domingo, 29 de noviembre de 2015

Me gusta el invierno.

Me gusta el invierno porque tu sonrisa es fácil de encontrar entre la niebla.

Me gusta... Porque cuando tus rizos se tumban al sol (ese sol que sale, a veces, para intentar brillar más que tú), mis problemas desaparecen enredándose en ellos.

Me gustan el invierno y sus domingos. Porque comemos cualquier cosa, rápido, y volvemos a la cama a escribirnos historias en la piel. 

Y que te pongas sentimental cuando me pongo pesada.

Y ver tus defectos completando a los míos.

Y que siempre exista esa nota musical que baila entre tus labios. 

Me gusta el invierno porque, aunque se presenta frío, tú eres todo el calor que necesito. 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Vivo rápido.

Vivo a un ritmo frenético, que hace que se me escapen los minutos con la facilidad con la que se disipa el humo. 

Entonces, cuando tengo un instante y freno a la vida, me acuerdo de ti.

Supongo que el amor es esa mierda que me hace querer saber cómo suena tu risa, aún sabiendo que hace tiempo que no consigo arrancarte una carcajada. 

Te me escapas entre los dedos, como el agua.
Pero lo haces de una forma tan diferente, que me obligas a sentir, a querer... Aunque no sepa cómo decirlo.

Vivo rápido para intentar olvidarte.

Pero ocurre que el único ritmo al que quiero vivir, es aquel que marcan tus caderas cuando se rozan sin querer contra mis manos.

Una y otra vez. 

Y decides quedarte aunque no te lo pida, aunque no te diga lo que ya sabes.
(Que te echo de más en mis ganas y de menos en mi vida.)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ese es tu poder.

Hace unos días, escribí el texto más sincero de mi vida. 
Habla de ti. 

No sé si lo notaste, pero la pasada noche te besé.

Estabas cerca y sonriendo con una mirada agotada. 
No me pude resistir.

Rocé tus labios por un instante y supe cómo se alegra tu alma.

Me había costado mucho quedarme dormida esa noche y, a pesar de que tardé sólo unos segundos en despertar  después de besarte, noté cómo la felicidad le daba la vuelta a mi corazón.

Me dio igual el cansancio y me dio igual que no fuese real, porque me hiciste feliz.

Ese es tu poder. 
Hacerme feliz, sin siquiera saberlo.

Escribí el texto más sincero de mi vida y, aunque todavía no pueda publicarlo, eres tú. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Me haces ilusión.

Asiento 95. 
Me ha tocado ventanilla y me encanta.

Llueve, cómo no. 
Suerte que no me peiné. No mucho.

Me dijiste "veámonos en Santiago, sé que adoras esa ciudad y sé que a mí puede empezar a gustarme".

Puede que vayamos en el mismo tren, incluso en el mismo vagón...
O puede que me estés esperando en el andén, en la cafetería o en el aparcamiento.

También puede que te arrepintieras en el último momento y no estés.

No tengo nada seguro, ni cobertura, pero puedo notar cómo los nérvios me acercan a ti.

No sé, de ti, más que lo que dejas que se lea en tus ojos en las fotos.

A lo mejor no parece normal lo que hacemos.
A lo mejor no lo es. 

De lo único que estoy segura es de que no es normal la ilusión que me haces.

Bueno... Y de que me muero por verte. 
De eso, también. 

sábado, 21 de noviembre de 2015

Maquillaje para el alma.

Creo que tengo ganas de querer.
Por primera vez en mi vida, creo que tengo esa necesidad.

Eso... Y la sensación de que hace un frío que no quiero que pases. 

Porque ya te han congelado el corazón muchas veces, para luego rompértelo, y no soportarías que ocurriese una más.

Al menos, hasta que hayas cicatrizado. 
Hasta que las marcas de otros amores se puedan cubrir con maquillaje para el alma. 

Me gustaría que entendieras que quiero verte y que tiene que ser muy imbécil el que se niega a hacerlo.

Quiero verte y quiero mirarte, que no es lo mismo.

Dime que me dejas mirarte en silencio, hasta que mis ojos hablen por mí y te griten el "te he echado de menos" que mi valor guardaba bajo llave.

Déjame contarte tonterías, como que el horóscopo me hace la pelota una vez más. Asegurándome que llegaré a la cima de la montaña, si me lo propongo.

Y que me devuelvas la mirada para decirte, callada, que "no quiero llegar, si no es de tu mano".

jueves, 19 de noviembre de 2015

Baraja incompleta.

Me he pasado la tarde ordenando los cajones de mi alma y me encontré algunas cartas.

Al cogerlas recordé, por cada una, momentos a tu lado.

Una luz que se enciende curiosa en una ventana, mientras nos abrazamos debajo.

Un juego de sombras al fondo de un callejón, cualquier noche de verano.

Dos gatos que se pelean (y te asustan) en la puerta de una casa. 

Y te ríes al comprobar que no fue nada. 
Porque siempre te ríes. 

Me vino el recuerdo de tu mirada, de tus manos, de tus bromas y de millones de cosas. Cosas nuestras. 

También de tus miedos y de cómo los apartaba de tus ojos.
Y sentí la necesidad de buscar las cartas que faltaban, para reconstruír nuestra historia en mi cabeza. 

Pero, por más que busqué, mi baraja estaba incompleta.

Por más vueltas que le di al cuarto de los recuerdos, a mi baraja le faltaba la reina.

La de corazones.

martes, 17 de noviembre de 2015

Improvisando.

"Tienes alma de artista, improvísame algo.

Y prométeme que no te enfadarás cuando te llame 'princesa'."

Y lo hice, como hacía todo lo que me pedía.
Con todas las ganas que puedo tener, como si fuera mi único propósito en el mundo. 

Le prometí que me daría igual lo que me llamase, porque lo único que quería era ser su primer pensamiento al despertar.
Me daba igual qué viniera detrás del "buenos días".

Aquella noche, trazamos un futuro imaginario sobre las estrellas.
Y yo me perdí algunos de sus planes, por  buscar el reflejo de la luna en sus ojos.
(Aunque confieso que eso aún no se lo conté.)

Lo de improvisar... 
Eso se me dio un poco mejor, aquel día, e improvisé una acampada en sus caderas, entre su pelo, sobre su piel...

domingo, 15 de noviembre de 2015

Por verte sonreír.

Tenía un texto en el tintero y, al cruzarme con tus quejas, se esfumó.

Qué no daría por desempañarte la mirada, por quitarte la pena con un simple movimiento.

Por enseñarte a querer en todos los idiomas de los lugares que quisieras visitar conmigo.

Que me digas "¡Ay, niña! No me hagas reír que se supone que me duele el alma y no debería...". 

Como si la risa fuese controlable.
Como si fuera cierto que llamarme "niña" te hace más mayor. 

Qué no daría, joder, porque no volvieras a sufrir.

Qué no. 
Yo. 
Que, de lo poco que tengo, le quedaba a deber a la vida... ¡Por verte sonreír!

(Existe una canción que dice eso. 
Pero diría mucho más, si hablase de ti.)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Pero no olvido.

Bebo y conduzco.

Pero no olvido.

Me encuentro de frente con lo que quiero, pero suelo estrellarme contra lo que no.

Ya no se curan las heridas de mi piel, por hacer juego con las del alma. 

Quiero, pero no puedo.

Me llamo y ya no respondo.

Me he enganchado a algunas drogas, que me ayudan con el mono de tus besos.

Se hace corto el camino de vuelta a una casa que no es la tuya. 
De vuelta a unas costillas que no se dejan acariciar con suavidad.

Me delatan las ojeras cuando alguien me pregunta si estoy bien y respondo que ya no sé cómo es la vida, pero que he aprendido a malvivirla sin ti.

Ya no se puede contar conmigo.

Y yo sólo cuento con el miedo a tener que decir quién soy, sin poder pronunciar tu nombre.

jueves, 12 de noviembre de 2015

No sabe ligar.

Dice "no sé ligar" y se ríe.

Puede que tenga razón.
Puede que no sepa cómo lo hace, pero enamora sin querer. 

Te das cuenta tarde. 
Cuando todas las canciones que algún día te recordaron a otra persona, ahora sólo te acercan a tu idea de su voz.

Dice que no sabe ligar. 

De corresponder no habla, porque sabe que no puede.

Y no promete, pero sonríe.

Y, cuando lo hace, parece estar pidiendo ayuda.

Ayuda para querer.

Y yo eso, aunque pueda prometérselo, no sabría cómo hacerlo.

Porque si la idea de su boca diciendo mi nombre me tiene temblando... 
La de  rogarle que me enseñe a sentir sus manos, me mata.

Como me mata que siga repitiendo que "no sabe" ligar.

martes, 10 de noviembre de 2015

Invita la casa.

Dime qué se esconde detrás del color de tus ojos.
Háblame de las lágrimas que obligan a flotar a tus penas. 

Ven. 
Siéntate a mi lado.
Que hoy hay barra libre de sentimientos y podemos ahogar el alma.

Confía en mí. 
Para quererte, nunca tendría prisa.

Deja que se enreden nuestras piernas y se pierdan nuestros miedos en el hueco de tu risa.

Siéntete libre para tirarme del pelo mientras te muerdes el labio.
Y, de paso, el mío.

Quédate esta noche. 
Invita la casa.

La cena. Las ganas. La playa.

Quédate esta noche, que no necesito más luz que la de tus ojos cuando se encienden de pasión y me encanta comprobar que no rimas con nada.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Pero tú...

Una vez te vi.

Ibas paseando con tu novia y pareciais felices.

Tú sujetabas su mano y ella a vuestro perro. 

Tú te morías por ella y sonreías, mientras la mirabas por el rabillo del ojo.
Probablemente estabas pensando "joder, qué suerte tengo".

Ella iba demasiado ocupada con todo lo que había a su alrededor.
Tanto, que se estaba perdiendo lo más bonito. 

Pero tú no eras consciente. 

Como no lo fuiste de que te saludé y me quedé con el corazón desnudo y en la mano, sosteniendo a la palabra que se me acababa de escapar.

Yo no sé cómo es ella, pero seguro que no te merece.

Yo puede que tampoco. 
Pero prometo no "no mirarte" nunca.

Y dejarte ganar las peleas de cosquillas.
Y que elijas siempre las pelis y que no compres palomitas.
Y hacerte reír.

Porque nadie se merece estar triste.
Pero tú, menos. 

Entonces, si quieres, seré yo la que piense en la suerte que tengo.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Todas las disculpas del mundo.

Le debo una disculpa a Sabina por todas las veces que dediqué sus canciones con la idea de que "esta vez es para siempre, ¡estoy segura!".

Le debo una disculpa al corazón, por intentar convencerlo de que el amor a veces duele.

Y a ti... A ti no te debo una disculpa. 
A ti te las debo todas. 

Por haberme negado a  convertir tus besos en versos, cada madrugada.

Por no haber querido quererte, por miedo a morirme de miedo si huías. 

Me duele lo estúpida que fui, cada una de las veces que te repetía que amar no merece la pena.
Cada una de las veces que juré no tenerte en cuenta, después del amanecer.
Cada una de las veces que ignoré tu mirada empañada. 

Te debo todas las disculpas del mundo, por no haber creído en la música de tus labios.
Por no haber estado a la altura de los deseos de aquello que está más allá de la piel. 

Te debo todas las disculpas del mundo... 

Y se me ocurre que si te escribo una canción por cada una, canciones que sean sólo tuyas y mías, puedes llegar a perdonar lo idiota que he sido.

martes, 3 de noviembre de 2015

Uno de esos conciertos.

Vuelve noviembre y yo tengo ganas de un concierto de los que te hacen olvidar que existe el frío.

Uno de esos conciertos en los que "I love rock 'n' roll" es la canción más lenta y la gente se conoce entre humo, saltos y sudor.

Acabar desayunando con la voz ronca y dándole patadas a la vida, en cualquier bar de carretera, después de haber intercambiado el aliento a whisky y cerveza en un motel de paso.

Tengo ganas de un concierto como aquel en el que nos conocimos, cuando nos sentíamos invencibles y decidimos creer que el futuro comenzaba allí.

Y volver a escribir acordes nuevos sobre tus caderas, para regalarte un solo de guitarra que grite tu nombre en cada uno de sus agudos, como tú gritabas el mío a los diez minutos de aprender a pronunciarlo.  

lunes, 2 de noviembre de 2015

"Hacer la vida".

Te esperaré allí donde siempre llueve.
Donde tu sonrisa brilla empapada por los caprichos del invierno, mientras tu pelo se enreda entre mis ganas de sentir. 

Te esperaré, para que regresen los días en los que me dabas mil besos de buenos días.
Esos que se dan en la espalda, justo donde acaba el cuello y empiezan las cosquillas, mientras me agarras por la cintura.

Los mismos que demuestran que me tienes y que ya no somos, sin ser parte de esto.

"¿Cuánto tiempo es 'mucho tiempo'?"

No supe qué contestar.

A tu lado, todo tiempo es poco. 

Es como si los segundos pasaran de cuatro en cuatro, como si las sombras de tu risa fueran fantasmas que se esconden entre mis miedos.

A tu lado, sé que "muchos años" no son suficientes.
Que necesito nueve vidas más para abrigarme en lo vibrante de tu voz. 

¿Cuánto tiempo es "mucho tiempo"?

Joder... No sé. 

Supongo que el que quieras regalarme tendrá que ser suficiente, pero nunca "mucho".

Porque, seamos realistas... Nadie se podría cansar de tu forma de "hacer la vida", ni de tu cara al "ver el amor".