preferida.

Esa que está tan descolorida y te queda tan grande y tan bien, cuando hace juego con esa sonrisa capaz de cambiar el mundo.


Suena una canción antigua, en una emisora que se busca sola.


Como me busco yo, cuando abro los ojos y no te encuentro.


Y a estas alturas ya no te prometo que esto sea el principio de algo... 

Pero te aseguro que no es el final de nada.


jueves, 29 de septiembre de 2016

Será arriesgado.

Cuento las horas para volver al lugar en el que me esperan tus ojos brujos.

Viajarán conmigo mil acordes, que me acercarán a tu sonrisa.

Será arriesgado, una vez más.

Pero a ti te gusta el amor así, sintiendo la adrenalina del que sostiene entre los labios un cuchillo recién afilado.

A mí me gustas tú, mirándome desde el fondo del bar. 
Gritándome que me acerque, para que podamos alejarnos. 

Y las canciones que solía odiar me parecerán divertidas, si las cantas mientras tus manos me invitan a quedarme con ellas otra noche.

Volverá el "hasta luego" y volveré a volver, para poder volver a ti de nuevo. 

Casa. 
Ese lugar que existe cada vez que te veo.

Música.
Ese elemento que me recuerda que pronto estaré brindando a tu salud, mientras haces que no te enteras y me sonríes como si la vida no fuera contigo.

Como si mi vida no fueras tú.
Como si el "te veo fuera en un rato" no brotara de tus ganas de verme, despertando a tu garganta.

lunes, 26 de septiembre de 2016

21 de septiembre.

Sé que no sabes que te juré un 21, pero lo hice.


El 21 que jamás llegó, de un septiembre que parece no acabarse. 


Cerré los ojos y pensé "ven, descansa en mi barriga hasta que vuelva a amanecer".


Te volví a soñar y me erizaste la piel.


Me pediste paciencia, sin pedirla.

Y te la di. 


Como te daría todo mi tiempo, sabiendo que no volverá.


Como gritaría al viento que te quiero ver despertar a mi lado cada 21 de septiembre que me quede por vivir.


Como te besaré sin besarte, una vez más, en cuanto te vuelva a tener delante.


Rogándote que te tumbes sobre mi ombligo, que alimentes de caricias a las mariposas que ya sólo viven de tu recuerdo y que me beses con las ganas de quien se sabe en una despedida.


Y será pronto.


Pero también hasta la próxima.


Y será tarde.


O no.


lunes, 19 de septiembre de 2016

Es breve.

Escribe algo bonito entre los hilos de mi pelo, que luego yo lo rizo y me lo llevo.

Te guardo entre ellos, te miro y me duermo.

Después lo recuerdo. 
Es breve, es intenso.

Y no me acostumbro, no puedo. 
Lo siento.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Si tú me pasas.

Me compré un billete sólo de ida que me dejará en el centro de tu alma.

Empaqueté cuatro ilusiones, tres excusas y todos mis "tequieros" y los metí en la cajita en la que guardo el corazón.

Es todo lo que me queda.
Utilízalo a tu antojo. 

Te daré todos los besos que me pidas, sin reclamaciones ni "ticket regalo".
Puedes devolvérmelos cuando quieras, si me quieres algún día. 

Y si eso pasa...

Si eso pasa, juro que no me va a llegar la vida para hacerte reír. 

Se me van a escapar los días, decidiendo dónde te haré cosquillas para que te enfades sin enfadarte. 

Me van a atropellar los minutos que no esté a tu lado, haciendo agonizar a los últimos de antes de verte. 

Si eso pasa (si tú me pasas), sabré que emigré a los labios correctos.

Y no necesitaré billete de vuelta.

lunes, 12 de septiembre de 2016

De paso.

Era bonita. Por dentro y por fuera. 

Y también era guapa. Guapa a rabiar. 

Que puede parecer lo mismo, pero no lo es. ¡Siempre se lo tenía que repetir! 

Y siempre conseguía lo imposible: serlo cuando estaba cansada, o enfadada.

Es divertido pensar que habremos salido en millones de fotos de turistas, queriéndonos a lo lejos. 

Y, lejos de haber querido ser el objetivo, probablemente haya acaparado la atención de alguien que repasa su álbum de vacaciones. 

Supimos aprendernos de memoria y desaprendimos a sufrir por otras caricias.

Me tatué la marca de sus labios en cada poro de mi piel para que la resaca de besos me empujase hacia el abismo de sus manos, donde siempre estaba dispuesta a morir. 
Una y otra vez. Varias veces al día.

Y por la noche.

Nos importó una mierda lo que dijeron de nuestra forma de hablarnos al oído y, con el descaro con el que nos protegían las ganas, nos colamos en el campo de batalla entre el odio y el amor. 
Y, aún a riesgo de salir con más de una herida de bala, supimos querernos bien. 

Como se debe querer. 
Con la intensidad con la que se atraen los polos opuestos. 
Con la rabia y la desesperación de quien se sabe haciendo lo correcto, en un mundo equivocado. 

Jamás tendremos nuestro propio álbum de fotos, pero estaremos de paso en los recuerdos de muchas personas que estuvieron de paso. 

Y será suficiente. 

viernes, 9 de septiembre de 2016

Plan B.

No solía ser el tipo de persona que tiene un plan B. Nunca. 

Después apareciste, asegurando que no sabes "de qué está hecha la felicidad, pero es una mierda lo suficientemente buena como para enganchar". 

Y me ganaste. 

Ahora ya no quiero nada más que ver tu pelo a contraluz y perderme en las gotas que siempre cuelgan de tu barbilla cuando llueve.

Desde entonces, no tengo más planes que el B (de Barcelona contigo) y ya no sé si quiero saber en qué consiste la otra parte de la vida, si la hubiese. 

A ti no se te puede improvisar, ni yo quisiera hacerlo. 

A ti sólo se te pueden prometer muchas mañanas (y tardes, y noches) de sábados y domingos que suenan a canciones huérfanas de acordes, desde que estás lejos. 

Y mirarte, cuando te dejes. 

Y decirte bajito que "ojalá tener esa mierda con la que están hechos los sueños", para que sonrías cuando estás triste. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Empieza a refrescar.

Escucho hablar de amor a la gente que no te conoce y me hace gracia lo mucho que se equivocan.

Este calor húmedo, más propio de las cloacas que de un corazón enamorado, me trae el recuerdo de tus manos en mi cintura.

"Puedes quedarte otra noche. 
Y dejarte el pijama, si quieres."

De repente, un bebé que llora nos despierta y, ya que estamos, nos queremos otro rato.

Nos sudamos mucho. 
Pero sin prisa, que hace calor.

Y si madrugamos, al menos que las ojeras hayan valido la pena. 
Que no hay alegría más grande que la de encender tu mirada, ni cansancio que no cubra el maquillaje. 

No deja de hacerme cosquillas que el Robe te despierte con eso de "yo ya empiezo a notar desbordarse los pantanos de toa' Extremadura" y tu mano esté dormida casi dentro de mi piel. 

Y madrugamos más, pero nos sudamos menos.
Que ya se nota septiembre y empieza a refrescar por las mañanas. 

Es como "la vuelta al cole", pero a tus manos. 

Y me dejo el pijama. 
Por lo que pueda pasar. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Ese lugar.

Imagínate ese lugar al que siempre quisiste ir. 

Supón que puedes despertar allí todos los días y que sea exactamente como lo habías deseado. 

Imagíname feliz, como canta Andrés Suárez, después de que me hayas despeinado las cejas.
O después de una siesta eterna, cuando te ríes de lo que balbuceo medio dormida. 

Cenar, con la luz apagada, en el balcón de un piso que no me decía nada hasta que llegaste para hacerlo hablar.

Comer cualquier cosa rápido y reír. 

Reír mucho y que tus carcajadas destrocen mi soledad. 

Reír tan fuerte, que le moleste a la vecina de la ventana que está al otro lado del parque. 
La que se acaba de manchar el pijama cenando, mientras yo te comía a besos (y a versos) a contraluz. 

Que me hables y me beses y me cantes.
Y sudarnos sobre un colchón barato de Ikea. 

Ver cómo recuperas la alegría que dejaste que te robaran y bailar sin música en medio del salón. 

Y que esta casa se alegre cuando te ve llegar, como se alegra mi corazón al oír tu vocecilla. 

Sentir, en definitiva. 
Volver a ser. 

Imagínate ese lugar al que siempre quisiste ir. 

El mío, eres tú. 

lunes, 29 de agosto de 2016

Aterrizarte.

Voy a hacer un despegue de emergencia que me lleve a estrellarme contra tus brazos.

Voy a romper el cristal, como en situación de peligro, y saltaré sin parcaídas al centro de tu alma. 

Sin chaleco, ni mascarilla, ni miedo.

Sin pensarlo dos veces, como se hacen las cosas que se desean realmente. 

Ya sé que no ha llovido nada desde la última vez, pero la prisa me ha llevado a ahogarme entre los litros que no lloramos.

He tenido que perderme toda tu prosa y estoy vacía de morriña y llena de besos para darte. 

Un taxímetro estropeado me habla de lo despacio que pasa el tiempo cuando no te tengo cerca, de lo caro que sale echarte de menos, de lo difícil de seguir sin ti.

Y es gracioso, porque ocultarte no sirve de nada. 

Porque todo el mundo te conoció en el brillo de mis ojos, como se conoce al que corre hacia la puerta de embarque después de que hayan dado un nombre y un último aviso por megafonía. 

Te he volado, pero ya se acabó. 

Ya toca poner los pies en el suelo.

Y aterrizarte para que podamos despegar de nuevo.

martes, 23 de agosto de 2016

Cinco minutos más...

Suena el despertador. Es el tuyo.

"Cinco minutos más, por favor."

Te lo he dicho mil veces, no soporto ver cómo te vas. 

Te pido cinco minutos más, todos los días. 
Cinco minutos y diez besos. 

Ocho pasos son los que necesitas dar para llegar a la puerta.
Infinitas las veces que se balancean tus caderas en ese paseo, en menos de veinte segundos. 

Siempre te giras antes de cerrar, porque sabes que te miro con los ojos entreabiertos.
Porque sabes que, aunque no hagas ruido, yo te estoy sintiendo y voy a intentar soñar contigo el rato que me queda. 

A veces vuelves y me das otro beso. 
En la frente, como los de la canción de la chica fea de Sabina.

Y ya son once. Impar. Como me gusta.

Sonríes, calentándome un poquito el alma. 
Haciendo que me olvide del frío que dejas en mi colchón.

Otra vez vuelvo a echarte de menos. 

Todo el día. Todo el rato. Hasta los próximos "cinco minutos más".

Y me vuelves a tener contando las horas, los minutos y hasta los segundos, con las mismas ganas con las que cuento tus pequeños detalles.

Quién me lo iba a decir a mí, que soy de letras. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Las buenas y las borrosas.

Quiero verle los dientes a la vida, contigo de la mano.
Y librarle todas las batallas que nos tenga preparadas.

Quiero verte los dientes a ti, cuando sonríes porque hago el payaso. 
Y que me muerdas las carcajadas que se escapan de mi garganta para morir a la altura de tu ombligo, en la curva de tu espalda o en el botón imposible de tus vaqueros gastados.

Quiero tus ojos brillando y un sujetador en el suelo.

Quiero todas las fotos en las que sales. Nuestras o sólo tuyas.
Las buenas y las borrosas. 

Quiero que vuelvas a decir "me voy a levantar", en tono de amenaza. 
Sabiendo que no hay nada que deteste más que verte salir de mi cama. 

Quiero tardes, mañanas, madrugadas, siestas y desvelos a tu lado.
Ser tus sueños, la heroína de tus pesadillas y lo único que te calme en tus noches de enganche a la vida. 

Quiero. Sí, quiero.

Sí, contigo. 

Sólo. 

sábado, 20 de agosto de 2016

Contaré hasta diez.

Hagamos un trato: No te diré lo que me gusta.

Te voy a contar, con detalles, todo lo que molesta. 
Te voy a cantar cada uno de mis defectos, cada una de mis manías.

Después cerraré los ojos y contaré hasta diez. Se me hará eterno, lo sé. 

Pero cuando los abra ya habrás decidido si quieres quedarte y dejarte sorprender cuando sonría sin motivo. 

Te lo voy a poner fácil, porque la vida ya se empeña en complicarlo todo. 

Yo, lo único que busco es quererte como te mereces que lo hagan y que seas feliz.

Y que no me cueste madrugar porque al abrir los ojos te veré, con el cabello revuelto y cara de lunes. 

Que me alargues las mañanas con tus quejas y me acortes las noches con tus prisas.

Y que sepas que sí, que esa sonrisa es porque me encanta sentirte al despertar. 

Entonces podré decirte que tú completas la lista de cosas que me gustan. 
Que eres la única. 

Y se me llenará el alma, mientras se me vacía el miedo.

Y sonreirás tú también para hacerle competencia al verano, pero en invierno.

jueves, 18 de agosto de 2016

Mi color favorito.

Te ríes de mí por decir "sacapuntas", porque te suena raro. Te hace gracia.

Apareces por detrás, me desordenas los lápices y te alejas sonriendo y dando saltos. 
Disfrutando de lo mucho que odio que me hagan eso. 

Eres el dibujo más relajante que las yemas de mis dedos se atrevieron a colorear y sabes ser brillo en los días más grises.

Tú, con tu puto arcoíris, obligándome a negar la oscuridad.

Tú, que te has convertido en mi color favorito.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Con la rabia...

Te sueño, una vez más, y mis dedos se despiertan con la prisa de volver a recorrerte. 
Con la rabia de sentir toda tu piel tan lejos, que duele. 

Mil veces me he roto la garganta gritando sobre tu pecho que eres como el sol. 
Que cuánto más lejos estás, más quemas.

Supiste ser, sin saberlo y sin querer, vida.

Y apuesto esa misma vida, a que seguirás siendo la fuente donde todas las palomas se posen para beber.

Y yo seguiré siendo la imbécil que escapa de su aleteo, por miedo a que las mariposas de tu sonrisa se instalen en mi barriga. 

Aunque tenga sitio para todas.

Aunque cada vez que suene Loquillo, se me encienda el alma al imaginarte tarareando. 

viernes, 5 de agosto de 2016

Nunca. Más. Amor.

Siempre había creído que no había una sensación mejor que la de sentir cómo se mueve el suelo bajo tus pies en el aeropuerto, o en una estación.

Notar que algo está cambiando. 
Saberte rodeada de historias que empiezan y de historias que se terminan.

Reconocerte emocionada en cada reflejo, intentando entender un poquito de todo el sentimiento escondido en las lágrimas que se mueren en miles de rostros ajenos.

Siempre creí que no había nada más bonito.
Hasta el día que llegué a la vía con el tiempo pisándome los talones y vi cómo la rapidez de un Media Distancia hacía ondear su cabello.

En ese momento tembló el suelo de mi alma y mi corazón se dejó de tonterías. 

Era amor, podía reconocerlo. 

Jamás pude volver a quejarme porque un tren llegase con retraso. 

Jamás volvería a odiar a Renfe.

Jamás, algo tan breve e intenso. 

Nunca más, amor. 

Nunca, más amor.

jueves, 4 de agosto de 2016

La "vida sin".

Abro los ojos y clavo la mirada en el cielo. 
Los aviones me gritan que estás más cerca de lo que parece. 

Mi estrella está exactamente donde la había dejado. 

Me viene a la memoria el recuerdo de tu voz preguntándome por qué sé que esa es la mía.
Como si no te hubiese repetido millones de veces que es la que más brilla. La única que me avisa para que pueda encontrarla, aunque a veces juegue a esconderse. 

Igual que tus ojos en la oscuridad.

La brisa me golpea en la cara, mientras un grupo de adolescentes grita bajo la ventana.

Si vuelvo a cerrar los ojos puedo ver una de nuestras mañanas, en las que tu risa floja se burlaba de mi leche sin lactosa y mis galletas sin gluten. 

Solías repetir que me gusta la "vida sin" y que, de la misma manera, te gustaba mi amor. 

Sin medida, sin miedo, sin dobleces.

El tiempo, que hizo con nuestros planes lo que quiso, me dice que debo acostumbrarme. 

Siguen desfilando los aviones y yo, que pensé que nunca cambiaría, estoy empezando a creer que ya no me gusta la "vida sin".

Al menos no sin ti. 

domingo, 31 de julio de 2016

La luz natural.

Solías decir que querías una casa con muchas ventanas. Que no hay nada como la luz natural.

Voy a ser sincera contigo... Había planeado un futuro en el que lo teníamos todo. 

Había cerrado los ojos y te había visto sonreír al contártelo. 
Te había visto feliz.
Y besarme.

Besarme como sólo tú sabes hacerlo. Con media sonrisa, gesto de incredulidad y tu mano descansando sobre mi mejilla.

Te había visto corriendo por todas las calles de la ciudad, arrastrándome contigo a todos los rincones que querías descubrir y a los que habías descubierto antes de mí.

Había visto Barcelona a tus pies, rindiéndose a tus encantos.

Y a la señora que se pinta los labios en la terraza del bar, mirándonos mal. 

No sé cómo lo haces, pero sólo consigo planear un futuro si es contigo. 

Había diseñado una vida entera a tu lado y, ahora, todo lo que tengo son algunos metros cuadrados.

Y una ventana pequeña a la que nunca me asomo, para no recordar lo importante que es la luz natural. 

La luz de tus ojos.



jueves, 21 de julio de 2016

"Voy a volver a esperarte".

He llegado a casa y Andrés me dice que "voy a volver a esperarte, aunque no vuelvas del todo".

Tiene razón.
Supongo que nunca nada es "del todo", del todo.
Y supongo que entre gallegos nos entendemos.

Miro a mi alrededor y lo único que me parece real es el recuerdo de tu rostro.

Claro que voy a volver a esperarte. 
Una, mil y todas las veces que sea necesario. 

Porque no conocí a otra persona capaz de hacerme sentir tanto, con tan poco.
Porque si miro tu foto un ratito, aunque sea en pequeño y en privado, siento que todo irá bien. 

Y porque estoy segura de que a nadie le sienta la luna llena como a ti. 

Ahora te sueño. 
Te veré pronto. 


miércoles, 20 de julio de 2016

Papel de fumar.

A veces me paro a pensar en mí y descubro que, cuando me mira, me vuelvo frágil. 

Tiene el poder de convertir mi voluntad en papel de fumar.

En la distancia, sólo puedo recordar sus gestos.
Su voz, su acento y el sonido de su risa, me parecen tan lejanos que siento que no podré alcanzarlos. 

No deja de hacerme gracia su cara, cada vez que me escucha decir que no creo en el matrimonio. 
Es, casi, como si me estuviera diciendo que sí. 

Se lo oculto, pero me gusta pensar cómo sería ceder...

Lo cierto es que estaría radiante y yo sería feliz. 

No tendría ojos para nada más que su piel enfrentándose a la luz. 
Ganándole otra batalla a la belleza. 

No me importaría firmar ese momento para siempre y dejar que sus deseos me arañasen la coraza para acariciarme el corazón.

No me importaría un juramento en una playa y el viento desordenándole el cabello. 

No me opondría a una boda, si el humo de fumarse mis principios terminase en su boca. 

domingo, 17 de julio de 2016

El mar no es una sensación.

+ Descríbeme el mar.

- No podría. Es una sensación que no sé explicar.

+ El mar no es una sensación.

- Lo es, cuando me recuerda a su abrazo intenso y a sus besos de sal. 
Lo es, cada vez que recuerdo su forma de acariciar la arena, dibujando círculos con su dedo y sonriendo a contraluz de un sol que no puede hacer más que envidarla. 
Lo es, cuando sabe a libertad y a la prisa de sus pies escapando de las olas.

Claro que el mar es una sensación. 
Es la sensación de haber vivido todo lo más grande que se puede vivir y de haberlo visto reflejado en sus pupilas. 

Y eso, como todo lo que sus manos provocaban en mí, no podría explicarlo. 

viernes, 15 de julio de 2016

Al final de la noche.

Sentí un escalofrío y, a destiempo, una caricia que no acariciaba como las suyas. 

Me había jurado a mí misma que no volvería al amor "de prestado" y había vuelto a fallar. 

Me faltaba su risa al fondo del local y unos ojos sinceros al final de la barra.
Al final de la noche.
Al final, en su cama. 

Y es que, cuando una se acostumbra a unos besos que saben cómo doler, no hay ginebra que cure las heridas del alma.
Ni besos sin dolor, capaces de llenarla.

No quiero mentirle. Hubo otros cuellos, otras manos y otras caderas en las que dejé que se pusiera mi sol, con la esperanza de ver amanecer otra ilusión.

Pero, cuando algo es imborrable, no importa lo perfecta que pueda parecer la alternativa.

Es como si algún loco pretendiera olvidar a Chavela, porque existe Lila. 

martes, 12 de julio de 2016

Todo es temporal.

Acércate.

Déjame escribir sobre tu espalda diez minutos. Sólo diez. 

Permíteme deslizar mis dedos sobre tu piel, inventándome la historia que tú me pidas. Como hacíamos antes. 

Vuelve a ser el personaje principal de mi realidad y pídeme que rediseñe tus costillas. 

Oblígame a perderme, una vez más, en la forma de tu ombligo, mientras rodeas mis ganas con tus piernas. 

Sentiré que he vuelto a casa cuando me pierda entre tu pelo y, aunque jures que no me vas a perdonar por volver a dejarte, haré que se te olvide que todo es temporal.

Porque no hay amores eternos, ni destinos definitivos. 
Pero lo que se me queda dentro del pecho cuando te rozo... Ay, corazón. 
Eso sí que no se borra. 

Acércate, que creo que te puedo demostar que tengo razón.

Deja que te tatúe el alma, desde la piel.

domingo, 10 de julio de 2016

Dijiste que sí.

Siempre te miraba y, aunque de lejos, sabía que eras tú.

Me bastaron tres segundos para sentir que quería arrancar de tu mirada todo lo que la empañaba.

"Crearemos recuerdos nuevos. Recuerdos que te hagan sonreír y sean sólo tuyos y míos."

Y dijiste que sí. 

Te pedí que nunca dejaras de darme paz, de hacerme sentir que los problemas no existen cuando estoy a tu lado. 

Te convertiste en las siete notas del pentagrama de mi vida y sonaste a melodía en la flauta más dulce de todas.

Eras bemoles y sostenías mi vida.
Supiste ser música y destrozaste los silencios.

Ahora te recuerdo y me sabes a casa, a morriña, a verano fresco.

Ahora que me muero por ti, me mata el no verte.

Pero tú despiertas muy lejos de mí y yo prefiero pensar que estás cuidando mi mar, para verlo reflejado en tus ojos cuando vuelva y saber que todo sigue como siempre.

sábado, 2 de julio de 2016

Querido julio...

Te abrazo, julio.

Te abrazo con la fuerza con la que, el que lo perdió todo, se abraza a la última esperanza. 

Te abrazo porque eres alegría y morriña.
Porque eres verano. 

Me aferro a tus costuras con seguridad, con ganas de exprimirte y que saques lo mejor de mí.

Y vamos a llevarnos bien. Lo sé.

Te abrazo, de nuevo, julio. 

Lo hago porque sabes ser ella, porque me acercas su recuerdo y me calmas por las noches desde que no están sus manos. 

miércoles, 29 de junio de 2016

"El Rocanrol de los idiotas."

Todo lo que tengo, me cabe en el bolsillo de cualquier vaquero viejo.

Un bono de bus con pocos viajes, una foto en la que sales siendo protagonista de mi vida y un corazón gastado. 

Llovía muy fuerte cuando te vi marchar. 
Ahora lluevo yo, con fuerza, sobre las aceras de una ciudad que no me conoce.
Y llueve tu recuerdo cada vez que cierro los ojos. 

Aprieto fuerte los párpados, buscándote, y apareces sonriendo. Siempre sonriendo. 
Porque es lo que haces cuando me miras.

Te veo de lejos y suena, para mí, "El Rocanrol de los idiotas".

Y de lejos, que siempre ha sido lo más cerca que hemos estado, me vuelves a dar razones para creer. 

"A mí no me quería una mujer, a ti se te moría una ciudad."



domingo, 26 de junio de 2016

Al mar y a ti.

Hay domingos de diferentes azules y diferentes azules dentro del mismo mar. 

Azules que me recuerdan a tu nombre, a tus ojos, a tu pelo, a cada uno de tus delicados movimientos y a tu forma de deslizarte entre mis penas con tu sonrisa inquebrantable. 
A las ganas que tengo de volver a ser yo, y poder serlo contigo.

Domingos de "venga, ¡échale huevos!" y acabar repitiendo tu nombre, como si fuera el estribillo de mi vida, sólo para comprobar que sigue sonando igual de bonito que siempre. 

Es pronto para echaros de menos. 
Al mar y a ti. 

Pero supongo que hay cosas que son inevitables y yo soy de esas a las que, si les falta el mar, les falta la vida. 

Te seguiré buscando en todos los azules de los mares a los que me lleve tu recuerdo, intentando descifrar qué es eso que me gritan las olas cuando pienso en tu mirada y tu media sonrisa.

Y lo haré hasta que me dejes conocer el sabor de tus besos sobre la arena de la playa que elijas, cuando quieras visitarme.

domingo, 12 de junio de 2016

Después, domingo.

Después de tu sábado, corazón, siempre llega mi domingo.

Después de que las mariposas del estómago se entretengan con los placeres de la vida, me veo obligada a destilarte durante horas. 

A veces me muero por buscarte y decirte que quiero que seas más que las ganas que te tengo. 

Llamarte y mirarte a los ojos para invitarte a uno de mis domingos torpes, en los que sólo puedo atormentarme con el recuerdo de haberte visto sonreír. 

No suelo conseguir reproducir en mi cabeza el sonido exacto de tu voz, pero mataría por saber cómo suenas diciendo mi nombre.

Quisiera que fueras testigo de ese día que parece haber sido diseñado para estar en cama, leer un rato y comer mal. 

Y acariciarte la espalda hasta que te duermas.

Y sentir que estás. 

Y poder seguir soñando contigo, pero contigo.


jueves, 2 de junio de 2016

Volveremos a ser.

Si alguna vez fuimos, te prometo que volveremos a ser.

Porque yo no he vuelto a subirme a un avión, llorando de emoción, en mi puta vida. 
Y con el tiempo descubrí que, si los viajes no me llevan a ti, no me interesa volar.

No me creo el cuento de que los amores hay que firmarlos y me sigo perdiendo en la guerra si no encuentro tu paz. 

He tropezado con una sonrisa de paso y han vuelto las ganas de verte. 
Habían emigrado.

Los besos que me debías, me hirieron.
Me mató el pecado. 

Mi voz ya no tiembla si pronuncio tu nombre.
Y lo bien que te sienta mi frío, aunque te siga sobrando el abrigo, me rompe. 

Esta vez te llevaré a donde no existe la distancia y querrás quedarte. 

Volaremos lejos y ya nunca más podré volver a rimarte.

miércoles, 1 de junio de 2016

"Sentimiedo".

Estoy en una calle sin salida, creo que se llama sentimiento. 

Es una sensación que me agobia, pero me hace feliz.
Me apetece y me asusta, con la misma intensidad.

Leí en alguna parte que, cuando te pasa eso, ya es tarde. Ya estás jodida. 

Puede que sea cierto y que este texto no tenga ni pies, ni cabeza... Pero dejadme que os hable un poco más sobre ese lugar. 

Está sonando una canción. Es brasileira y dice algo así como que "si es cosa de mujeres, tiene marca de pintalabios". 

Puede que mi traducción no sea perfecta. 

Cierro los ojos y me empapo de ese calor húmedo que me acerca al recuerdo de algunas noches, en las que fui feliz soñando con eso que ahora me está rompiendo el alma.

Sé, de la felicidad, lo que me dejó ver: que sólo es real si está sobre su rostro, en su sonrisa y dentro del brillo de sus ojos. 

De nuevo esa sensación. 
A mí me gusta llamarla "sentimiedo".

Tengo el deseo de apretar los párpados muy fuerte y volver a escuchar su voz diciéndome "te quiero" sin dudar, sin temer, como quien corre con los cordones desatados.

Quiero instalarme en ese momento y vivir aterrada en el eterno recuerdo de lo bonita que es. 

Querer y temer. 

¡Que diferentes parecen y qué parecido se sienten! 

lunes, 23 de mayo de 2016

All in.

Me susurraste "supongo que la apuesta es arriesgada", mientras deslizabas la mano sobre mi rodilla.

En ese momento, yo ya estaba perdida en el juego de tu boca. 
Ya había decidido que tenía que apostarlo todo a tu favor. 

All in. 

Quería empezar por tu cuello y no parar de besarte hasta cubrir toda tu piel con el granate artificial de mis labios.

Siempre supe, por cómo me mirabas, que tenías un plan para mi sonrisa.

Te convertiste, sin saberlo, en mi apuesta más segura.
Y fuiste lo más real que tuve todas esas noches que fui de farol. 

Podría haber seguido ocultándote... 
Pero ya no me apetece cubrirme los ojos, si brillan de felicidad cada vez que te veo. 

He desviado mi estrategia de juego a la altura de tus caderas y he ganado la partida más importante de todas. 


domingo, 22 de mayo de 2016

Desprenderse.

Desprenderse.

He aprendido a vivir con ese concepto, asociado al recuerdo de tu risa. 

Bueno, supongo que aún estoy aprendiendo. 

O algo parecido. 

Estoy aprendiendo a olvidar las ganas de tus manos sobre mi blusa y la prisa de tus piernas alrededor mi cintura.

Aprendiendo a sonreír a una luna que sólo me recuerda que tu cara es más bonita, aunque tenga menos luz. 

Me llenabas los bolsillos de caricias de estraperlo y me está costando asimilar que fue mentira, que en realidad no me quisiste.

Pero si algún día, rompiéndome el alma, lo consigo... Sé que volverás entre mis sueños.

Sé que volveré a sentir vibrar mi pecho, al ritmo de tus carcajadas.

Volverá el miedo a volver, pero también el miedo a que no vuelvas. 

Volverán la "vereda de la puerta de atrás, por donde te vi marchar" y "el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa".

Y, aún después de todo, esa sensación de que tus brazos son mi hogar...

Si me llevan a jurar, sé que nunca podría decir que te he olvidado. 
Si me llama la cordura, tampoco podría asegurar que eres lo mejor que me ha pasado.

jueves, 19 de mayo de 2016

Uno de estos días.

Desde que el insomio se me hizo costumbre, sueño despierta con tu sonrisa. 

Uno de estos días haré las maletas y viajaré al momento en el que entraste en mi vida. 

Esta vez iré a buscarte, te diré que todo estará bien, que he pensado en ti todo este tiempo, y que merece la pena arriesgar, si es por tus besos.

Te pediré que empecemos de cero, que me enseñes a querer a tu manera y que cantemos a Extremoduro cada madrugada. 

Te preguntaré si quieres ser, conmigo, "minoría absoluta" o perderte de mi mano "buscando una luna".

Evitaré que te hagan más daño y haré que merezca la pena que te ilusiones.

Viajaremos (a donde tú quieras) y nos tatuaremos la piel y el alma.

Uno de estos días volveré a tu vida.

Algunos años más vieja.
Algunos años más arrepentida.

Pero espero que para quedarme. 

sábado, 7 de mayo de 2016

Que sí.

Que sí. Que creo que me enamoré. 

De sus ojos, de lo oscuro de sus labios, de las ganas que le pone a la vida y de lo atrevido de su pelo cuando se mezcla con el mío para recordarme que sigo siendo la que era antes.

(Antes de querer dejar de ser yo.)

De lo ambiciosos que parecen sus sueños y de lo pequeños que se hacen cuando los comparo con su talento.

Me enamoré de lo grave de su voz y de su forma de sonreír cuando está mirando al suelo y, de repente, levanta la cabeza. 

Y lo reconozco. 

Como reconozco que no quiero más misterios que el que esconden el conjunto de sus labios y sus dientes.
Que sólo quiero contar como días felices aquellos en los que puedo adivinar sus movimientos entre la niebla.

Ahora recuerdo todas las veces que aseguré que yo no valía para eso que llaman amor... Y me río de mí.

Solía pensar que podía evitarlo por decirlo en voz alta.

Y sé que eso es como suponer que no va a llover porque es primavera... Olvidando que Galicia no perdona. 

viernes, 6 de mayo de 2016

Por volver a vivirte.

Alguien me dijo "aún eres muy joven para releer".

Recuerdo ese consejo cada vez que volver atrás no me parece mala idea.

Sin embargo, cuando pienso en tu sonrisa y en tus manos, siento que no me importaría releer la historia que me cuentan tus lunares, una y otra vez.

Si te encontrara ahora mismo, si pudiera tenerte delante, te diría que me muero por los hoyuelos que se dibujan en tus mejillas cuando me ves llegar. 

Que siento que es tu calor, el que me falta en las noches de un invierno que parece no terminar.

Que son tus piernas, las que estaría dispuesta a redibujar con las yemas de mis dedos. 
Jugando a quitarle color a tus tatuajes, para colorearte la nariz como cuando hace mucho frío.

Si me juraras que llevas tres días sin besar a otra, te confesaría que yo llevo tres vidas guardándome las ganas de volver a encontrarme con tus labios. 

Y, aún siendo joven para releer, gritaría al mundo que merece la pena vivir... Por volver a vivirte. 

lunes, 2 de mayo de 2016

He fallado.

Me encuentro perdida, en medio de una noche que parece eterna, y veo pasar a mis sentimientos, vestidos de negro y caminando por el arcén de cualquier carretera.

Observo el desfile de coches que, ciegos de un faro, me recuerdan a la vida sin tus besos. 

No consigo entender el mundo, desde que dejaste de fundirte con mis manos.

Me sorprendo al fondo de cualquier garganta, buscando el sabor de unos labios que no se parecen a los tuyos.

He viajado más de mil veces al momento en el que te conozco y me miras, me sonríes y te instalas en mi piel.

He dado la vuelta al mundo (a mi mundo) por escuchar tu voz otra mañana.

Y he fallado.

He fallado en el intento de entenderte, permitiéndole al amor volver a fallar a tu favor.

sábado, 23 de abril de 2016

El día que quisimos ser París.

Cierro los ojos y te fotografío. 
Ya eres para mí, para siempre. 

Recuerdo el día que te conocí y el día que me prometiste que una despedida no sería suficiente.

Y aquel día. 
El día que quisimos ser París.

Te besé en el hombro y sentí tu sonrisa. 

Te diste la vuelta y, temblando, descubriste que querías pasar el resto de tus días acariciando mi cara con tus manos. 

El nudo de tu garganta se quedó a vivir entre mi pelo y, restándole días a un adiós que creímos imposible, llegamos al lugar en el que los sueños se cumplen.

No fuimos París, ni Venecia, ni ninguna ciudad de esas que esconden lugares románticos.

Preferimos enamorarnos de nuestros rincones y cerrar los ojos para guardarnos para siempre en imágenes apiladas al fondo del alma. 

Como la del primer día, o la del último.

Como esa foto que se repite en mi cabeza, borrosa, en la que te estás alejando de mí. 
Para siempre.

Y vuelvo a recordar el día que quisimos ser París y sólo pudimos ser el principio del fin. 

miércoles, 20 de abril de 2016

Misma hora. Mismo lugar.

No puedo jurarte que todo va a estar bien, que los problemas se van a solucionar de la noche a la mañana.

No voy decirte que no hay que luchar, que las cosas vienen porque sí, porque merecerlas es suficiente. 

No voy a tratar de convencerte de que no errar no es haber vivido.

No.

Porque tú prefieres pensar que mi forma de quererte no fue sincera y que mis caricias, aunque llegaran cuando las necesitabas, no dejaron huellas sobre tu piel.

No voy a asegurarte (no puedo) que te esperaré siempre, porque sabes que no me gusta hacer planes a largo plazo.

De momento sólo te puedo prometer este viernes.

Misma hora. Mismo lugar. Misma sonrisa. 

miércoles, 13 de abril de 2016

Por contarte.

Eres esa calma que nunca llega después de la tormenta. 
La ausencia de calma que me recuerda que estoy en casa.

Que en Galicia llueve, en invierno y en verano, y que es parte de su encanto si tengo tus brazos para resguardarme.

Eres el granizo, golpeando sin descanso contra la ventana de una habitación cansada de extrañarte. 

El verso más triste que nadie ha podido escribir y el texto más corto y significativo de todos los que consigo arrancarle a las letras.

Eres todo aquello que me recuerda que aún vivo y que, hacerlo con el único propósito de verte sonreír, aún merece la pena.

Y tú, que tienes nombre de película y de canción. Tú, que has nacido para brillar... Me pides que silencie el alma cuando grita que la historia de mi vida se llama como tú.

Aunque ya me esté muriendo por contarla (por contarte), porque suenas bien en todos los idiomas.

domingo, 10 de abril de 2016

Cerca del final de los finales.

Se me fueron de las manos la siesta, la vida y la sensación de no saber qué hacer con todo lo que te quiero. 

Te me fuiste de las manos. 
Pero no de la cabeza, ni de la piel.
Ni de todos esos recuerdos que me acercan tu sonrisa y tu mirada de miel.

Del corazón no puedo hablar.
Se durmió cuando decidiste que lo mejor era no volver.
No verme.
No llamar. 

Supongo que lo que me queda ahora son más domingos de tardes interminables.
Que parezca que se escaparon algunas horas de mi reloj y que la memoria de tu sabor, llegada la hora, decida que no va a matarme.

Supongo que pasará el tiempo y te esperaré temblando y sonriendo, como si no hubieses sido la causa de todos mis males. 
Y lo haré allí, donde te prometí, 
cerca del final de los finales.

lunes, 4 de abril de 2016

Le cuesta menos.

Una vez me enamoré. 

No sé si fue por su forma de despeinarme cuando estaba a punto de marcharme, o por su manía de mirarse los zapatos cada diez minutos.

Le gustaban los pepinillos y el chocolate y no tenía ningún reparo en comerlos a la vez.

Y yo, maniática como nadie, encontraba adorable todo eso.

Supongo que eso jamás lo entendí.

Sólo sé que me enamoré y, sin darme cuenta, maté el miedo al miedo y no quise hacer nada para evitar lo que sucedió después.

Siempre tuve problemas para llevarme bien conmigo. 

Afortunadamente, hay a gente a la que le cuesta menos.
 
A la que le cuesto menos.

lunes, 28 de marzo de 2016

La chica de la habitación desastre.

"Resulta que a la chica de la habitación desastre no le gustan los cambios de hora. 
La ponen seria. 

Seria y sexy. Pero eso ella no lo ve.

Si pudiera mirarse un minuto desde mis ojos, entendería muchas razones de esas que no es capaz de ver cuando le digo por qué me gusta.

Se tira sobre la cama, con los brazos pegados y los vaqueros desabrochados, enterrando la cabeza entre los hombros.

Como un erizo. 

Se queja de que tuvo un día de mierda, con una vocecilla que me invita a que la abrace.

En ese momento no importa la canción que esté sonando. 

No importa que sea una de "esas canciones chungas que escuchas tú" porque, más allá de ese abrazo, sólo existen las ganas de quedarnos así dos vidas y media."

Supongo que su manera de contar una cosa tan normal era más bonita que la de nadie.

No sé si por su voz o por el brillo de sus ojos al hablar de lo mucho que la quería.

Afortunada, la chica de la habitación desastre.

martes, 22 de marzo de 2016

Exemplo de nada.

Atrevida, achegábase unha bágoa máis que disposta a perderse no mar dos seus ollos.

Buscaba esperanza nun ollar que agardaba con ansia algunha outra historia duns tempos que semellaban imposibles.

"Supoño que nós tampouco soubemos ser exemplo de nada."

O mundo, tal como o coñecemos, non é o resultado de todas as loitas que libraran ela e os seus para poder descansar orgullosos.

A súa voz, quebrada polo tempo, perdíase onde o mar se xunta co ceo. 

"O ser humano é, cada día que pasa, menos ser.
E, dende logo, de humano xa non ten nada."

Non era o momento de lembrar tanto esforzo porque, no máis fondo da súa alma, sabía que non tardaría en ter que volver a ser valente. 

"A vida que queríamos para vós, non era esta.
A vida pola que pelexamos afastábase da idea de esta sociedade podre.
Era para disfrutala, non para pasar por ela con medo."

E, coa imaxe dun mundo que se destrúe a sí mesmo, pechou os ollos e deixou fuxir un último suspiro.