Soy el valor que me faltó para decirte que te quiero, al final del verano más raro de mi vida.
El miedo a perderte si confieso que te echo de menos.
El dolor disfrazado de sonrisas artificiales.
El orgullo de hacerte ver que quiero que te vaya bien sin mí, antes que conmigo.
Y soy un montón de recuerdos de tu risa... Que no se va, ni me deja más remedio que intentar sobrevivir a tu ausencia.
Tú, sin embargo, eres todos mis “ojalá”.
El ojalá sientas lo mismo y tampoco te hayas atrevido.
El ojalá quieras saber de mí.
Y, sobre todo, el ojalá no me olvides.
Porque tú siempre serás la más grande y bonita de todas mis dudas y sé que no te irás aunque me obligue a soltarte.
Me prometí que esta sería la última vez que lo haga, pero quiero que sepas que (aunque no te has dado cuenta) nunca he dejado de intentarte.
Y quizá algún día, cuando tu luz y mis sombras se vuelvan nieve, reúna el valor necesario para decirte que me has marcado como nadie.
Mi ojalá...