miércoles, 31 de mayo de 2017

Pero nada, nada...

Miro el reloj. Vuelvo a llegar tarde.


Salgo de la estación, levanto la vista y te veo sonreír y menear la cabeza con resignación.


"Sí, sí. Ya sé... El tren se tiró un rato parado sin sentido para dejar pasar a otro, ¿no?", dices ahogando una carcajada. 


Me abrazas y besas mis excusas.


No puedo creer la suerte que tuve el día que te encontré, sudando agobio entre una multitud que parecía manifestarse en contra de la tranquilidad. 


Ahora sólo pretendo que tu voz sea lo único que suene cuando no sé qué canción me apetece escuchar. 

Cuando regresen los días de no saber a dónde pertenezco y me sienta dueña de un vacío tan grande como el miedo que tengo a perderte.


Ese miedo que me dice que no habrá nada (pero nada, nada...) más bonito que verte dormir, o bailar en ropa interior con los auriculares puestos y dando esos conciertos desafinados y afónicos de domingo por la mañana. 


El mismo miedo que desaparece cuando te miro a los ojos, suspiras y siento que el mundo merece la pena.

viernes, 26 de mayo de 2017

De mi pecho, tu casa.

Andrés Suárez lo ha vuelto a hacer. 

Saca disco y me arrastra hasta tu recuerdo en tres acordes. 

Pestañeo y, mientras una lágrima se desliza por mi mejilla, me viene a la memoria la imagen de tu risa. 

Mil veces te dejé ver mis cartas al fondo de mis ojos, para que pudieras ganarme la partida sin tener que esforzarte mucho.

Mil veces hice, de mi pecho, tu casa. 
Y te paseaste, con y sin ropa, entre los retales de aquello a lo que llamaba vida. 

Me encantaría reunir el coraje para "invitarte a cenar... O algo..." y que insistieras en la idea de que "algo" suena bien.

Que pudieras reírte con mis tonterías y me dejaras ver alguna de esas gilipolleces que yo sé que haces, cuando crees que nadie te ve. 

Quiero reunirme con todos tus defectos para decirles que no se vayan, que sólo ellos saben cómo hacerme mucho más feliz. 

Y quisiera, también, poder abrazarte por la espalda siempre que nos veamos.

Y besarte el cuello. 

Y decir que no, cuando nos pregunten si queremos postre, porque tenemos prisa por alargar la sobremesa en otro sitio. 

Quisiera tantas cosas sin sentido, que me dejo llevar por las canciones de Suárez (una vez más) y me creo que ya es mi colega.
Que él me acerca la idea y tú, por el simple hecho de existir, me regalas la inspiración más compleja.

Que sentimos lo mismo.

Y que, probablemente, el mundo está lleno de "tús" sin un puto defecto y de "yos" ahogados en inseguridades. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

"Let's move..."

El día que nos tendría que separar, se colaba en forma de rayos de sol entre los huecos de la persiana. 

Me susurró "let's move to North Carolina" y esa frase, que hizo temblar las paredes de mi alma, no me sonó a locura. 

A mi alrededor, lo que quedaba de una vieja habitación de hotel (lo que dejamos...) me decía que podría funcionar. 
Que al universo no le cambia la vida si le falto yo, pero mi universo se tambalea si sus caderas desaparecen al fondo de la habitación. 

Sonrío y le digo que "no entiendo cómo existe alguien capaz de dejar de besar esta boca", con mis labios tan cerca de los suyos, que puedo acariciar su suspiro con mi paladar. 

Y sé que no me entiende, pero me da igual.

Y me imagino conviviendo con su perfección, a miles de kilómetros de aquí, mientras yo sigo siendo ese puto desastre que se carga el abrefácil de los paquetes de pasta y acaba por cerrarlos con una pinza de la ropa. 

Entonces suspiro y le digo que sí, que "yes", que "whatever you want", porque es eso lo que me grita el corazón. 

martes, 9 de mayo de 2017

Mira cómo me tienes...

Fuiste fugaz, como las estrellas de todas esas lluvias en las que siempre te pedí.

Estabas en medio de todo el mundo, en la cola de Zara y más pendiente de mi risa que de tu turno.

Ibas a "hacer una devo", lo dijo la cajera, y yo no podía no mirarte al sonreírme. 

Me di cuenta de que me había perdido algo importante cuando, fuera, te mordiste el labio al volvernos a cruzar.

No sé si te volveré a ver, si te acabas de mudar o si estabas de paso... 
Pero eras novedad entre lo de siempre, me hiciste sentir como nunca y, para haber sido sin ser, me marcaste como si supieras dónde hacer diana. 

Fuiste fugaz, pero brillabas más que los reflejos de tu pelo cuando les daba el sol, más que mis ojos al recordar tus dientes y más que los aros que bailaban en tus orejas al ritmo de mi respiración.

Mira cómo me tienes, ¡y no sé ni tu nombre!