jueves, 27 de febrero de 2014

"Reservado".

Esa forma sexy de desabrocharse la cazadora (primero el botón, después la cremallera) y, con el cuero aún empapado por la lluvia, abrazarme sabiendo que me enfadaré hasta que me sonría.

Escribir "reservado" en cada uno de sus besos y colgar el cartel de "abierto" en sus botones, cuando llego.

Tropezarme por las mañanas con su casco de la moto en medio del pasillo y creer que es mentira, que no está, para no seguir enamorándome de sus detalles.

¿A quién puede no gustarle el invierno cuando el granizo se funde al primer contacto con su piel?

¿Quién rechazaría algo tan bonito como derramar el café por hacer de la cocina un lugar más divertido?

Cada día es más sincero esto que siento.
Más profundo. Más real.
Y no. Supongo que no es lo que buscaba, pero es lo que quiero.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Y ahora, dime, ¿qué?

Quisiera haberle hablado, al mundo, de ello. Quisiera haberle hablado, al mundo, de ti.

Nunca me paré a mirar el fondo de tus fotos para saber dónde estabas.

Eres todo lo contrario a lo que soñé que querría y eres, sin embargo, todo cuanto quiero y sueño.

Mírame. Estoy arrastrando el peso de tu recuerdo y sé, de tu vida, lo que quise inventarme que viviríamos.

Tú, con tu piel especial que parece tan suave; con el dorado en el pelo, que siempre dije rechazar; con el marrón en tus ojos que desplaza, sin permiso, al verde que siempre me atrajo.

Y ahora, dime, ¿qué?

Porque yo escapé y tú no volviste.

Porque sigo soñando con tu hueco en mi sofá, imaginando historias del día en que vuelvas, pensando que me piensas o que, al menos, conoces mi nombre.

Nunca me paré a mirar el fondo de tus fotos. Me perdía, antes, en el brillo de tu sonrisa y te sentía cerca.

Tan cerca como nunca te sentí.
Tan cerca como lejos estás. 

lunes, 24 de febrero de 2014

Cuando quieras.

Tenía muchas cosas que decirle, el primer día que le vio, aunque "me gusta su estilo" fue lo primero que se le pasó por la cabeza.

Guardó silencio (siempre lo hace cuando tiene algo sincero que decir) y se limitó a sonreír.

No tardó mucho en descubrir que el mundo es de los valientes y construyendo, con sus inseguridades, una estructura sólida en la que sostenerse, empezó por contarle todos sus defectos.

"Hola. Dentro de dos frases pensarás que estoy loca pero, aún así, te pido que me escuches hasta el final.

Me gusta tu estilo, tus ojos, tu sonrisa, la forma en que te mueves y tu olor. Sobre todo, tu olor.

No me creerás, pero mi timidez es lo único que me frena a la hora de hacer lo que realmente me apetece.

Tengo mal humor por las mañanas, hasta después del primer café, más o menos.

Por cierto, lo tomo solo. Sin azúcar, ni leche y, normalmente, sola.

Canturreo todo el día, aunque me pidan que me calle, incluso cuando alguien me habla (si no terminé la frase).

No soy de cocinar y el deporte... Bueno, el deporte en mi vida va por temporadas.

Me encanta reírme y llorar, aunque no me gusta, lo hago bastante a menudo (excepto cuando debo).

Hablo sola y soy bastante ruidosa cuando estoy sola en casa.
No sé cómo me encajarían tus vecinos, la verdad.

Caigo mal a la gente, casi siempre, al principio.
Y es al principio, precisamente, cuando soy tímida.

Protesto cuando creo que tengo que hacerlo y me encantan los debates largos y tranquilos, con muchos argumentos.

Discutir me da una pereza enorme e intento evitarlo.

Casi siempre llevo auriculares, escribo y siempre, siempre, tengo alguna canción sonando en mi cabeza.

Sueño despierta, imagino y, aunque adoro conocer gente nueva y estar rodeada, a veces me gusta disfrutar de la soledad.

Estoy dispuesta a desquiciarte todos los días de tu vida y arreglarlo viendo pasar las horas mientras la manta nos sobra y el sofá se nos hace pequeño.

Cuando quieras, cojo mi taza y mi cepillo de dientes y me instalo en tu cintura."

Funcionó.

domingo, 23 de febrero de 2014

Alguna mañana rara.

Cierro los ojos y pienso.

Pienso en cómo estarás, en dónde estarás y, sobre todo, en con quién estarás.

No sé cómo llegaste a mi vida, ni recuerdo en qué momento empecé a quererte. Sólo puedo acordarme del día en que, cobarde, me fui y del dolor de la despedida más alegre.

¿Sabes qué? Aún te pienso. Aún te escribo. Aún te quiero.

Me gustaría leerte las miradas, dibujar en tus lunares y que mi sonrisa bailase con la tuya.

No sé qué ha sido de mi vida desde que no puedo sentir que hay algo, aunque callado.

El tiempo pasó, rápido, pero ya no siento bonito, ni tengo planes, pues todos mis planes eran para dos y te he guardado un hueco.

Ahora, es todo lo que tengo. El hueco de tu risa y, con suerte, alguna mañana rara, el recuerdo de tu olor.

domingo, 16 de febrero de 2014

... y marcas de carmín.

Me recuerdas a una historia.

Una historia de juegos con la lengua y marcas de carmín donde empieza el pantalón.

Una historia en la que el "adiós" esperaba en la puerta para impedir, al miedo, romper planes de dos.

Quizás me hubiera gustado seguir siguiendo tus pasos a la ducha, seguir borrando mis huellas en la arena, al verlas fundirse con las tuyas.

Tal vez sean de otra tus ganas de querer, los besos en la boca y las huellas en tu piel.

Aún no se curan las heridas de mis labios que llevan las marcas de tus dientes y todavía me dicen tus ojos que, al decir que no me quieres, mientes.

lunes, 10 de febrero de 2014

Habitación en ruinas.

Lo bonito del tiempo, era saber pararlo cuando llegabas.
Pero, eso, lo aprendí después de que decidieras no regresar.

Los domingos que quedaron sin planear (después de que consiguieras que me gustaran), las caricias del primer café de la mañana y los "te quiero" que quedaron por decir, se guardan en el rincón de mi corazón que se secó cuando te fuiste.

Aprendimos a evitarnos estando muy cerca y a abrazarnos en la distancia.

Aprendimos a interpretarnos las miradas, a acostumbrarnos a las caricias, al amor a destiempo y con prisa por las noches y a las ganas de tenernos de entre la comida y el postre.

Supiste entender todo lo que necesitaba, aún sin saberlo, y me lo entregaste sin haberlo pedido, sin censura, sin condiciones.

Le diste el valor adecuado a un abrazo sincero y un nuevo sentido a los besos.

Y yo, que te prometí que no contaría a nadie lo que leí en tus lunares cuando el frío atravesaba los cristales de nuestra habitación en ruinas, me di cuenta de que cada marca de tu piel era un nuevo territorio por conquistar.

Pero, de eso, también me di cuenta cuando, además de nuestra habitación, estaba en ruinas mi alma. 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Naciendo una nueva noche.

"- ¿Tú crees?

+ ¿El qué?

- ¿Crees que, algún día, alguien encuentre adorable nuestra historia? ¿Crees que llegarán a creer lo feliz que me hace el hecho de que estés aquí?

¿Contar a cualquiera, en un futuro, el modo en que nos conocimos, lo salvajes que pudimos llegar a ser y la forma en la que te hiciste indispensable, y que lo vean tan bonito como nosotros lo hacemos?

Yo no sé si alguien que no sepa lo que es ver tus ojos cada mañana, entienda la belleza.

Porque el hecho de que me mires mordiéndote el labio desde el otro lado del sofá, es suficiente para distraerme de mi lectura y desear quedarme a vivir bajo tu manta para siempre.

Y no sé si lo entiendan pero, desde luego, es algo a lo que no pienso renunciar jamás.

Porque me hace feliz.

Me haces feliz.

Y no voy a dejar de contarlo. No voy a dejar de contarte.

Nunca.

+ Entonces, ¿qué más da si lo entienden? ¿Qué más da si lo ven, o no, adorable? ¿Qué más da lo que piensen?

Además, ¿quién podría no encontrar adorable el hecho de que me mires por encima de las gafas cuando estás a punto de tirar un libro por el aire para escribir una hoja más en la historia de nuestras noches? ¿Y qué me dices de la forma de tus ojos al sonreír? ¿Y lo mal que mientes? ¿Y las veces que juras que no roncas?"

Y murió la conversación, naciendo una nueva noche...

Y poco a poco, como se marcan en la piel la forma de unos dedos tras las caricias de años, se fue acostumbrando, el mundo, a ver la belleza en los pequeños detalles de su vida, y se fue acostumbrando, la vida, a crear un mundo con la belleza de sus pequeños detalles.

Ya no puedo.

Mira que te lo repetí veces: "Alimentarse de recuerdos no es, ni de lejos, la mejor forma de vivir."

Y ahora que pasó el tiempo necesario, pero no el suficiente, estoy sentada en alguna esquina de mi casa acordándome de tu boca para poner letra a un sentimiento.

Ahora, que no puedo pedirte que vuelvas a soportar mis inseguridades, a reírte tras los gritos y a abrazarme cuando llego y llueve.

Ahora, que no me siento con derecho a hablar de ti porque nos perdimos.

Ahora que, aún sin deber, he decidido deberte la vida.

Muchas veces me he equivocado y, sin embargo, el error más grande de todos fue el haber creído que no te quería.

Ya no me veo con derecho a tocarte el hombro y besarte en la mejilla, cuando te gires, para pedirte perdón.

Ya no soporto la presión en el pecho cuando no podemos ir más allá de un "¿qué tal?", tan innecesario hace un tiempo.

Ya no puedo dejar de escribirte, pues eres el único sentimiento que me queda y, aunque todos nos equivocamos, haberte perdido me ha llevado, contigo, al punto de no saber dónde estoy.

Aunque no quiera quererte. Aunque el recuerdo de olvidarte, me recuerde que has sido el peor de los olvidos.