sábado, 30 de mayo de 2015

Caricias morenas.

No me gusta la primavera... Pero cuando los primeros rayos de un sol más que atrevido empiezan a jugar con el tono de su piel, me vuelvo loca.

Me encanta ver cómo se ríe de lo pálido de mis piernas, mientras las dibuja con la delicadeza de sus bronceadas manos.

Es increíble la sensibilidad con la que me abrigan sus caricias morenas, esas noches en las que el frío nos hace recordar que el verano aún no ha llegado. 

E hipnotizada por lo bonito de sus dedos infinitos, que interpretan en mi alma melodías de otoño, aguanto los caprichos de las flores... 

Entonces le confieso que el verano me da menos miedo si me abraza por la espalda y me jura que el calor que hará, lo decidiremos a besos. 

viernes, 29 de mayo de 2015

¡Pero rápido!

Saliste corriendo de esa forma tan graciosa en la que corres cuando vas a llegar tarde. 

"No te rías de mí", me dijiste. 
"El tiempo no se va a parar porque yo vaya con retraso."

Lo decías con seguridad. 
Como si creyeras que el tiempo no te esperaría, si se lo pidieras.

¡Cómo se nota que no te ves como te ven los demás!

Sonriendo todo el rato, escapando de las horas de esa forma tan adorable.

Colándote entre los minutos y dejando corazones destrozados de alegría detrás de cada uno de tus pasos.

"- ¿Puedo pedirte algo?
+ Está bien... ¡Pero rápido!
- Prométeme que nunca dejarás de dejarlo todo para el último minuto."

Y, con tu risa, se detuvo todo.

Que no se paraba el tiempo, decías...





martes, 26 de mayo de 2015

Si hablamos de vivirla contigo.

"¡Mira! Volvimos a llegar a tiempo."

Y mientras el sol se pierde en el abrazo del mar, vuelves a ganar la carrera sobre la arena.

A tu lado, las noches de verano se parecen al otoño al que echo de menos cuando el calor aprieta.

El llanto del viento se cuela entre mi oreja y tus suspiros, convirtiendo tu respiración en melodía.

Podría quedarme a vivir entre tu pelo, intentando no caer en las trampas que me tienden tus lunares cuando gritan "¡bésame!".

La tarde, más lejos.

Aquí, cerca, tu piel.

Yo no puedo evitar sonreír cuando te enfadas y me dices que me calce, que la arena ya está fría.

Como tampoco puedo evitar enamorarme de tu risa, cada vez que rompe la tranquilidad de la noche y se pierde entre el murmullo de las olas.

O ser fan de la playa en sudadera, cuando refresca y no queda nadie, y me prestas tus besos de sal (con la única condición de que te los devuelva).

"¡Mira! Volvimos a llegar a tiempo."

Y la eternidad me parece poco, si hablamos de vivirla contigo.

sábado, 23 de mayo de 2015

Los versos más personales.

En una noche en que la luna era una tímida sonrisa en medio del cielo, recordé la canción que te escribí.

No hablaba de ti, ni de mí.
No hablaba de domingos o tardes de invierno.
Ni de tu sonrisa acariciándome los labios.

Te gustaba que la cantara cuando te enfadabas por una tontería.

Yo, que no podía vivir lejos del calor de tus abrazos, empezaba a susurrarte los versos más personales de todos los que rimé.

Y, en el instante en el que regresaba el brillo a tus ojos, volvía a mi memoria la imagen de aquella ciudad destruída que era mi corazón... Antes de que decidieras quedarte a vivir.

viernes, 22 de mayo de 2015

No sé si me explico.

Te quiero.

No sé si me explico.

Quiero ser la dueña de todas tus madrugadas, para siempre.

Quiero que me pertenezcan tus sonrisas, tus manos y tu voz ronca al despertar.

"Te quiero".

Suena raro, al decirlo al aire. 
Suena feo al decirlo, si no estás delante.

Suena como suenan las noches de sueños extraños si despierto y no tengo tu cuerpo para abrazarme.

Y yo, que soy de convertir una explicación en un monólogo eterno, no sé si me explico.

No puedo explicar que no logro explicarte.

Tú ven esta noche.
Que yo mañana, si tú me lo pides, prometo negarte.

martes, 19 de mayo de 2015

Lo de siempre.

Te voy a hablar de besos.

De besos de carmín definitivo, de ese que marca el alma.

De las heridas de los labios, que me curas con alcohol y medias verdades.

De lo dulce que parece el amargo del café, cuando acercas tus manos a las mías y se alegra mi garganta.

De la forma en la que reacciona mi piel cuando se confunden tus caricias con el frío que, travieso, se cuela por la ventana.

Te voy a hablar de la alegría que siento al verte sonreír desde la puerta, cuando acabas de llegar.

Y de todo lo que te llevas en el dobladillo de tu incesante pestañear, cada vez que te despides.
(Con un beso de los de antes.)

Te voy a hablar de lo poco que nos gusta ser comunes y de lo mucho que me apetece, a veces, serlo contigo.

Porque no hay nada de malo en ser "lo de siempre" en todos los bares de la ciudad, si es a tu lado.

sábado, 16 de mayo de 2015

En el centro de tus cosquillas.

A veces, cuando me refugio en el centro de tus cosquillas por la mañana, tengo miedo.

Parece que nada malo pudiera ocurrir si tus manos están cerca.
Sin embargo el mundo sigue siendo el mismo, ahí fuera.

Tengo miedo de perderme tu primera sonrisa del día y no volver a confiar en el destino.

Y es "miedo" lo primero que se me viene a la cabeza si pienso en no poder elegir esa primera canción de la mañana, para hacer el idiota mientras preparamos el desayuno.

No quiero que se pierda nuestra ilusión en medio de las parejas que ya no sonríen al mirarse.

No podríamos ser como los que caminan de la mano por costumbre, pero no hablan porque ya se lo dijeron todo.

A mí no se me ocurriría dejar de decirte que te quiero, ni un sólo día.

Y aún así, aunque estás entre mis planes como yo entre tus brazos, no te juro un "para siempre" si algún día mis ojos no te miran como ahora.

Preferiría dejarte ir y seguir creyendo en el amor, a vivir una historia de mentira que me lleve a darle la razón a todos los que aseguran que no existe.

jueves, 14 de mayo de 2015

Menos final y más feliz.

"- Acaba aquella historia, anda... ¡Aún estás a tiempo de escribirle un final feliz!
+ No será feliz, si es final..."

Me miró y sonrió.

Sus ojos brillaban con una mezcla de tristeza y alegría, demostrando que me había entendido.

Cuando se fue, su olor se pegó a las paredes de mi alma.

No hubo "adiós", pero tampoco "hasta luego".

No fue alegre. Ninguna despedida lo es.

Cuando vuelva, si lo hace, habrá cambiado de perfume, pero no de opinión.

Volverá a pedirme que termine aquella historia, con la esperanza de que exista algún final "que sea menos final y más feliz".

Y me regalará otra de sus sonrisas.

No sé hasta donde aguantaré...
Pero sí hasta donde viajaría abrazada a su espalda.

También cantaba.

Al fondo de la calle más oscura de la ciudad, más que la noche infinita que se prometieron millones de amantes, apareció la imagen más bonita de todas.

Y yo, que siempre había sido una gran fan de las nuevas tecnologías, no pude no enamorarme del brillo de la sonrisa que regaló a su teléfono. Haciéndola muy mía.

También cantaba. Pero ese ya es otro tema.

martes, 12 de mayo de 2015

A ti.

Creo que fue en el momento en el que nuestros dientes se rozaron por primera vez, cuando entendí que eras lo que quería para el resto de mi vida.

A ti, con esos abrazos infinitos que me hacían sentir que no pasaba nada.

A ti, que me enseñaste que un susurro ahogado a medianoche es todo lo que necesito.

A ti, que me regalaste una primera sonrisa para asegurarte de que me quedaría a tu lado.

Y a ti, que fuiste la primera persona del presente más continuo de mi verbo "amar"...
Aunque ahora sólo me quede conjugarte en pasado.

Y llorar.

viernes, 8 de mayo de 2015

Sigue conmigo.

En una de esas mañanas en las que una luna discreta se despide entre nubes de humo, me encontré con tus reproches.

No puedes culparme por algo que no consigo evitar.

Te llevaste los abrazos, los besos y los susurros de papel.

Te fuiste, llevándote las noches en las que destrozar tu vanidad era tan sencillo como desabotonar tu camisa, mientras tú me desabrochabas la vida.

Desaparecieron, entre tus manos, las tardes del mes de abril que le robaron a Sabina.

Y aunque quisiste llevártelo todo, el recuerdo de tus dedos dibujándome la espalda, sigue conmigo.

Como el de las veces en las que me gustaba que me hablaras sin palabras, aunque echara de menos tu voz.

O el de las carcajadas que hacían temblar mi piel si te reías al besarme.

O el de lo rápido que se enfriaba el café cada domingo, si nos entreteníamos mientras se hacía.

martes, 5 de mayo de 2015

Dentro de castillos de cristal.

Ahí estás.

Inmóvil, encima de la línea que separa el "deber" y el "querer".

Entonces sonríes y estallan todos los planes que había construído dentro castillos de cristal.

Es como si pusieras todo el calor de tu mirada sobre el reflejo de mi alma, consiguiendo que se agriete.

De nada sirve lo que callo, si te lo grita el rojo de mis mejillas.

No consigo tener secretos, si me quedo a solas con tu risa.

Y, capitana de unas emociones de prestado, se me encienden las ganas de vivir cuando tus ojos me invitan a viajar sobre tu espalda.

Ahí estás.

Tan lejos y tan cerca.

Haciendo que todo tenga sentido y ayudándome a perder el norte, para encontrarme con tus besos al sur de tus ganas de sentirme.

viernes, 1 de mayo de 2015

Son diez.

Apoyo la oreja en tu pecho y escucho todos los golpecitos de mis dedos sobre cintura.

Dibujo corazones alrededor de tu ombligo y se juntan tus latidos con el camino que trazo sobre tus lunares. 

Llueve. Es primavera y llueve.
Y es maravilloso.

Miras por la ventana y yo recuerdo cómo juegas con el tiempo.

Lo interminable del minuto que tardas en llegar y lo rápidos que pasan los diez segundos desde que sonríes hasta que me besas.

Sí, diez. Son diez.

Y ahora, descansando sobre tu corazón, es como si no existiera.
O como si a mí no me importara que existe.

Como si me diera igual envejecer de golpe en este momento.

Tarareando mentalmente la banda sonora de nuestra historia, al ritmo que marca la vida que golpea con fuerza tu piel.

La misma vida que me cuenta una historia de dos que quisieron ser uno y acabaron por ser la estrella más brillante de las noches en las que me faltas.